Luis Pedraza Leduc: Divide y vencerás

En lugar de unirse y procurar la solidaridad entre los sindicatos, la falta de visión clasista los lleva a disputar la representación de talleres

Buenos días. Hace 27 años se firmó la Ley 45 por Pedro Rossello para ofrecer el derecho a la organización sindical a los empleados del gobierno central y negociar salario y otras condiciones de empleo. La organización sindical y la negociación eran por etapas y bajo condiciones favorables a los sindicatos norteamericanos que auspiciaron la ley. 

Al margen de estas condiciones estaban las organizaciones bonafide que no aceptaron afiliarse a los sindicatos norteamericanos. Se denunció entonces que la Ley 45 era parte del proceso neoliberal que promueve la reducción del gobierno, privatización de las agencias, la desregulación del mercado y eliminar los permisos gubernamentales. Para lograr estos objetivos se tenía que entretener y domesticar al sindicalismo del empleo público. 

Ello se logró en diez años. Cuando se anunció en el 2009 por Luis Fortuno la Ley 7 las protestas fueron aguadas por los mismos sindicatos norteamericanos que agrupaban la mayoría de los trabajadores. Cuando Alejandro Garcia Padilla anunció en 2014 la Ley 66, incluyendo a los sindicatos de las corporaciones públicas, la suerte estaba echada. 

Luego llegó la ley PROMESA en el 2016 y hasta ahora se ha impuesto la voluntad de la Junta de Control Fiscal con el apoyo de ciertos sindicatos norteamericanos, por ejemplo AFSCME, y otros que cabildean tras bastidores colocar miembros en la Junta o abrir canales de comunicación.

Hoy estos sindicatos solo cobran cuotas fundamentalmente. Los casos o querellas con impacto económico están vedadas por la Junta de Control Fiscal. Mediante varias leyes eliminaron beneficios económicos y prohibieron negociar. Los sindicatos hicieron silencio. Los pocos convenios que se negocian tienen que ser aprobados por la Junta de Control Fiscal. Los salarios de los empleados públicos los diseño y los aprueba la Junta de Control Fiscal en base a métricas del mercado. Y los sindicatos guardan silencio.

En lugar de unirse y procurar la solidaridad entre los sindicatos, la falta de visión clasista los lleva a disputar la representación de talleres. Divide y vencerás.

Al despedirse de su puesto la directora de la Oficina para la Administración de los Recursos Humanos reconoce que los salarios y las clasificaciones de puestos (requisitos, deberes, responsabilidades y equivalencias de los puestos) se hacen según dicte el mercado que la Junta de Control Fiscal maneja. Lo que dice y mandata la ley 45, negociar salarios y condiciones de empleo les importa un pepino angolo.

Dice la saliente directora que se están preparando guías para otorgar aumentos de salario en el futuro. Las mismas las prepara la Junta con los recursos del estado. Y los sindicatos siguen mirando hacia otro lado. ?¿Hasta cuándo?

Luis Pedraza Leduc


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