El 8M desafía a la reacción y reivindica avances frente al patriarcado
Las movilizaciones feministas toman el espacio público en un contexto de retroceso de derechos y discursos antifeministas en la esfera política

La lucha feminista se notaba este 8M en muchas de las pancartas y consignas que llenaron las calles a pesar del viento y la lluvia. Miles de personas se movilizaron en decenas de ciudades, demostrando que la lucha feminista sigue vigente y que, ante el avance de los discursos reaccionarios, la respuesta es más feminismo.
Las marchas de este año se enmarcan en un momento de especial atención a nivel global, especialmente por los tambores de guerra que recorren el mundo. La ultraderecha, con un marcado sesgo antifeminista, no solo ha intensificado su retórica contra las políticas de igualdad, sino que ha comenzado a revertir derechos en aquellos países donde ha alcanzado el poder. Desde las restricciones al aborto en Estados Unidos hasta el desmantelamiento de políticas de protección en Argentina, la ofensiva es clara. Y el movimiento feminista ha respondido en la calle con proclamas por la igualdad y por la paz.
Una jornada de reivindicación y resistencia
Las movilizaciones de este 8M han vuelto a ser diversas, con distintos enfoques y prioridades, pero con un mensaje común: el feminismo sigue siendo necesario. En ciudades como Madrid y Barcelona, las marchas se dividieron en distintas convocatorias, reflejando los debates internos del movimiento, pero también la pluralidad de estrategias y demandas.
Bajo lemas como «Ni guerra que nos destruya, ni paz que nos oprima» o «El patriarcado llora bajo la lluvia», las manifestantes pusieron el foco en la brecha salarial, la precariedad laboral, la violencia machista y la amenaza que suponen las políticas de recortes en derechos y aumento del gasto militar. La preocupación por el avance de la extrema derecha también se dejó sentir en los discursos y pancartas, denunciando el intento de deslegitimar las conquistas feministas de las últimas décadas.
El 8M no es solo una fecha de movilización en España. En países como Argentina, México, Francia o Italia, las calles también fueron escenario de protestas feministas que, además de reclamar derechos, denunciaron los retrocesos impuestos por gobiernos conservadores. En Argentina, la motosierra que el presidente Javier Milei ha convertido en símbolo de su política de recortes fue respondida en las calles con la imagen del pañuelo verde, emblema de la lucha por el aborto legal.
También la vivienda y la precariedad laboral fueron reivindicaciones transversales en distintas movilizaciones. «Se acabó desahuciar», rezaba una pancarta en Madrid, uniendo la lucha feminista con la crisis habitacional y la reivindicación de políticas públicas que garanticen condiciones dignas para todas.
El impacto del 8M va más allá de una jornada de movilización. A pesar del cansancio, de los intentos de dividir al movimiento y de la ofensiva de la ultraderecha, el feminismo sigue siendo una fuerza social que no solo resiste, sino que sigue generando propuestas para transformar la sociedad. Este 8M demostró que, a pesar de los obstáculos, sigue habiendo razones para salir a la calle y seguir luchando.
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