El convidado de piedra
En círculos a los que no tenemos acceso están dibujando el futuro de Puerto Rico y acá no podemos más que observar y temer


Mirado por encimita, Justin Peterson parece una persona que se preocupa mucho por el futuro de Puerto Rico.
Lleva años metido en asuntos relacionados con nuestra deuda y problemas fiscales. La firma de cabildeo y consultoría de la que es uno de sus directivos, DCI Group, gastó en la pasada década cantidades indeterminadas de dinero en anuncios atacando en medios estadounidenses al gobierno de Puerto Rico cuando desde la administración de Alejandro García Padilla se empezaban a dar señales de que no se podía pagar toda la deuda.
Peterson hasta aceptó, una vez, ser miembro de la Junta de Supervisión Fiscal, el organismo no electo, antidemocrático, que gobierna Puerto Rico, del que renunció, en agosto del 2023, porque no le gustaba el acuerdo que el organismo impulsaba para resolver la quiebra de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), el último de los grandes procesos de bancarrota todavía sin solucionar.
Desde que el presidente estadounidense Donald Trump destituyó a seis de los siete miembros de la Junta, Peterson ha estado eufórico por redes sociales. “Como un exmiembro de la Junta, que fue designado por el presidente Trump en su primera administración, aplaudo las acciones del presidente para rescatar a Puerto Rico de una Junta que ha presidido sobre la desintegración de la red eléctrica de la isla y que ha fallado en sus deberes más básicos hacia el pueblo de Puerto Rico”, escribió, en un artículo en la publicación conservadora Daily Caller.
El anuncio hace dos semanas de que Trump destituyó a cinco de los siete miembros de la Junta –a un sexto, Andrew Biggs, la guillotina le llegó unos días después– tomó por sorpresa a casi todo el que está pendiente de estos asuntos. La Junta estaba en la etapa más crítica de la negociación de la quiebra de la AEE, de cuyo resultado depende demasiado del futuro de Puerto Rico. Ese proceso ya fue puesto en suspenso por Laura Taylor Swain, la jueza estadounidense en cuya sala se dilucidan, sin la participación de Puerto Rico, estos tremendos asuntos.
De la humareda de la explosión, entonces, empieza a emerger la silueta de lo que está detrás de esto. Primero, los comentarios de Laura Loomer, una activista de la ultraderecha estadounidense muy cercana a Trump. Después, las celebraciones de Peterson, quien antes y durante su incumbencia en la Junta, abogó por los bonistas más intransigentes de la AEE.
El veredicto es inescapable: desde trastiendas a las que acá no tenemos acceso, personajes muy influyentes, cuyos intereses podemos apostar que no son los mismos nuestros, han logrado descarrilar un proceso del que depende el futuro de la sociedad y la economía puertorriqueñas. Al mismo tiempo, lo están dirigiendo más a intereses que serían devastadores para nosotros, mientras acá solo podemos observar, especular y temer.
Conviene recordar todo lo trascendental que está en juego aquí.
Por decisión judicial, la deuda de la AEE se tiene que pagar de los recursos propios de la AEE, que provienen fundamentalmente de lo que se paga por el servicio. Cuando la corporación pública se declaró en quiebra en 2017, debía $9,200 millones. En el pleito ahora paralizado, la Junta proponía pagar $2,600 millones. Pero un grupo de bonistas buitres, que compraron deuda a precio chatarra cuando ya la AEE había colapsado, pedían $8,500 millones, que con intereses sube a $12,000 millones.
Pagar eso, dijo David Skeel, expresidente de la Junta, supondría aumentarle hasta ocho centavos al kilovatio, lo cual significaría, según estudios que vienen divulgándose hace años, el colapso de la economía de Puerto Rico y la intensificación, a niveles que ahora mismo no podríamos ni imaginar, de las dificultades de la vida en nuestro país.
Eso, a los bonistas, que no viven aquí, ni tienen ningún interés aquí que no sea su acreencia, eso no les importa en lo absoluto. Lo de ellos es cobrar y el resto no es su problema. Con la reconfiguración de los miembros de la Junta, Trump, y quienes lo manejan en esto, como Loomer y Peterson, tienen la oportunidad de diseñar un nuevo organismo que responda a los intereses que ellos protegen.
¿Qué podemos hacer los puertorriqueños antes estos tremebundos eventos que tan terribles consecuencias pueden tener para nuestra vida colectiva? Lamentablemente, muy poco, por no decir nada. Somos en esto el niño que ve a sus padres disputarse su custodia en corte sin que nunca le pregunten su preferencia. Puerto Rico es aquí, el convidado de piedra, una figura retórica para referirse a alguien que está presente en un encuentro, pero ni habla, ni le preguntan nada, ni lo que piense tiene ninguna importancia.
Ni nos preguntaron para destituir a casi toda la Junta, ni nos preguntarán para los nuevos miembros. Como puede verse, personajes como Loomer, Peterson, y otros que todavía no conocemos, tienen más influencia en asuntos de tan vital importancia para nosotros, que cualquiera de nuestros funcionarios electos, incluyendo al comisionado residente, Pablo José Hernández, que hace carrera política queriendo fingir que el coloniaje no es un problema.
A Jenniffer González, electa por 526,020 para gobernar a Puerto Rico, la tienen que no se atreve ni hablar. Cuando el viernes le preguntaron si todavía cree que la deuda de la AEE se puede pagar del Fondo General del gobierno, como propuso durante la campaña, respondió: “Tengo que ser bien cautelosa con mis expresiones ahora, porque cada vez que hago expresiones sobre este tema, los bonistas acuden al tribunal reclamando. Tengo que ser muy cuidadosa”.
Allá, están dibujando nuestro futuro acorde a sus intereses, y no los nuestros, y acá no hay nada que se pueda hacer. De esto es que precisamente se trata ser una colonia y lo mejor es que lo entiendan los que todavía creen que esto es un problema abstracto o sin importancia. Aquí estamos viendo cómo un asunto tan central para nuestro futuro como lo es el sistema eléctrico está siendo discutido y diseñado sin nuestra participación.
Todos los días pasa algo que nos recuerda la ignominia de la colonia. En el tema de la quiebra, su mano peluda aprieta con más fuerza que nunca. Si todavía no lo creemos, la factura de luz, en un futuro no muy lejano, nos lo recordará todos los días, a todas las horas.
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Benjamín Torres Gotay
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