558 veces “te amo Puerto Rico”
Bad Bunny y una residencia [in]olvidable



Daniel Nina
(San Juan, 1:00 p.m.) Hay que precisar unos momentos en torno a la residencia de Bad Bunny (Benito Antonio Martínez Ocasio) a lo largo de tres meses en San Juan, la cual advino a su histórica conclusión el pasado sábado, luego de 31 funciones. Lo interesante, como espectáculo, es plantearnos cómo fue que se construyó un libreto único que nos hizo llorar y reír de forma estructurada, a todas y todos, en cada función. Por eso, que cuando Bad Bunny, en 18 ocasiones en el último concierto del sábado dijo “yo te amo Puerto Rico”, habría que explicarlo en 31 funciones para un total de 558 veces.
Amar a Puerto Rico no es un asunto contestado ni contestable. Es un sentimiento al cual nadie se puede oponer. Lo interesante es el contexto en que se trajo durante 31 funciones. Decirlo no produjo resultado alguno de naturaleza política, sino una reacción sentimental incuestionable. Uno se pregunta, ¿Es que nosotros no amábamos a Puerto Rico? O más aún, ¿Es suficiente amar a Puerto Rico para ver los cambios sociales, políticos y económicos pasar?
Son preguntas que desconocemos sus contestaciones. No obstante, si podemos pensar que la intervención histórica de Bad Bunny en los 31 conciertos, se constituyó como un recordatorio y reafirmación de que somos una fuerza en movimiento, la cual se mantiene vinculada a partir de una identidad común: ser puertorriqueño o de PeRRe.
Mientras, el silencio cauteloso de la gobernadora Jenniffer González, que al final de la residencia, tuvo que reconocer su contribución económica, no así el cultural o político. El reconocimiento de la gobernadora es estratégico, solo incide sobre lo económico, no así sobre lo cultural y político. Es momento de que nosotros problematicemos la contribución de Bad Bunny. No él, seamos nosotros para quienes “amar” a Puerto Rico sea equivalente a transformarnos en un país libre y soberano. Pensamos.
Yo creo que Bad Bunny es un genio
Astrid Guerra 24 Septiembre 2025 Visto: 50

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“El amor es la mejor opción siempre.”
-Benito Martínez Ocasio (Bad Bunny)
(San Juan, 12:00 p.m.) Advertencia: no estoy muy al tanto de la música urbana, así que me disculpo de antemano con los fanáticos del género, por cualquier disparate.
Advertencia 2: tengo edad suficiente para tener hijos de la edad de Bad Bunny, así que, si en algún momento sueno “quedá”, pues… es verdad.
Advertencia 3: aunque soy poeta, no vengo a hablar de líricas ni a quejarme porque dice palabrotas. Si eso es lo que busca usted y no desea continuar leyendo, pase al siguiente artículo, no hard feelings.
Dar gracias es como regalar flores. Hoy yo estoy supremamente agradecida por tener un televisor y por mi hermana, que tiene acceso a diferentes plataformas. No tuve que invertir, esperar códigos o hacer fila para comprar boletos. Tampoco soy de estar en plazas u otros lugares viendo eventos, así que vi el concierto “No me quiero ir de aquí, una más” de Bad Bunny, acostadita en mi sofá, en compañía de mi hermana y mi madre, luego de comer una rica comidita homemade.
No sé las canciones y no estoy en las de pegar brincos y saltos, así que estuve todo el tiempo escuchando y observando los detalles. El público presente las sabía y no paró de corearlas, por lo que pienso que, aunque el concierto fue un evento abierto a todos, fue especialmente importante para los fanáticos incondicionales. Así que, como les mencioné, no voy a hablar de líricas. Mejor me concentro en otros detalles que le dieron sabor al concierto. Del escenario, la buenísima calidad de la imagen durante la transmisión y otras logísticas ya se habló mucho, así que paso. Me gustaron los lanyards con las camaritas, me pareció un detalle súper cool.
Primero que nada, el concierto dura tres horas, en las cuales el cantante no paró de caminar y saltar. ¿Qué es lo que come ese muchacho que tiene tanta energía? ¿A cuál gimnasio va? Bueno, a decir verdad, le dejó el escenario por varios minutos al dúo Jowell y Randy, por lo que supongo se pudo coger un break. Hay que ser muy, muy seguro para dejarle el escenario a otros colegas en una noche como esta, en la cual lo estaban viendo millones de personas.
Entonces, cuando creía que lo perdimos y no iba a volver, regresó a la casita para hacer un junte de pesos pesados de la música urbana (Jowell y Randy, Arcángel, De la Ghetto, Ñengo Flow). Imagino que esto fue un festín para los fanáticos del género.
No crean que se me perdió el detalle de la camisa de Ñengo Flow. El 4645 es una clara alusión a las víctimas del huracán María, cuyo paso arrollador ocurrió hace ocho años el 20 de septiembre, misma fecha del concierto. Bonito también el detalle de Los Pleneros de la Cresta de agradecer a los trabajadores puertorriqueños, que día a día dejan la piel por la patria.
Entonces llegó el gran final. El “baile inolvidable” con la orquesta Los Sobrinos y para rematar, la entrada de Marc Anthony para cantar “Preciosa”. El discurso sobre el amor mientras cantaba “Debí tirar más fotos” fue lo que me hizo entender cómo es que este chico de Vega Baja tiene el poder de movilizar a tanta gente, aquí y más allá. “El amor es la mejor opción”. Podemos diferir en cuanto a contenido, pero en eso estamos 100% de acuerdo. Lo felicito por entender eso en su juventud. A otros nos tomó más tiempo y más lágrimas.
Al día siguiente de este concierto, en una entrevista en un medio impreso del país contó que, antes de la primera noche de la residencia y tras cobrar conciencia de la responsabilidad que le esperaba, Bad Bunny, el que canta “esas líricas” y dice palabrotas, se rompió a llorar en los brazos de su mamá.
Tal vez por ser poeta soy hipersensible, pero es bien difícil leer o escuchar cosas como esa y quedarse indiferente. Los reto a no sentirse conmovidos después de eso.
A mí me parece genuino cuando dice esas cosas, pero hay que aceptar que maneja muy bien algo que no mucha gente entiende, sobre todo los que se quedan fijos criticando las letras de sus canciones. El éxito no depende solo de la escolaridad, si no de entender un principio básico para cualquier profesión: CONEXIÓN. Conectar con tus fanáticos, con tus pacientes si eres médico, con tus estudiantes si eres maestro, con los clientes si eres vendedor.
Es algo que aplica en mi profesión de fundraising. Las propuestas son parte de un proceso. Antes de presentarlas, ayuda muchísimo si logras que quien las va a recibir entienda la necesidad de la comunidad, que la vea, si es posible. Pensar en las horas de educación continua que recibimos los fundraisers para aprender eso y a este muchacho se le da tan natural. El prometió que no va a cambiar y eso esperamos.
Como poeta, siempre trato de no usar palabras rebuscadas, pues de nada me sirven mil palabras rebuscadas que nadie va a entender o a leer. La conexión está en los detalles, en lo simple, en lo cotidiano. Las líricas de Bad Bunny por el momento no me preocupan tanto. Como poeta, puedo dar fe de que la vida misma nos hace evolucionar y según pasa el tiempo, buscar formas nuevas de decir las cosas es una necesidad. Ese puede ser su caso.
Bueno, ya me voy. A ver si puedo tirar más fotos.
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