«Nos robaron nuestra infancia»: la historia de los miles de niños que Bélgica arrebató a sus familias en Congo por ser mestizos
A los 4 años, Marie-José Loshi fue separada de su familia en el Congo belga en la época colonial. Fue trasladada a más de 600 kilómetros de distancia e internada en un orfanato católico donde creció entre desconocidos

Pie de foto,Marie-José Loshi (L) es una de los miles de niños que fueron secuestrados por ser mestizos para ser internados en institutos católicos.
- Kaine Pieri
- Título del autor,BBC News
- 8 horas
«Nos arrancaron todo y nos hirieron de por vida», dice esta mujer que ahora tiene 76 años. «Nos robaron la juventud y la infancia».

Marie-José es solo una de los miles de niños que fueron sistemáticamente apartados de sus familias por el Estado e internados en institutos gestionados principalmente por la Iglesia católica debido a su origen mestizo.
«Me sentía perdida, lloraba… Me separaron de mi madre y me dejaron con unos desconocidos que ni siquiera hablaban mi idioma. Lo único que teníamos en común era que todos éramos mestizos», recuerda Marie-José Loshi.
Décadas después, ella y otras cuatro mujeres que crecieron en la misma misión católica han ganado una histórica batalla legal por una indemnización. Pero las cicatrices del pasado siguen siendo profundas.
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Una decisión judicial histórica
Monique Bitu Bingi, Léa Tavares Mujinga, Noëlle Verbeken, Simone Ngalula y Marie-José Loshi iniciaron en 2021 un proceso judicial contra el gobierno de Bélgica para reclamar una indemnización.
Se trata del primer caso en el país europeo que pone de relieve los casos de los miles de niños nacidos de colonos blancos y mujeres negras locales que fueron apartados a la fuerza de sus familias durante las décadas de 1940 y 1950.
En diciembre, el Tribunal de Apelación de Bruselas anuló la sentencia de una instancia previa que había determinado que transcurrió demasiado tiempo como para que tuvieran derecho a reparación.
El Tribunal de Apelación dictaminó que las acciones del Estado constituían un crimen contra la humanidad –»por su plan de búsqueda y secuestro sistemático de niños nacidos de madre negra y padre blanco»-, un delito que no prescribía. Los jueces describieron los secuestros como «un acto inhumano de persecución».
«Esta sentencia es histórica. Es la primera vez que un tribunal belga reconoce un crimen contra la humanidad por algo que ocurrió durante la colonización. Esto sienta un precedente, no solo para Bélgica, sino potencialmente para las antiguas potencias coloniales de todo el mundo», sostiene Michèle Hirsch, una de las abogadas de las cinco mujeres.
«La sentencia no solo reconoce el sufrimiento de estas cinco mujeres, sino un delito cometido por el propio Estado belga».
Las mujeres pedían un pago inicial de 50.000 euros (US$54.100), porque si perdían tendrían que pagar al Estado una indemnización basada en la demanda original.
Pero para Marie-José, el caso no se trata de dinero.
Como las demás víctimas, mantuvo el trauma de su infancia en secreto ante sus propios hijos y nietos. «Vivíamos avergonzados», dice.
«No podíamos hablar a nuestros hijos de una vida así. Pero gracias a nuestros abogados, encontramos el valor para testificar».

«Abandonados por definición»
En 2019, el gobierno belga emitió una disculpa formal a unas 20.000 víctimas de separaciones familiares forzadas en la actual República Democrática del Congo, así como en Burundi y Ruanda.
Es imposible conocer el número real de niños mestizos afectados por la política belga de la época colonial, así como las innumerables familias afectadas, afirma la antropóloga e investigadora principal del Museo Real de África Central de Bélgica, la doctora Bambi Ceuppens.
«En Ruanda y Burundi, los niños eran llevados a internados de forma mucho más sistemática que en el Congo», explica.
Ceuppens dice que esto se debió al tamaño de estos países, más pequeños y más densamente poblados que el entonces Congo belga.
Además de trasladar a los niños internamente, el gobierno también los llevaba a Bélgica, a menudo cambiándoles el nombre y separando a los hermanos, y sin ofrecerles la nacionalidad belga una vez llegaban a la edad adulta.
Ceuppens recuerda el increíble caso de dos hermanos, sacados de sus casas y criados en regiones belgas diferentes, lo que significa que uno creció hablando neerlandés y el otro francés. Hasta que tuvieron más de 60 años pudieron reencontrarse.
Según Ceuppens, las increíbles medidas que tomaron las autoridades eran necesarias para reforzar y mantener el dominio colonial.
«Desde la perspectiva colonial, en el momento en que una mujer negra daba a luz a un niño mestizo, se consideraba abandonado por definición. Cada hijo mestizo era visto como una prueba de que no se podía mantener la segregación racial. Los niños eran vistos como rebeldes en potencia; las niñas, como destinadas a una vida de prostitución», afirma.

Un caso emblemático
Para la abogada Michèle Hirsch, la sentencia tiene la posibilidad de abrir las compuertas.
«Es una victoria para los pueblos colonizados de todo el mundo», afirma.
«Otros supervivientes de esta política, miles de ellos que vivieron lo mismo que mis clientes, pueden ahora buscar justicia», continúa.
«Debemos recordar que muchas de estas personas lamentablemente ya no están con nosotros, pero ¿qué pasa con sus descendientes? Los descendientes de las víctimas también podrían pedir justicia».
Hirsch quiere que el Parlamento belga apruebe una ley similar a las leyes de reparación de Australia o Canadá, que han llevado al pago de millones de dólares a las víctimas de raptos sistemáticos y separación de niños indígenas de sus familias.
Hirsch, que afirma haberse inspirado en los debates sobre reparaciones celebrados en Australia y Canadá, cree que este caso podría empujar no solo a Bélgica, sino también a «otras antiguas potencias coloniales» a establecer políticas de este tipo.
Pero, según ella, el reciente veredicto también podría hacer mucho más en términos jurídicos.
El hecho de que este caso se definiera como crimen contra la humanidad, anulando la ley de prescripción, significa que otros tipos de crímenes cometidos por gobiernos coloniales también podrían dar lugar a indemnizaciones, sin importar los años que hayan pasado.

Estigma permanente
Para Antoinette Uwonkunda, el estigma y las secuelas de estas políticas coloniales siguen siendo muy reales.
Su asociación, Métis du Monde (Mestizos del Mundo), con sede en Bélgica, se creó para ayudar a los mestizos de su Ruanda natal. El grupo los ayuda a localizar los archivos para encontrar a sus familiares, además de que recauda fondos para que los jóvenes puedan ir a la escuela, entre otras acciones.
Uwonkunda afirma que una de las razones por las que creó Métis du Monde es que vio con sus propios ojos la práctica colonial de separar a los niños mestizos.
«Crecí en el sur de Ruanda, cerca de una de estas instituciones católicas que acogían a niños. Recuerdo haber oído historias de madres que habían ‘perdido’ a sus hijos, que habían sido enviados a Bélgica, y recuerdo haber crecido preguntándome ‘¿por qué?'», explica.
Como muchos activistas, Uwonkunda se sintió «eufórica» cuando se enteró de la última sentencia.
«Esto tiene que abrir puertas. No me importa, en mi opinión, si Bélgica no tiene elección, tiene que empezar a hacerse algunas preguntas», afirma.
«Hay mucha gente que ha sufrido como esas mujeres y no nos vamos a quedar con los brazos cruzados».

Para Uwonkunda, quien también es mestiza, queda mucho por hacer por los mestizos que viven en regiones rurales y siguen sufriendo discriminación.
Unas semanas después de la sentencia belga, Marie-José dice que está de acuerdo con eso.
«Se me saltan las lágrimas al decir esto, pero la segregación que sentimos por ser mestizos nos ha perseguido hasta hoy. No nos sentimos aceptados, no somos lo suficientemente blancos ni negros, no tenemos un espacio al que sentir que pertenecemos», reflexiona.
«Ahora caminamos con la cabeza bien alta. Los secretos que guardamos durante tanto tiempo han salido a la luz. Si la gente quiere reírse de nosotros o aplaudirnos, no importa. Hicimos lo que teníamos que hacer, porque la carga era demasiado pesada de llevar.
Información adicional de Efrem Gebreab.

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