tu fantasma sonríe a la nada y me invade la sensación de ser el único responsable de estas calles oscuras y no hay un borracho que me eche una mano…
Otoniel Guevara: “Todo lo que hago es político, y tiene la posibilidad de convertirse en poesía”.
Petruvska Simne
Despiadada ciudad
Madre ¿me darás la mano para cruzar esta calle atiborrada de basura y brisa negra?
las farolas me llaman con palabras revoloteantes
madre tu fantasma sonríe a la nada y me invade la sensación de ser el único responsable de estas calles oscuras y no hay un borracho que me eche una mano un perro que me eche una cola una muerte que me lleve de regreso a tu vientre
Otoniel Guevara
Desde la adolescencia Otoniel Guevara escribía poemas que se convertirían en libros como un proceso natural. Esos primeros poemarios obtuvieron reconocimientos inmediatos y definieron su camino en la poesía. Un camino en tiempos de guerra en El Salvador que la poesía de Guevara describe con crudeza interpretando todo lo que sucedía a su alrededor para que el olvido no borrara las muertes ni la injusticia. Entre sus reconocimientos figura el de Gran Maestre en Poesía por el Ministerio de Cultura de El Salvador.
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez hizo un análisis de la producción literaria en El Salvador, como parte de un seminario en la Universidad de Maryland (College Park, 1999), donde señalaba:
La poesía de Guevara ha hablado siempre de la vida cotidiana y el tiempo del enfrentamiento civil, que es el tiempo en que él surge como escritor, su poesía transmite la experiencia de la vida y la guerra por medio de un mismo cauce (…). El trabajo de Guevara circunda esa región de la existencia martirizada por situaciones fuera del ámbito de la voluntad humana y en los cuales la angustia y la desesperación toman forma y figura completas. Dada su activa participación durante el conflicto civil, la poesía de Guevara abarca los diferentes estadios y estados de ánimo que esto trajo a su vida y a la sociedad salvadoreña en general (…). Con el fin de la guerra y la firma de los acuerdos de paz llegan a El Salvador cambios profundos que se plasman en la creación poética de Guevara. Así el amor ya no se matiza sólo con la guerra sino con la madurez del sobreviviente, del que habla desde el otro lado de la muerte como contemplando la vida que dejó.
El solar, de Otoniel Guevara (1986).
Javier Campos, poeta, narrador, académico chileno, profesor de la Universidad Jesuita de Fairfield, en Estados Unidos, explica:
Toda su poesía es de amor. Aún más esa que escribió Otoniel durante su etapa de guerrillero. No hay por ningún lado (por lo menos en sus libros que leí e incluso en el último, que es una especie de antología, Los juguetes sangrantes, 2005) un poema panfletario ni de odio como motivo recurrente. Y eso me pareció curioso en un país donde la violencia fue tan devastadora. Su poesía, y la que escribe hasta ahora, habla del amor a la mujer, a la amada, amante, hija, y subterráneamente, inconscientemente, al amor que siente por su madre. Siempre es un amor entre melancolía, pasión desmedida y encuentro gozoso de los cuerpos. Compenetración de dos seres para que la soledad quede exterminada para siempre.
Otoniel Guevara (Quezaltepeque, La Libertad, El Salvador, 1967) estudió Agronomía y Periodismo en la Universidad de El Salvador. Fundador del Taller Literario Xibalbá, en El Salvador, en 1985, y del Movimiento Poético Mundial (WPM), gestado en Medellín, Colombia, en 2011. Ha fundado y cofundado diversos festivales internacionales de poesía en Centroamérica, como “El turno del ofendido” en El Salvador; el Festival de Xela, en Guatemala; “El turno del disidente”, en Honduras, y “Ars Amandi”, en Panamá. Fue declarado Gran Maestre de Poesía y su obra literaria es considerada patrimonio nacional. Ha sido invitado como poeta, periodista cultural, gestor cultural, conferencista, tallerista y activista político a ciudades de América y Europa. Participó en el documental La batalla del volcán, sobre la ofensiva militar guerrillera más importante de la historia de El Salvador. Condujo y produjo el programa de entrevistas televisivas a poetas salvadoreños Las voces de los poetas en Canal 10 de Televisión Nacional. Sus poemas han sido musicalizados y puestos en escena en teatro y cine. Tiene publicados alrededor de cuarenta títulos. En 2024 se le otorgó en Cuba la Distinción CubaPoesía al Mérito Cultural. Es editor del sello editorial Chifurnia Libros.
Las pérdidas, el dolor, la sutil demencia que deja sembrada el horror de la guerra y un luto pésimamente digerido, me orillaron a refugiarme en el olvido.
Los perfumes, los sabores, los colores de la niñez, ¿asaltan en algún momento su presente?
Debo lidiar constantemente contra mi pérdida de memoria. Al terminar la guerra el ambiente de pronto se me empantanó con algunos dramas inesperados. Las pérdidas, el dolor, la sutil demencia que deja sembrada el horror de la guerra y un luto pésimamente digerido, me orillaron a refugiarme en el olvido. Mi mente respondió muy favorablemente a esa decisión, pero también arrasó con muchos árboles de mi infancia. No obstante, conservo algunas imágenes: a mi abuela preparando tamalitos de elote (que nunca volví a probar con ese sabor), o sus sobadas con vaso de vidrio, vela y moneda cuando, según ella, estaba “empachado”; las noches espiando tras cortinas los capítulos de Barnabas Collins, la lluvia fría e interminable relatándome sus aventuras por montañas y precipicios, la infame impunidad con que me movía en la escuela primaria; pero, sobre todo, me asalta todo lo perdido: la comida hogareña, los pies descalzos encharcados, la belleza de los campesinos para quienes lo más importante era que sus hijos fueran a la escuela, las casas con las puertas abiertas, las celebraciones despelucadamete multitudinarias de las navidades… Quizás necesite más de este tipo de preguntas para escribir un libro con lo poco que recuerdo.
¿Quiénes son sus padres? ¿Qué aprendió de cada uno?
Mi padre se llamaba Jorge, le amputaron las dos piernas a causa de la diabetes, era “tenedor de libros”, tenía una letra preciosa, de contador, le encantaban las motos Harley Davidson, desplayaba un sentido del humor infamemente negro, nunca perdía la elegancia, era enemigo de la violencia, enamoraba. De él aprendí la discreción, una innegociable discreción; el poder del diálogo y por ende de las palabras, jugar al póker, el respeto por los débiles, el amor incondicional y el alto valor pedagógico del error. Mi padre era el borracho más bello y simpático de la tierra.
Despiadada ciudad, de Otoniel Guevara (1999).
Mi madre se llamaba Hilda, era bellísima. Tenía una letra preciosa, de profesora, método Palmer y eso. Fue mi profesora. Insufrible. Me ponía de ejemplo para castigar a mis compañeros, a los que nunca castigaba. Un metro de madera fue el primer órgano de represión contra el pueblo, que era yo. Ella me dejó hacer, no me cerró jamás la puerta de la excentricidad, tampoco la crucé mucho, pero cuando lo hice fue con fuerza animal.
Gracias a ella el sentido de justicia se me hizo perenne. Gracias a ella le agarré algo de asco a la insensibilidad de la aristocracia, a la que supuestamente pertenecía su familia paterna, los Quezada, levemente fascistas ellos. Gracias a ella, por cierto, me hice fasista, es decir, seguidor del Club Deportivo FAS, donde jugó el Mágico González. Con ella iba a las huelgas de maestros y siempre me preguntaba si había publicado un nuevo libro. Fue mi cómplice en la poesía: a su casa llevé a todos los poetas que pude (Saúl Ibargoyen y Mariluz Suárez, Juan Bañuelos, Evgueni Evtushenko, Miguel Barnet, Claribel Alegría, Aitana Alberti, Jotamario Arbeláez… muchos); me avisaba si había certámenes literarios para que participara, y me hacía unas limonadas espectaculares. La pasamos mal muchas veces porque ambos fuimos orgullosos y necios.
¿Recuerda algún libro que leyó cuando era niño?
El principito y las rimas de Bécquer. No entendí muchas cosas, pero las que entendí nunca las olvidé. También leí libros orientales y esotéricos (Madame Blavatsky, Bhaktivedanta Swami Prabhupada, por ejemplo). De esos entendí menos.Comencé a leer copiosamente a los quince años. A los diecisiete ya me habían parido un hijo, entré a la universidad, me integré a la izquierda armada y había ganado dos certámenes nacionales de poesía.
¿Cómo fue su etapa de adolescente? ¿Se refugiaba en la escritura, en la lectura, en las reuniones con amigos?
Mi adolescencia la viví en medio de la guerra. Entre encerrado y viendo cadáveres en carreteras y lugares sombríos. No fue muy normal. Nunca fui a fiestas, primero porque no me daban permiso y luego por disciplina clandestina. Lo que sí hice en abundancia fue jugar fútbol, andar en bicicleta y pensar. No leía mucho. Comencé a leer copiosamente a los quince años. A los diecisiete ya me habían parido un hijo, entré a la universidad, me integré a la izquierda armada y había ganado dos certámenes nacionales de poesía. Y fui campeón goleador con mi equipo, el Killer.
Escribía febrilmente, leía indiscriminadamente y me hice de mi primer grupo de amigos (casi hermanos) con los poetas del taller literario Xibalbá, en la universidad. Ahí también tuve excelentes camaradas entre estudiantes y obreros organizados en la Resistencia Nacional.
Caminé mucho y fui apasionado. A los veintidós años era veterano de guerra, con dos cárceles políticas y un exilio de un par de años.
Refugiado estuve en Nicaragua, 1990 y 1991.
¿Quién leyó sus poemas iniciales? ¿Lo alentaron a seguir?
Lo recuerdo nítidamente: Amílcar Colocho y Manuel Quijano. Tendría dieciséis años. Con Amílcar éramos compañeros en el bachillerato; Manuel estudiaba Letras en la U y él fue mi primer crítico literario.
Después de ganar los dos premios mencionados, tuve la fortuna de ser leído por varios poetas nacionales: Salvador Juárez, Ricardo Castrorrivas, Rafael Rodríguez Díaz, Joaquín Meza, Matilde Elena López, Francisco Andrés Escobar, Ricardo Lindo y mis compañeros de Xibalbá, entre otros.
Los que fortalecieron mi opción por la poesía fueron los que vertieron los comentarios más ácidos y destructivos. A ellos les debo parte de la inusitada fuerza para lanzarme al vacío con la poesía como único salvavidas.
Telegrama del infortunio, de Otoniel Guevara (2011).
¿Cómo fue el proceso de escritura de su primer libro? ¿Reunió los poemas que tenía escritos o escribió especialmente para ese libro en particular? ¿Fue difícil encontrar la editorial?
Técnicamente nunca he escrito un libro. Lo mío siempre fue el caos y la espontaneidad. Fue una boba manera de vengarme de los tórridos procesos para publicar en aquella época. Esos libros primeros obedecían más a latidos del corazón que a un plan específico.
Mi primer poemario, por ejemplo, se llamó El violento hormiguero y fue una selección antojadiza de muchos poemas de corte político testimonial que a veces rayaban en lo lacónico. Después publiqué algo que inicialmente se llamó El solar y que terminó con un nombre más hermoso. Isla ilegal. Era un largo poema de amor escrito desde la rabia.
Editorial nunca tuve; mis primeros poemarios los publiqué en mimeógrafos, ultraartesanalmente. 1984 y 1985. Después, para olvidarme de las editoriales, creé las mías. Aprovecho para mencionar a un amigo que fue crucial en la publicación de los primeros libros de algunos de Xibalbá: Rafael Herrera, quien además de poeta era prensista.
Curiosamente, y a pesar de tener una editorial por ya casi catorce años (La Chifurnia) me olvidé por mucho tiempo de publicarme, hasta que en 2024 me fijé que cumplía cuarenta años de escribir y retomé un viejo sueño: publicar todos mis libros. Igual no he cumplido la meta: de once que me salen, sólo he publicado cuatro, y el tiempo sigue pasando.Durante meses trabajo en muchas tareas y se me olvida escribir. Pero un día se abre un agujero en el tiempo y me lo paso completo escribiendo mucho.
¿Cómo vive el proceso de su escritura? ¿Toma apuntes, reescribe, anota lo que siente y piensa día a día?
Mi última etapa ha sido de escribir por chorros unas tres o cuatro veces al año. Durante meses trabajo en muchas tareas y se me olvida escribir. Pero un día se abre un agujero en el tiempo y me lo paso completo escribiendo mucho, lo cual sobrevive como anotaciones y embriones para, en otro momento similar, espigar y apartar lo que me parece salvable o publicable. Durante la pandemia inicié un proceso de escrituras que han tomado el camino de cinco libros bien diferenciados. Un día me sentaré a trabajar en todo ese material hasta que dé con lo que verdaderamente viva en ese cúmulo de escritos.
Siempre escribo en la computadora, jamás en un teléfono, y he vuelto en los últimos meses a escribir a mano, a lápiz; curiosamente esos garabatos no los he transcrito a la página virtual y andan por ahí, en medio de cientos de papelitos.
¿Ha reescrito algún poema que haya guardado en su adolescencia?
Sí, les he metido lija a algunos escritos, otros los he recompuesto nada más que a partir de un verso o una idea que me pareció que estaba escrita brutalmente burda pero que podía retomarse con otro abordaje y le busqué, ya con más experiencia o descaro, un mejor acomodo. Los resultados me han parecido decorosos.
¿Qué libro le regalaría a alguien que quiera conocer El Salvador?
El Salvador, la tierra y el hombre, de David Browning; Las historias prohibidas del Pulgarcito, de Roque Dalton, y Cuentos de barro, de Salarrué. También incluiría Cuentos de cipotes, del mismo Salarrué, pero dudo que lo entiendan.
Haría un tomo único con esos libros.
Consagración del Edén, de Otoniel Guevara (2018).
¿Qué libro suyo recomendaría a un lector de poesía?
Alguna antología que pueda ser publicada por un editor exigente, no importa que sólo tenga siete poemas (de hecho Siete poemas me parece un título muy sugerente).
No recomiendo nada que haya publicado, no quiero ser víctima del genuino desprecio de un buen lector.
¿Tiene algún libro que relee invariablemente a lo largo de su vida?
Los poemas de Vallejo, los cuentos de Wilde, algunos poetas griegos (Cavafis, Elýtis, Seferis, Ritsos, Leivaditis), Prévert, Olga Orozco, Gelman, Hikmet, Rosario Castellanos, Dalton.
El libro: Los miserables.
¿Qué piensa de la inteligencia artificial?
Es una amenaza a la existencia humana. Más peligrosa que la guerra militar porque posee la capacidad de asesinar la conciencia y convertirnos en anónimas bestias de carga o en dudosa materia orgánica. Lo único que puede vencerla es la risa de los niños o los poetas del subsuelo.
¿Las redes sociales lo abruman? ¿Le quitan tiempo? ¿Piensa que anulan la lectura de libros?
Me entretienen. He ahí el riesgo.
La gratificación instantánea, infinita y gratuita perturba la percepción de la más mínima realidad y convierte en polvo metafísico la empatía. Los egos se tornan coprofágicos y se pierde la capacidad de escuchar. No me dejo abrumar, pero sí me roban tiempo valioso, no sólo para leer, sino también para otros procesos valiosos como decirles mentiras a las estrellas o insultar a un chihuahua.
Sin dejar de reconocer su insolente poderío informativo.
¿La política o la poesía influyeron en su modo de entender la vida?
No he podido vivir sin ambas. Todo lo que hago es político, y tiene la posibilidad de convertirse en poesía. Ambas esferas me han resultado duramente formativas. Por otra parte, hay situaciones de la vida que genuinamente no entiendo. O no me agrada lo que entiendo.Si voy a odiar un libro mejor lo quemo. Soy un pirómano reeducado.
¿Ha terminado de leer alguna vez un libro que odiaba?
No. Detesto el odio. Y si voy a odiar un libro mejor lo quemo. Soy un pirómano reeducado.
Por otra parte hay muchos libros que amo que aún no termino, o aún no comienzo.
¿Ha realizado trabajos que no le gustaban en absoluto?
No considero trabajo lo que no me agrada hacer. Por supuesto que he hecho decenas de cosas por un salario, por obligación, por resignación, por urgencia, por piedad.
He sido mercancía contra mi voluntad, pero lo confieso riéndome.
¿Siente nostalgia por el pasado?
Hoy más que nunca.
¿Qué le da miedo?
Quedar ciego, inválido o sin ningún recuerdo. Ser apresado por la dictadura de mi país. Honduras. Perder el control.
Lo que me da pánico es que muera cualquiera de mis hijos. O Karen, mi compañera.
¿Por qué escribe?
Para dar respuestas, para avivar preguntas.
Porque me encanta contrariar a los demás.
11 de agosto de 2025, a cinco años de la muerte de mi madre.
Poemas de Otoniel Guevara
Las tersas avenidas de Patricia
cuando besé tus pies lo hice para acompañarte en todos los caminos de la tierra
cuando besé tus pechos iracundos fue para ser tu hijo único y arrullarme con el abrazo infinito de tu sangre
acaricié tu espalda para que nadie traicionara tu sueño de abeja incontenible
apreté fuerte tus nalgas para salvarte de caer al vacío
iluminé tu rostro con mis besos para reconocerte en las más copiosas oscuridades
y penetré tu sexo como una semilla que inaugura su estirpe de humedades
Zoo
Ahí conversé con especies que jamás me habían dedicado sus aromas.
Me acechó un águila de plumas sospechosas, un chimpancé me enrostró su melancolía arrinconada, el legendario tigre se refugió de mi escudriño con sopor resignado y un niño sin abrigo cuestionó mi abolengo.
Peces, anfibios, aves, mariposas, simios, reptiles, roedores, osos; multitud de lenguajes y raíces, silencios lacerantes, indecibles tristezas.
En este lugar fue que dieron inicio los infiernos.
Balada de la puerta abierta de la casa de Dios
tranco la puerta con un hexámetro que rubén darío olvidó en san miguel rompo la secreción nebulosa concomitante e ínclita que el día promulga en el dorso de las ventanas salmones y turgentes rapsodias vilipendian el estro en el seno derecho de la noche absorbo lubricaciones del faro de la tarde con su músculo azul colgando en uvas odorífera senectud ronda la geometría del cardo azucarado prendido en llamas como si fuera la última sinfonía del cardumen alas de poco calibre tornillos estafados por el moho sermones los huracanes brincan en un solo pie como niños asustados por su sombra los niños brincan en un solo pie como huracanes asustados por su sombra alfileres en actitud de amantes perfumados aletean en la playa cadáveres amnióticos y depurados esperan ser llamados a las puertas del amor absurda ley de los galones carnívoros absurda ley de lo constante yo sé lo que les digo la amenaza es real tranquen la puerta tranquen el odio tranquen la luz y desnuden esa cruz
rieguen su sangre
Historia de las calles
Para Gabriela Mazatli, sendero infinito
Al principio sólo eran inocentes gramales que la lluvia trocaba en arcilla. Pespunteaban breves nidos de piedras, de guijarros anfibios y brillosos. Hasta que un día bajaron de un camión los adoquines. Luego vino el asfalto con sus corbatas sucias. Desfilaron, marciales, el cemento, la grava, la arenilla. Se instalaron con luces y señales. Lo impensable se dio: los aeropuertos.
La idea es conducirnos a donde otros necesitan llevarnos.
Prefiero galopar sin señales de tránsito tras la mística luz de las chiltotas; encender una higuera detrás de las estrellas; elevar las agujas del reloj como si se tratara de gráciles piscuchas; montarme en los capítulos de un libro que me transborde …………a donde se diseñan astrolabios, …………a donde se confiesa un condenado, …………a donde unos amantes se despiden.
Las calles más hermosas de mi vida son las que surgen, limpias, debajo de mis alas.
Yo no
Yo no escribí palabras de tropiezo ni eché a rodar cábalas de hormigón.
Yo no instauré la luna de los locos ni ejercité el oficio de estafar.
Yo no puse los pies sobre la tierra, tampoco fui testigo de mi amor.
Toqué, eso sí, la muerte con los ojos y desquicié los rayos de la televisión.
Yo no he sido culpable ni inocente; yo, simplemente, pasaba por ahí.
Yo no quise quererte ni quererme; yo no vi, no intenté, no concebí.
Y si nadie me cree, yo no estorbo Y si el mundo se hunde, yo no fui.
De mis legendarias habilidades para los negocios
Vendo pájaros libres y lágrimas infinitas. Alquilo nubes enanas, por horas y tragaluces. Tengo en oferta a un niño que anhela sonreír.
Yo le salgo barato: un corazón y medio garantizado para resolver cualquier tristeza.
Y tendrá pájaros que vuelen en los niños y tragaluces que ladren en su pecho.
Canción estupefacta
¿Qué voy a responder cuando se me interrogue sobre la desaparición del estanque y los nidos?
¿Qué contestar cuando se me cuestione dónde quedó la sombra del jaguar, dónde el zumbar del trompo, dónde la honda ceniza, los abrazos, adónde?
¿Con qué selva consolar a la lluvia? ¿Con qué ala detener al abismo?
Y cuando me pregunten por los huesos triturados de mis hermanos ¿En qué niño encontraré sus risas? ¿En qué beso haré temblar sus lágrimas?
¿Qué podré contestar a la ciega tormenta de mis propias preguntas?
Defensa de mí mismo
¿De qué puedo escribir, si no poseo nada?
No colecto tomates en la ardiente mañana. No me baño en los ríos cenicientos. No amanezco en la casa de un amigo, ni siquiera amanezco en una cárcel.
No hay mujeres que riñan por mis noches, ni fiesta donde añoren mi bullanga.
La policía no conoce mi nombre. Los taxistas no hacen caso de mi mano.
No califico como ente productivo. Nadie pregunta por mí en ninguna infancia.
Narradora y crítica literaria venezolana (Valencia, Carabobo, 1952). Ha trabajado como editora de la revista BCV Cultural y de las revistas Circunvalación del Sur, XI Festival de Teatro de Caracas y La Palabra Pintada, así como del suplemento cultural El Otro Cuerpo, del Ateneo de Caracas; la edición especial por el 61r aniversario del diario Últimas Noticias, y la mesa de redacción de El Diario de Caracas. Autora de la recopilación de crónicas Periodistas en su tinta (Alfadil, 2004), el libro de entrevistas Periodistas en la mira (Alfadil, 2004) y el libro de entrevistas a escritores ¿Por qué escriben los escritores? (Fundación para la Cultura Urbana, 2005).
Esta marcha de gigantes no se detendrá hasta revolcar completas las estructuras que oprimen a los trabajadores
Son las fuerzas motrices de la revolución social ante la total e irreversible bancarrota económica del país, matizada por la rapacidad del imperio cuyas garras (léase Junta de Control Fiscal extranjera) se ensañan contra los trabajadores y los sectores más humildes del pueblo.
El momento requiere el reencuentro de los cuadros políticos que este gran movimiento obrero ha ido templando a lo largo de las últimas décadas para articular esta vanguardia dispersa y reconstruir el partido obrero. Ése es el futuro de esta lucha social.
La combatividad de los maestros tiene un efecto multiplicador en la formación de la conciencia social general del pueblo por su particular función hegemónica en el salón de clases.
Existe un malestar acumulado que desata a cada momento la furia del pueblo, como la gota al tope que una copa llena, es la gota que la desborda. El gobernador Pierluisi trató una semana antes de la última convocatoria de calmar los ánimos de unas masas del pueblo que pocos años antes habían tumbado un gobernador de su propio partido, anunciando un aumento salarial temporero, pero su táctica se le revirtió en contra, y tuvo que recibir en Fortaleza al liderato de esos trabajadores, con las grandes masas enardecidas fuera de sus portones, al mismo liderato obrero que una y otra vez se había negado a recibir. Los gobernantes arrogantes no conocen otro lenguaje que el lenguaje de la fuerza, y esa fuerza de las masas de obreros y trabajadores es la que hay que saber articular ahora para construir órganos de poder permanente.
Nuestras luchas sociales han adolecido de fallas adjudicables a su liderato histórico, fallas de las que las nuevas generaciones de luchadores han de tomar nota. Ha faltado una estrategia política obrera, es decir, un plan de largo alcance que trascienda la inmediatez de las luchas sindicales y se fije metas contra la estructura capitalista de opresión. Los marxistas en sus luchas históricas, en particular Lenin y la experiencia rusa, nos aleccionaron sobre esto.
Y lo previmos en Puerto Rico cuando fundamos el Partido Comunista en 1934 y el Partido Socialista (PSP) en 1971. Es, visto en retrospectiva, experiencia acumulada que apunta hacia la necesidad de la organización política de los trabajadores. Hay que aprender de nuestra experiencia al nivel nacional e internacional, pues es lo que termina cuajando en una teoría revolucionaria específica para nuestra formación social.
Es importante señalarnos a nosotros mismos que las ideas se desarrollan en la acción revolucionaria, no en la exégesis acrítica de la teoría. Por ello, en la praxis marxista y en el fervor de la militancia revolucionaria, teoría y práctica son inseparables. Es por eso que sostenemos que la teoría, en la acción revolucionaria, no es para las academias (en alto despiste en Puerto Rico), como tampoco la acción de la militancia lo es solo para las organizaciones revolucionarias, cuyos errores en la percepción de la realidad y sectarismos absurdos son cada vez más frecuentes.
La lectura apresurada y superficial de la historia por parte de los cuadros al frente de movimientos reivindicativos lleva a acciones y decisiones políticas erradas y de consecuencias fatales para la revolución. Tal, por ejemplo, el monstruo auto creado de la anexión[1] que condujo a un sector del independentismo, elección tras elección, a aliarse con los llamados autonomistas, yerro que terminó perpetuando la colonia y, por lo tanto, mantuvo sobre nuestras cabezas el mentado “monstruo”. Es una paradoja que solo el movimiento obrero, con una política clasista consecuente, ha de romper.
De nuevo, pero ahora con lentitud y con demasiada incoherencia, los vientos están cambiando. La oposición a la venta de la Telefónica en los años noventa, el éxito alcanzado por las grandes movilizaciones de masas contra la Marina de los Estados Unidos en Vieques, las luchas sindicales y políticas del movimiento estudiantil y obrero en defensa de la universidad pública y contra la legislación anti obrera son muestras de este despertar. Cientos de miles de trabajadoras y trabajadores movilizados en verano de 2019 desplegando una fuerza tal que lograron la renuncia de un gobernador inepto e inmoral es muestra de que renace la voluntad de lucha de los trabajadores en Puerto Rico.
Los maestros lo demostraron una y mil veces en los últimos veinte años. Las manifestaciones del magisterio de febrero de 2022 es la lección que nos continúan ofreciendo estos combativos educadores, quienes continuamente sacan el pupitre a la calle para continuar educando.La combatividad de los maestros es un efecto multiplicador en la formación de la conciencia social general del pueblo por su particular función hegemónica en el salón de clases del sector público.
Lo importante ahora es reconstruir esas fuerzas dispersas en nuevos esfuerzos organizativos con metas realista hacia la transformación social. Las movilizaciones de pobladores y sectores desposeídos, junto a los sectores organizados del movimiento obrero, por cambios fundamentales en la estructura social habrán de cimentar la unidad de clase de la gran masa de trabajadores. La cuestión es movilización y organización. Organización para continuar movilizando. Movilización para alcanzar para los trabajadores nuevos estadios de conciencia y poder.
Estamos en medio de una gran coyuntura histórica. Nunca había sido tan descarado el colonialismo y el capitalismo como en esta época. Nunca el imperialismo se había puesto a sí mismo tan al descubierto como en estos tiempos. Nunca la historia de Puerto Rico vio un caos mayor con unos partidos tradicionales que no ofrecen caminos claros. El colapso es no solo de las instituciones, es de todo el sistema de dominación extranjera en Puerto Rico.
[1] La anexión política de Puerto Rico a los Estados Unidos como estado federado de esa nación extranjera.
Como volcán a punto de estallar, una fuerza de inconmesurable poder late entre las masas de trabajadores, desempleados y desposeídos de nuestro país. Su eficaz canalización hacia un cambio social real es tarea urgente de los cuadros políticos de una vanguardia hoy dispersa, formada a lo largo de décadas de luchas sociales.