DeepSeek: cronología de un terremoto tecnológico, político y financiero
Deepseek ha conseguido extraer un rendimiento asombroso a los equipos existentes, hasta el punto de que puede ser instalado y ser ejecutado desde tu propio ordenador

Que China avanza a grandes zancadas en materias como tecnología, comercio, nivel de vida, producción e incluso política ambiental no es ningún secreto; prácticamente cada semana nos llegan noticias de su rápido progreso en uno o varios de esos frentes. De esta forma, recientemente asistimos al lanzamiento de DeepSeek, un hito que sobresale entre todos los demás aunque sólo sea por la tremenda conmoción producida en occidente, causando pérdidas milmillonarias que han hecho tambalear el Nadsaq gringo.
Made in China 2025
Nada de esto es casual, sino que responde a una estrategia muy planificada y con vistas al largo plazo. Uno de los mayores exponentes de esta estrategia es el plan «Made in China 2025» (中国制造2025), presentado por el gobierno del Partido Comunista Chino en el año 2015. El ambicioso proyecto pivotaba en torno a la idea de convertir a China en una potencia tecnológica e industrial (aún más) que liderase en sectores estratégicos del futuro, de una forma cada vez más autosuficiente. Para ello, se centraba principalmente en cuatro áreas:
- Automatización y digitalización: adopción de inteligencia artificial, big data y el «Internet de las Cosas» en la manufactura.
- Reducción de la dependencia de tecnología extranjera: aumento de la producción nacional de componentes clave (chips, semiconductores, software, etc.).
- Calidad y eficiencia industrial: producción de alto valor añadido, y no solo manufacturas de bajo costo.
- Sostenibilidad: uso de tecnologías limpias y energías renovables en el sector industrial.
A juzgar por los resultados, el plan a todas luces se puede considerar un éxito. En marzo de 2023, de acuerdo con el grupo de expertos Australian Strategic Poliycy Institute (ASPI), China ya iba «muy por delante en materias como inteligencia artificial, hipersónica, drones y baterías eléctricas», aunque Estados Unidos aún lidera fabricación de chips y la informática de alta velocidad. Esta última consideración es clave para entender dónde entran en juego las tensiones que desembocaron en el citado terremoto.
Cadena de restricciones y sanciones
Sabedores de que China aún no ha alcanzado el nivel de sofisticación suficiente como para producir chips y conductores capaces de potenciar modelos de IA tan avanzados como los de las Big Tech estadounidenses, el imperio yankee ha intentado por todos los medios que el gigante chino no se haga con ellos. Los medios son los habituales: restricciones y embargos en nombre de la «seguridad», una curiosa forma de actuar para los que pregonan las virtudes de la libertad de mercado. En fin.
Poco después del anuncio del plan Made in China 2025, en 2017 la administración Trump inició una serie de investigaciones y acciones relacionadas con las prácticas comerciales de China, particularmente en lo que respecta a la propiedad intelectual (PI) y la transferencia forzada de tecnología. En efecto, Estados Unidos acusó a China de exigir a las empresas extranjeras que operan en el país que transfieran tecnología a empresas chinas como condición para acceder al mercado chino. Esta práctica se consideró una violación de los derechos de propiedad intelectual y una forma de espionaje económico. Cabe destacar que la administración Biden continuó (y endureció) esta senda.
En 2018, Estados Unidos impuso aranceles a productos chinos, iniciando una guerra comercial que escaló al sector tecnológico con prohibiciones a empresas como ZTE y Huawei, y restricciones a la exportación de semiconductores. Entre 2020 y 2022, EE.UU. aprobó leyes para impulsar la producción de semiconductores, mientras China lanzó su Plan Quinquenal 2021-2025 para lograr autosuficiencia tecnológica. En 2023, EE.UU. incrementó las restricciones a inversiones en tecnología china, y China respondió controlando la exportación de galio y germanio, metales clave para semiconductores, intensificándose estas tensiones en 2024.
Cabe aclarar que estas sanciones tienen un éxito relativo. A pesar de que Estados Unidos también ha presionado a otros países productores de semiconductores y microchips, como Holanda y Taiwán, China logró obtener los suficientes componentes de NVIDIA —la empresa estadounidense-israelí líder en hardware y software optimizado para tareas de deep learning, procesamiento paralelo y aplicaciones de IA— como para desarrollar sus propias tecnologías de IA, con el consiguiente desconcierto y rapapolvo de los estadounidenses.
El Sputnik de la IA
Al amparo de la iniciativa Made in China 2025, en febrero de 2016, High-Flyer fue cofundada por Liang Wenfeng, un entusiasta de la IA que llevaba operando desde la crisis financiera de 2007-2008. En abril de 2023, High-Flyer puso en marcha un laboratorio de inteligencia artificial general dedicado a investigar el desarrollo de herramientas de IA independientes del negocio financiero de High-Flyer. Poco después ese laboratorio se convirtió en su propia empresa: DeepSeek.
No fue sino hasta el lanzamiento de su versión R1 en 2025 que acaparó todos los titulares. El terremoto, ocurrido pocos días después del anuncio de una financiación masiva de Trump a las tecnológicas patrias, el Proyecto Stargate, fue de tal magnitud que se tradujo en la en la mayor destrucción de valor de la historia de la Bolsa.
¿Cómo es esto posible? Por una combinación de factores históricos, como la ya mencionada superfinaciación estadounidense, y las propias características de Deepseek. En la búsqueda constante de la eficiencia, Deepseek, que compite de tú a tú en eficacia con los modelos más avanzados de ChatGPT, ha conseguido extraer un rendimiento asombroso a los equipos existentes, hasta el punto de que puede ser instalado y ser ejecutado desde tu propio ordenador. Además, se comenta que fue desarrollado con apenas 6 millones de euros, frente a las inversiones milmillonarias de las empresas americanas, y reduce considerablemente el costo de los centros de datos, un notable problema medioambiental y de recursos. Por si todo esto no fuera poco, Deepseek es de código abierto y completamente gratuito, al contrario que muchas instancias de AI que se ofrecían en occidente.
Pero esto no es todo, en esta esencial entrevista con Gary Marcus, psicólogo y científico cognitivo experto en IA, se afirma que «en las últimas semanas ha habido al menos cuatro innovaciones impresionantes de laboratorios o empresas chinas que desmienten cualquier afirmación de que Estados Unidos tenga una ventaja decisiva.» Por lo pronto, ya sabemos que un nuevo algoritmo chino podría aumentar el rendimiento de la GPU de Nvidia hasta 800 veces para aplicaciones científicas avanzadas y que, en paralelo, China trabaja a toda máquina por conseguir su autosuficiencia en materia de semiconductores y chips.
No sabemos lo que nos depara el futuro, pero sí que debemos tener los ojos bien abiertos para analizar correctamente estos sismos, sin duda indispensables para entender el devenir histórico de nuestra civilización.
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