El tiempo pasa… de Carlos J. Carrero
Nació en el barrio Calvache de Rincón, el 10 de abril de 1946. Sus padres fueron Antonio Carrero Carrero y Segunda Cordero Vargas. Orgullosamente destaca que llegó a este mundo con la asistencia de la comadrona del barrio, doña Juana Valentín

Mercedes Carrero Morales
(San Juan, 10:00 a.m.) Nació en el barrio Calvache de Rincón, el 10 de abril de 1946. Sus padres fueron Antonio Carrero Carrero y Segunda Cordero Vargas. Orgullosamente destaca que llegó a este mundo con la asistencia de la comadrona del barrio, doña Juana Valentín.
Siguiendo los pasos de su padre, fue cautivado por la poesía, y desde temprana edad escribió sus primeros versos. Durante muchos años cultivó la poesía, siendo esta una pieza fundamental en las noches de serenata que en su juventud llevaba junto a un grupo de bohemios amigos. Sin embargo, no fue hasta el 2019 que se decide a publicar parte de esa inspiración poética con el poemario: Dos poemas y un poeta. Ese primer libro marcó el inicio de su etapa literaria, publicando luego los poemarios: Dos mil diecinueve en sonetos y poesía volumen uno, volumen dos y volumen tres. Luego La realidad tus prebendas.
En el 2024 publicó el poemario El tiempo pasa... bajo la casa publicadora: Publicaciones desde el poniente. Este poemario es un tanto como mecanismo de autorreflexión. El libro es una catarsis de su vida, como se puede observar en introducción. El autor narra que la poesía surge en su vida como resultado de su timidez. Señala que: Lo que no tenía valor para decirlo con palabras y, de frente, lo podía comunicar con la palabra rimada. De esa forma dirigido e influenciad por su padre surge su pasión por la poesía. En el proceso desarrolló una disciplina de incluirle al concluir cada poema la fecha y el lugar donde los escribió. De forma que el producto de sus musas se convirtió en una suerte de diario.
Contrario a la trilogía Dos mil diecinueve en sonetos y poesía que siguen una cronología del año que fueron escritos, (2019), este libro recoge cien poemas acopiados, no de forma cronológica, pero sí que demuestran una meticulosa selección de sus escritos. Siguiendo una temática romántica, el autor da rienda suelta a una amalgama de sentimientos que son en algunos casos una invitación y ansias. Muestra de esto la observamos en su poema Acompáñame: ¿Cómo llegar a conocer la interioridad de tú alma?, si no soy parte integrante de ese viaje sublime, no podré entender tú corazón, para que me reanime…
El autor en ocasiones blande su látigo esgrimiendo criticas sociales como en el poema Por envidia y ambición: Cuando piden, no le dan, porqué piden con malicia, están llenos de codicia, y no aprecian bien el pan. En el mismo poema se permite que su fe aflore y permee en su lira: Se firme con tu oración, al igual que al proceder; que el Padre lo suele ver todo desde su Mansión.
Esa religiosidad invade su romanticismo divinizando, en gran medida, a esa fuente de su inspiración. Así en el poema Ángel de luz fantasea, y en gran medida idealiza la imagen de su inspiración cuando dice: Ángel de luz, que invades mis sueños, busco la forma de retenerte y no puedo. Intento leer de tu presencia el mensaje, pero está escrito en extraño lenguaje.
Hay también un dejo de melancolía y resignación en sus escritos. Así se percibe en su poema Congoja cuando afirma: Mueren los sueños que llenaron mis venas, ya no vibra el dulce eco de aquel llamado; descansaré mi frente en vertientes ajenas y será otro, el que camine a tu lado. El autor utiliza por momentos, elementos de la naturaleza como metáforas que verbalizan su romanticismo. Muestra de esto se observa en su poema El riachuelo: Las suaves aguas del riachuelo, siguen su norte fijo en el mar, y nos brindan allí el consuelo cuando sentimos el alma llorar.
Por mucho tiempo el poeta estuvo fuera de Puerto Rico siendo parte de la diáspora boricua. Esa experiencia nutrió también su amor patrio, fluyendo también ese sentimiento en su poesía como presenta en el poema Estampas patrias: Estampas de mi terruño, en un desfile de colores, memorias de viejo cuño dónde brillan nuevos albores.
El amor y desamor es tema constante en su poesía, pero también aflora la resignación. No como un derrotado, sino que la aborda con la paciencia de quien afronta una realidad. En el poema Me dueles menos expresa: Sentir que tu esencia me abandona, en la presencia de mi soledad cuerda y como un corazón amante, todo perdona, aprenderé a vivir que tú no eres mi prenda.Sin querer extenderme demasiado, es importante destacar que el poemario El tiempo pasa… es una montaña rusa de emociones para quien se acerca a su lectura y ve con los ojos del poeta, un atisbo del tiempo pasado del autor.
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