La selfitocracia intramural
El gobierno del PNP con Jenniffer González no tiene intención de provocar ningún cambio en Puerto Rico, sino solamente de disfrutar los privilegios del poder


Todas las mañanas hago lo mismo. Después de preparar un café o un té muy especiado, me siento a leer la prensa. El tiempo que dedico a esto varía y, usualmente, luego de hacerlo leo los libros con los que en este momento estoy enfrascado. De un tiempo a esta parte, disfruto de la mayor libertad a la hora de escoger mis lecturas y, las de este momento, van desde textos sobre teoría jungiana, un par (uno antiguo y otro moderno) sobre Alejandro Magno, ensayos sobre el empleo terapéutico de las artes y un tratado sobre el fállamenco. Pero siempre, el día comienza por la toma de contacto con lo que está pasando y, en las últimas semanas, he notado un cambio.
RELACIONADAS
Un país sin
Por Eduardo Lalo
Debo anotar que en mi interés por la actualidad hay cierto rigor. Después de todo, cada dos semanas, publico una columna en este diario y en cada una, junto a Néstor Duprey, hago el podcast Palabra Libre. Siempre me consideré una persona informada, pero hace ya un buen número de años, el tener conciencia de lo que está pasando, es también parte de mi trabajo. Últimamente, como ya dije, he notado cambios.
Por eso, hace un rato, extrañado por algo que aun no podía precisar, volví a examinar la edición digital de El Nuevo Día del miércoles 12 de marzo. Había leído algunos de sus artículos antes y se había producido nuevamente una sensación de falta o ausencia. Antes de la aparición en la pantalla de las Fotogalerías, en la parte principal del diario, se publicaron 19 artículos y ninguno de ellos se refería al actual gobierno ni a la gobernadora. Esta es la extraña ausencia que experimentaba.
La situación de este miércoles no es un hecho excéntrico y es lo que, como lector cotidiano de prensa, he venido notando durante semanas. Casi da la impresión, que la máxima responsable del gobierno, es una vieja dueña de una empresa en la que, luego de dirigirla por décadas, de tener una operación de eficiencia más que probada y una clientela cuya fidelidad ha sido bien cimentada, delega en otros las responsabilidades cotidianas del negocio y disfruta de la vida, encaminándose a una jubilación definitiva. Lo que desentona en esta imagen, es que la jefa del gobierno no tiene edad para jubilarse y su administración anda por el tercer mes.
La toma de conciencia, que el examen de las noticias del diario del miércoles valida, ha venido produciendo extrañeza por semanas. En dramático contraste con el presidente de Estados Unidos, que a diario y por casi dos meses, acapara al menos una decena de titulares y, acaba de dar, la semana pasada, uno de los más largos mensajes presidenciales de la historia, casi se podría decir que las únicas noticias que produce el gobierno del PNP son las de los viajes de sus jerarquías y la única labor concreta es la de sus selfies. Es decir, hasta el momento, son productores de ausencia intensificada.
El contraste con Trump es provechoso. La avalancha noticiosa que este y su gobierno producen es buscada. Apoyado en la labor previa de organizaciones como Proyecto 2025 (que, a su vez, es una agrupación de al menos un centenar de entidades), la estrategia que busca inundar el espacio político, intimidar los focos de resistencia y producir estupor en los ciudadanos, hace parte de un esfuerzo que intenta controlar una historia y su narración. En cambio, la ausencia de la gobernadora y su gobierno, el hecho dramático que en el diario de mayor importancia del país se publiquen a media semana 19 artículos sin ni siquiera mencionarlos, a primera vista resulta chocante.
La especulación de las causas y motivaciones de este vacío puede ser muy productiva, pero pienso que subyaciendo a éstas, se encuentra una vieja “tradición” en el servicio público del bipartidismo puertorriqueño. La “tradición” o la práctica o el patrón que he visto repetirse a lo largo de la vida, consiste en lo siguiente: se trabaja para llegar al puesto, una vez en él no se hace nada que trastoque la situación imperante, de este modo se disfrutan los privilegios que el puesto ofrece y la memoria de que uno fue uno de los pocos nombrados o seleccionados para él.
La clave es ésta: el trabajo grande se lleva a cabo previo a la ocupación de la plaza. Una vez en ella se trata de preservar la “homeostasis”, de no pisar callos, de mantener satisfechos a los “atornillados”, de repartir según la usanza establecida el botín, de dejar inalterados los privilegios, las malas mañas, las dispensas, las excepciones y exenciones.
En un país sin poder real como el nuestro, este es la limitada autoridad de la que dispone el funcionario electo rojo o azul. Su gestión se limita a ser un repartidor de presupuesto, según lo previamente establecido, sin jamaquear el palo, reconociendo las jerarquías y prácticas consuetudinarias. Por eso la política puertorriqueña bipartidista es exclusivamente intramural. Sin poder, no disfruta de interlocutores externos porque no puede representar a nada más que no sea un partido. Cuando el bipartidismo habla en nombre del “pueblo puertorriqueño”, esto no es más que una figura retórica sin contenido ni efectividad.
Me temo que esto es lo que explica, que en estos tres meses, el gobierno y su jefa se limiten a repartir intramuralmente, según lo establecido, el presupuesto y a erigir una selfietocracia. El silencio de la gobernadora honra la “tradición” de la que siempre ha sido parte. Se trabaja para conseguir el puesto. Una vez se ocupa, se actúa según las reglas y pautas intramurales de las dos alas cortadas del bipartidismo. Cuando se arriba al puesto máximo, no se toca nada de peso ni con un taco de billar.
Por esto, década tras década no pasa nada que altere las pequeñas ligas intramurales del bipartidismo. Los dos partidos, que han gobernado este horriblemente largo periodo, han pretendido incluso extender su modus operandi a la sociedad en su conjunto. Para esto se sirven del miedo. Su lógica pretende que los ciudadanos soporten su corrupción, bajeza, incompetencia, vulgaridad, y las consideren preferibles a cualquier jamaqueo del palo. Un selfie, para estos políticos, siempre vale más que un acto con contenido, una mitología de dependencia es preferible a cualquier bien público.
Recuerdo que en un libro sobre la vida cotidiana bajo el estalinismo, un historiador decía que estaba el Josef Stalin del Kremlin, pero también estaban sus imitadores serviles en las sedes regionales del gobierno, en las fincas, en las tiendas, en la divisiones menores de la burocracia, hasta en el individuo que barría las calles. Ante la falta de contenido y la ausencia de acción y poder reales, todos repetían las consignas propagandísticas que eran los selfies de esa época.
Apreciados lectores, he aquí otro cuatrienio perdido. La gobernadora y su gobierno llegaron al puesto y, seguidores de la “tradición”, no conciben otra gestión que la de una selfietocracia intramural.
Tags
Jenniffer GonzálezDonald TrumpPartido Nuevo Progresista
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

































