A cinco años de la Pandemia, urge hablar de teatro
En marzo se cumplirán en Argentina cinco años desde que el Estado, siguiendo lo que ocurría en el resto del mundo, declarara el aislamiento social preventivo como medida para cuidar a la población ante los peligros de una posible pandemia por COVID 19. Lo ocurrido luego es conocido por todos. Deseamos, entonces, en este artículo comenzar a hacernos algunas preguntas y, particularmente, comenzar a ensayar algunas respuestas desde el campo de las artes, particularmente, desde el teatro.


Por Mariela Rígano Tomado de la edición de abril de la revista Nueva Pensamiento Crítico
Durante el tiempo que duró el encierro como parte de las medidas sanitarias tomadas en pandemia, comenzaron a surgir prácticas artísticas y voces que analizaban esas prácticas que, en un caso y en el otro, reflejaban la desorientación que la vivencia inédita de la pandemia nos imponía. Esto mismo se sostiene hasta hoy, donde incluso opera una situación casi amnésica, dado que son muy escasas tanto las obras teatrales que recuperen lo vivido en ese momento, como así también los estudios que se aboquen a indagar desde lo teórico lo acontecido o a reflexionar los cambios que han tenido lugar en nuestras actividades y protagonistas a partir de lo atravesado. Casi como si la pandemia hubiera sido una etapa oscura, un gran paréntesis en el que nada ocurrió, y que –por eso mismo- podemos y debemos obviar. De hecho, la gran mayoría de los trabajos que reflexionan desde lo teórico las artes escénicas en pandemia son contemporáneos a la misma. Hoy podemos decir que la investigación sobre lo ocurrido en ese momento ha hecho mutis por el foro.
Si observamos los sintagmas y las voces con las cuales se reflexiona o se nombra el trabajo escénico ocurrido en pandemia podemos advertir tanto la desorientación como el conservadurismo de la mirada analítica y el dejo peyorativo que acompaña a la misma: teatralidades de resistencia, teatralidades pandémicas, dramaturgias del encierro, teatro on line, teatro pandémico, teatro zoom, ciberteatro, teatro digital, teatro suplente (siendo esta la más estigmatizante de todas las formas de nombrar lo que escénicamente se generó en pandemia).
Se suman a esto experiencias realizadas que buscan sumergirnos en las ruinas post-espectáculo, retomando la idea de los teatros vacíos como en Black Box (2020) y junto con estas experiencias, la visualización por diferentes plataformas de espectáculos teatrales grabados. En ese momento y aún hoy, la crítica no enfoca ni parece establecer diferencias entre este último uso de las plataformas y aquellas otras experiencias que también se valieron del streaming pero produjeron espectáculos en vivo y con público presente en las salas, objetando y clausurando cualquier análisis que invocara esas experiencias como convivenciales o que intentara pensar o indagar la presencialidad de actores y público en otros términos.
Advertimos que de forma excesivamente rápida y sin ninguna problematización se descarta lo realizado en pandemia como un sucedáneo teatral –en el mejor de los casos- o como eventos paliativos pero que nada tienen de teatral –en el peor de los casos-. No hay trabajos que indaguen seriamente y antropológicamente a los y las hacedores para profundizar en las reflexiones recuperando sentidos políticos y convivenciales, mucho menos la puesta en debate de la conceptualización de convivio, territorio, intermediación técnica y tecnológica o reproductibilidad.
Se emplea rápidamente y reiteradamente la definición de convivio de Dubatti, que parece más repetida que leída, para descartar sin demasiado miramiento lo ocurrido teatralmente en pandemia sin reconocer su valor teórico y sobre todo político, a tal punto que hoy –cinco años después- prácticamente no existen trabajos que aborden crítica y profundamente estas producciones como teatro.
Podemos comprender la necesidad de la población en sus intentos de dejar velozmente atrás esa etapa en la que estuvimos sumergidos globalmente. Sin embargo, no es comprensible que quienes debemos reflexionar la cultura y las consecuencias en la población repitamos el gesto inconsciente de seguir adelante como si esto no hubiera ocurrido permitiendo que se instale una vez más el aislamiento inconsciente en el que vivíamos antes de la pandemia como parte de ese enfriamiento de lo colectivo, lo comunal y lo ritual que caracterizó el pasaje de la edad media a la modernidad o, lo que es lo mismo, de la vida feudal a la vida capitalista.
Precisamente en su trabajo, Jorge Dubatti señala que sigue a Dupont en su análisis de las experiencias convivenciales en la antigüedad griega. Esta investigadora analiza el convivio en el marco del banquete y define el pasaje de este al teatro como el primer enfriamiento de lo convivial, indicando así una primera diferenciación o gradualidad entre las características que definen al banquete como convivio y otras prácticas también conviviales. De hecho, podríamos señalar cambios profundos en la caracterización política del banquete y el teatro griegos que podrían incluso poner en crisis su identificación o el empleo de las categorías y el análisis centrado en el concepto de convivio, pero todo ello requeriría algo más que un artículo. Sin embargo, no queremos dejar de señalar la necesidad de abocarnos a ello porque, acabada la pandemia, la falta de análisis y menciones a este pasado global reciente parece más un mandato de la agenda de los poderes fácticos que un movimiento espontáneo. Esto, además, no nos parece extraño en un contexto como el actual donde las derechas a nivel global hacen hincapié y trabajan ostensiblemente en la negación del cambio climático y las consecuencias cada vez más catastróficas de una economía que no respeta la biodiversidad ni la vida en nuestro planeta. El teatro como parte de la cultura viviente no puede ser ajeno, y de hecho no lo es, a esta tensión de fuerzas.
En tal sentido, queremos señalar que los pocos trabajos que han tomado la temática han hecho especial énfasis en diferenciar estas prácticas escénicas de lo teatral, descartando cualquier esfuerzo por conceptualizar la relevancia política y creativa de estos eventos. Por todo ello, queremos destacar algunos puntos que consideramos insoslayables al momento de poner en agenda la indagación de la escena pandémica. Comenzaremos por remarcar la necesidad de realizar una lectura profunda del texto de Jorge Dubatti y su definición de convivio, dado que urge poner el acento en la mirada política del mismo para poder realizar un análisis serio de lo ocurrido teatralmente en pandemia. Debemos revisar el concepto de copresencialidad y territorio a la luz de las investigaciones que hoy existen sobre estos en relación a los espacios digitales, el cuerpo ciborg y la realidad mediada por tecnologías para problematizar esas conceptualizaciones. No podemos soslayar a estas alturas los aportes de Donna Haraway para pensar los procesos culturales e identitarios y como ello impacta en los procesos colectivos y el territorio habitado por la hibridez. A estas alturas no podemos seguir repitiendo como hace más de dos décadas que la tecnología impide el contacto físico como si nuestra conceptualización del cuerpo no hubiera variado o como si diéramos por hecho que la presencia de unos cuerpos en la sala teatral garantiza o constituye el convivio. Tampoco podemos seguir reflexionando nuestros haceres, como si ese concepto de convivio no implicara sobre todo una reunión política y solo apuntara al hecho de compartir un lugar – y uso de forma explícita este concepto de lugar y no de territorio para apuntar sin entrar en detalle en la diferenciación conceptual, analítica y política que implican ambos conceptos. Finalmente, y dado que estamos comenzando a pensar el escenario postpandémico, no podemos seguir favoreciendo reflexiones que soslayen el entrecruzamiento biológico y filosófico que implica la realidad que nos toca habitar y las nuevas subjetividades, dado que el capitalismo actual se aboca sobre las subjetividades, como nuevo territorio de conquista económica.
No queremos cerrar esta primera aproximación al tema sin señal algunos ítems que nos parecen insoslayables en un abordaje futuro. Por un lado, creemos que urge problematizar el teatro de sala como garante del convivio. En ese sentido, debemos volver a pensar esa categoría desde lo político y a la luz de lo que representa el encuentro también desde lo filosófico y lo ideológico. Debemos profundizar nuestros debates dado que la presencia física en una misma sala no garantiza – más que como potencialidad- la multisensorialidad de los cuerpos actuantes. De la misma forma, que la participación de espacios virtuales no niega automáticamente esa multisensorialidad ni la reduce necesariamente a lo puramente visual y auditivo. Asimismo, no podemos dejar de pensar lo convivial sin profundizar el análisis de ese “enfriamiento” que describía Dupont como parte de un continuum entre convivencialidad e individualismo como los dos polos extremos, que además deben ser hoy pensados a la luz del capitalismo global.
Por otra parte, creemos que debemos abordar el análisis de la escena pandémica fuera de toda comparación que busque degradar lo ocurrido en esos escenarios, de la misma forma que hoy no definimos los hechos teatrales por comparación degradante con el teatro clásico. Creemos que debemos poner el foco de atención en la resistencia política y ecológica que implicaron determinados eventos teatrales que invocaron la presencialidad en salas de streaming para participar de hechos teatrales en vivo y que implicaban lo efímero, el riesgo corporal, la interacción con el espectador como parte constitutiva del evento y el diálogo como característica definitoria del encuentro en sentido político y filosófico.
Asimismo, creemos que debemos dejar de repetir acríticamente que la pandemia implicó grandes pérdidas económicas para el teatro, dado que esas estadísticas se circunscriben al teatro comercial que no es desde ningún punto de vista el representante epígono de lo teatral. Necesitamos realizar trabajos serios que midan lo que implicaron, desde lo económico, lo creativo y la generación de colectivos de trabajo, determinados emprendimientos teatrales como Solas Única Escena o Yendo de la Escena al living, por nombrar sólo dos emprendimientos de Argentina.
Finalmente, y desde lo político, creemos que estos eventos tienen que ser abordados con rigurosidad a partir de las voces de sus participantes, quienes durante dos años sostuvieron la ida al teatro desde la virtualidad todos los fines de semana. Citas teatrales que implicaron el encuentro, que se entendieron como forma de resistencia política – también desde lo creativo-, que inauguraron espacios de debate teórico sobre el hacer escénico a la luz de lo que el mismo implicaba desde lo político – es decir, desde lo convivencial- y que generaron nuevos públicos, dado que participaban, en calidad de espectadores, personas que nunca habían asistido a una sala teatral. Esto, a su vez, generó largos y ricos debates sobre lo que entendemos por teatro popular y se recuperó la movilizadora pregunta de teatro para quién y para qué. No podemos cerrar este punteo sin señalar, además y sobre todo, que todo esto se realizó a través de plataformas pensadas e ideadas para el mundo capitalista, particularmente para el mundo comercial y financiero. Estas plataformas fueron “tomadas” por el arte y se las transformó, se las hizo propicias y se las conquistó para una práctica despreciada.
Por todo esto, se requiere de estudios situados que entremezclen discusiones epistemológicas, éticopolíticas y ontológicas. Entender el teatro como hecho vivo, como evento en el que se produce –tal como señala Dubatti- la preservación de “la relación con la poíesis como si se tratara de compartir el beber o el comer en el banquete” (2007:48), requiere poder impactar en el mundo que habitamos para transformarlo. Por esto mismo, necesitamos herramientas situadas para el análisis. Un análisis que dé cuenta de una manera distinta de mirar la vida y aloje nuevas formas de relación, algo de lo que Haraway denomina multiespecie, a fin de que tomemos conciencia de que se trata de un asunto más allá de lo humano, un asunto ecológico y, en consecuencia, recuperar la importancia que reviste lo teatral en su espíritu asambleaico y que lo acerca al banquete.
El hecho vivo requiere categorías adecuadas al contexto presente. En ese sentido, urge su análisis a la luz del avance de las derechas capitalistas y eso es HOY.
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