Siria, otro Estado fallido en torno a Israel
Moscú pidió que el ejército sirio, cuyos cuadros se formaron en las academias militares rusas, se rindiera ante las milicias islamistas. Todo sugiere un acuerdo entre Moscú y Ankara


Siria, en crisis existencial tras la toma de Alepo y Homs por Hayat Tahrir El Shams, enfrenta un nuevo régimen islamista tras el derrocamiento de Bashar el Asad. La compleja geopolítica regional, marcada por intereses de Turquía, Irán y Rusia, permite a Israel ganar poder, mientras la situación podría fortalecer a Estados Unidos en el área.
Siria, patria antigua de la arabidad, crisol de ciencias y de artes, motor del despliegue histórico de una civilización y hoy, foco de todas las insidias, afronta una crisis existencial sin precedente. Una organización islamista radical, Hayat Tahrir El Shams, heredera del grupo terrorista Al Qaeda autor del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, protagonizó a primeros de diciembre de 2024 y de manera supuestamente inesperada la toma militar de las ciudades de Alepo y Homs para derrocar luego al régimen despótico de Bashar el Asad, presidente de la República Árabe Siria durante 24 años. En 11 días, el Estado sirio ha desaparecido. Otro Estado fallido surge enigmática y sospechosamente en el Medio Oriente.
El ejército sirio, cuya alta oficialidad se formó en las academias de la antigua URSS, compuesto por más de 400.000 efectivos entre regulares y tropas auxiliares, se rindió prácticamente sin disparar un tiro. Asad viajó a Moscú, donde permanece asilado, mientras las tropas rebeldes comenzaban a tomar posesión de ministerios, instituciones y prisiones del país, donde rescataron a miles de presos políticos que el régimen sirio mantenía encarcelados. Las venganzas contra funcionarios de prisiones y dirigentes del régimen derrocado han comenzado a reteñir de sangre numerosos enclaves del país, ahora escenario de linchamientos tumultuarios y de ejecuciones sumarias: se habla de 100.000 desaparecidos y de decenas de miles de torturados y reclusos por razones políticas durante el mandato de los Asad. Hafez, padre y Bashir quien, a la muerte de aquel en el año 2000, heredó la Presidencia de la República, refrendada tan abrumadora como sospechosamente cada siete años por distintas elecciones en 2000, 2007 y 2014. Las primaveras árabes llevaron la guerra civil a Siria, cuyo desenlace permaneció en tablas hasta ahora, en que se decanta, a primera vista, a favor del islamismo radical, mientras allana el camino para la plena hegemonía militar de Israel.
La complejidad de la situación geopolítica en la zona del Cercano/Medio Oriente ha determinado durante lustros una conflictividad de aguda intensidad, espoleada por la ocupación israelí de territorios palestinos y hoy extintas tomas de posición de Estados árabes contra Israel y su protector perpetuo, las élites de los Estados Unidos de América. Todo ello con alineamientos geopolíticos evidentes algunos de ellos y de difícil explicación, los demás.
La milicia hegemónica HTS, que pastorea otras organizaciones de menor tamaño, hasta ayer mismo consideradas terroristas por Occidente, mantiene vínculos con Turkiye, país miembro de la OTAN, asociación político-militar teledirigida desde Washington. Cabe pensar pues que el derrocamiento de Asad, principal aliado de la Federación Rusa en el Medio Oriente, ha contado con el beneplácito, si no con la inducción, de la Casa Blanca. Pero, para colmo de contradictoriedad, también ha debido gozar de la aceptación de Rusia, que se ha aprestado no solo a asilar en Moscú a su otrora aliado Asad sino también, a pedirle que el ejército sirio, cuyos cuadros se formaron en las academias militares rusas, se rindiera ante las milicias islamistas. Todo sugiere un acuerdo entre Moscú y Ankara. Es preciso recordar que la Federación Rusa, en el debut del mandato de Vladimir Putin, 25 años tras, fue objeto de crudelísimos atentados terroristas de cuño islamista en Moscú y distintos puntos de la geografía de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Algunos analistas cualificados señalan que lo sucedido en Siria se vio precedido por una reunión en Doha, capital catarí, donde rusos, turcos, saudíes e iraníes, más el país anfitrión Catar, decidieron dar luz verde al derrocamiento de Asad, no solo principal aliado de Rusia en la zona sino principalísimo guardián del glacis de seguridad creado por Irán como escudo protector fronterizo y base de las brigadas Al Qods de la Guardia Islámica iraní, Pasdarán, así como pasillo para el aprovisionamientos de tropas y armas de la República islámica de Irán hacia las milicias del grupo Hezbollah en las zonas de Líbano fronterizas con Israel; estas áreas permanecen hoy invadidas por el ejército judío en una guerra débilmente acallada por un inestable alto el fuego.
Es perceptible el efecto inmediato del derrocamiento del presidente sirio para los intereses de Turkiye, enfrascado en desplegar un poderío regional propio y azote de los kurdos, protegidos por Asad, aprovechando la inestabilidad creada por la destrucción genocida de Gaza y el asalto al Líbano a manos de Israel; pero no está nada claro qué obtuvieron en la negociación de Doha ni Rusia ni Irán que con el nuevo régimen en Siria, de cuño islamista sunni radical frente al chiísmo mayoritario en Irán, abre una enemistad sirio-iraní de nuevo cuño y hasta ahora inexistente. El derrocado régimen sirio favorecía a la élite alauita, una confesión religiosa sincrética con elementos varios, de chísmo, sunismo y cristianismo.
Con respecto a Rusia, tal vez los poderes fácticos allí vigentes en torno a Vladimir Putin hayan intentado negociar con los islamistas alzados el mantenimiento de las bases rusas en el Mediterráneo, Tartus y Latakia, así como eludir, en pleno fragor aparentemente exitoso para los rusos de la guerra en Ucrania, la conversión del avispero sirio en un segundo frente y en una especie de segundo Afganistán. Allí, en mayo de 1988, las tropas del Ejército Rojo, tras ocho años operando en el país asiático en apoyo de Gobiernos laicos progresistas, fueron expulsadas por distintos grupos talibanes y mujaidines, financiados por la CIA por orden de Zibgnew Brzezinski, asesor de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter. Osama Ben Laden, que actuó de pagador a los mujaidines y talibanes afganos del dinero procedente de los Estados Unidos y de Arabia Saudí, vía Pakistán, sería posteriormente acusado de ser el cerebro del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington, el 11 de septiembre de 2001. Tras los atentados de entonces, Estados Unidos ocupó el país durante veinte años, para retirarse en 2022 y dejar el poder en manos de los talibanes.
Primeras medidas
Las primeras medidas adoptadas por el recién nombrado Primer Ministro (provisional), del nuevo régimen sirio, Mohamed al Bashir, consistieron en exigir a las fuerzas palestinas en Siria su completo desarme y el cese total de hostilidades contra Israel que, en un gesto de arrogancia sin precedente, acaba de decidir establecer nuevos asentamientos de colonos en los Altos de Golán, arrebatados militarmente al territorio soberano de Siria tras las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973.
Responder a la pregunta latina cui prodest, (¿a quién beneficia?) permite decir lo siguiente: está claro que quien saca más partido de lo sucedido en Siria es, de momento, Israel, que no ha dejado de hostigar con artillería pesada numerosas instalaciones militares sirias desde el comienzo de la reciente operación de derrocamiento y al calor del caos allí dominante. Además, la neutralización de Siria y su desalineamiento respecto a Irán con la rotura del eje Teherán-Damasco por las milicias sirias rebeldes, facilita enormemente a Israel la posible confrontación armada con la República Islámica de Irán, pues, tal como están hoy las cosas en Siria, podría, hipotéticamente hablando, abrir un pasillo terrestre para su ejército hasta la frontera con el país persa. Desde luego, el aprovisionamiento iraní de Hezbollah ha quedado cortado, según parece desprenderse de las informaciones fragmentarias procedentes de allí. Las próximas fechas asistirán, presumiblemente a la retirada de las tropas de la brigada iraní Al Qods del territorio sirio, y no se sabe en qué condiciones, si bélicas o pacíficas.
Por ende, el debilitamiento de Irán debilitará potencialmente a China, futuro enemigo así marcado por Washington, que halla en el país persa fuente de copiosos y baratos suministros en petróleo y gas. Rusia, por su parte, ve su alianza con Irán en un contorno de debilidad para su aliado…
Naturalizar a los barbudos
Por parte occidental, se asiste a un proceso de naturalización y aval del nuevo régimen de cuño islamista asentado en Damasco, capital siria. Los turbantes de los señores de la guerra comienzan a ser sustituidos por las cabezas descubiertas de sus líderes y pronto veremos sus luengas barbas afeitadas. Hay un intento, casi un vuelco, por parte de países como Inglaterra, Francia y Estados Unidos, por atribuir al nuevo régimen comportamientos democráticos homologables a los euroamericanos. No cabe descartar sorpresas intramuros del ejército sirio y por parte de los gobernantes emergentes en Siria, que han cambiado su bandera añadiéndole una estrellita más de las dos con que contaba y cambiando por una franja verde la franja roja que anteriormente, combinada con una blanca estrellada y una negra, componía el estandarte de la República Árabe Siria.
A primera vista, da la impresión de que se estuviera dando una guerra de todos contra todos en Siria hoy, dadas las facciones en liza, desde el tristemente famoso Estado Islámico, ISIS, hasta los cachorros rebautizados de Al Qaeda; desde Turquía a los Emiratos, desde Irán a Arabia Saudí; de Turkiye a Israel y desde Estados Unidos a Rusia y su aliada China…pero las correlaciones en geopolítica implican siempre una hegemonía única y, hoy por hoy, quien parece llevar más papeletas para el premio de esta rifa en la que se ha convertido la escena mesoriental, parecen ser Israel y su patrón Estados Unidos, pese a las amenazantes barbas y turbantes de las milicias -supuestamente autónomas- islamistas y radicales.
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