Crónica: El calvario en Barrio Obrero
El camino de la cruz de Jesús se encuentra con la difícil realidad que viven muchos inmigrantes en la zona



Periodista de Entretenimientovictor.ramos@gfrmedia.com
Estación I: Jesús es condenado a muerte
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“Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo”.
Viernes de muerte. Decenas de personas esperan pacientemente frente a la iglesia para ver el momento de la condena. De su interior salen hombres vestidos como soldados romanos. Frente a su líder ponen a un hombre abatido y ensangrentado, que sobre la cabeza lleva ceñida una corona hecha con ramas llenas de espinas. El líder romano se dispone a dejarlo ir luego de este vil castigo, pero el sumo sacerdote se opone vehementemente. El hombre debe morir. Ante la insistencia, quizás por temor, el romano cede a la petición, no sin antes lavarse las manos frente al pueblo, como distanciándose de la sangre inocente que pronto se derramará. Pero ya es muy tarde. Ni el agua más pura podría liberarlo de esa mancha.

ElBarrio Obrero de Santurce se siente extrañamente silencioso. El aire se siente seco, como drenado de vida, como si su espíritu hubiera sido quebrantado a latigazos. Y hoy, junto a Jesús de Nazareth, el carpintero, este pueblo también debe enfrentarse a una condena injusta.

Estación II: Jesús carga con la cruz
Viernes de angustia. Al hombre ensangrentado lo sacan a la calle. Sus pies descalzos sienten el ardor insoportable de la brea castigada por el sol. Los soldados le ponen un traje púrpura y, mientras se ríen de él, le colocan sobre el hombro el instrumento que usarán para matarlo.
Las personas miran la estampa con tristeza. Muchos han visto esta misma procesión en incontables ocasiones, pero este año se siente diferente. Este año, mucha gente de este barrio también ha sido obligada a cargar con una cruz.
Estación III: Jesús cae por primera vez
Viernes de agonía. Mientras camina, cargando el peso del madero sobre la espalda, bajo el calor de la tarde metropolitana, el nazareno tropieza y cae al suelo. Los soldados romanos se burlan y lo obligan a levantarse. El camino apenas comienza.
Una voz entona el Padrenuestro y todos le siguen. Santifican el nombre de Dios, piden que llegue su reino, que se haga su voluntad. Suplican el pan de cada día, que perdone sus ofensas, dicen que están dispuestos a perdonar a sus ofensores, quizás incluso a esos que se meten a sus casas y negocios, que los tratan como animales y los hacen desaparecer. Ruegan que no los dejé caer en la tentación y, sobre todo, hoy más que nunca, que les libre de todo mal. No tienen certeza de que Dios los mire, pero en sus rostros entristecidos se puede ver la súplica de sus corazones honestos, la esperanza de ser escuchados. Ante un mundo roto por la crueldad, siempre queda la fe.PUBLICIDAD
Estación IV: Jesús encuentra a su madre
Viernes de dolores. Ningún hijo debería morir antes que sus padres. Es ley natural de vida. Pero aquí, una madre es sometida a la despiadada impotencia de ver al suyo caminar hacia su muerte segura. Mucho tiempo antes, le fue dicho en una profecía que una espada le atravesaría el alma. Ese sable ahora parece estar completamente traspasado en su corazón. Es solo un momento breve, pero logra encontrarse con su criatura y ahogada en llanto, le ofrece lo único que puede darle, su consuelo maternal, el mismo con el que lo recibió en sus brazos antes de acostarlo en un pequeño pesebre tantos años atrás.
Desde hace semanas, en este mismo barrio, muchas madres también buscan cómo consolar a sus hijos, grandes y chicos.
“Ellas mandan a los hijos con los vecinos a la escuela, es una situación bien difícil. No es solamente un arresto, es un golpe a una familia, ahí están papá, mamá, los nenes… Hace poco vimos unos videos de agentes del ICE persiguiendo niños que acababan de salir de la escuela en Estados Unidos…”, cuenta Rosario Ortiz, vecina de Barrio Obrero.
El horror lo paraliza todo. La vida aquí ha dejado de ser vida.

Estación V: Simón de Cirene ayuda a Jesús a cargar la cruz
Viernes de suplicio. El hombre ensangrentado parece asfixiado bajo el peso de la cruz. Los soldados romanos arrebatan a otro hombre de entre los espectadores, y lo fuerzan a ayudar a Jesús el nazareno. Por un instante breve, llega un poco de alivio para el condenado, pero todavía falta camino.PUBLICIDAD
Un pavor profundo ha infectado a toda la zona. Tan reciente como el viernes anterior, agentes de la policía migratoria intervinieron en la Placita Barceló temprano en la madrugada y se llevaron a un grupo de obreros, presuntamente indocumentados. Todo el mundo teme la posibilidad de pasar por lo mismo. Pero así como el cireneo ayudó a Jesús, miembros de la comunidad se han organizado para darle la mano a sus hermanos. Les ayudan a hacer compras, les dejan saber sus derechos, los acompañan de las formas en que sea posible en momentos en que la esperanza parece extinta.
Estación VI: La Verónica limpia el rostro de Jesús
Viernes de misericordia. Atormentado por los gritos y latigazos de sus verdugos, Jesús se arrastra con la poca fuerza que le queda por las calles. Una mujer con un manto en las manos se le acerca, con valor, y con pena visible, limpia el rostro ensangrentado del hombre roto y el hombre le agradece.
Desde los balcones de las casas alrededor, familias enteras observan el momento, algunos se esconden tras puertas, otros solo se atreven a asomar la cabeza. Les dijeron que en Puerto Rico esto no iba a pasar, que estaban a salvo. Pero fue una mentira ¿Vendrá acaso alguno de esos ahora a enjugar sus rostros?
Estación VII: Jesús cae por segunda vez
Viernes de cansancio. El fin está cerca. El camino del calvario es largo y doloroso. El hombre de la cruz cae una vez más al suelo. Sus fuerzas comienzan a extinguirse, pero sus atormentadores no muestran simpatía. Bajo el sonido de látigos lo hacen levantar una vez más y le fuerzan la cruz sobre el hombro.PUBLICIDAD
Este solía ser un mundo lleno de alegría. La música sonaba por todas partes. Hombres y mujeres se levantaban cada día a ganarse el poco sustento que terribles condiciones de trabajo les permitían llevar al hogar. Pero, como el milagro de los panes y los peces, hacían que alcanzara para todo y, a veces, hasta mandaban un poco de vuelta a casa, a esa isla vecina que a veces parece más lejana de lo que realmente es.

Estación VIII: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Viernes de llanto. Mientras lo ven sufrir por la calle, un grupo de mujeres llora ante la escena tan terrible. Las lágrimas hacen caminos sobre sus rostros, como el rastro de pasos sobre arena. Jesús se detiene ante ellas y les dice que no lloren por él, que lloren, más bien, por sí mismas y por sus hijos, que todavía quedan dificultades por enfrentar.
Muchas lágrimas se han derramado en este lugar. Muchos corazones viven llenos de miedo. ¿Qué más se puede hacer ante un desprecio que no razona, que no conoce humanidad?
Estación IX: Jesús cae por tercera vez
Viernes de agobio. Ha llegado el final del camino. Gólgota ya queda a la vista. A solo unos pasos del lugar donde será sacrificado, el Cordero de Dios cae una última vez al piso. Su destino está próximo a cumplirse. Su sangre pronto correrá por estos tramos.
Algunas personas ponen sus rodillas en el suelo mientras rezan. El sol de la tarde se ha desvanecido y en su lugar ha llegado la tiniebla. Muchos han caído en estas mismas calles, posiblemente muchos más caerán.PUBLICIDAD
Estación X: Jesús es despojado de sus vestiduras
Viernes de humillación. Al hombre le arrancan las vestiduras y lo dejan prácticamente desnudo a la vista de todos. Las huellas de latigazps y golpes se pueden ver sobre su piel.
Algunos, como los soldados romanos, se alegran de lo que está pasando. Creen que otros seres humanos merecen ser castigados por cruzar fronteras imaginarias trazadas por hombres necios y devotos del poder. Celebran la humillación y el sufrimiento, y dada la oportunidad, no pausarían al momento de desnudar a quienes ya no tienen nada más.

Estación XI: Jesús es clavado en la cruz
Viernes de sangre. Desnudo, al hombre lo hacen acostar sobre la cruz que cargaba. Bajo el peso de martillos, penetran sus manos y sus pies con clavos. Después, ya crucificado, alzan a Jesús para que todo el pueblo pueda verlo y, junto a él, uno a cada lado.
Se pueden ver ojos llorosos entre los presentes. La pasión de Jesús toca la fibra de muchos. La violencia, la persecución, la condena y la burla son cosas que muchos aquí han vivido en carne propia. Si ser migrante es ser como Cristo, ¿por qué otros no pueden verlo?
Estación XII: Jesús muere en la cruz
Viernes de entrega. Mirando al cielo oscurecido, Jesús pega un grito con las pocas fuerzas que quedan en su cuerpo. Pide, con sus últimos alientos, el perdón para sus asesinos. Dice que no saben lo que han hecho. Luego, invoca el vigésimo segundo salmo, preguntándole a su Dios por qué lo ha abandonado. Cuando ya su cuerpo está listo para la entrega final, encomienda su espíritu a su Padre, y muere.PUBLICIDAD
No deben ser pocas las almas en el barrio que también se sienten abandonadas, que sienten que el mundo se les ha caído encima, que la desesperanza ha ganado, al fin, la batalla. Pero ese mismo salmo citado por Jesús, algunos versos más adelante, promete poner final al cautiverio. “Los pobres comerán hasta saciarse”, asegura. “Y los que buscan al Señor lo alabarán. ¡Que sus corazones vivan para siempre!”

Estación XIII: Jesús es bajado de la cruz
Viernes de silencio. El cuerpo del hombre es separado del madero y es puesto en los brazos de su madre, que llora amargamente sobre el hijo al que cargó y crio entre esos mismos brazos.
¿Barrio Obrero tiene quién le llore? El fin de toda una comunidad sucede a tiempo real, pero el mundo parece ignorar por completo esa realidad. Los lugares sin gente también se mueren.
Estación XIV: Jesús es sepultado
Viernes de soledad. El cuerpo de Jesús ya descansa en el sepulcro. Su misión quedó cumplida.
Al lado de la imagen de Cristo yacente, una mujer contempla la iglesia luego de la procesión. Viste de blanco y negro, y sobre la cabeza lleva una mantilla. Se llama Bernardina y es natural de San Pedro de Macorís, en la República Dominicana. Llegó a Puerto Rico en 2013 y desde entonces considera este pedacito de tierra su segunda patria.
“Hay personas encerradas en sus casas pasando muchas necesidades, porque no pueden salir a trabajar, tienen miedo de que los deporten. Es terrible. Se puede ver la tristeza que hay en todo esto. Hay que hacer algo, así no se puede. Hay que pensar en la comunidad, en las personas, tener un poquito más de amor hacia el prójimo”, dice.PUBLICIDAD
Y así, como ella, muchos se agarran de la fe que puedan mantener viva en sus corazones, esperando por una señal, un milagro que les muestre que la vida puede seguir, que el bien puede vencer al mal. Pero por ahora, solo tienen sus rezos y la esperanza de que en el mundo todavía quede compasión. Seguramente, el camino de este calvario solo comienza.
1 / 16 | Viernes Santo en Puerto Rico: la tradición del Via Crucis sigue viva. Procesión del Vía Crucis por las calles del Viejo San Juan. En la foto, una de las caídas de Jesús, camino al Calvario. – Carlos Giusti/Staff
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Víctor Ramos Rosadovictor.ramos@gfrmedia.com
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