Fortunato Vizcarrondo: «¿Y tu aguela dónde está?»
En su nuevo libro, Piel sospechosa, Luis Rafael Sánchez nos recuerda la importancia del popular poema de Fortunato Vizcarrondo, ¿Y tu aguela dónde está?, que le hemos escuchado en diversas ocasiones a Juan Boria, Julio Axel Landrón y al declamador cubano Luis Carbonell y plantea que la poesía de Fortunato Vizcarrondo “aguarda por el estudio que pondere su deslumbre y originalidad”

Pedro Zervigón
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En su nuevo libro, Piel sospechosa, Luis Rafael Sánchez nos recuerda la importancia del popular poema de Fortunato Vizcarrondo, ¿Y tu aguela dónde está?, que le hemos escuchado en diversas ocasiones a Juan Boria, Julio Axel Landrón y al declamador cubano Luis Carbonell y plantea que la poesía de Fortunato Vizcarrondo “aguarda por el estudio que pondere su deslumbre y originalidad”. En efecto, desde las primeras ediciones del libro “Dinga y Mandinga” en 1942 y 1968 en que se incluyeron prólogos de José Antonio Dávila, C. Martínez Acosta y Socorro Girón de Segura no conocemos estudios sobre la poesía del poeta carolinense aunque quizás existan. Cito los tres comentarios que Luis Rafael le dedica a este poeta cuya obra merece mayor difusión:
“¿Merece llamarse raza el patético espejismo blanco que engatusa a las élites puertorriqueñas? ¿Habrá que atosigarle una grabación del poema de Fortunato Vizcarrondo, ¿Y tu aguela dónde está? En la interpretación de Juan Boria o Juio Axel Landrón -dos maestros granados de la declamación-.”
“Tampoco asoma el tema, frontal y recurrente, en el imaginario literario, aunque las pocas aportaciones son, en rigor, valiosísimas. Destaco la poesía de Fortunato Vizcarrondo, poeta gestor de una ironía agresora, poeta contestatario antes que el término emergiera.”
“Un refrán. “El que no tiene dinga tiene mandinga”, chacotea el ataque de blancura de las irrisorias aristocracias antillanas. A propósito, Fortunato Vizcarrondo, cuya poesía aguarda por el estudio que pondere su deslumbre y originalidad, concibe unos versos desafiantes. “Ayer me dijiste negro y hoy te voy a contestar, mi abuela sale a la sala, y la tuya dónde está?” Es decir, que ni la negación de los abuelos ni la ocultación de los cabellos grifos, bajo el turbante cómplice, como se denuncia en Vejigantes, el drama esencial de Francisco Arriví, consiguen desmentir que la mulatez y la negrura sustantivan el destino antillano.”
Gracias a Luis Rafael por rescatar del olvido a Fortunato Vizcarrondo.

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