EE.UU. despliega buques en el Caribe. Venezuela responde con dignidad y solidaridad global
En agosto, EE.UU. desplegó buques de guerra cerca de Venezuela bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, lo que generó críticas por su falta de evidencia y por intereses geopolíticos en el petróleo venezolano. La respuesta de Venezuela fue fortalecer su defensa y rechazar la intervención, emergiendo como símbolo de resistencia y esperanza en América…


1. Primer acto: la provocación naval
A finales de este pasado agosto la administración de EE.UU. ordenó el despliegue de ocho buques de guerra (destructores clase Arleigh Burke con misiles Tomahawk incluidos), un submarino de propulsión nuclear y unos 4.000 infantes de Marina en el Caribe, muy cerca de las costas venezolanas. El anuncio fue acompañado de un discurso oficial que hablaba de una operación contra el narcotráfico. Desde un primer momento surgieron voces críticas que vieron esta maniobra como una táctica de presión política y militar, en línea con precedentes históricos como la invasión de Irak en 2003 o la guerra contra el gobierno de Bashar al-Assad en Siria, donde excusas como las armas de destrucción masiva o la defensa de los derechos humanos humanos, sirvieron a EEUU de pretexto para controlar recursos estratégicos y reconfigurar gobiernos soberanos.
2. Desmontando el mito del “narco-Estado”
La narrativa de que Venezuela es un “narco-Estado” sostenido por un supuesto “Cartel de los Soles” ha sido la clave para justificar este despliegue. Sin embargo, datos objetivos y rigurosos, como los del Informe Mundial sobre Drogas 2025 de la ONU, demuestran otra realidad: Venezuela es prácticamente irrelevante en el tráfico internacional de drogas. Solo el 5 % del flujo de cocaína pasa por su territorio, y no hay evidencia de cultivos significativos, presencia de cárteles ni magnitudes comparables con otras zonas de América Latina.
La acusación, más allá de ser falsa, cumple una función política: servir como coartada para sanciones, bloqueos e intentos de intervención e invasión bajo la apariencia de seguridad internacional.
La mayor amenaza en 100 años
Este 1 de septiembre, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lanzó un mensaje claro y contundente, denunciando el despliegue como “la mayor amenaza que haya visto nuestro continente en 100 años”, recordando que los buques llevan consigo alrededor de 1.200 misiles de alta precisión.
El mensaje incluyó la movilización de millones de milicianos y el respaldo pleno de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, subrayando que Venezuela no cedería ante la intimidación militar.
La determinación bolivariana recuerda es lo que no perdona EEUU. El mayor «pecado» de Venezuelalos es que tanto el pueblo venezolano como su legítimo Gobierno van a darlo todo por defender su dignidad, su soberanía y el administrar sus recursos naturales.
Este es el precio que han de pagar gobiernos soberanos como el de Venezuela o Cuba, sufrir constantes intentos de desestabilización por parte de intereses imperialistas con el objetivo de apropiarse de sus recursos estratégicos y de someter a sus pueblos.
4. Narrativa imperial versus resistencia soberana
EE.UU., por su parte, reforzó su discurso criminalizando al gobierno bolivariano. Ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por el presidente Nicolás Maduro, expandiendo el relato del “narco-Estado” como justificación para sus acciones. Pero esta narrativa no solo carece de evidencia, sino que también traiciona un evidente interés geopolítico: Venezuela posee las mayores reservas petrolíferas del mundo, y su control energético es un objetivo central para la estrategia estadounidense. La soberanía energética de Caracas representa un obstáculo para la hegemonía imperial y un ejemplo de independencia regional.
5. Reacción popular y solidaridad global
La respuesta popular fue inmediata y masiva: barrios, comunas y movimientos de base se movilizaron, fortaleciendo el esquema de milicia como forma de defensa soberana. La relación entre el Estado y el pueblo se reafirmó como núcleo de resistencia.
Asimismo, la solidaridad internacional comenzó a consolidarse. Desde América Latina hasta Asia, gobiernos y movimientos políticos condenaron el uso de la fuerza como herramienta diplomática y reafirmaron el derecho de Venezuela a la autodeterminación, recordando que la paz regional depende del respeto mutuo y no de la imposición militar.
6. Una nueva narrativa: “Venezuela no es amenaza, es esperanza”
Frente a los discursos de dominación, emergió una narrativa alternativa:
“Venezuela no es una amenaza, es una esperanza. América Latina y el Caribe somos una Zona de Paz.”
Esta consigna pone en valor la historia bolivariana y su apuesta por un orden internacional basado en respeto, igualdad y multilateralismo, mientras denuncia que EE.UU. viola acuerdos regionales, como el alcanzado por la CELAC en 2014 y el principio de no intervención.
7. Lecciones de dignidad y unidad frente al intervencionismo
La secuencia cronológica de eventos confirma que la acción de EE.UU. no responde a una genuina preocupación antidrogas, sino a un esquema de presión político-militar, reforzado por el interés en recursos estratégicos como el petróleo venezolano. Venezuela, lejos de aislarse, ha fortalecido su sentido de defensa colectiva y ha reforzado alianzas internacionales basadas en la solidaridad soberana, como la iniciativa de gobernanza global, propuesta por la República Popular China, presentada por el Presidente Xi Jinping en el marco de la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), celebrada en Tianjin que propone la igualdad entre países, el derecho internacional y el multilateralismo y que el presidente Maduro ha respaldado.
Lo que Estados Unidos teme no es solo un país que defiende su soberanía, sino un ejemplo vivo de resistencia para todo el continente. Venezuela, con su pueblo unido, sus milicias organizadas y sus recursos estratégicos protegidos, demuestra que la dignidad no se negocia y que la independencia no tiene precio.
Frente a los barcos de guerra, los misiles y las recompensas, surge una verdad innegable: la fuerza de un pueblo libre supera cualquier amenaza imperial.
América Latina y el Caribe es una Zona de Paz, porque la paz no se impone, se conquista con conciencia, unidad y coraje.
Venezuela no es un objetivo, es un faro; no es un riesgo, es un ejemplo; no se somete, se defiende. La historia juzgará a quienes buscan saquear, intimidar y dividir, pero recordará a millones que la resistencia y la solidaridad siempre terminan venciendo. Hoy, más que nunca, decir “Venezuela es esperanza” no es un lema: es una advertencia para quienes creen que pueden dominar el continente por la fuerza.
Marta Martín.
Adjunta a la Secretaría de RRII del PCE y responsable de América Latina y el Caribe.
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