Crónica de «América latina en lucha contra el imperialismo. Cuba y Venezuela en la era Trump»
El segundo día de la Fiesta del PCE comenzó con un diálogo crucial sobre internacionalismo en el contexto de las agresiones internacionales del régimen estadounidense a nivel global.


Marta Martín, adjunta a la Secretaría de Relaciones Internacionales del PCE, inauguró el acto subrayando la crucial relevancia geopolítica de la situación en el Caribe. En su intervención, caracterizó al senador estadounidense Marco Rubio como un emisario de lo que calificó de «régimen psicópata», obsesionado con derribar a Cuba, a la que definió como «la isla de la Dignidad y faro para los pueblos de Latinoamérica». Asimismo, destacó la importancia de Venezuela, poseedora de una de las mayores reservas petroleras mundiales, un recurso que -señaló- el gobierno destina a la inversión social y al bienestar de su pueblo. No se demora y da paso al resto de participantes:
El encargado de abrir el debate es Jesús Pérez, representante de las Juventudes Comunistas. Para la UJCE, Trump no es una anomalía, sino la consecuencia lógica de un sistema capitalista que muestra una tendencia regresiva y está en un proceso acelerado de profundización de sus contradicciones. Frente a ello se ubicarían las naciones del bloque antiimperialista, sostenidas por la soberanía popular, y cuya mera existencia resulta intolerable para los capitalistas. En el fragor de este campo de batalla, la juventud latinoamericana es un ejemplo ideológico y de resistencia. Defensora activa de estos procesos populares, muestra una gran capacidad de adaptación a contextos cada vez más volátiles. Se trata, por tanto, de un verdadero sujeto político cuyos objetivos son claros: sostener el dique antiimperialista y avanzar en la construcción del socialismo.
Cristina Simó abre su turno con una inspiradora cita: «la solidaridad es la ternura de los pueblos y nuestra mayor arma contra la injusticia». La entronca con la emotiva narración de la experiencia concreta que recientemente tuvieron las cuarenta y cuatro mujeres que conformaron la Brigada de Solidaridad con Cuba, organizada por el Movimiento Democrático de Mujeres. La expedición, que en un comienzo tenía de objetivo conocer Cuba sobre el terreno, se tornó en todo un vuelco de sus conciencias y un ejercicio intensivo de decolonización mental que las ha inspirado en lo más profundo y empujado a continuar y expandir su labor internacionalista. Visitaron hogares maternos, centros de reinserción o de atención a ancianos, y comprobaron in situ cómo la Revolución es un proceso vivo, sostenido en gran parte por mujeres fuertes, cuya asistencia integral no deja nadie atrás. La Brigada es ahora una red permanente de comunicación directa y de solidaridad, también con Venezuela, que ha duplicado su número de integrantes y ya trabajan en acciones a propósito de la celebración del natalicio de Fidel Castro, también en suelo cubano.
A continuación, tuvimos la suerte de contar con el testimonio y análisis de primera mano de Roberto Pérez, responsable de Organización del Partido Comunista de Cuba. Arrancó agradeciendo de corazón la invitación y enfatizando la importancia de la Fiesta como lugar de encuentro, de formación y puesta en común de estrategias políticas. Incidió en una consigna del muy recordado Fidel Castro: los pueblos de América Latina y el Caribe están hermanados contra el colonialismo, el neocolonialismo e imperialismo, y deben de transitar un camino revolucionario que tiene la integración de los territorios y la unidad como condición necesaria para enfrentar las políticas injerencistas de la derecha extremista y el fascismo, encarnadas ahora en una nueva doctrina Monroe. Las izquierdas deberían ejercer como timoneles en este necesario proceso unificador, con el que también alcanzarían un prestigio internacional. Señala al imperio yankee, con el senador Marco Rubio como punta de lanza, como el principal agresor, no sólo de Latinoamérica, sino de los pueblos del mundo. Las actuales maniobras contra Venezuela o la devastación en Gaza como el preludio a intervenciones en cualquier otro lugar del planeta. Por último, nos recuerda el grave perjuicio que las sanciones causan a Cuba, pero también nos recuerda cómo la isla se sobrepuso a la envestida durante la pandemia de COVID, siendo capaz de desarrollar su propia vacuna. Pronto habrá una nueva asamblea de Naciones Unidas en la que la comunidad internacional votará de forma casi unánime el fin del bloqueo, dejando a USA y sus adláteres cada vez más evidencia.
Por su parte, Fernando Casado dedicó su intervención a desmontar el mito del Cártel de los Soles, un constructo ideológico para justificar la constante agresión a Venezuela, ahora recrudecida por una considerable presencia militar en el Caribe. La narrativa del cártel, que sitúa al presidente electo Nicolás Maduro como cabeza de una gigantesca red de tráfico de droga, ha sido desmentido por los propios servicios de inteligencia estadounidenses, y que es cuestionada por parte de la prensa internacional, incluyendo prominentes medios de derecha, pero persiste como arma política que es usada incluso en contextos internacionales distintos para intensificar la represión, como es el caso de Ecuador. En el Estado Español es Vox quien ha exigido pronunciaciones parlamentarias, en una delirante acusación en la que el gobierno actual sería beneficiado por esta red narco. Fue en 2015, durante un mandato de Barack Obama, cuando Venezuela fue clasificada de peligro para la seguridad de USA en base a esta narrativa, a pesar de que el 80% de importación de cocaína a Estados Unidos sigue otras rutas, como la del Pacífico y hay constantes evidencias de que el propio gobierno venezolano persigue a diversas redes de estas características. Según el autor, es muy posible que Estados Unidos no se conforme con unas maniobras amedrantadoras en aguas caribeñas, sino que bien podría pasar al ataque en cualquier momento, por lo que nuestra tarea es la de alertar a la opinión pública y defender la soberanía venezolana y su derecho a una paz sin injerencias.
En esta misma línea incidió Manu Pineda, secretario de Relaciones Internacionales del PCE, que comenzó agradeciendo afectuosamente la presencia de las delegaciones venezolanas y cubanas en el acto, para terminar denunciando la existencia de una guerra a nivel global que se está dando en varios frentes, como en Oriente Medio, donde se están dando el abominable genocidio y destrucción de los territorios palestinos, el tablero ucraniano, en el que la OTAN se enfrenta a Rusia, o este recrudecimiento de las hostilidades a los pueblos cubano y bolivariano. Alerta de la necesidad de la cohesión de las izquierdas, que deben evitar a toda costa las guerras cainitas que a menudo las desangran, y guardar toda la munición contra la derecha imperialista y fascista. Además, instó a mantenernos alerta ante la constante desinformación mediática, un frente clave en la guerra ideológica que, advirtió, a veces logra penetrar incluso en nuestras propias filas. Puso como ejemplos el revuelo en torno a las actas electorales venezolanas —un requisito que no se exige en otros procesos democráticos— o la etiqueta simplista de «dictadura» para Cuba, cuyo marco constitucional actual es fruto de un proceso masivo y participativo con decenas de miles de asambleas populares.
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