Patria o muerte, Gaza resiste
El pasado sábado oí hablar a un palestino de Gaza, radicado actualmente en el Cairo. Él, se declaraba pacifista, se pronunciaba contrario a la violencia y en desacuerdo con la acción militar de Hamás del 7 de octubre de 2023.


El pasado sábado oí hablar a un palestino de Gaza, radicado actualmente en el Cairo. Él, se declaraba pacifista, se pronunciaba contrario a la violencia y en desacuerdo con la acción militar de Hamás del 7 de octubre de 2023. Sin embargo, a pesar de la situación de genocidio en Gaza, la reanudación de los bombardeos en la madrugada del 17 al 18 de marzo pasado y del bloqueo total de ingreso de alimentos, de gasoil y de suministro de luz y agua, este palestino manifestaba su ansiedad por la apertura del paso de Rafah, para poder reunirse con su familia; le pregunté, si por el contrario no querría su familia salir de Gaza y me dijo lo siguiente: Si abren fronteras, muchas familias de Gaza querrán salir, pero la gran mayoría querrá quedarse. Somos miles las personas palestinas que estamos esperando para volver a nuestra tierra, en las condiciones que sea. A través de sus palabras, tuve la sensación de que el régimen genocida nunca podrá vencer al pueblo palestino.
Según informaba el diario el país, el pasado 13 de abril, “desde el 2 de marzo no entra ayuda humanitaria en la Franja, donde los alimentos y bienes de primera necesidad se están agotando. El pan es ya un lujo y la desnutrición vuelve a afectar a miles de palestinos, especialmente a niños.”
Desde la Oficina Humanitaria de la Organización de las Naciones Unidas, conocida como OCHA, denunciaron que casi la totalidad de los más de dos millones de habitantes de Gaza dependen de comedores sociales, en los que solo se pueden preparar cerca de un millón de comidas al día, siendo esto insuficiente para cubrir las carencias de todos los necesitados, entre lo que se hallan miles de niños que sufren desnutrición. La situación en Gaza es calificada por la OCHA como la peor en los 18 meses de guerra israelí, y según detallaron, en marzo, más de 3.600 niños fueron ingresados en hospitales por desnutrición aguda, incrementándose en más de un 75% respecto a la cifra de 2.000 que había febrero, lo que refleja un rápido deterioro de la situación nutricional.
La anterior noticia concuerda muy bien con la aparecida el 15 de abril acerca de la apertura por Israel de una «Oficina de Emigración Voluntaria» con el objetivo de promover la deportación masiva de palestinos y facilitar la limpieza étnica en Gaza. El proyecto genocida es claro, bombardeo y mato de hambre a la población de Gaza y no tendrán más remedio que implorar la salida de su tierra, que pasará a formar parte del “gran” Israel que proyecta el régimen sionista.
Si bien es cierto que Israel bombardea, y mata de hambre a la población palestina, no lo es, que sea ante la indiferencia del mundo; hay una lista de cómplices del genocidio, encabezada por EEUU, sin cuyo apoyo militar y político al régimen sionista, el genocidio no sería posible; en la lista, por detrás de EEUU, están la gran mayoría de países occidentales (el llamado mundo libre y democrático) que alcanzaron su posición dominante en el mundo, esclavizando, colonizando y robando, a la mayoría de la población mundial.
Pero también hay países y movimientos sociales, que han vertido su sangre defendiendo al pueblo palestino. Yemen, que está sufriendo bombardeos intensivos por parte de EEUU y a pesar de ello han manifestado su decisión de seguir apoyando militarmente a Palestina, o como de Hizbulá en el Líbano, que hasta el acuerdo de alto el fuego entre Líbano y el régimen de Israel, pagó un precio muy alto en vidas por su apoyo a Palestina; también hay un apoyo a Gaza político, diplomático y humanitario, de potencias como China y Rusia, que no pueden pasar a un apoyo militar si no es a riesgo de iniciar una guerra mundial. Finalmente hay países, árabes o musulmanes, que no son grandes potencias, que tienen buenas relaciones con el régimen sionista de Israel, pero no pueden aceptar lo que desea éste, que acojan en su territorio, a los 2,5 millones de personas que habitan la franja palestina de Gaza. Y no pueden aceptarlo porque sus poblaciones se levantarían contra tal decisión. Egipto y Jordania nunca van a aceptar el desplazamiento de cientos de miles de palestinos a sus países para que Israel se quede con Gaza, y aunque no muevan un dedo por ello, van a seguir repitiendo la retórica de que los palestinos tienen derecho a su propio estado. La alternativa de enviar a los palestinos de Gaza a Somalia, Somalilandia o Sudán, no son más que sueños de los sionistas.
Por tanto, la opción que tiene el régimen genocida de Israel es el asesinato de 2,5 millones de personas, pero eso lleva tiempo y llegará un momento en que tal genocidio masivo será intolerable para la humanidad. Además, la resistencia palestina no va a dejar que los asesinen mansamente. A pesar de los 2,5 años de guerra, el ejército sionista no ha podido doblegar a la resistencia palestina (formada por Hamás, pero también por otros grupos armados palestinos como la Yihad Islámica, el FPLP, y otros de la OLP) que sigue eliminando soldados y vehículos militares en una guerra de guerrillas que libran frente al ejércit0o de ocupación.
Y la expresión de genocidio intolerable, se deja de sentir, además de en las movilizaciones civiles en todos los países del mundo, en el propio régimen de Israel; el pasado 14 abril más de 200 exempleados del Mossad y 1.600 excombatientes de las fuerzas de paracaidistas e infantería del ejército, firmaron una carta de apoyo a pilotos de la Fuerza Aérea que a su vez, habían hecho un llamado público a cesar la guerra y regresar a los prisioneros israelíes. También firmaron una carta en el mismo sentido, 170 exalumnos del programa Talpiot (élite de inteligencia) y un centenar de médicos militares. El 16 de abril, se conoció otro escrito, firmado por más de cien mil israelíes, entre ellos había 500 graduados del curso de comandantes de reserva de la Armada de «Israel», «cuatro excomandantes del Cuerpo de Marines», 472 excombatientes de reserva de las fuerzas especiales y unos 1.700 artistas e intelectuales. Este rechazo a la guerra se da en el marco de manifestaciones casi diarias pidiendo la dimisión de Netanyahu.
La protesta social dentro del régimen se manifiesta también en la división política. El líder de la oposición israelí, Benny Gantz, (exjefe del estado mayor del ejército y exministro de defensa, que dirigió bombardeos masivos y la ocupación de Gaza en 2012 y en 2014) acusó a Netanyahu el pasado 16 de abril, de fortalecer al movimiento de resistencia palestino Hamas, al bloquear alternativas civiles y por priorizar avances tácticos militares sobre soluciones políticas. Por otra parte, el 20 de marzo de 2025, el gobierno israelí, a propuesta de Netanyahu, votó a favor de destituir a Ronen Bar, jefe del Shin Bet, (una especie de FBI israelí) con efecto de 10 de abril. Dicho acuerdo del gobierno fue suspendido al día siguiente por el Tribunal Supremo. El origen del conflicto está en la acusación de Ronen Bar de que Netanyahu, es un corrupto que tiene negocios ilegales con Qatar.
Con todo este trasfondo, el gobierno sionista hizo pública el pasado 11 de abril una propuesta a Hamás de nuevo alto el fuego, con la reanudación del intercambio de prisioneros, la entrada de ayuda humanitaria en Gaza y nuevas conversaciones de paz. Hamás ha aceptado seguir negociando, señalando que aceptarán cualquier acuerdo que garantice un alto el fuego permanente, la retirada total de las fuerzas israelíes de Gaza, y el fin del bloqueo y del sufrimiento del pueblo palestino. No aceptarán de ninguna manera su desarme, que significaría la puesta en práctica de los planes sionistas, al dejar al pueblo palestino sin capacidad de resistencia.
El 17 de abril un grupo de intelectuales árabes hicieron público un manifiesto en Líbano afirmando “que el proyecto sionista en Palestina es un colonialismo con fines genocidas, subrayando, que la resistencia es esencial para la supervivencia del pueblo palestino”, “que el conflicto actual, no es un choque de narrativas antiguas, sino un conflicto moderno entre los pueblos originarios árabes y un movimiento colonial europeo de asentamiento, surgido al igual que otros proyectos coloniales europeos en el siglo XIX”, “y que el logro más grande de la resistencia es mantener viva la posibilidad del futuro, y sostener el derecho a existir”.
Existimos porque resistimos, sería la conclusión y añadimos, como hemos aseverado otras veces, que por muchas masacren que cometan, y quizás por ellas, “Gaza será la tumba del sionismo”.
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