UPR: ¿otra presidencia al servicio del poder político partidista?
Zayira Jordán Conde fue elegida presidenta de la UPR este sábado, sin el respaldo de los senados académicos, en un proceso politizado y falto de transparencia. ¿Por qué se eligió a la persona que mostró más debilidades ante la comunidad universitaria?


By Víctor Rodríguez Velázquez
La política partidista ha estado incrustada históricamente en la Universidad de Puerto Rico (UPR). Lo que ha cambiado es cuán explícitas y burdas son las intervenciones de los partidos en el poder. Ya no hay ni un esfuerzo de disimulo en el proceso para elegir a quien dirige la administración del sistema universitario público compuesto por 11 recintos y una comunidad estudiantil que, hasta mayo de 2025, tenía más de 44,300 alumnos.
A pesar de no contar con el respaldo de ninguno de los nueve recintos que enviaron sus recomendaciones a la Junta de Gobierno de la institución, Zayira Jordán Conde fue elegida el sábado como nueva presidenta de la UPR con el voto de ocho de los 13 miembros de la Junta de Gobierno de la UPR. La votación fue secreta. Su selección llegó tras un proceso de consulta en los recintos que, según algunas voces de la comunidad universitaria, estuvo marcado por la intervención de La Fortaleza y la falta de transparencia. El alerta de que se escogería la candidata impulsada por la gobernadora Jenniffer González surgió desde febrero, cuando la propia mandataria admitió que su equipo intervino en el proceso de votación para seleccionar al presidente interino, Miguel Muñoz.
Jordán Conde fue aspirante a la comisaría residente por el Movimiento Victoria Ciudadana en 2020, y se proclamó estadista. También formó parte del Comité de Transición de la Gobernadora electa en diciembre de 2024.
Los ocho votos a su favor llegaron a pesar de que había candidatos con mayor experiencia académica e incluso administrativa dentro de la misma institución. La nueva presidenta nunca ha trabajado en la UPR. Desde el 2023, presidió la Atlantic University y, de 2016 a 2023, fue profesora asociada en el Departamento de Ingeniería Eléctrica, Computadoras y Ciencias de la Computación de la Universidad Politécnica. Su bachillerato, maestría y doctorado los completó en Iowa State University.
Aunque existe un proceso oficial de búsqueda y consulta, esta vez se llevó a cabo a velocidad récord. Todos los candidatos que se postularon, de una forma u otra, tenían una conocida trayectoria vinculada al Partido Nuevo Progresista (PNP), y Jordán Conde recibió el endoso directo de la Gobernadora. Esta característica pareció ser la determinante para entrar en la terna, por encima de sus méritos para presidir la Universidad. Tras la votación, llegó el rechazo del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, quien parece que resiente no haber sido consultado sobre este endoso. Sus señalamientos no están enfocados en el atropello a la autonomía universitaria sino en que Jordán Conde no es suficientemente PNP.
La Junta de Gobierno eligió a Jordán Conde para liderar una institución con la mitad del presupuesto que tenía hace una década. Una Universidad cada vez más polarizada ideológicamente y que ahora enfrenta la posible pérdida de millones de dólares en fondos federales como consecuencia de las políticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El ataque directo a las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión en universidades y agencias públicas son la punta de lanza de esas políticas conservadoras. Pero también la limitación de las investigaciones sobre temas como la crisis climática o los proyectos basados en ciencia y evidencia, en temas de salud.
Los ocho integrantes que le dieron la victoria a Jordán Conde, ¿no pensaron que ningún otro candidato o candidata tenía mejor preparación para navegar estos retos?
Aparte de ser una figura externa a la Universidad, esta “elección” atenta contra el desprestigiado espejismo de la autonomía universitaria y pone en entredicho la gobernanza institucional.
Tres fuentes dentro de los comités de búsqueda y consulta que participaron del proceso me dijeron que la razón principal por la que ningún recinto recomendó a Jordán Conde es su inexperiencia y desconocimiento administrativo en el complejo ecosistema de la UPR. El único recinto que favoreció su candidatura fue el de Carolina, pero el Senado Académico de ese campus no ratificó el informe emitido por su Comité.
Pude ver el análisis que me compartió una persona que fue parte del Comité de búsqueda y consulta, donde se concluye que la presidenta designada carece de las herramientas necesarias para presidir la UPR en materia de planificación institucional pues, aunque “propone una visión internacional, moderna y tecnológica” para la Universidad, no proveyó evidencia específica sobre cómo incorporará esos asuntos durante su administración. Este informe surgió luego de extensas entrevistas con todos los candidatos.
En el análisis del Comité, a Jordán Conde se le reconoce su “liderazgo y estilo comunicativo fuerte”, pero preocupa que no tiene experiencia alguna manejando gremios y sindicatos. Además de los diversos movimientos estudiantiles, la UPR cuenta con colectivos sindicales como la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND) y el Sindicato de Trabajadores y la Unión Bonafide de Oficiales de Seguridad, cuya diversidad de reclamos requiere de procesos de negociación, acuerdos y convenios colectivos, que en ocasiones llevan a la movilización de sus matrículas, y tienen el derecho de llamar a paros y pedir votos de huelga. En la evaluación que se le hizo a Jordán Conde indica que su estrategia para la resolución de problemas está “centrada en alianzas tecnológicas y experiencias externas, pero con falta de ejemplos en contexto público o con un presupuesto complejo”.
Un asunto fundamental en el que Jordán Conde no presentó propuestas concretas es en el desarrollo profesional del personal de la Universidad ni en herramientas para atender las necesidades del estudiantado, pues le da prioridad a atraer el ingreso de estudiantes internacionales. Esta visión está en contradicción con las manifestaciones de Trump en contra de que se emitan visas de estudio internacionales a quienes quieran ir a universidades en estados y territorios de Estados Unidos.
Con este telón de fondo, la votación de la Junta de Gobierno podría tratar de proyectarse, ingenuamente, como una esperanza en lo desconocido por encima de la experiencia dentro de la Universidad para lograr superar la crisis. Pero, en realidad, lo que se sabe, tras tantos años de intervención partidista en estos procesos, es que la mayoría del ente rector prefirió seguir el libreto político, como si dirigir la UPR fuera solo cuestión de relaciones públicas y conexiones políticas.
Lo cierto es que, una vez más, la UPR —nuestra Universidad— se enfrenta a una presidencia que no tiene arraigo en la comunidad que liderará, que desafió el consenso del proceso de consulta, y, según surge de los procesos de entrevista, no tiene la preparación adecuada para enfrentar un escenario financiero, político y social que exige mucho más que buenas intenciones.
Si alguna vez hubo dudas de que la política partidista manda en la UPR, hoy solo queda afinar el oído.
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

































