UE-China: Una cumbre fallida por servilismo atlántico


La reciente cumbre entre la Unión Europea y China, celebrada en Beijing para conmemorar los 50 años de relaciones diplomáticas, ha sido calificada por buena parte de los medios europeos como “insatisfactoria”. No obstante, pocos se atreven a plantear que quizá el verdadero problema radique en la posición de partida de la propia UE: si uno formula mal los objetivos, difícilmente obtendrá resultados positivos.
Los medios y dirigentes europeos insisten en señalar que la Cumbre ha estado marcada por la balanza comercial desequilibrada a favor de China y la ambigua posición de Beijing respecto a la guerra en Ucrania. Pero ignoran deliberadamente que fue la UE quien dinamitó el marco de entendimiento mutuo al encerrar en un cajón el Acuerdo de Asociación Estratégica Integral firmado con China en 2003. Dicho acuerdo, concebido para establecer relaciones igualitarias y de beneficio mutuo, ha sido sustituido por una lógica de confrontación dictada desde Washington.
Desde el último mandato de Obama, pasando por Biden y hasta la actual administración Trump, Estados Unidos ha promovido una política de cerco económico y militar a China.
En este contexto, la UE, lejos de ejercer su supuesta “autonomía estratégica”, ha seguido dócilmente ese guion, aceptando sin rechistar su papel en una reedición de la Guerra Fría. En 2019 llegó incluso a calificar a China como “rival sistémico”, abriendo la puerta a sanciones, aranceles abusivos, como los aplicados a los coches eléctricos chinos, y otros gestos hostiles que socavan una relación que debería ser estratégica de beneficios mutuos.
El coste de esta sumisión no lo pagan los burócratas de Bruselas, sino los pueblos europeos, cuya economía sufre por el deterioro de los vínculos comerciales con uno de los principales motores de crecimiento mundial. Priorizar la ideología y los intereses geoestratégicos de EE.UU. sobre los económicos y sociales de Europa nos conduce a un callejón sin salida.
En el plano geopolítico, la hipocresía europea se manifiesta con mayor crudeza aún. Mientras se exige a China que no envíe a Rusia productos con un supuesto uso doble, la UE incrementa sin cesar el envío a Ucrania de productos (armas) con un solo uso, el militar, y promueve una escalada militar de la OTAN que aleja cualquier posibilidad de paz.
No se pide a China que medie o contribuya a un alto el fuego; se le exige que se pliegue al objetivo occidental de derrotar a Rusia. Frente a esta actitud, China ha presentado propuestas de paz, tanto de forma bilateral, como en el marco de los BRICS. Europa, en cambio, ha cerrado filas con la OTAN, renunciando al multilateralismo y a la diplomacia.
Esta deriva ideologizada y militarista responde también al alineamiento con los postulados de Trump y su determinación por aumentar el gasto militar, en detrimento de las políticas sociales. En este contexto, urge que las organizaciones sociales, políticas y sindicales levanten la voz para defender una política exterior de la UE AAbasada en el respeto mutuo, la no injerencia y la cooperación entre civilizaciones.
Europa debe elegir: seguir siendo un peón en la estrategia de contención de EE.UU. o recuperar una voz propia que le permita establecer relaciones de beneficio mutuo con China y con el conjunto del mundo no alineado. La respuesta a los grandes desafíos de nuestra época, el cambio climático, la pobreza, las pandemias, Etc. no vendrá de la confrontación entre bloques, sino de la cooperación global.
Desde esta convicción, es necesario impulsar el trabajo conjunto entre asociaciones europeas y chinas, crear espacios de diálogo, y promover una narrativa alternativa que enfrente el relato belicista y de choque de civilizaciones que hoy se impone desde los grandes centros de poder occidental.
La crisis actual no solo devalúa la calidad de vida en Europa, sino que alimenta el crecimiento de las fuerzas neofascistas. Por eso, más que nunca, es hora de actuar. Apostar por un nuevo internacionalismo, solidario, multilateral y pacífico, es una tarea urgente. Y le corresponde a la sociedad civil europea liderarla. En consecuencia, desde el convencimiento de que la verdad está en los echos debemos a promover un encuentro entre asociaciones de la UE que estén interesadas en sumarse a este objetivo sin mas interés que el beneficio de los pueblos europeos que actualmente sufren las consecuencias de una crisis que esta devaluando la calidad de vida y allanando el camino para el crecimiento del fascismo.
Vicepresidente del PIE
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China Imperialismo Multilateralismo Unión Europea
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