El feminismo se reorganiza en un 8-M marcado por la lucha contra el auge reaccionario que busca revertir sus avances históricos
El movimiento feminista encara el día internacional de las mujeres atravesado por la escalada bélica, el avance de los discursos antifeministas y el debate sobre cómo interpelar a las nuevas generaciones.
Zinthia Álvarez Palomino dice quecuando hablamos de violencia machista, negacionismo o racismo es necesario recordar que estas violencias «no son aisladas ni operan de manera individual, sino que se entrelazan con el racismo estructural».


Madrid-07/03/2026 20:05
En 1892, Clara Zetkin se hizo cargo del periódico La Igualdad (Die Gleichheit). Zetkin, que había regresado a Alemania un año antes -tras la derogación de las leyes antisocialistas de Otto von Bismarck-, convirtió el diario en «una herramienta excepcional» para despertar las conciencias socialistas, especialmente de las mujeres. Fue bajo su iniciativa que en agosto de 1907 se organizó la I Conferencia de la Internacional Socialista de Mujeres, en Stuttgart. Un encuentro que se repetiría en 1910 y del que, de nuevo a propuesta de Zetkin, se aprobaría celebrar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La idea era rendir «tributo a las huelguistas neoyorquinas» que se habían manifestado en 1908 por mejores salarios y el derecho al voto, y «a todas las mujeres» que habían dado su vida «contra la explotación». Así lo recoge en el prólogo del libro Conversaciones con Lenin la Fundación Federico Engels.
Eran los años previos a la I Guerra Mundial. Si algo tenía claro Zetkin era el papel del feminismo contra la escalada militar. La III Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la Guerra celebrada en 1915 con el lema «Guerra a la guerra» da cuenta de ello. Esa tradición de movilización feminista contra la guerra no se detuvo con el final del primer gran conflicto mundial. Durante los años 30, y especialmente ante el avance de los fascismos en Europa, se consolidó un movimiento internacional de mujeres que vinculó de forma explícita feminismo, antifascismo y pacifismo.
Este proceso cristalizó en la creación del Comité Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo. Fue una de las experiencias de movilización femenina más relevantes de la primera mitad del siglo XX, según explica Sandra Blasco Lisa en El Comité Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, y sus relaciones con España. Tuvo, además, un desempeño fundamental en la resistencia civil en el caso español, frente al golpe de Estado de julio de 1936, tal y como explica Noelia Adánez en su tribuna Una historia de alianzas feministas.
«El feminismo tiene que ser radical»
Esa tradición de alianzas feministas frente a la reacción conservadora -alianzas de base, construidas desde el activismo y la organización social- también estuvo muy presente en el diálogo celebrado en Público esta semana, con motivo del especial del 8-M, entre Justa Montero y Ayme Román. Ambas coincidieron en la importancia de reivindicar un «feminismo radical», un «feminismo que siempre que no se diluya va a resultar incómodo». Así como en señalar la necesidad de reforzar los espacios colectivos.

Ayme Román, filósofa y divulgadora feminista, puso el acento en las limitaciones de los canales actuales de debate y difusión, especialmente en las redes sociales, donde «acabamos priorizando mensajes muy simples, reduccionistas» que dificultan explicar la complejidad de los problemas feministas. A su juicio, este «activismo algorítmico» favorece consignas rápidas y viralizables que simplifican debates profundos y puede ir «en contra del feminismo» cuando impide desarrollar argumentos más intrincados.
Justa Montero, activista histórica y autora de diferentes publicaciones especializadas, por su parte, reivindicó la tradición asamblearia del movimiento feminista como una herramienta para desactivar prejuicios y recuperar memoria política. Recordó que esa cultura política asamblearia permite «tener el tiempo, poder argumentar, poder pensar y poder dar pie a lo que es la inteligencia colectiva». En su experiencia -que se remonta a las movilizaciones de los años 70-, procesos colectivos como los que condujeron a las huelgas feministas de 2018 y 2019 demostraron precisamente esa potencia. Hablaba de espacios donde mujeres de distintas generaciones y trayectorias pudieron debatir, confrontar posiciones y construir diagnósticos comunes sobre las distintas realidades de las mujeres.
Desde ese punto de vista, Montero defendió que esa práctica colectiva constituye una de las principales fortalezas del feminismo. Es lo que ella misma describe como la «mochila» política llena de herramientas organizativas, memoria compartida y capacidad de análisis colectivo para afrontar los nuevos desafíos que plantean los discursos antifeministas o negacionistas.
Román y Montero deslizaron, a su vez, lo importantes que han resultado -en este sentido- las aportaciones del feminismo interseccional. Poner tus ideas en conversación con otras compañeras, reflexionaba Montero, te permite revisar tus propias premisas: «Ahí estamos mujeres de distintas edades. Mujeres muy jóvenes y mujeres que ya somos mayores. Y efectivamente la percepción de muchas cosas en el diálogo es distinta». Una perspectiva que también reivindica la escritora, investigadora y activista antirracista Zinthia Álvarez Palomino, para quien las violencias que atraviesan a las mujeres no pueden entenderse sin atender a las relaciones entre género, raza y clase.
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Zinthia Álvarez Palomino : «La jerarquización de los cuerpos se construyó durante los procesos de colonización»
Como explica a Público, cuando hablamos de violencia machista, negacionismo o racismo es necesario recordar que estas violencias «no son aisladas ni operan de manera individual, sino que se entrelazan con el racismo estructural» y tienen su origen en «la jerarquización de los cuerpos que se construyó durante los procesos de colonización«. Procesos imperialistas sobre los cuales se han apoyado históricamente las guerras, que en estos momentos también se pueden observar al ser testigos del genocidio contra el pueblo palestino en Gaza o los ataques que está liderando el Gobierno de Donald Trump contra Irán, Venezuela y Cuba.
El feminismo negro ha aportado importantes herramientas para comprender cómo operan hoy estos discursos. Álvarez Palomino argumenta que cuando la violencia machista deja de entenderse como un problema estructural y comienza a explicarse desde enfoques culturales, se produce un desplazamiento peligroso: «La misma violencia pasa a interpretarse de manera distinta según el grupo que la ejerza; nacionales o personas no blancas». Ese giro permite que proliferen ideas que se presentan como feministas pero que, en realidad, «refuerzan el racismo y consolidan las fronteras simbólicas dentro y fuera del Estado», alimentando la construcción de un enemigo interno y los relatos nacionalistas.
La interseccionalidad -concepto desarrollado por Kimberlé Crenshaw- permite comprender precisamente cómo operan estas jerarquías. Como señala Álvarez Palomino, «género, raza, clase y origen configuran la credibilidad social». Basta observar quién sostiene el trabajo doméstico, los cuidados o buena parte del trabajo agrícola para entender cómo el capitalismo contemporáneo sigue reproduciendo jerarquías heredadas de la historia colonial. De ahí que, para Álvarez Palomino, combatir simultáneamente violencia machista, negacionismo y racismo institucional implique «ampliar, no restringir, la democracia» y reconocer como sujetas plenas de derechos a todas las personas.
Algunas de estas ideas han quedado también reflejadas en los manifiestos como el de la Comisión 8M, que este 2026 ha reivindicado explícitamente un feminismo antifascista y ha llamado a construir alianzas amplias frente a los discursos reaccionarios. Bajo el lema Feministas antifascistas. Somos más. En todas partes, la plataforma ha apelado a fortalecer las redes de organización y solidaridad frente al avance de la extrema derecha.
La distancia entre las instituciones y los activismos
Ejemplo de trabajo para la articulación de las intuiciones feministas es Almena Feminista, «una cooperativa de trabajo asociado» que nació con la voluntad de «trabajar para la incidencia política social hacia una mayor transversalización de la perspectiva feminista interseccional en la sociedad y en las políticas públicas».
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Es interesante escuchar su valoración sobre la complejidad que implica llevar todos estos posicionamientos a las instituciones: «A pesar de que haya años de trabajo, de reflexiones y recomendaciones para políticas públicas más transformadoras, muchas veces las instituciones no escuchan realmente estas orientaciones», lamenta Amanda Alexanian, socia trabajadora de Almena y experta en incorporación de la perspectiva feminista a proyectos. En su opinión, esto provoca que se mantengan inercias que impiden cambios estructurales y que las mejoras sugeridas por la sociedad civil feminista queden reducidas a modificaciones superficiales.
Amanda Alexanian : «Muchas veces las instituciones no escuchan las orientaciones transformadoras»
Al mismo tiempo, Alexanian subraya en declaraciones a Público que la actual reacción antifeminista no puede entenderse como un fenómeno espontáneo. La virulencia de estos discursos responde, a su juicio, en buena medida a los avances logrados por los movimientos feministas en los últimos años y a su creciente impacto en la opinión pública. Pero también forma parte de «una estrategia política del neoconservadurismo y de la extrema derecha a nivel global», que se alimenta de narrativas como el victimismo masculino o la idea de que el feminismo supone un ataque contra los hombres. De ahí la importancia del trabajo que desarrollan organizaciones como Almena, como entidad que trata de vehicular las propuestas que se vienen elaborando en asociaciones y colectivas de base.
Espacios colectivos frente a derivas reaccionarias
En los últimos años, diversos informes han alertado de un crecimiento de discursos antifeministas entre parte de la juventud, amplificados por las redes sociales y por estrategias políticas impulsadas desde la extrema derecha. Sin embargo, otros estudios, como el presentado por el Consejo de la Juventud este mes de febrero, muestran una realidad más compleja y heterogénea. El análisis Más allá del compromiso y la reacción. Narrativas sobre la igualdad de género entre la juventud de Españadistingue entre distintos perfiles generacionales y señala que las posiciones claramente contrarias a la igualdad son minoritarias, mientras que una mayoría de jóvenes se sitúa en posiciones favorables a la igualdad de género, ya sea desde una identificación feminista (34,6%) o desde un perfil que se define como «igualitario» (42,1%).
Respecto a ese debate sobre los cambios generacionales, la activista Justa Montero pedía en el diálogo organizado por Público leer con cautela algunos de los datos. A su juicio, «las encuestas, a veces, como todo, permiten varias lecturas». En referencia a uno de los estudios que más difusión ha tenido recientemente –el Barómetro de Juventud y Género del FAD, donde se destacaba que más de la mitad de los varones jóvenes desconfía del feminismo y lo ve como una «manipulación política»-, señaló que el resultado depende en gran medida de cómo se formulan las preguntas. «Si lo que se pregunta es si el feminismo es una herramienta de manipulación y adoctrinamiento ideológico… Se alimenta el marco del discurso, de la narrativa capciosa, de la extrema derecha», explicó. En ese caso, recordaba, cerca de la mitad de los jóvenes varones respondían afirmativamente.
Justa Montero: «Si lo que se pregunta es si el feminismo es una herramienta de manipulación… Se alimenta el marco de la extrema derecha»
Sin embargo, cuando en la misma encuesta se planteaban preguntas sobre igualdad, «cambia completamente: el 77,4% dice que sí» a que los valores relacionados con la igualdad son esenciales para la convivencia. Para Montero, esa diferencia muestra, por lo menos, que el debate es más complejo. Por eso, concluía diciendo que es necesario analizar cómo se construyen esas percepciones y «pensar cómo esto se está proyectando políticamente y públicamente».
Por su lado, Ayme Román, al pensar esta misma cuestión de los jóvenes, hizo hincapié en su sospecha de que «cada vez tenemos menos tolerancia al disenso y a sentir incomodidad cuando escuchamos algo que no encaja al 100% con lo que pensamos». La divulgadora hizo autocrítica y afirmó que esta dinámica puede acabar generando «una especie de cámara de eco dentro de los propios feminismos». Algo que «va en contra de la tradición de los feminismos», que siempre se han caracterizado por ser espacios de discusión política y elaboración colectiva.
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El informe del Consejo de la Juventud advertía, en el mismo sentido que Montero, de que las actitudes de la juventud hacia la igualdad «no deben entenderse como posiciones rígidas o excluyentes», ya que entre los distintos perfiles identificados existen solapamientos y transiciones. De hecho, el análisis subraya que las diferencias en torno al feminismo no se explican únicamente por la edad, sino también por factores como la ideología, el nivel educativo o el contexto social en el que se socializan las personas jóvenes. Desde el Consejo invitan a «ir más allá de lecturas estrictamente generacionales».
Es precisamente en esa diversidad de posiciones donde muchas activistas ven también una oportunidad política. La existencia de amplias mayorías jóvenes sensibles a la igualdad refleja, en buena medida, el impacto de décadas de avances feministas y abre un espacio para seguir ampliando derechos.
Frente al ruido, los feminismos siguen desplegando una intensa actividad gracias a sus bases que a menudo queda fuera del foco mediático. Como muestran las voces recogidas en este reportaje, continúa siendo un movimiento profundamente vivo, que se reorganiza, amplía sus alianzas y refuerza su activismo para afrontar una nueva etapa marcada por la reacción política, pero también por la defensa de vidas dignas donde quepan todas.
Redactora de Igualdad, Violencias Machistas, Resistencias y Salud Sexual en ‘Público’. Antes cubría temas de Sanidad y Educación. Politóloga especializada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía.
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