“Fue un escenario dantesco”: la rotura de un puente que mató a 29 personas en Santa Isabel

Durante las inundaciones de Mameyes, un río crecido socavó los cimientos de un puente en la autopista PR-52; la familia de una víctima recuerda la tragedia el 6 de octubre de 1985,

La Nueva Pensamiento Crítico rinde homenaje a los familiares de las víctimas de esta tragedia de 1985 en Santa Isabel y Mameyes (Ponce) y reconoce el valor y sacrificio de quienes durante semanas rescataron a decenas de sobrevivientes

Evelyn Sánchez, al centro, con sus hijos, Ruth y Dimas Ortiz. El esposo de Sánchez y padre de sus hijos, el policía Homero Ortiz, murió cuando el río Coamo socavó los cimientos del puente sobre la PR-52. (Ramon «Tonito» Zayas)

Benjamín Torres Gotay

Por Benjamín Torres Gotay

Subdirector de Proyectos Especialesbenjamin.torres@gfrmedia.com

Santa Isabel – Temprano en la noche del domingo, 6 de octubre de 1985, Homero Ortiz, un joven policía estatal residente en el barrio Peñuelas de este municipio, dormía en su casa para, más tarde, ya en la madrugada del lunes, presentarse a su turno de trabajo en la División de Tránsito de Salinas.

La tragedia del barrio Mameyes, una herida que no cierra 40 años después

Por Benjamín Torres Gotay

Gritos y lamentos lo sacaron de la cama y, al despertar, se encontró con la más terrible de todas las noticias: Evelyn Sánchez, su esposa por más de 10 años y madre de sus tres hijos, había muerto, le dijeron, al ser sepultada por un derrumbe mientras regresaba con sus hermanas de visitar a su madre en un hospital de Ponce, en medio de las catastróficas inundaciones de aquel fin de semana que causarían más de 200 fallecimientos, incluidos los 132 en un deslizamiento de terreno en el barrio Mameyes, de Ponce.

Ortiz, que tenía solo 32 años, caminó apresurado desde su casa hasta la autopista PR-52, que queda a minutos del barrio. Se subió al puente y paró una grúa que lo llevó hasta el cuartel de la División de Tránsito, en la estación de peaje de Salinas. Allí, se subió a una patrulla junto a otros tres policías –Francisco Díaz MeléndezPedro Burgos Lacourt y Herminio López Pilar–, con quienes salió a tratar de encontrar, ojalá que con vida, a su esposa.

Otra de las grandes tragedias de aquel fin de semana infernal estaba en marcha.

Minutos después de subirse a la patrulla en Salinas, Ortiz y sus tres compañeros estaban muertos. Los cuatro fueron parte de las 29 personas que murieron cuando, a consecuencia de las lluvias, el río Coamo socavó los cimientos del puente de la PR-52, a la altura de Santa Isabel, despegando la estructura de manera que quienes transitaban a esa hora por el lugar cayeron al embravecido cuerpo de agua con todo y vehículo.Familia del policía Homero Ortiz honra su memoria a 40 años de su muerte en puente colapsado en Santa Isabel

Familia del policía Homero Ortiz honra su memoria a 40 años de su muerte en puente colapsado en Santa Isabel

Su viuda y dos hijos recuerdan la tragedia, pero también cómo la comunidad se unió para superarla y perpetuar el legado del entonces joven oficial.

“Mi papá murió creyendo que mami había muerto”, recuerda Ruth Ortiz, la hija mayor de Ortiz y Sánchez.

Evelyn Sánchez, contrario a lo que se le informó a Ortiz al despertar, no había muerto. La noticia de su supuesto fallecimiento fue una conclusión equivocada a la que llegaron algunos miembros de la familia, cuando parte del grupo que visitaba a la enferma en Ponce pudo regresar al barrio y otros quedaron incomunicados cuando un derrumbe en la PR-543, que lleva de Santa Isabel a Coamo, bloqueó el paso.

Cuarenta años después de la desgracia, que se conmemoran este martes, los sobrevivientes de la tragedia todavía luchan por sobreponerse a los efectos de aquellos días terribles.

La onda tropical que trajo esta catástrofe produjo 24 pulgadas de lluvia en 24 horas. Fue, en aquel entonces, la mayor cantidad de agua que caía en la isla desde el huracán San Ciriaco, en 1899. En total, 58 municipios fueron declarados zonas de desastre. Además de los 132 muertos en Mameyes y los 29 en el puente de Santa Isabel, varias decenas se registraron en otros incidentes separados.

El barrio Peñuelas de Santa Isabel ubica en la esquina noreste del municipio, más cerca de Salinas, y del barrio Río Jueyes, de Coamo, que del centro urbano santaisabelino. No se inunda, pero, en eventos de lluvia extrema, suele quedar incomunicado porque se bloquean, por inundación o derrumbe, los dos extremos de la PR-543, que es la única vía de acceso a la comunidad, a la que se puede llegar desde Santa Isabel o Coamo.

Ese fue el origen de la tragedia que sacudió a la familia Ortiz Sánchez y a toda la comunidad del barrio Peñuelas.

El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. El 7 de octubre de 1985, el puente sobre el río Coamo, en Santa Isabel, de un tramo de la PR-52 colapsó a consecuencia de las lluvias. – Ramon «Tonito» Zayas

El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. El colapso del puente causó la muerte de 29 personas que transitaban por el lugar y cayeron al embravecido cuerpo de agua con todo y vehículo. Entre los muertos, estaban cuatro policías estatales que viajaban en una patrulla. – Ramon «Tonito» Zayas
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. Uno de los fallecidos fue el policía Homero Ortiz. Su viuda, Evelyn Sánchez (al centro), y sus hijos Ruth y Dimas Ortiz recuerdan la noche de la tragedia. – Ramon «Tonito» Zayas
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. Ortiz, que tenía solo 32 años, salió de su casa, en Salinas, esa noche pensando que su esposa había fallecido en el colapso del puente, pues había viajado a Ponce a visitar a un familiar enfermo. – Ramon «Tonito» Zayas
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. Ortiz paró una grúa que lo llevó hasta el cuartel de la División de Tránsito, en Salinas, y allí, se subió a una patrulla junto a otros tres policías: Francisco Díaz Meléndez, Pedro Burgos Lacourt y Herminio López Pilar. – Ramon «Tonito» Zayas
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. Minutos después de subirse a la patrulla en Salinas, Ortiz y sus tres compañeros estaban muertos; cayeron al río. “Mi papá murió creyendo que mami había muerto”, recuerda Ruth Ortiz, la hija mayor de Ortiz y Sánchez. – Ramon «Tonito» Zayas
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. No hubo confirmación de la muerte de Ortiz hasta el martes, 8 de octubre de 1985, cuando varios oficiales llegaron a la casa de Evelyn Sánchez y la hicieron partícipe del horrible suceso. – Ramon «Tonito» Zayas
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. Eduardo “Hunga” Maldonado, un conocido fondista natural de Villalba, viajaba esa noche con un hermano por la PR-52. Se bajaron de la autopista en Santa Isabel, pero cuando trataron de volver a tomar la autopista, un golpe de agua los arrastró con todo y carro hasta que pudieron salirse. – Carlos Rivera Giusti/Staff
El colapso de un puente en Santa Isabel que mató a 29 personas: la otra tragedia de octubre de 1985. El periodista deportivo Néstor Marrero era empleado del Municipio de Santa Isabel en aquella época. “Fue un escenario dantesco, impresionante para mí”, recuerda. – Ramon «Tonito» Zayas

Ese fin de semana, la madre de Evelyn, Victoria Zayas, se enfermó y fue recluida en un hospital en Ponce. El domingo, 6 de octubre, cuando más fuerte estaba lloviendo, sus hijas fueron a visitarla. Al regresar, recuerda Evelyn, se encontraron la PR-543 inundada, y por lo tanto intransitable, por el sur.

Volvieron al centro urbano de Santa Isabel e intentaron acceder a la comunidad desde el norte, por el barrio Río Jueyes, de Coamo. Ante lo complicado de la carretera, decidieron irse a pie desde Río Jueyes a Peñuelas. Ese es un trayecto que, en circunstancias normales, se puede hacer en unos 40 minutos. Pero siendo ya de noche, y bajo los aguaceros tan intensos, fue una decisión sumamente arriesgada.

“Cuando vienen caminando hacia acá, hubo un trueno bien fuerte, bien fuerte. Fue horrible. Ahí, vino el derrumbe”, cuenta Ruth Ortiz.

Melly Sánchez, una de las hermanas de Evelyn, quedó del lado de Peñuelas; Evelyn y varias más de sus hermanas, del lado de Río Jueyes. Cuando solo llegó Melly Sánchez y contó que un derrumbe había impedido el paso a las demás, los Sánchez llegaron a la conclusión de que todas habían muerto sepultadas.

La conmoción ante esa noticia fue lo que despertó al oficial Ortiz.

En el momento en que Ortiz arrancaba para el cuartel a ver cómo podía rescatarlas, el río Coamo se había salido de su cauce, provocado tremenda inundación en la zona de Useras, que queda en la frontera entre Coamo y Santa Isabel, y comenzado a socavar los cimientos del puente de la PR-52.

Eduardo “Hunga” Maldonado, un conocido fondista natural de Villalba, venía esa noche con un hermano por la PR-52 de una carrera que había ganado en San Juan. Se bajaron de la autopista en Santa Isabel para buscar un sitio donde comer. Pero, en el momento en que tomaron la PR-153 hacia Coamo, la inundación les hizo retroceder.

Cuando trataron de volver a tomar la autopista, un golpe de agua los arrastró con todo y carro hasta que pudieron salirse. “El río salió por la orilla de la carretera, y ahí mismo nos dio el golpe y nos llevó hasta el medio. Todo eso se inundó ahí”, recuerda Maldonado.

Los hermanos Pedro Juan y Emiliano Torres, de Santa Isabel, también estuvieron a punto de perder la vida en la zona. A eso de las 9:00 p.m., Pedro Juan, entonces de 25 años, venía con Emiliano, dos años mayor, de su primer día de trabajo en el Parador Baños de Coamo, por la PR-153, cuando un golpe de agua los obligó a salir del vehículo.

Emiliano se subió a un techo de zinc que la corriente arrastraba y, usándolo a manera de yola, llegó hasta las inmediaciones de su casa, en el barrio Paso Seco, a poco más de una milla del puente. Pedro Juan, por su parte, pasó seis largas horas agarrado de un letrero de tránsito, viendo árboles, enseres y hasta carros pasarle cerca, rezando para que ninguno de los objetos impactara el letrero.

“Como a las 3:00 de la mañana, hubo un relámpago bastante extenso. Yo ya no sentía el cuerpo. Lo tenía adormecido. Pero, con el relámpago, pude notar que ya el agua había bajado bastante y despegué mi mano del letrero y caminé hasta la calle”, recuerda el hombre. “Yo celebro dos cumpleaños: el día que nací y ese día”, agrega.

Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. La tragedia de Mameyes fue un deslizamiento de tierra que ocurrió en el barrio Cantera de Ponce, Puerto Rico, la madrugada del 7 de octubre de 1985. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez

Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Catalogado como el peor en la historia de América del Norte, el deslave sepultó a la comunidad, destruyendo 120 casas y causando la muerte de, al menos, 129 personas. Foto por Gary Williams – Gary Williams
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. En sus comienzos, Mameyes era una comunidad obrera que se había formando espontáneamente desde los primeros años del siglo XX en la falda de una colina. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Se trata de la tragedia que más muertos causó en un solo instante en la historia puertorriqueña del siglo XX. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Noventa cadáveres nunca fueron recuperados y continúan enterrados en el monte en el que se ubicaban las casas. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Cuarenta años después, que se cumplen este martes, la memoria del fatídico incidente mantiene una herida profunda entre los que lo vivieron. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. En el momento de la tragedia, se estima que vivían unas 2,000 personas en la comunidad. Foto por Luis Rámos – Luis Rámos
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Los primeros habitantes de la zona llegaron del centro de la isla, sobre todo, de Adjuntas y Jayuya, y de barrios como Tibes, para trabajar en la construcción, la agricultura y en el muelle ponceño. Foto por Gary Williams – Gary Williams
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. La construcción de las estructuras era informal, y la zona no contaba con sistema de alcantarillado, lo cual, según un análisis que se hizo posterior a la desgracia, fue uno de los detonantes del deslizamiento. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Vecinos entrevistados dijeron que, antes de octubre de 1985, nadie les había advertido que estaban en peligro. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos determinó que el derrumbe fue causado por la saturación de las tierras por las intensas lluvias, lo cual se agravó por la enorme cantidad de pozos sépticos que había en la zona, los cuales, según el análisis, contribuyeron a la socavación del terreno. Foto por Gary Williams – Gary Williams
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Menos de dos años después de la tragedia, unas 220 familias, que eran la mayoría de los sobrevivientes, recibieron viviendas costeadas por el gobierno estadounidense en la comunidad que se conoció como Nuevo Mameyes. Foto por Gary Williams – Gary Williams
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Sobrevivientes describen las primeras horas como caóticas, espantosas y de terror indescriptible, con incontables personas pidiendo ayuda desde abajo de los escombros, partes humanas visibles para los que intentaban ayudar y personas por los enlodados caminos llamando a gritos a sus seres queridos, con la esperanza de que hubieran sobrevivido. Foto por Frank Camacho – Frank Camacho
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. El gobernador Rafael Hernández Colón fue, familia por familia, dándoles el pésame, comenta la exgobernadora Sila María Calderón, quien en ese entonces era secretaria de la Gobernación en esa administración. Foto por Gaspar Gomez Jr (La Fortaleza) – Gaspar Gomez Jr (La Fortaleza)
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Hubo, como suele suceder en estos casos, reclamos de que se atendiera el viejísimo asunto de las construcciones irregulares, pero, como suele suceder también, los reclamos se disolvieron con el tiempo y ese tipo de estructura es todavía común en Puerto Rico. Foto por Gary Williams – Gary Williams
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. “Las condiciones que llevaron al deslizamiento se habían estado desarrollando desde que se construyeron las casas en esta ladera”, dice el informe del Cuerpo de Ingenieros, que está disponible para examen en la Fundación Rafael Hernández Colón, en Ponce. Foto por José Ismael Fernandez – José Ismael Fernandez
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Unos días después, hubo un velorio masivo en el auditorio Juan “Pachín” Vicens, donde velaron a cerca de una veintena de los fallecidos y que produjo estremecedoras imágenes que sacudieron la conciencia del país. Foto por Gary Williams – Gary Williams
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Rosa Elena Torres tenía 18 años cuando ocurrió el desastre el 7 de octubre de 1985. En la foto, Torres visita una lápida que lleva los nombres de varias de las víctimas. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Torres contó que, el día de los hechos, cuidaba a su hija de dos años, quien experimentaba una fuerte fiebre. La fémina relató que, en un momento dado, buscó la casa de sus padres en la colina y no la vio. Acto seguido, vio a su vecina en el balcón de su residencia… y el momento en que la estructura desapareció al ocurrir el deslizamiento de terreno. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Eduardo Rivera vivía entonces con su esposa y tres hijos, en una casa a medio construir que no los protegía del todo de los aguaceros. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Cerca de las 3:30 de la madrugada del lunes, un enorme estruendo sacudió los cimientos de su casa y su calle. “La casa quedó iluminada por dentro”, recuerda. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Rivera fue una de las personas que se activó y ayudó en la búsqueda y rescate de personas en la zona del desastre. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Torres perdió en el desastre a toda su familia: su padre Manuel Torres Rodríguez, de 45 años; Blanca Esther Serrano, igual de 45 años; su hermana mayor, Delma Ivelisse, de 19; sus hermanas menores Del Carmen, de 14, y Charito, de nueve; su cuñado, el esposo de Delma, Toly Montalvo, de 25 años; y sus sobrinos Delnaliz, de dos años, y Manuel Eliel, de un mes de nacido y quien fue el fallecido más joven en Mameyes – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. “Cuando me tiro para acá, veo todo esto hecho… (se conmueve, aguanta las emociones) se jodió la bicicleta… Uno ni sabe qué pasó ahí. Se me fue el mundo. Se nos fue el mundo”, recuerda Rivera. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Torres, que dice que estaba atónita, fue rescatada en su casa por vecinos que le dijeron que la montaña se había caído, que el agua estaba subiendo y que debían evacuar el área. Para sacarla, hubo que halarla a ella, a la niña y su entonces esposo con una soga. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. El Museo y Memorial de Mameyes contiene información que documenta la tragedia, al igual que un monumento en honor a las personas que perecieron. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Menos de dos años después de la tragedia, unas 220 familias, que eran la mayoría de los sobrevivientes, recibieron viviendas costeadas por el gobierno estadounidense en la comunidad que se conoció como Nuevo Mameyes, que, casualmente, ubica frente al cementerio en el que hay decenas de sus familiares y antiguos vecinos sepultados. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. “Con el tiempo, algunos murieron, se fueron, vendieron. Si quedamos 50 de los originales, somos muchos”, dice Israel Collazo, líder comunitario del Nuevo Mameyes. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos determinó que el derrumbe fue causado por la saturación de las tierras por las intensas lluvias, lo cual se agravó por la enorme cantidad de pozos sépticos que había en la zona – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Las labores de rescate se extendieron por dos semanas, pero, en la medida en que el recio sol sureño sellaba la tierra, se hacía cada día más difícil excavar buscando cadáveres, y 90 muertos nunca fueron recuperados, incluidos todos los familiares de Torres. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Hubo, como suele suceder en estos casos, reclamos de que se atendiera el viejísimo asunto de las construcciones irregulares, pero, como suele suceder también, los reclamos se disolvieron con el tiempo y ese tipo de estructura es todavía común en Puerto Rico. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. El derrumbe de Mameyes ocurrió durante uno de los fines de semana más mortales en la historia de Puerto Rico. Una onda tropical trajo lluvias e inundaciones catastróficas que causaron cerca de 200 muertes en todo el archipiélago, incluidos los 132 de Mameyes y otras 29 personas. – Ramon «Tonito» Zayas
Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. Torres y Rivera sostienen una foto que muestra cómo se veía Mameyes antes de la tragedia del 7 de octubre de 1985. – Ramon «Tonito» Zayas

Mameyes: la tragedia que Puerto Rico no olvida. La foto muestra parte de la zona en la que ocurrió el deslinde. – Ramon «Tonito» Zayas

En Peñuelas, los Sánchez pasaron la noche más larga de sus vidas creyendo que Evelyn había muerto y sin noticias de Ortiz desde que salió de la casa buscándola. Al amanecer el 7 de octubre, vecinos del barrio Peñuelas, creyendo a las hermanas Sánchez muertas, organizaron un operativo de rescate. “Aparecieron hasta máquinas para mover la tierra”, recuerda Ruth Ortiz.

Los vecinos lograron cruzar hacia Río Jueyes, donde encontraron a Evelyn y al resto de las hermanas Sánchez a salvo con una familia que las había refugiado. Ya se sabía de los muertos en el puente, pero no que Ortiz, de quien no se tenían noticias desde que salió de la casa el domingo por la noche, estaba entre los fallecidos.

En el puente, estaba en proceso un operativo de remoción de los vehículos caídos, que atrajo a una enorme multitud de curiosos y que produjo algunas de las escenas más dolorosas de aquella tragedia, con las imágenes de cadáveres hinchados dentro de los carros que las máquinas sacaban del río.

“Fue un escenario dantesco, impresionante para mí”, recuerda Néstor Marrero, un periodista deportivo que, en aquel momento, era empleado del Municipio de Santa Isabel. “Todo el barrio y el pueblo estaban en esa área. Era un gentío enorme”, recuerda.

No hubo confirmación de la muerte de Ortiz hasta el martes, 8 de octubre, cuando varios oficiales llegaron a la casa de Evelyn Sánchez y la hicieron partícipe del horrible suceso.

“Yo me puse mala”, recuerda Evelyn, que enviudó a los 31 años. “Yo no supe más nada, más nada, más nada. Fue un desastre. Para mí, fue chocante”, agrega, todavía conmovida.

Evelyn Sánchez (al centro) durante el sepelio de su esposo, el policía Homero Ortiz, junto a un oficial no identificado y su hermana Melly Sánchez.
Evelyn Sánchez (al centro) durante el sepelio de su esposo, el policía Homero Ortiz, junto a un oficial no identificado y su hermana Melly Sánchez. (Garry Williams)

Ruth Ortiz tenía solo 11 años, pero recuerda cada instante de aquellos días. “Teníamos la esperanza de que él estuviera rescatando gente, porque él era bien apasionado con su trabajo. Cuando yo vi a la patrulla llegar, yo no pensé que venía a traer esa noticia. Yo pensaba que nos venían a decir, qué sé yo, que estaba haciendo una labor. Yo tenía la esperanza todavía de que nada le había ocurrido a mi papá. Lo recuerdo como si fuera hoy”, dice.

La muerte de Ortiz, más la extraordinaria circunstancia en que ocurrió, dejó una marca permanente en su familia y en la comunidad, que no lo ha olvidado.

Dimas Ortiz, el segundo de los hijos de Ortiz y Evelyn Sánchez, ha vivido los 40 años desde la muerte de su papá con una ampliación de la foto oficial de su padre, como una manera de honrar al hombre que, de alguna manera, apenas empezaba a conocer y cuya ausencia no ha dejado de sentir ni un instante de su vida.

“Todo lo clasificaba con el viejo. En la escuela, aquí en la casa. En todos lados, yo veía a papi. En las paredes, lo veía al lado mío, en todos sitios”, cuenta Dimas. “Esta foto siempre ha estado conmigo. Yo creo que es la única que queda. Viajó conmigo a Estados Unidos, donde duré casi 26 años. La he dejado así por décadas…”.PUBLICIDADPUBLICIDAD

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ACERCA DEL AUTOR

Benjamín Torres Gotaybenjamin.torres@gfrmedia.com

Benjamín Torres Gotay es periodista y escritor. Nacido en noviembre de 1968 en Santa Isabel, Puerto Rico, ha ejercido el periodismo desde 1992. Posee un Bachillerato en Periodismo de la Universidad…


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