Nadie en Puerto Rico está ajeno al grave problema que vivimos debido al estado crítico de la red eléctrica. A consecuencia de esto, decenas de miles de familias se salieron del sistema de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y adquirieron sistemas solares con los que energizan sus propiedades
Saludos. Una vez más, les agradezco que me permitan compartir con ustedes en este espacio cada domingo. Como siempre, trato de traerles los contenidos publicados por El Nuevo Día en estos días que me parecen interesantes e importantes para comprender la naturaleza del país en que vivimos.Nadie en Puerto Rico está ajeno al grave problema que vivimos debido al estado crítico de la red eléctrica. A consecuencia de esto, decenas de miles de familias se salieron del sistema de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y adquirieron sistemas solares con los que energizan sus propiedades.Pero, como a los puertorriqueños los problemas nos persiguen no importa dónde nos metamos, la compañía Sunnova, mediante la cual se instalaron o financiaron aproximadamente el 70% de todos los sistemas solares en funciones hoy en Puerto Rico, quebró y están en riesgo las garantías de decenas de miles de sistemas en la isla.Se trata, como podemos ver, de un asunto de mucha seriedad, relacionado con lo que es nuestro problema más importante, la red eléctrica. El compañero Efraín Montalbán Ríos entrevistó a varios expertos que analizaron la quiebra de Sunnova y cómo su colapso afecta a Puerto Rico y a la industria de energía renovable en general.En resumen, tengamos o no sistema solar en nuestras propiedades, este es un tema que nos afecta y nos impacta.El segundo contenido que les traigo hoy es una historia del compañero José A. Delgado, en la que expertos analizaron el futuro de la Junta de Supervisión Fiscal, el organismo no electo que controla las finanzas del gobierno de Puerto Rico y nos representa en procesos de quiebra, que lleva ya nueve años en la isla y del que no se sabe todavía cuándo saldrá.El tercer contenido de esta semana es otro tema muy importante. Manuel Guillama Capella nos cuenta acerca de los esfuerzos que realiza el gobierno para manejar el serio problema del sargazo, un alga que inunda muchas de nuestras playas y tiene serios efectos en el turismo, tanto interno como externo, así como en la vida marina.Los gobiernos de Puerto Rico, y de algunos de nuestros vecinos, están a manos llenas manejando este gravísimo problema, que es otra de las consecuencias del cambio climático.Continúo con mi columna de esta semana. Aprovecho el caso de Miguel Ángel González, el residente de Arecibo que confesó haber matado a un joven que presuntamente agredió a su hija, para reflexionar acerca del colapso institucional que lleva ya años en Puerto Rico y a los extremos a los que esta carencia tan importante de nuestra sociedad a veces nos obliga a llegar.El último contenido de esta semana puede que sea mi favorito de hoy. Es una extraordinaria columna de la académica Yarimar Bonilla, en la que explica el significado más profundo de la serie de conciertos que el artista Bad Bunny realiza en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot.Es un evento nunca antes visto en la isla que tiene significados muy importantes que Yarimar nos explica en detalle en esta tremenda columna.Con eso los dejo por esta semana. Espero que podamos volver a encontrarnos aquí el próximo domingo. Hasta entonces,Benjamín
Esta marcha de gigantes no se detendrá hasta revolcar completas las estructuras que oprimen a los trabajadores
Son las fuerzas motrices de la revolución social ante la total e irreversible bancarrota económica del país, matizada por la rapacidad del imperio cuyas garras (léase Junta de Control Fiscal extranjera) se ensañan contra los trabajadores y los sectores más humildes del pueblo.
El momento requiere el reencuentro de los cuadros políticos que este gran movimiento obrero ha ido templando a lo largo de las últimas décadas para articular esta vanguardia dispersa y reconstruir el partido obrero. Ése es el futuro de esta lucha social.
La combatividad de los maestros tiene un efecto multiplicador en la formación de la conciencia social general del pueblo por su particular función hegemónica en el salón de clases.
Existe un malestar acumulado que desata a cada momento la furia del pueblo, como la gota al tope que una copa llena, es la gota que la desborda. El gobernador Pierluisi trató una semana antes de la última convocatoria de calmar los ánimos de unas masas del pueblo que pocos años antes habían tumbado un gobernador de su propio partido, anunciando un aumento salarial temporero, pero su táctica se le revirtió en contra, y tuvo que recibir en Fortaleza al liderato de esos trabajadores, con las grandes masas enardecidas fuera de sus portones, al mismo liderato obrero que una y otra vez se había negado a recibir. Los gobernantes arrogantes no conocen otro lenguaje que el lenguaje de la fuerza, y esa fuerza de las masas de obreros y trabajadores es la que hay que saber articular ahora para construir órganos de poder permanente.
Nuestras luchas sociales han adolecido de fallas adjudicables a su liderato histórico, fallas de las que las nuevas generaciones de luchadores han de tomar nota. Ha faltado una estrategia política obrera, es decir, un plan de largo alcance que trascienda la inmediatez de las luchas sindicales y se fije metas contra la estructura capitalista de opresión. Los marxistas en sus luchas históricas, en particular Lenin y la experiencia rusa, nos aleccionaron sobre esto.
Y lo previmos en Puerto Rico cuando fundamos el Partido Comunista en 1934 y el Partido Socialista (PSP) en 1971. Es, visto en retrospectiva, experiencia acumulada que apunta hacia la necesidad de la organización política de los trabajadores. Hay que aprender de nuestra experiencia al nivel nacional e internacional, pues es lo que termina cuajando en una teoría revolucionaria específica para nuestra formación social.
Es importante señalarnos a nosotros mismos que las ideas se desarrollan en la acción revolucionaria, no en la exégesis acrítica de la teoría. Por ello, en la praxis marxista y en el fervor de la militancia revolucionaria, teoría y práctica son inseparables. Es por eso que sostenemos que la teoría, en la acción revolucionaria, no es para las academias (en alto despiste en Puerto Rico), como tampoco la acción de la militancia lo es solo para las organizaciones revolucionarias, cuyos errores en la percepción de la realidad y sectarismos absurdos son cada vez más frecuentes.
La lectura apresurada y superficial de la historia por parte de los cuadros al frente de movimientos reivindicativos lleva a acciones y decisiones políticas erradas y de consecuencias fatales para la revolución. Tal, por ejemplo, el monstruo auto creado de la anexión[1] que condujo a un sector del independentismo, elección tras elección, a aliarse con los llamados autonomistas, yerro que terminó perpetuando la colonia y, por lo tanto, mantuvo sobre nuestras cabezas el mentado “monstruo”. Es una paradoja que solo el movimiento obrero, con una política clasista consecuente, ha de romper.
De nuevo, pero ahora con lentitud y con demasiada incoherencia, los vientos están cambiando. La oposición a la venta de la Telefónica en los años noventa, el éxito alcanzado por las grandes movilizaciones de masas contra la Marina de los Estados Unidos en Vieques, las luchas sindicales y políticas del movimiento estudiantil y obrero en defensa de la universidad pública y contra la legislación anti obrera son muestras de este despertar. Cientos de miles de trabajadoras y trabajadores movilizados en verano de 2019 desplegando una fuerza tal que lograron la renuncia de un gobernador inepto e inmoral es muestra de que renace la voluntad de lucha de los trabajadores en Puerto Rico.
Los maestros lo demostraron una y mil veces en los últimos veinte años. Las manifestaciones del magisterio de febrero de 2022 es la lección que nos continúan ofreciendo estos combativos educadores, quienes continuamente sacan el pupitre a la calle para continuar educando.La combatividad de los maestros es un efecto multiplicador en la formación de la conciencia social general del pueblo por su particular función hegemónica en el salón de clases del sector público.
Lo importante ahora es reconstruir esas fuerzas dispersas en nuevos esfuerzos organizativos con metas realista hacia la transformación social. Las movilizaciones de pobladores y sectores desposeídos, junto a los sectores organizados del movimiento obrero, por cambios fundamentales en la estructura social habrán de cimentar la unidad de clase de la gran masa de trabajadores. La cuestión es movilización y organización. Organización para continuar movilizando. Movilización para alcanzar para los trabajadores nuevos estadios de conciencia y poder.
Estamos en medio de una gran coyuntura histórica. Nunca había sido tan descarado el colonialismo y el capitalismo como en esta época. Nunca el imperialismo se había puesto a sí mismo tan al descubierto como en estos tiempos. Nunca la historia de Puerto Rico vio un caos mayor con unos partidos tradicionales que no ofrecen caminos claros. El colapso es no solo de las instituciones, es de todo el sistema de dominación extranjera en Puerto Rico.
[1] La anexión política de Puerto Rico a los Estados Unidos como estado federado de esa nación extranjera.
Como volcán a punto de estallar, una fuerza de inconmesurable poder late entre las masas de trabajadores, desempleados y desposeídos de nuestro país. Su eficaz canalización hacia un cambio social real es tarea urgente de los cuadros políticos de una vanguardia hoy dispersa, formada a lo largo de décadas de luchas sociales.