Yagrumo, una mirada a la poética de Hamid Galib
El poema “Yagrumo”, del Dr. Hamid Galib, se erige como una obra magistral que amalgama el lirismo intimista con una meditación metafísica, logrando trascender la experiencia individual para situarse en un plano universal


Misael Pérez II
(San Juan, 9:00 a.m.) El poema “Yagrumo”, del Dr. Hamid Galib, se erige como una obra magistral que amalgama el lirismo intimista con una meditación metafísica, logrando trascender la experiencia individual para situarse en un plano universal. Desde la primera línea, la búsqueda de “eternidades” opera como el eje axial que estructura el texto, entrelazando lo cósmico con lo cotidiano, mientras que la figura central del “tú” emerge como un arquetipo de la complicidad amorosa que transforma y redefine las búsquedas humanas más profundas.
A través de un lenguaje refinado y cargado de simbolismo, Galib introduce al lector en un diálogo entre la naturaleza y la psique, donde la hoja de yagrumo, con su dualidad inherente, deviene en un símbolo potente de revelación, comunión y trascendencia. En este análisis, se explorarán las principales tensiones semánticas y simbólicas del poema, enfocándose en los ejes de la búsqueda, la transformación y la complicidad como elementos fundamentales que construyen su propuesta poética.
La búsqueda: entre lo eterno y lo efímero
El poema se abre con una dicotomía que tensiona el campo semántico: “Buscando eternidades / de pronto encontré una hoja / de yagrumo en el camino”. La evocación de “eternidades” sugiere un anhelo que excede los límites del tiempo y del espacio, insertando al hablante lírico en una dimensión de búsqueda ontológica. Este esfuerzo por lo inmortal contrasta radicalmente con el hallazgo de una hoja de yagrumo, un elemento terrestre, finito y perecedero. Así, el poema establece un diálogo constante entre el deseo de trascender y la inevitabilidad de lo material, invitando al lector a reflexionar sobre la relación paradójica entre lo universal y lo particular.
La elección del yagrumo como símbolo central no es fortuita. Este árbol, profundamente arraigado en la geografía caribeña, ostenta una cualidad singular: sus hojas, bicolores, presentan un lado verde —símbolo de la vitalidad y la conexión con lo terrenal— y un lado plateado, que evoca la luminosidad de lo celeste y lo sublime. Esta dualidad intrínseca encapsula el conflicto humano entre lo visible y lo invisible, entre lo físico y lo metafísico, haciendo del yagrumo un vehículo ideal para la meditación poética que Galib plantea.
La transformación: un acto compartido
El verso “Yo buscaba metales preciosos / como siempre / para ti” introduce la dimensión afectiva de la búsqueda. El hablante no está inmerso en una empresa egocéntrica; su objetivo es ofrendar los frutos de su esfuerzo al “tú”, cuya presencia permea todo el poema. La imagen de los “metales preciosos” adquiere aquí un carácter alegórico, remitiendo no solo a la materialidad, sino a aquello que el hablante considera valioso y digno de ser compartido. Sin embargo, el punto culminante ocurre con el giro dramático: “Pero tú viraste la hoja / y te me llenaste de plata / húmeda”.
Este acto de “virar la hoja” opera como una metáfora de la revelación y la transformación. El “tú”, lejos de ser un receptor pasivo, se convierte en un agente de cambio que reconfigura la percepción del hablante. La “plata húmeda”, que alude al reverso de la hoja del yagrumo, es también un símbolo de pureza y frescura, una materialización poética de lo inefable. En este momento, el poema trasciende su dimensión material para situarse en el ámbito de lo relacional, donde el “tú” y el “yo” interactúan en un espacio de mutua transformación.
La complicidad: núcleo ontológico del poema
El cierre del poema, con los versos “porque estás aquí / adentro / como siempre / cómplice / en mis búsquedas”, sintetiza su núcleo temático. La relación entre el hablante y el “tú” no es circunstancial ni superficial; por el contrario, se presenta como una interdependencia esencial, donde el “tú” no solo acompaña, sino que define las búsquedas mismas del hablante. La palabra “cómplice” es clave en este contexto, ya que conlleva una connotación de intimidad profunda y de co-creación. No se trata de una complicidad pasiva, sino de una comunión activa que enriquece y resignifica la experiencia de buscar.
Desde esta perspectiva, el poema no solo celebra el amor como un vínculo transformador, sino que lo eleva a la categoría de lo trascendental. Es en esta complicidad amorosa donde el hablante encuentra las “eternidades” que buscaba, descubriendo que lo eterno no reside en el tiempo, sino en la profundidad de las conexiones humanas.
Conclusión: la poética del descubrimiento
En “Yagrumo”, Hamid Galib articula una propuesta poética que combina la introspección espiritual con una sensibilidad profundamente anclada en la naturaleza. A través de la hoja de yagrumo, el poeta condensa un microcosmos simbólico que invita al lector a contemplar la dualidad inherente a la experiencia humana: la tensión entre lo eterno y lo efímero, entre lo individual y lo relacional. La búsqueda del hablante, inicialmente orientada hacia lo trascendental, culmina en la revelación de que el verdadero sentido de la eternidad se encuentra en la complicidad del amor, en ese “tú” que vira la hoja y transforma la percepción del mundo.
Este poema, aunque breve, constituye una obra de profunda resonancia filosófica, donde cada palabra está cargada de significado y cada imagen nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con el tiempo, la naturaleza y los otros. “Yagrumo” es, en última instancia, un himno a la comunión, a la transformación compartida, y a la búsqueda incesante de aquello que nos conecta con lo sublime.
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