En el aniversario 139 del natalicio de James Joyce
«Su espíritu se había acercado a la región donde moran las numerosas huestes de los muertos…»

Pedro Zervigón
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En el aniversario 139 del natalicio de James Joyce
«Su espíritu se había acercado a la región donde moran las numerosas huestes de los muertos. Era consciente, aunque no podía captarla, de su caprichosa y titilante existencia. Su propia identidad se estaba esfumando en un mundo gris e impalpable: hasta el mundo sólido en el que estos muertos habían prosperado y vivido antaño estaba menguando y disolviéndose.
«De nuevo había empezado a nevar. Contempló somnoliento cómo los copos, oscuros y plateados, caían oblicuamente destacándose ante el farol. Le había llegado el momento de emprender su viaje hacia el oeste. Sí, los periódicos estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. La nieve caía por todas partes en la sombría llanura central, en las colinas sin árboles, caía blandamente sobre el tremedal de Allen y, más al oeste, caía blandamente en las tenebrosas y revueltas aguas del Shannon. Caía también por doquier en el solitario cementerio de la colina, donde estaba enterrado Michael Furey. Se acumulaba espesa en las torcidas cruces y lápidas, en los extremos de la pequeña cancela, en los espinos yermos. Su alma se desvanecía lentamente mientras oía la nieve caer con levedad a través del universo y, como el descenso de su fin postrero, sobre todos los vivos y los muertos.»
James Joyce, «Los muertos», Dublineses
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