126 del natalicio de Alfred Hitchcock
«Después de «Psycho» no hubo una sola mujer norteamericana que fuera capaz de darse una ducha sin cierto temor.»

Pedro Zervigón
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En el aniversario 126 del natalicio de Alfred Hitchcock le rendimos homenaje con estos comentarios del comediante Mel Brooks y de dos importantes críticos de cine sobre Psycho, posiblemente la película más popular del «mago del suspenso»:
Mel Brooks: «Después de «Psycho» no hubo una sola mujer norteamericana que fuera capaz de darse una ducha sin cierto temor.»
Robin Wood: «Psycho es una de las obras claves de nuestra época: su grandeza reside en su capacidad no sólo de decirnos eso, sino de hacer que lo vivamos en la experiencia. Hitchcock utiliza todos los recursos para lograr la identificación de los espectadores con el personaje: la construcción de cada escena, el uso de la técnica subjetiva. El asesinato bajo la ducha es probablemente el incidente más horrorífico en cualquiera película de ficción. Es el logro definitivo de Hitchcock en la técnica de participación del auditorio: en cierto sentido, el espectador se convierte en el protagonista, uniendo en sí a todos los personajes. Se nos lleva a aceptar a Norman Bates como una extensión potencial de nosotros mismos.»

V. F. Perkins: «La escena del asesinato en la ducha de Psycho es un gran ejemplo de montaje ya que los objetos aislados fotografiados adquieren sentido por su continuidad y le dan impacto dramático a la escena. El tratamiento de Hitchcock estiliza el horror, abstrayéndolo de la realidad para que recibamos la más poderosa y vívida impresión de violencia, brutalidad y desesperación sin provocar la repulsión física que nos hubiera apartado del film. Las heridas de Marion no son mostradas, no se ve la sangre saliendo de sus heridas. Los sonidos de atacante y atacada son sustituidos por agudos de violines. Este tratamiento resuelve también el problema del punto de vista. Hasta ese momento el espectador ha compartido casi exclusivamente el punto de vista de Marion. La escena de la ducha comienza con Norman espiando a Marion. Así se libera nuestra identificación con ella, cortando nuestra identificación con quien hasta ese momento ha sido eje de la historia. En el curso de la escena, mientras nuestro punto de vista salta de sitio en sitio en agitación violenta, vemos menos y menos a través de los ojos de Marion, y al final del ataque nuestro punto de vista es más el del asesino que el de la víctima. El cuchillo adopta el simbolismo de falo, lo que convierte parte de la construcción de la escena en una violación simbólica. El significado fálico del cuchillo no sólo proviene de su connotación freudiana sino también del ritmo de su movimiento y de su relación con otros tiros de cámara: la imagen vaginal en el líquido, la forma redonda de la rosa de la ducha en close up, el desague y la boca de Marion. La escena es una violación simbólica también en el contexto de la espectación de la audiencia de un encuentro sexual, expectación provocada por la escena en que Norman la espía mientras está desnuda, la desnudez de Marion y su voluptuosa entrega a la ducha. La integridad artística de Hitchcock en esta sensacional escena está evidenciada en que las imágenes no se refieren a nuestras suposiciones sobre la acción sino a la situación real en la que Norman, poseído por su imagen de su madre, mata a Marion en una cruel y patética parodia de contacto sexual, lo que sabremos al final de la película. En contraste con los leones de Potemkin, que fundamental o exclusivamente existen a fin de ser editados, las imágenes de Hitchcock de cuchillo y agua tendrían que existir en la película en alguna forma aunque no fueran usados como elementos de un efecto de montaje.»

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