Maduro envía una carta a Trump con pruebas de que Venezuela está libre de narcotráfico
La misiva ha sido compartida en las redes sociales por la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez.

RT
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, envió una carta a su homólogo estadounidense, Donald Trump, «elevando la verdad irrefutable de Venezuela y mostrando —con mapas y datos científicos avalados por organismos internacionales— que nuestra patria es un territorio libre de cualquier actividad ilícita«, comunicó este domingo la vicepresidenta del país latinoamericano, Delcy Rodríguez.
La alta funcionaria divulgó en su canal de Telegram el contenido de la misiva, que fue entregada el 6 de septiembre «a un intermediario suramericano para hacerla llegar a su destinatario», el jefe de la Casa Blanca. «En ella queda plasmada la verdad irrefutable de Venezuela: somos un territorio libre de actividades ilícitas, de paz y seguro. La amenaza militar contra Venezuela, el Caribe y Suramérica debe cesar, y debe respetarse la proclama de Zona de Paz de la Celac [la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños]», escribió Rodríguez en su publicación.
La vicepresidenta prometió que su país, «en perfecta unión popular, militar y policial, seguirá defendiendo su derecho a la soberanía, a la paz y al sagrado legado de nuestro Libertador Simón Bolívar«.

La misiva fue entregada el 6 de septiembre a un intermediario suramericano para hacerla llegar a su destinatario. Dado que esta carta ha sido filtrada parcialmente en la prensa estadounidense, el Gobierno venezolano asume la responsabilidad de publicarla íntegramente.
En ella queda plasmada la verdad irrefutable de Venezuela: somos un territorio libre de actividades ilícitas, de paz y seguro. La amenaza militar contra Venezuela, el Caribe y Suramérica debe cesar, y debe respetarse la proclama de Zona de Paz de la CELAC.
Venezuela, en perfecta unión popular, militar y policial, seguirá defendiendo su derecho a la soberanía, a la paz y al sagrado legado de nuestro Libertador Simón Bolívar.
t.me/DrodriguezVen/12622
¿Qué dice la carta?
En su misiva dirigida a Trump, Maduro destacó que «en las últimas semanas han tomado el protagonismo los señalamientos absolutamente falsos sobre vínculos con mafias y bandas narcotraficantes por parte de las altas autoridades legítimas de Venezuela». «Es el peor de los ‘fake news’ que se ha lanzado contra nuestro país para justificar una escalada a un conflicto armado que le haría un daño catastrófico a todo el continente«, señaló.

Reuters: Maduro ofrece entablar diálogo directo con el enviado de Trump
Maduro indicó a Trump que en su mensaje le adjunta «datos contundentes de la producción de drogas y el narcotráfico en Sudamérica, que demuestran de manera contundente, en base a hechos reales, que Venezuela es un territorio libre de producción de drogas y país no relevante en el ámbito de los narcóticos, gracias al inmenso esfuerzo hecho durante años por nuestras fuerzas policiales y militares».
En conclusión a la misiva, el mandatario venezolano expresó su esperanza que junto a Trump puedan «derrotar» las noticias falsas que «llenan de ruido una relación que tiene que ser histórica y pacífica», agregando que Caracas está abierta a un diálogo «directo» y «franco» con Richard Grenell, enviado del Gobierno de Donald Trump para misiones especiales.
Tensiones en el Caribe
- En agosto, medios internacionales informaron sobre un despliegue militar estadounidense en el sur del Caribe, supuestamente para enfrentar a los cárteles de la droga. Paralelamente, la fiscal general de EE.UU., Pam Bondi, duplicó la recompensa por información que condujera al arresto del presidente venezolano, Nicolás Maduro, bajo la acusación —nunca sustentada— de liderar un «cártel de narcotráfico».
- Según lo denunciado por Maduro, ocho destructores, 1.200 misiles y un submarino nuclear apuntan directamente a Venezuela. El sábado 13 de septiembre arribaron a Puerto Rico cinco cazas F-35, que se suman a lo que la Casa Blanca ha denominado una operación contra los cárteles.
- Desde Caracas denunciaron que las acciones de Washington buscan forzar un cambio político y apropiarse de los recursos naturales del país. En respuesta, Maduro convocó al alistamiento voluntario en la Milicia Bolivariana para defender la soberanía nacional.
- Trump anunció ataques contra supuestos «narcoterroristas» venezolanos, aunque las autoridades de Venezuela rechazaron la veracidad de esas afirmaciones. Además, amenazó con derribar aviones militares venezolanos si ponían a EE.UU. «en una posición peligrosa».
- Entre tanto, Maduro acusó a EE.UU. de someter a su país a una «guerra multiforme». «Venezuela está siendo sometida, de manera inmoral, violando todo el derecho internacional establecido en la Carta de Naciones Unidas», declaró.
De la amenaza a la incertidumbre: La evolución de la presión militar sobre Venezuela

Cuando en su primera administración el presidente de EE.UU., Donald Trump, declaraba que «todas las opciones están sobre la mesa», al referirse a la posibilidad de una invasión o una intervención militar sobre Venezuela que tenía como principal objetivo derrocar el gobierno del presidente Nicolás Maduro, las fuerzas armadas estadounidenses estaban muy lejos de implementar un despliegue militar como el que se está desarrollando actualmente en la frontera marítima del país caribeño.
Este domingo, al ser preguntado por la posibilidad de una intervención militar, Trump respondió con una frase que, igual a la anterior, permite muchas interpretaciones mientras alza las expectativas: «ya veremos qué pasa«.
El comentario más reciente, como el de 2019, permite lecturas equívocas, pero la diferencia de los escenarios establecidos es tremendamente perceptible.
En aquel momento, los medios de comunicación internacionales eran mucho más resonantes con respecto al tema Venezuela. Por su parte, los sectores de oposición habían elegido un «gobierno paralelo», sin legalidad ni capacidad de mando en el territorio, pero reconocido por más de cincuenta países. Sin embargo, todo el despliegue se llevaba a cabo en la esfera diplomática, política o mediática, pero no se extrapoló al área militar.
En esta segunda administración, el tema Venezuela se aborda de manera diametralmente diferente. Ya en la frontera norte del país pulula, sin ubicación concreta, una flotilla que incluye un grupo anfibio con buques de asalto liderado por el USS Iwo Jima, junto al USS Fort Lauderdale y el USS San Antonio; les acompañan los destructores USS Jason Dunham, el USS Gravely, el USS Sampson y el crucero lanzamisiles USS Lake Erie, así como varios aviones de reconocimiento P-8, un submarino de ataque con propulsión nuclear, y descansan en Puerto Rico 10 cazas F-35 de última generación que se han dispuesto para la avanzada. En algún momento se mencionó la movilización de más de 4.000 efectivos.
En las últimas semanas, los militares estadounidenses ya han bombardeado tres pequeñas embarcaciones que supuestamente llevaban droga, pero lo han hecho sin justificación legal y de una manera totalmente arbitraria. Como denunció el gobierno venezolano y los propios pescadores, el sábado 13 de septiembre, un destructor estadounidense interceptó y allanó, en la zona económica exclusiva de Venezuela, una embarcación venezolana especializada en la pesca de atún, en la que se desplazaban nueve pescadores. Esto significa una violación del mar venezolano y a la vez un asedio a su flota pesquera, lo que se adereza con la declaración amenazante del propio presidente de EE.UU: «si fuera un pescador (venezolano) yo no saldría a pescar». Ya el enemigo no son solo los narcotraficantes, sino también los pescadores.
Hacia 2019, la aviación estadounidense no se había atrevido a volar el espacio aéreo venezolano, como también denunció Caracas en días recientes.
El cerco sobre Venezuela se ha venido estrechando, ya no en el campo mediático o diplomático (asociaciones como el Grupo de Lima o la amplia actividad diplomática que había contra Venezuela de 2017 a 2019 ya no tiene el mismo protagonismo y se circunscribe a pocos países de la región). Tampoco en el campo propiamente político, porque no estamos presenciando pomposos recibimientos a un «presidente paralelo» por parte del Congreso de EE.UU. y varios primeros ministros de Occidente. Estamos hablando propiamente de acechanza armada en la propia fachada marítima de Venezuela. En esta segunda administración ya el escenario es otro: propiamente el militar. Ya hay un teatro de operaciones en marcha.
La arbitrariedad se desplaza al Caribe
Quizá lo más peligroso, para Venezuela y sus vecinos, es que los niveles de arbitrariedad que se están aplicando en otros conflictos, como en Gaza, Irán y el más reciente en Catar, ahora están siendo trasladados al Caribe. Sin pruebas ni intercepción ni proceso judicial, las fuerzas armadas de EE.UU. están acusando de narcotraficantes y bombardeando a pequeñas embarcaciones, desarmadas, sin ningún tipo de basamento legal.
La semana pasada, el senador de EE.UU., Jack Reed, expresó su preocupación sobre el ataque mortal a la embarcación que dejó once muertos: «No hay ninguna prueba, ninguna, de que este ataque se haya ejecutado en defensa propia. Eso es importante, porque, tanto en virtud del derecho nacional como del internacional, las fuerzas armadas estadounidenses simplemente no tienen la autoridad para usar fuerza letal contra una embarcación civil a menos que actúen en defensa propia», lo que significa, según su postura, un ejercicio abusivo y extralegal.
Flotas misilísticas apuntan a Venezuela. El objeto de persecución ya no es solo el Gobierno o los narcos, sino también los pescadores venezolanos.
Finalmente, con la presión militar en pleno desarrollo, todo se trata de cómo interpretar a Donald Trump. En su forma retórica ha sido bastante escueto en afirmar si finalmente vendrá una radicalización del conflicto hacia Venezuela. Ha preferido seguir usando frases para ser interpretadas de diferentes maneras, como la que mencioné anteriormente: «veremos qué pasa». La expresión es una forma de no afirmar nada, pero a la vez dejar todas las opciones abiertas y atizar las expectativas.
Por otro lado, el presidente estadounidense ha dicho: «Y el problema es que hay muy pocos barcos en el agua. No hay muchos barcos en el agua. No me puedo imaginar por qué. Ni siquiera barcos de pesca», haciendo referencia a un poco (o casi nulo) desplazamiento de embarcaciones por temor a posibles ataques: «le estamos diciendo a los cárteles ahora mismo que también los vamos a detener, cuando vengan por tierra los detendremos de la misma manera que detuvimos los barcos», lo que podría entenderse como que está dando por cumplido el objetivo inicial que tenía el operativo en el Caribe sur, que implicaba supuestamente parar el envío marítimo de droga hacia EE.UU.

¿Fin de la paz? EE.UU. convierte el Caribe en una zona de ejecuciones sumarias
¿Quiere decir esto que Trump considera que el despliegue militar ya cumplió su objetivo?, ¿ya no habrá más ofensiva o una retirada inminente?, ¿viene un nuevo objetivo más avanzado?, ¿cómo justifica entonces la permanencia de la flota si ya no hay embarcaciones «trasladando droga»? Estas son las cosas que Trump prefiere no explicar para permitirse seguir atizando la polarización y su imagen de «vengador» de la sociedad estadounidense.
Por lo pronto, flotas misilísticas apuntan a Venezuela. El objeto de persecución ya no es solo el Gobierno o los narcos, sino también los pescadores venezolanos. Las acciones de provocación van en aumento. La ilegalidad con la que son acometidos los conflictos actuales en el mundo se va mudando al Caribe que se había mantenido como una zona pacífica desde hace varios siglos. ¿Qué busca Washington con este despliegue? No bastan las interpretaciones, habrá que esperar los hechos.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.
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