Autoconciencia universitaria
Desde el primer tercio del siglo XX, la Universidad de Puerto Rico ha sido objeto de reflexión y crítica por parte de los académicos que la componemos. Como vamos a ver, el diagnóstico es el mismo. Antonio S. Pedreira habla de “la Universidad bajo la sombra del capital”. Francisco José Ramos se interroga acerca de si la universidad es “un anacronismo”, y Félix Córdova Iturregui vuelve sobre la reflexión de Pedreira para ampliarla y profundizarla. Estos son solo tres ejemplos, pero no son los únicos; De hecho, se necesitaría mucho más que un artículo para un análisis histórico completo.


Sociedad Puertorriqueña de Filosofía
Carlos Rojas Osorio
“¿Es la universidad un anacronismo?” ( Exégesis , #26, 1996) es el título del ensayo de Francisco José Ramos. Comienza ofreciéndonos una ubicación amplia del mundo en que vivimos para así situar el problema de la universidad. Las décadas finales del siglo XX mostraron una acelerada transformación que se percibe como “el fin de la modernidad”. Se trataría del agotamiento de los ideales o ilusiones de “libertad, igualdad y fraternidad” forjados en la moderna revolución francesa. Algo así como según George Canguilhem se refiere al “agotamiento del cogito” cartesiano para caracterizar la filosofía de Michel Foucault. Es, pues, en este contexto del “fin de la modernidad” como Francisco José Ramos se plantea la crisis actual de la universidad con especial referencia a la Universidad de Puerto Rico. La crisis es, pues, una crisis civilizatoria la cual responde a “la incertidumbre de los tiempos”. (1996: 2) Es la universidad el espacio social donde “nos interrogamos por los valores de la sociedad”.
Vivimos en la época del predominio de los “ mass media ” y la universidad ha sido desplazada por ellos. “La ampliación del mercado ha transformado la inquietud intelectual propia de todo arte de preguntar en el publicitario de un impresionante catálogo de ofertas en las más fáciles respuestas a prácticamente todas las preguntas que se nos puedan ocurrir”. (2) En Puerto Rico, agrega Ramos, esto es más evidente debido al pragmatismo de la modernización que no ha dado importancia al esfuerzo intelectual. La corrupción forma parte del arsenal publicitario, aunque a primera vista parece que la condena. El mundo publicitario hace aparecer una supuesta espiritualidad como el New Age, el orientalismo o los miles de libros de autoestima y autoayuda. El individuo masa está cautivado por los “medios de comunicación” donde no hay espacio para la singularidad, según palabras del filósofo español Agustín García Calvo, citadas por nuestro autor.
Se habla mucho de excelencia educativa, pero en realidad no existe “la sensibilidad que permita entender el desafío de lo difícil como el ingrediente indispensable para lograr la única educación posible que es la fuerza del carácter”. (4) Para explicar esta situación, Ramos aduce varias razones: el hecho de que los estudiantes tengan que estudiar y trabajar al mismo tiempo; los profesores tienen un salario que los obliga a buscar trabajos que compensen su precariedad; el abismo que se ha creado entre la burocracia universitaria y la comunidad académica. Los políticos ven la universidad solo como una forma de acceso al poder. Hoy “se pretende hacer de la universidad un arrabal del mercado”. (5) Ya no se tiene una idea clara y definida de lo que es la universidad.
La universidad es un anacronismo si la relacionamos con lo que debe ser. Ya la universidad no responde a la acelerada transformación de la civilización actual, ni tampoco responde al “mandato de la inteligencia”. Lo anacrónico es lo que está fuera de tiempo. Porque “nuestra época ha descalificado el prestigio intelectual” y lo ha sustituido por el prestigio económico. (5) La universidad ya no garantiza el éxito en el único mundo que hoy cuenta que es el mercado. Lo que interesa es el negocio. Y el negocio es lo opuesto al ocio ( otium ). “Ocio significa el tiempo libre para disponer libremente de uno mismo”. (5) Las tecnologías deben conducir al disfrute de un mayor tiempo libre, pero las tecnologías “han sido secuestradas por la incultura cibernética”. (6)
El discurso oficial acerca de lo que es la universidad “ignora profundamente el sentido histórico de lo que es y debe serla universidad”. (6) Hay quienes piensan que “el fin de la modernidad” implica el fin del “sentido histórico” de la universidad y con ello se cumple la idea de vaticinar que “nada se puede hacer”, y que la alternativa habría que ponerla fuera de la universidad. Se reconoce ahí la posición de los posmodernos. Otros consideran que se puede recuperar el “sentido histórico” de la universidad mediante un proceso de renovación curricular. Otros ni siquiera se han enterado de la gravedad de la crisis. Viven su yo: “ pereat mundus, fiat philosophia : perezca el mundo, viva la filosofía”.
Francisco José Ramos considera, con mucha razón, que reconocer el anacronismo de la universidad solo debe ser el comienzo de “una reflexión dirigida a desarrollar una concepción política” en la cual se pueda plantear que el Estado debe ofrecer otras formas de Educación superior, pues No necesariamente todo el mundo tiene que ir a la universidad. La universidad no puede tener una función remediativa o de corrección de deficiencias educativas. “Una educación universitaria supone atender al sentido histórico de lo que es el esfuerzo y la creación intelectual de nuestro pueblo”. (6) Es absolutamente necesario reconocer realmente la autonomía universitaria o nos resignamos al simulacro de educación en una universidad anacrónica. La política de la universidad debe servir también para llevar a cabo un rescate de la política “de tal manera que la gente nuestro de pueblo, y no la masa conformada por los “medios de formación”, la que inicie la tarea de pensar nuestras formas. de convivencia” (6) Concluye Ramos afirmando que afortunadamente hay espacios en nuestro país y en otros lugares del planeta donde sí se lleva a cabo dicha reflexión.
La Universidad bajo la sombra del capital.
Félix Córdova Iturregui señala la insuficiencia de Antonio S. Pedreira en el modo de acercamiento económico a algunos de los temas que trata en sus obras. “Sin tener los conceptos adecuados para escudriñar la materialidad económica de la proyección del valor en la supeditada economía de Puerto Rico, Pedreira pudo captar el rasero falsamente igualitario que dicha ley, inherente a las relaciones capitalistas, le imponía a Puerto Rico en el nuevo contexto de subordinación, con una economía de monocultivo”. Las nuevas relaciones de producción constituyeron una amenaza a la cultura del país, pues de lo que se trataba era del paso de una economía agraria basada en el monocultivo a una economía industrial. Pedreira registra un aspecto de la cuestión, el cambio del ritmo temporal que lo relaciona con el dinero. “La nueva concepción del tiempo descrita por él no puede disociarse del dinero”. (Córdova, 2024: 170) Ese ritmo de cambio se relaciona con “la prisa eléctrica” que se iba notando en la vida social del país. Se imponia el dominio de la mediocridad, la mediocracia. “Pedreira intuyó el peligro de la amenaza, pero no contó con los conceptos adecuados para exponer su estructura interna, el fundamento material de la mediocracia que se imponía en el país… Lo sorprendente de su aguda intuición fue observar tan tempranamente lo que ocurría en la esfera pública del país: el predominio creciente de la mediocridad”. (170) Córdova Iturregui observa que pocas décadas después Albert Memmi señaló lo que sigue: “La promoción de los mediocres no es un error provisorio, sino una catástrofe definitiva de la cual la colonia no se alivia nunca. Las aves de paso, aún las animadas de mucha energía, no llegan nunca a trastocar la fisonomía o simplemente la rutina administrativa de las prefecturas coloniales”.
Y Córdova Iturregui comenta: “El grave error de Pedreira fue asociar el proceso de exclusión del mérito en el servicio público con la democracia. En realidad, fue todo lo contrario. La mediocridad respondía a la dictadura imperial que impuso al país una economía colonial deforme con un predominio azucarero unilateral y absorbente”. (171) Pero, concluye nuestro autor: “No hay, sin embargo, en su ensayo un cuestionamiento directo de la propaganda sistemática del propio régimen asociado a la dominación colonial. La dictadura del capital extranjero se vistió elegantemente con las limitadas formas jurídicas de vida democrática permitidas en severas restricciones”. (171)
Pedreira se fijó en la estructura restrictiva del poder colonial, en cuanto diseño externo, pero su aguda visión no alcanzó para ver “la fraudulenta democracia existente en el país”. Sencillamente “aceptó los términos de su ideología y desde dicha aceptación operó el análisis”. (171) No nos cayó encima de los beneficios de la democracia sino la dictadura de la ley Foraker con cuyo instrumental jurídico se organiza el gobierno del país bajo el férreo dominio de las autoridades estadounidenses. “La aceptación crítica de una ideología de origen imperial, basada en formas jurídicas, descarrió su intuición sobre el impacto de la economía colonial en la mediocratización de la vida diaria puertorriqueña”. (171) El gobierno impuso una economía del capital extranjero con la colaboración de los intereses locales.
No obstante, Córdova Iturregui destaca algunas observaciones que hace Pedreira.
Cierto: el imperio del número, del justo medio, excluye accidentalmente la colaboración extraordinaria de los selectos. Con igual oportunidad para todos, la plebe se ha sentido satisfecho al ver subir sus valores a costa del descenso de los hombres cultos. La astucia, la habilidad y la osadía hoy son atributos más eficaces que el mérito, la dignidad y los principios. Da pena ver en nuestro pueblo el retraimiento de hombres superiores que se aíslan en la oquedad de sus casas para defender su aristarquía del irrespetuoso predominio de los mediocres. Y este aislamiento defensivo no puede desgraciadamente volcar pautas provechosas a nuestro medio social. (Pedreira, 114; Córdova, p. 172)
Con el gobierno colonial hubo una gran despreocupación por la cultura. Se suprimió toda subvención al arte. Afirma que al gobierno no le interesan las letras, ni la pintura ni la música. El colonizador más bien promovió el embotamiento de la sensibilidad y ello mediante la mercantilización de los espectáculos. “El utilitarismo económico de la deformada formación social no alentó el desarrollo de la actividad artística. Por el contrario, fue una fuerza de obstrucción”. (174) Justo en este momento actual vuelve a producirse el mismo fenómeno, la despreocupación y hasta eliminación o subordinación del Instituto de Cultura por parte del gobierno colonial, y al mismo tiempo la subordinación de la Universidad de Puerto Rico a los intereses del mercado y de la ideología neoliberal.
Y aquí entra la reflexión sobre la falta de capital para la Universidad Pública. “Pedreira pensó la universidad pública como una institución con una figura potencial muy diferente a la simplificada economía colonial”. (174) Escribe Pedreira: “La Universidad es libertad de pensamiento, catolicidad de criterio, comprensión amplia, ventana abierta a todas las doctrinas y todos los módulos ideológicos. Y si la Universidad ha de vivir al amparo del capital privado, invariablemente -siquiera sea por un elemental sentido de agradecimiento, se inclinará al modo de ser del capitalismo imperante, de la plutocracia vigente, con exclusión de aquellas doctrinas sociales que condenan el sistema capitalista. . Sostener que la cultura ha de tener como indispensable andadera el concurso del capital es mixtificador lamentablemente los términos, es concurrir en una perjudicial confusión de valores”.
Los efectos de alguna vez la Universidad bajo la égida del capital tienen un resultado devastador, comenta Córdova Iturregui. La libertad de pensamiento era (y es) indispensable para favorecer la diversidad cultural. De la diversidad cultural depende la producción de “hombres egregios”. Hacer depender de la universidad del capital, según la revista Índice , implica una confusión de valores. Era el grupo de la revista que defendía la libertad de pensamiento. Estar abierto al debate era una necesidad para la Universidad pública y la diversidad cultural.
La escuela pública y la Universidad fueron parte del proyecto impuesto imperial Estados Unidos. Pedreira recurrió a un análisis y cuestionamiento amplio del proyecto educativo estadounidense para Puerto Rico. Este cuestionamiento a la instrucción pública ya la universidad se inscribe en la misma línea de pensamiento en que Pedreira critica al gobierno por “la falta de atención a los aspectos finos de la cultura” que ya mencionamos. Para Pedreira estaba claro que el gobierno colonial no tenía entre sus objetivos la defensa de la cultura puertorriqueña: “ni la instrucción ni la universidad pública se habían fundado con ese propósito. Sólo si en el salón de clase se podría hacer que el profesorado alentase un “pensar crítico y con criterio propio”. “La crítica en la escuela y la crítica en la Universidad en el ámbito público eran cruciales para neutralizar eventualmente el movimiento pendular de los dominios metropolitanos, acentuando la gravedad hacia una fuerza cultural puertorriqueña”. (184)
En breve, los tres analistas del problema de la Universidad de Puerto Rico concuerdan en su diagnóstico. La universidad es un anacronismo porque vivimos en una sociedad que no responde a la idea misma de la universidad, sino a los intereses del capital, del mercado potenciado por el gran mundo publicitario. Es el diagnóstico certero de Francisco José Ramos, en un breve pero sustancioso ensayo. Antonio S. Pedreira se dio cuenta desde el inicio que la Universidad de Puerto Rico vive bajo la sombra del capital y del mundo de la mediocracia en una falsa idea de la democracia. Félix Córdova Iturregui nos recuerda de modo muy oportuno el análisis de Pedreira y lo pone al día puesto que él no tenía los instrumentos conceptuales económicamente adecuados para el análisis. Pero la realidad es la misma, el triunfo de un capitalismo justificado por ideologías neoliberales dentro de una democracia atrapada dentro de ese mismo esquema económico. Los tres diagnósticos coinciden en su referencia no solo a la universidad sino también a la cultura. Pedreira vio todo este fenómeno dentro de una realidad colonial que a solo tres décadas ya mostraba todas las máscaras del imperio. Ramos y Córdova en un mundo transformado por el “finde la modernidad” no dejan de ver también el impacto no solo en la universidad sino en la sociedad y la civilización actual en la cual domina la incertidumbre sobre los valores que deben orientar la vida en comunidad .
- Félix Córdova Iturregui, Insularismo de Antonio Pedreira: el investigador y el artista, Ponce/Río Piedras, Casa Paoli/Gaviota, 2024, p. 170.
- Albert Memmi, Retrato del colonizado, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1969, p. 69. Prólogo de Jean Paul Sartre. Edición original de 1966.
- Pedreira, “Aterrizajes”, en Índice , octubre de 1930, p. 299; Córdova, p. 174.
- Sobre este aspecto Córdova cita en nota a pie de página la importante obra de Aida Negrón de Montilla, La americanización en Puerto Rico y el sistema de instrucción pública 1900–1930. Río Piedras, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1990.
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