Los ejércitos zombis de Europa. O cómo gastar 3,1 billones de dólares y tener muy poco que mostrar a cambio
Se afirma que los ejércitos europeos están desbordados a la hora de enfrentarse al nuevo mundo creado por el ataque ruso a Ucrania. Durante años, se dice que se les ha negado la financiación necesaria por parte de políticos miopes. La respuesta a la crisis actual es aumentar sus presupuestos al 3,5 por ciento del PIB, o incluso al 5 por ciento, dependiendo de cómo se calcule.


Adam Tooze
08/06/2025
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«3,1 billones de dólares gastados en defensa europea durante una década… ¿en serio? ¿Puedes enviarnos los datos, por favor?»
La reacción de mis editores del FT a un primer borrador de mi reciente columna de opinión sobre la política de defensa europea es más que comprensible. ¿Puede ser verdad?

Se afirma que los ejércitos europeos están desbordados a la hora de enfrentarse al nuevo mundo creado por el ataque ruso a Ucrania. Durante años, se dice que se les ha negado la financiación necesaria por parte de políticos miopes. La respuesta a la crisis actual es aumentar sus presupuestos al 3,5 por ciento del PIB, o incluso al 5 por ciento, dependiendo de cómo se calcule.
Así que es una especie de shock saber cuánto dinero ha gastado Europa en realidad en sus fuerzas de defensa en los últimos años sin que, al parecer, esté recibiendo mucho a cambio de sus billones de dólares gastados.
Para los que duden, aquí están los números de SIPRI.

3,1 billones de dólares en una década.
Si se mira a principios de la década de 1990, los números son verdaderamente desconcertantes. Si tomamos de 1991 a 2021 como período, desde la disolución de la Unión Soviética hasta la invasión de Ucrania por parte de Rusia, el gasto total en defensa de la OTAN sin EEUU llega a 8,9 billones de dólares a precios de 2023. Es una cantidad de dinero estremecedora, una cantidad de dinero capaz de cambiar el mundo, malgastada en las instituciones militares europeas en declive, que aparentemente son incapaces de montar una defensa efectiva contra Putin.
Por supuesto, parte de la respuesta es que este tipo de sumas no es correcta.
Al igual que el PIB, el gasto militar es un «flujo». La seguridad debe ser proporcionada y pagada cada minuto de cada día. Sumar el gasto anual, llegar a un total enorme y luego exigir saber lo que se consigue a cambio, no resuelve nada. Es un poco como sumar una década de facturas de comestibles y preguntar, ¿dónde está toda esa comida? Nos la comimos. No estaríamos aquí para hacer la pregunta si no nos la hubiéramos comido. Europa fue defendida cada minuto de cada día. El gasto en defensa hizo su trabajo.
Pero este contraargumento solo funciona hasta un cierto punto.
Sí. Hay una parte de servicios en la defensa que se «consume» a medida que avanzamos en el tiempo. Se refleja mejor en los salarios pagados a los soldados y al personal de defensa. Y Europa tiene muchos soldados. Más asombroso incluso que el gasto en defensa, posiblemente, es el hecho de que tantos europeos lleven uniforme.
A principios de la década de 1990, cuando terminó la Guerra Fría, los efectivos de las fuerzas de la OTAN sin EEUU eran de alrededor de 2 millones. En el año 2000, después de años de reducción, la cifra de los efectivos en los ejércitos de la UE se había estabilizado en 1,3-1,4 millones y se ha mantenido ahí. Esos hombres y mujeres no están organizados en una sola fuerza, sino que se dividen en 29 fuerzas separadas.
He aquí, de fuentes fiables, una compilación de ChatGPT, de la fuerza de los ejércitos de la UE en 2023.

No se distraiga con la flota descomunal de los 1.800 tanques griegos. Merece por mérito propio nota. Consiste en gran parte en vehículos obsoletos donados o comprados a bajo precio o con préstamos subsidiados.

El punto es que hay demasiadas fuerzas de combate, de tamaño insuficiente e independientes, que consumen recursos y ofrecen muy poca eficacia militar. Se produjo el malpensado ataque contra Libia. Francia podía desplegar fuerzas en el Sahel. Pero fueron las excepciones que probaron la regla. Alemania responde más a la media, con un ejército estimado en casi 200.000 efectivos, pero al que le cuesta desplegar incluso unas pocas brigadas de combate.
Parece que el problema de Europa es que gasta demasiado en defensa como servicios, es decir, sueldos, salarios, pensiones, y muy poco en defensa como inversión, es decir, en armas y otros sistemas e infraestructura. Si comparamos los gastos en adquisiciones de defensa con la fuerza de efectivos de los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania e Italia la conclusión es casi obvia. Las cifras de Alemania en esta tabla están infladas por el aumento del gasto después de 2022, porqué en años anteriores, su gasto habría sido muy similar al de Francia.

Ahora, se podría pensar que las cifras de EEUU están infladas por la notoria inflamación dentro del complejo militar-industrial estadounidense. Sería la última persona que desearía minimizar eso. Pero la evidencia sugiere que el sesgo puede ser al revés. Los dólares de defensa estadounidenses probablemente van más allá de los euros europeos.
Mire, por ejemplo, el precio de los tanques de batalla modernos de tercera generación y el coste de los cañones autopropulsados, que han sido esenciales para los combates en Ucrania. Los precios alemanes son mucho más altos que los de sus homólogos estadounidenses.

Fuente: Bruegel
Y, como el trabajo de Juan Mejino-López y Guntram B. Wolff, del grupo de expertos políticos de Bruegel, ha demostrado, estos costes más altos tienen que ver con el volumen más pequeño de las licitaciones de compra; y las licitaciones de compra más pequeñas están, a su vez, vinculadas a la fragmentación de las fuerzas armadas de Europa y a su fuerte preferencia por las adquisiciones nacionales.
En este momento se escuchan lamentos sobre la tendencia de los ejércitos europeos a importar sistemas de armas clave de los Estados Unidos. Y hay, por supuesto, muchas maniobras geopolíticas y políticas involucradas, por ejemplo, en la iniciativa de Berlín de construir un sistema de defensa aérea que dependa en gran medida de los misiles estadounidenses e israelíes. Como muestran los datos, Alemania tiene una fuerte preferencia por importar de los Estados Unidos en lugar de sus vecinos europeos.
Figura 2: Importaciones de armas por origen para países seleccionados de la UE, el Reino Unido y los Estados Unidos

Pero, en promedio, en todos los presupuestos de defensa de los ejércitos europeos el pecado más común no es que dependan demasiado de armamento extranjero, sino que no importan lo suficiente. Son demasiado autosuficientes. El problema no es que Alemania compre demasiadas armas a los Estados Unidos, sino que compra demasiadas de Alemania.
Figura 1: Importaciones como porcentaje del gasto en equipos de defensa, países seleccionados

La fragmentación nacional crea un mercado de defensa balcánizado, la proliferación ineficiente de los principales sistemas de armas y, en términos de competencia industrial global, determina el pequeño tamaño de los contratistas de defensa europeos.
En 2016, un famoso estudio mostró que Europa mantenía seis veces más sistemas de armas importantes que los Estados Unidos, con la mitad, o menos, del presupuesto militar.

Como era de esperar, el resultado es un reguero de sistemas de armas sofisticadas en dos docenas de ejércitos con poca eficacia real de combate.
Rheinmetall, el «campeón de defensa» más conocido de Europa, sobre el que se ha dicho mucho desde la invasión rusa de Ucrania, ocupó en 2022, el puesto 28 en la liga global de armamentos.

El despilfarro a este nivel no es simplemente una cuestión de falta de prioridades o de «ineficiencia». Cuando «asignas mal» billones de dólares, tiene una lógica. En este caso, para decirlo cortésmente, la lógica era conservadora. Una versión menos educada sería decir que eran ejércitos zombis. Los circulos decisorios militares de Europa estaban enmohecidos y eran disfuncionales, pero se mantuvieron. Los productores militares de Europa eran ineficientes en términos de suministro de armas. No jugaban en las grandes ligas con sus rivales estadounidenses masivamente consolidados, pero continuaron obteniendo ganancias. No racionalizar y no consolidar evita conflictos dolorosos. Los estados y los políticos pudieron mantener la pretensión de su soberanía sin enfrentarse realmente al hecho de desempoderamiento e incapacidad.
La invasión de Ucrania por parte de Rusia y el curso que ha tomado la guerra han sacudido este estancamiento billonario en euros. Los aparatos de seguridad nacional se podrán felizmente a la altura de la ocasión. También hay un «blob» en Londres y París.
Una política progresista debería exigir más.
En lugar de permitir que grandes volúmenes de recursos se transfieran a los canales ya conocidos alegando la emergencia, deberíamos preguntarnos cómo debe ser una estrategia de seguridad racional para Europa. Y una cosa en la que deberíamos poder estar de acuerdo es que no debería haber «vueltas atrás». En un momento de austeridad, en el que las perspectivas de una generación de jóvenes europeos se han visto frustradas en nombre de la consolidación fiscal, el grotescamente derrochador statu quo anterior a Ucrania era un escándalo que se escondía a plena vista.
ocupa la cátedra Shelby Cullom Davis de Historia en la Universidad de Columbia y es director del Instituto Europeo. En 2019, la revista Foreign Policy lo nombró uno de los principales Pensadores Globales de la década. Su último libro es «Shutdown: How Covid Shook the World’s Economy».Fuente:
https://adamtooze.substack.com
Temática:
Unión EuropeaTraducción:Enrique García
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