La canción de la araña: de ecofeminismo y resistencia cultural
En Argentina, como en el mundo, existen hoy discursos y temáticas que se intersectan políticamente. Desde hace aproximadamente un año, en diferentes artículos hemos venido planteando la relación de las artes escénicas con el entramado político de nuestro país y, en relación a esto, el ataque permanente que nuestro presidente, Javier Milei…

Tomado de la revista mensual Nueva Pensamiento Crítico edición de marzo de 2025

Mariela Rígamo
En Argentina, como en el mundo, existen hoy discursos y temáticas que se intersectan políticamente. Desde hace aproximadamente un año, en diferentes artículos hemos venido planteando la relación de las artes escénicas con el entramado político de nuestro país y, en relación a esto, el ataque permanente que nuestro presidente, Javier Milei, despliega sobre las mujeres, particularmente sobre algunas artistas, el feminismo y su negación constante del cambio climático.
En tal sentido, entendemos que debemos las mujeres desde las artes dar una respuesta y plantear una alternativa. Creemos además que esa alternativa debe ser ecofeminista.
Como hemos indicado en contribuciones anteriores, creemos que Milei ataca al feminismo porque desde hace al menos diez años este colectivo viene organizadamente dando respuestas populares que trascienden las organizaciones partidarias tradicionales tan cuestionadas políticamente. Este año en Davos, al igual que en 2024, continuó este ataque y fue por más, planteó incluso que la educación es un privilegio y lo asoció a la subversión de los valores que para él son fundamentales. A partir del minuto 11 de su discurso pudo escucharse que, a su parecer, esa subversión del orden, en Argentina como en el mundo, comenzó por la educación, siguió por el derecho a la vivienda y luego se dio paso a otros derechos, que considera banales, como el acceso al teatro y los tratamientos estéticos para terminar haciendo responsables de esta subversión al feminismo, la diversidad, el ecologismo, la inmigración y la «ideología» de género, a las que describió como las diversas cabezas de una misma criatura que busca el avance del estado a desmedro de causas nobles.
Como sabemos, la deshumanización y monstrificación favorecen la impulsión de sentimientos de odio hacia colectivos a los cuales se los deja de ver como personas. Milei una vez más asesta un golpe certero. Certero, en el sentido, de que – más allá del apodo “el loco” con el que suelen llamarlo sus detractores y los sectores que adscriben sus decisiones o estrategias a su hermana Karina o a su asesor Santiago Caputo- creemos que Javier Milei es un adulto responsable en pleno ejercicio de sus funciones que ataca sistemáticamente a quienes considera sus opositoras más lúcidas y en eso se muestra muy estratégico e inteligente.
Llamativamente o no tanto, si no lo pensamos como delirante y reconocemos sus estrategias inteligentes, nombra al teatro entre esos derechos que apuntan a acentuar la dimensión humana de las personas. Pero su relación con el teatro y su mirada puesta en las artes escénicas no comienza ahora. Ya en el 2019, cuando aseguraba que no le interesaba ser candidato porque consideraba a la política como una actividad sucia, incursionaba como actor porque, decía, “El teatro es un buen mecanismo de divulgación y me divierto mucho. Ymal que le pese a muchos, no dejo de ser economista.” (Fuente: https://noticias.perfil.com/noticias/economia/2019-01-23-la-insolita-incursion-de-milei-en-teatro.phtml) Ya en esa entrevista señalaba que lo que lo movilizaba era la “batalla cultural”. En nuestro artículo del mes pasado, señalábamos la conducta diferencial seguida por diversos colectivos de actrices en Argentina que en tiempos de pandemia entrelazaron el arte, la defensa del trabajo y la posición de género como un modo de visibilizar la violencia patriarcal, la resistencia de las mujeres y el daño ecológico.
Desde las artes, el feminismo plantea las cuestiones de género, de clase, el racismo y las diferentes desigualdades que en diferentes momentos de la historia han afectado a las mujeres. Por otra parte, también desde lo artístico se plantean las injusticias medioambientales. El ecofeminismo, tanto desde el artivismo como en diferentes expresiones artísticas, entrelaza ambas temáticas planteando la relación que existe entre el sometimiento a las mujeres y la explotación violenta de la naturaleza, sin caer en cuestiones esencialistas. El ecofeminismo tiene como objetivo hacer evidente la forma en que el modelo económico capitalista, la política asociada al mismo y la estructura social que genera sostiene y genera beneficios para una pequeña minoría y peligrosas consecuencias para una inmensa mayoría y para el medio ambiente.
El 9 de julio pasado, al firmar -lo que el presidente llamó – el pacto de mayo, decía sobre la naturaleza: “Los políticos han escuchado más las demandas de minorías ruidosas y organizaciones ambientalistas financiadas por millonarios extranjeros que las necesidades de prosperar que tienen los argentinos. Nosotros venimos a cambiar eso, a dejar atrás la demagogia buenista que condena a la miseria a millones de argentinos a tener el beneplácito de unos pocos acomodados. La naturaleza debe servir al ser humano y a su bienestar, no a la inversa. Los problemas ambientalistas tienen que poner en el centro al individuo, por eso el principal problema que tenemos es la pobreza extrema y esto solo se soluciona si aprovechamos nuestros recursos.» (Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/Milei-le-declara-la-guerra-al-ambientalismo-el-RIGI-debe-votarse-en-las-provincias-como-lo-frenamos).
En Latinoamérica la violencia contra las mujeres ambientalistas ha crecido muchísimo en la última década, paralelamente al crecimiento de los vínculos entre los gobiernos y las empresas que pretenden desplegar sin reparos sus actividades extractivistas en nuestros territorios. La violencia y asesinatos contra mujeres campesinas e indígenas por quienes tienen intereses económicos, legales e ilegales, ha crecido porque son generalmente las mujeres las que lideran la defensa de los territorios. A ello se suma la violencia patriarcal que se descarga sobre las mujeres que no cumplen con el mandato de obediencia y se animan a la protesta. Las agresiones más comunes que afrontan estas mujeres son la descalificación, la violencia sexual, el hostigamiento psicológico, las campañas de desprestigio y criminalización, entre muchas otras formas.
La radicalidad del ecofeminismo se vincula con el hecho de que no hay ninguna posibilidad de cuidado al medioambiente en un marco capitalista. En ese contexto no es posible el buen vivir. Por esto mismo, Milei considera que el ambientalismo y el feminismo son dos cabezas de la misma criatura.
Como indica la feminista española Silvia Gil (2022): “En este momento histórico de dominio de la lógica de separación, producir conexiones, entrelazamientos y complicidades es un modo distinto de hacer mundo, de defender e inventar la vida”. En un mundo cada vez más inmerso en la rentabilidad que produce la crueldad, las mujeres tenemos el reto de extender redes, dar espacio para el encuentro con otros saliéndonos de las lógicas verticales para adoptar la estrategia de la telaraña.
Se instala entonces una pregunta que no sólo involucra a las mujeres argentinas sino también a todas aquellas que en Latinoamérica se encuentran involucras en las luchas contra el extractivismo patriarcal de nuestros territorios: ¿cuánto más tendremos que presenciar para comprender que debemos organizarnos?
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