Trump, la Junta y los chatarreros ideológicos
Mientras la chatarra ideológica intenta resurgir de sus propias cenizas…el sátrapa de la Casa Blanca hará lo que le venga en gana con Puerto Rico



Mientras el liderato colonialista seguía insistiendo la semana pasada que la ley Promesa “no fue aprobada por capricho imperial” y que la Luna es de queso y se come con pasta de guayaba, apareció el sátrapa de la Casa Blanca.
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Y de un zarpazo nos refrescó la memoria.
¿Cómo lo hizo?
Sacándole las tripas a sangre fría a cinco de los siete miembros de la Junta de Control Fiscal y, de paso, advirtiéndonos que aquí manda todo el mundo menos nosotros.
¿Y qué nos recordó?
Que la gobernadora y la legislatura territorial son figuras electo-decorativas cuyo poder está subordinado a lo que decida uno que otro politicastro en Washington D.C.
Que la Junta fue impuesta unilateralmente por el Congreso y el expresidente Obama sin el consentimiento del pueblo de Puerto Rico.
Que el proceso constituyente de 1952 fue una charada.
Que la decapitación de la Sección 20 de nuestra Carta de Derechos (fuente de un amplio catálogo de derechos económicos y sociales) también se dio de forma unilateral a manos del Congreso.
Que la camisa de fuerza que hoy requiere que cualquier revisión de nuestra Constitución sea compatible con la Resolución 447 (1952), Ley 600 (1950) y la Ley de Relaciones Federales (1950), provino del chantaje del Congreso que requirió que el pueblo de Puerto Rico acudiera a las urnas para restringir su propia autoridad constituyente como condición para aprobar un mecanismo de enmienda constitucional para Puerto Rico. (Artículo VII, Sección 3 de la Constitución).
Que lo que pasó en Naciones Unidas en 1953 fue una farsa, en las esclarecidas palabras de Vicente Géigel Polanco.
¿Y de qué más nos recordó Trump con el puntapié que le metió a la Junta?
Que el fantasma de los Casos Insulares sigue vivito y coleando. No olvidemos que Promesa es una ley especial incompatible con la cláusula de uniformidad sobre la bancarrota de la Constitución federal (Art. I, Sec. 8, Cl. 4) e inaplicable en los estados. Pero como Puerto Rico es un territorio no incorporado (conforme la doctrina de los Casos Insulares) y las disposiciones estructurales de la Constitución federal no le aplican en su totalidad pues aquí sí aplica Promesa. Y es que aquí aplica lo que el Congreso diga (a excepción de los derechos libertarios más fundamentales según reconocidos por el Tribunal Supremo federal).
¿Y ahora qué?
Ahora vendrán los colonialistas adictos a la chatarra ideológica a tapar el cielo con la mano.
Dirán que el Congreso no impuso la Junta unilateralmente.
Dirán que, como el pacto bilateral vive la Junta vino, no porque el Congreso ejerce poderes plenaries sobre nosotros, sino porque los funcionarios electos de Puerto Rico la pidieron.
Dirán que el pacto bilateral vive porque al acogerse a las protecciones de la ley Promesa el gobierno de Puerto Rico consintió implícitamente a la imposición de la Junta.
Dirán que el poder para declarar bancarrota nunca estuvo incluido en el convenio de 1952 y que, por consiguiente, Promesa no violó el pacto.
Dirán que la imposición de Promesa no es incompatible con la verborreica Sección 9 de la Ley de Relaciones Federales y que, por tanto, el pacto bilateral quedó intacto.
Dirán, además, que la tierra es plana (como advirtió recientemente Eduardo Lalo), que el sol gravita alrededor de ella y que Elvis Presley de cuando en cuando aparece por Graceland.
Y mientras la chatarra ideológica intenta resurgir de sus propias cenizas (como el Voldemort de Harry Potter), el sátrapa de la Casa Blanca hará lo que le venga en gana con Puerto Rico.
Nombrará cinco monigotes a su imagen y semejanza.
Dará rienda suelta a los fondos buitres que andan babeándose por la deuda de la Autoridad de Energía Eléctrica.
Descuartizará lo poco que queda de la Universidad de Puerto Rico.
Hipotecará el futuro de nuestros hijos.
Abrirá las puertas a la jauría de colmillús, buscones y depredadores que pululan por Mar-a-Lago para adueñarse de nuestro patrimonio ambiental.
Ahí el desafío que hoy se cierne sobre nosotros – desafío que para enfrentarlo requerirá de grandes, importantes e históricos consensos entre nuestras fragmentadas fuerzas políticas.
Chatarreros ideológicos incluidos.
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Rafael Cox Alomar
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