Don Juan Antonio Corretjer

De una lágrima soy hijo/ y soy hijo del sudor/ y fue mi abuelo el amor/ único en mi regocijo/ del recuerdo siempre fijo/ en aquel cristal del llanto/ como quimera en el canto/ de un Puerto Rico de ensueño/ y yo soy Puertorriqueño

Pedro Zervigón

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Una noche como hoy, hace 40 años, estaba disfrutando las Fiestas de la calle San Sebastián cuando alguien se me acercó y me dio la infausta noticia: acaba de morir Don Juan Antonio Corretjer. Me salí de la multitud y atravesé la calle Norzagaray quedándome solo frente al océano. Estuve allí un rato, solo con mis lágrimas, y por la Norzagaray subí hasta la placita San José hasta abordar mi carro estacionado al lado de la Catedral.

Como un autómata me dirigí a Guaynabo hasta la casita de Don Juan y Doña Consuelo al lado del Caborrojeño encontrándola oscura y solitaria. Concluí lo que era lógico: tenía que haber fallecido en un hospital y me fui a mi hogar a tratar de conciliar el sueño.

Al día siguiente en las afueras del Ateneo Puertorriqueño un nutrido grupo de artistas, poetas y músicos participamos en un emotivo acto de recordación del poeta y patriota desaparecido autor de ese hermoso y significativo poema titulado Boricua en la luna.

«Desde las ondas del mar

que son besos a su orilla,

una mujer de Aguadilla

vino a New York a cantar.

Pero no, solo a llorar

un largo llanto y morir.

De ese llanto yo nací

como la lluvia una fiera.

Y vivo en larga espera

de cobrar lo que perdí.

Por un cielo que se hacía

más feo más volaba

a Nueva York se acercaba

un peón de Las Marías.

Con la esperanza, decía,

de un largo día volver.

Pero antes me hizo nacer

y de tanto trabajar

se quedó sin regresar:

reventó en un taller.

De una lágrima soy hijo

y soy hijo del sudor

y fue mi abuelo el amor

único en mi regocijo

del recuerdo siempre fijo

en aquel cristal del llanto

como quimera en el canto

de un Puerto Rico de ensueño

y yo soy Puertorriqueño,

sin na, pero sin quebranto.

Y el “echón” que me desmienta

que se ande muy derecho

no sea en lo más estrecho

de un zaguán pague la afrenta.

Pues según alguien me cuenta:

dicen que la luna es una

sea del mar o sea montuna.

Y así le grito al villano:

yo sería borincano

aunque naciera en la luna.’

El día de su entierro viajé hasta su terruño natal de Ciales y junto a una multitud de seres llorosos nos despedimos de este insigne patriota que tanto amó a Puerto Rico y a la humanidad. Incluyo 5 de las 8 columnas que le dediqué al querido amigo que sigue viviendo en sus versos y en su apostolado.


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