El hombre detrás de la estrategia de Trump por ampliar el poder presidencial
Russell Vought pasó años elaborando planes para aumentar el poder del presidente y reducir la burocracia federal. Ahora está más cerca de hacer realidad esa visión.

The New York Times
Por Coral Davenport
Reportando desde Washington
29 de septiembre de 2025
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Esta primavera, Russell Vought, director de presupuestos de la Casa Blanca, estaba preparando la propuesta presupuestaria para 2026 del gobierno de Donald Trump cuando su personal recibió una noticia sorprendente: el equipo de reducción de costos de Elon Musk estaba suprimiendo unilateralmente partidas que Vought tenía intención de mantener.
Vought, un nerd de los números que rara vez levanta la voz, apenas pudo contener su frustración y dijo a sus colegas que se sentía marginado y limitado por el caos aleatorio del Departamento de Eficiencia Gubernamental que dirigía Musk, según seis personas conocedoras de sus comentarios que, como otros entrevistados para este artículo, hablaron bajo condición de anonimato por temor a represalias.
“Vamos a dejar que el DOGE rompa cosas, y recogeremos los pedazos más tarde”, dijo Vought a su personal en un momento de irritación, según tres de esas personas. La portavoz de Vought, Rachel Cauley, negó que hiciera esos comentarios y que se sintiera frustrado por Musk.
Este no había sido el plan de Vought.
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Vought, quien también dirigió la Oficina de Gestión y Presupuesto (OMB, por su sigla en inglés) de la Casa Blanca en el primer mandato del presidente Trump, había pasado cuatro años exiliado del poder. Durante la presidencia de Joe Biden trabajó desde una vieja casa cerca del Capitolio, donde se quejaba de las palomas que infestaban su techo y coordinaba con otros leales a Trump para elaborar planes amplios y detallados para su regreso.
Había analizado cuidadosamente los errores del primer mandato. Y había trazado los pasos para alcanzar el ansiado objetivo conservador de un presidente con una autoridad drásticamente ampliada sobre el poder ejecutivo, incluida la potestad de recortar gastos, despedir empleados, controlar agencias independientes y desregular la economía.
Musk, quien gastó más de 250 millones de dólares para ayudar a la elección de Trump, tenía fama, acceso al presidente y un capital político que el director de presupuesto nunca podría aspirar a tener.
Pero Vought (que se pronuncia como la palabra en inglés “vote”, que significa votar) contaba con algo que Musk no tenía: había hecho su tarea.
En los meses que han pasado desde que Musk se enemistó con el presidente, Vought ha empezado por fin a poner en práctica sus planes: rehacer la presidencia, punto por punto, restaurando poderes debilitados tras el gobierno de Richard Nixon. Sus esfuerzos están ayudando a Trump a ejercer su autoridad de forma más agresiva que ningún otro presidente contemporáneo, y amenazan con erosionar los antiguos controles y equilibrios del sistema constitucional estadounidense.
Ahora que el gobierno se encamina hacia el cierre cuando el martes expiren los fondos federales, Vought, de 49 años, está aprovechando el momento para seguir avanzando en sus objetivos de recortar agencias y purgar empleados, y su oficina ha dicho a las agencias que se preparen para despidos masivos a menos que el Congreso llegue a un acuerdo para mantener abierto el gobierno.
El ultimátum sigue a una serie de logros de Vought.
Este verano, presionó a los legisladores para que promulgaran su plan de cancelar 9000 millones de dólares para ayuda exterior y radiodifusión pública que habían aprobado previamente, un gesto inusual de sumisión del Congreso hacia la Casa Blanca. La nueva ley supuso otro premio para los conservadores: la muerte de la Corporación para la Difusión Pública. Y un acuerdo de Vought con los republicanos de la Cámara de Representantes ayudó a garantizar la aprobación de la ley de política interior de Trump, que recortó drásticamente el gasto en Medicaid y cupones de alimentos.

Ha encabezado una campaña para eliminar cientos de normativas sobre medio ambiente, salud, transporte y seguridad alimentaria y laboral, y en una reunión de gabinete realizada en agosto dijo a Trump que sus esfuerzos se habían traducido en 245 iniciativas desreguladoras este año. Ha hecho valer el poder de la Casa Blanca sobre organismos independientes como la Reserva Federal, defendiendo una orden ejecutiva que les obligaba a someter sus acciones reguladoras a la aprobación de su oficina.
Como director en funciones de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, la agencia encargada de hacer cumplir las normas para proteger a los ciudadanos de las prácticas financieras depredadoras, detuvo casi todo el trabajo de la agencia y trató de despedir al 90 por ciento de su personal.
En el centro de la estrategia de Vought, según sus asociados, está la intención de provocar de manera deliberada una batalla legal sobre el poder del Congreso para decidir cómo se gasta el dinero del gobierno, creando potencialmente un nuevo precedente legal para que el presidente bloquee el gasto en cualquier programa y política que le desagrade.
El siguiente paso en la lucha es una maniobra legalmente inédita en la que el gobierno de Trump cancelaría otros 4900 millones de dólares en gastos de ayuda exterior, esta vez sin la aprobación del Congreso. La táctica, conocida como “rescisión de bolsillo”, consiste en que la Casa Blanca elimine el gasto a menos que el Congreso vote para detenerlo antes del 30 de septiembre, fecha en que finaliza el año fiscal.
La amenaza ha enfurecido a muchos legisladores, incluidos algunos republicanos: la senadora Susan Collins, presidenta del Comité de Asignaciones, la calificó de ilegal. Pero a medida que se ha ido acercando la fecha límite, no han hecho nada para impedirlo. Según sus colaboradores, Vought confía en que la Casa Blanca gane una batalla en la Corte Suprema sobre las medidas para detener el gasto.
“Está alineando los tiros de billar, colocando cada bola en su sitio, una a una, para cada jugada consecutiva”, dijo Grover Norquist, activista contra los impuestos.

Para los líderes del movimiento “Make America Great Again” (“Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”) de Trump, Vought es considerado el arquitecto disciplinado que canalizó la pasión del MAGA en un proyecto político procesable. El activista asesinado Charlie Kirk, cuyo pódcast era uno de los muchos en los que Vought compartía regularmente sus puntos de vista con la base republicana, llamó a Vought “una absoluta estrella de rock”.
Para muchos juristas, el trabajo de Vought es una amenaza para los fundamentos de la democracia.
“Una de las principales fuentes de poder que tiene el Congreso sobre el poder ejecutivo es el presupuesto”, dijo Eloise Pasachoff, profesora de Derecho de la Universidad de Georgetown. “Si el poder ejecutivo no está controlado por el poder del presupuesto, entonces es muy poco lo que controlará al presidente”.
Y añadió: “Es un desafío fundamental para la libertad de cada persona en Estados Unidos”.
Vought, quien declinó ser entrevistado a través de su portavoz, lo ve de otro modo. En un discurso pronunciado a principios de mes, dijo que su misión consistía en poner en regla a una burocracia federal no elegida a la que comparó con un “cártel que trabaja a puerta cerrada”.
“Nos hemos embarcado en la deconstrucción de este Estado administrativo”, dijo. “Paso a paso, se trata de avanzar rápidamente, intentando pensar en lo que habrían hecho los fundadores en estas circunstancias, y ser agresivos”.
A lo largo de los años, Vought ha dejado claro cómo ve sus objetivos. Ha dicho que el Departamento de Educación promueve propaganda de la “decadencia woke” como “preparar a menores para la llamada transición de género”. Que la Reserva Federal “lleva décadas equivocándose”. Que el Departamento de Estado y la Agencia para el Desarrollo Internacional “avergüenzan activamente a Estados Unidos”. Que el Servicio de Impuestos Internos va tras “familias con dificultades en un esfuerzo cobarde por sostener la amplia agenda progresista radical de la burocracia”. Y, en un comentario que indignó a muchos en Washington, captado en video y descubierto por ProPublica, dijo que quería que los empleados federales estuvieran “en trauma”.
Una vez que el director de presupuestos tiene el poder de matar de hambre a esos organismos gubernamentales, ha dicho Vought, pueden marchitarse. “Queremos asegurarnos de que la burocracia no pueda reconstituirse más tarde en futuros gobiernos”, dijo en el pódcast de Kirk.
El ‘bulldog’ del MAGA

Vought empezó a idear un plan para recortar el gobierno federal mucho antes de que Trump fuera republicano.
Creció como el menor de siete hermanos en una familia religiosa y obrera de Trumbull, Connecticut. Su padre, veterano de la Infantería de Marina, era electricista sindicalizado, y su madre, maestra de escuela pública.
Según Vought, creció viendo cómo sus padres eran arrastrados por el gran gobierno.
“Mis padres trabajaron muchas horas para que yo pudiera ir a la escuela”, dijo en su primera audiencia de confirmación en el Senado. “Pero también trabajaron largas jornadas para sostener los gastos del gobierno en sus vidas, y a menudo me he preguntado qué habrían sido libres de construir y dar sin una carga tan pesda”.
Tras licenciarse en Wheaton College, una escuela cristiana evangélica de Illinois, Vought fue a Washington a trabajar para el senador por Texas Phil Gramm, un republicano defensor de la austeridad fiscal.
Gramm recordaba a su joven empleado como una persona prodigiosamente trabajadora, que estudiaba derecho por la noche mientras trabajaba de día para ayudar a su jefe a reducir el gobierno.
“Russ trabajó para mí de niño, y estoy orgulloso de lo que hace ahora”, dijo Gramm, quien se retiró del Senado en 2002.
Vought pasó a dirigir la política presupuestaria de los republicanos de la Cámara de Representantes durante el auge del movimiento del Tea Party, cuando la exigencia populista de un gobierno más pequeño impulsó una oleada de conservadores radicales hacia Washington.

No era un hecho que se incorporaría al primer gobierno de Trump. Vought, quien según sus amigos está profundamente motivado por su fe y que a menudo dirige clases de estudio bíblico para adultos en su iglesia bautista, se planteó abandonar Washington para asistir al seminario y convertirse en pastor. En 2017, atendió al llamado de la Casa Blanca.
Durante el primer mandato de Trump, Vought argumentó que el presidente tenía poder para bloquear el gasto federal que el Congreso había aprobado. Formó parte de un grupo de funcionarios de la Casa Blanca que congelaron el gasto militar para Ucrania desafiando al Congreso, lo que allanó el camino a la destitución del presidente.
También contribuyó a la idea de utilizar poderes de emergencia para construir un muro fronterizo sin la aprobación del Congreso, e impulsó una orden ejecutiva que podría haber permitido al presidente despedir fácilmente a decenas de miles de funcionarios de carrera.
Finalmente, la oficina presupuestaria se vio obligada a restablecer el dinero de Ucrania, y el gobierno de Biden revirtió las demás medidas.

Tras las elecciones de 2020, Vought fundó el Centro para la Renovación de Estados Unidos, un grupo de reflexión dedicado a mantener las políticas de Trump.
Los arañazos de ratas o palomas en las paredes de su despacho eran tan ruidosos que distraían a los visitantes, según cuenta en un libro reciente, Mad House. Pero Vought seguía enfocado en su misión.
En 2022, publicó un “presupuesto en la sombra” de 104 páginas, una receta para eliminar “la plaga de la burocracia woke y armada contra el pueblo estadounidense”: fuertes recortes en Medicaid, ayuda exterior, investigación científica y otros programas.
Indignado cuando Kevin McCarthy, el presidente republicano de la Cámara de Representantes, llegó a un acuerdo con Biden para elevar el techo de la deuda, Vought presionó a los republicanos de la Cámara para que se tomara la extraordinaria medida de destituir a su líder.
Vought fue una presencia constante en el hilo de texto del grupo del Freedom Caucus (Asamblea Política de la Libertad), los conservadores de línea dura que derrocaron a McCarthy, animándolos y empujándolos a asumir lo que parecía un enorme riesgo político, dijo el exrepresentante por Florida Matt Gaetz, quien dirigió el esfuerzo.
“Cuando la gente se asustaba o le preocupaba el impacto político o la asignación de comisiones, él siempre estaba ahí, alentándolos con firmeza”, dijo Gaetz. “Les estaba infundiendo carácter”.

Los comentarios públicos de Vought empezaron a adoptar una línea más dura. Su grupo de expertos publicó documentos en los que justificaba la legalidad del despliegue de soldados en suelo estadounidense y abogaba por la eliminación de la norma de independencia del Departamento de Justicia posterior al Watergate.
Stephen K. Bannon, el exasesor de Trump cuyo pódcast War Room es popular entre la base, lo declaró “el bulldog del MAGA”.
De vuelta a la Casa Blanca

Después de que Trump obtuviera un segundo mandato, Vought se dedicó a prepararse para una nueva etapa; una que sería más grande, más audaz y, sobre todo, más duradera.
Con la vista puesta en su próximo cargo, Vought describió cómo el director presupuestario de la Casa Blanca sería fundamental para transformar el gobierno federal. “Los presidentes utilizan la Oficina de Gestión y Presupuesto para controlar la burocracia, el estado administrativo”, declaró al comentarista conservador Tucker Carlson días después de las elecciones de 2024.
La investigación de Vought apareció en el Proyecto 2025, el anteproyecto político preparado por la conservadora Fundación Heritage para el regreso de Trump a la presidencia. Vought también redactó posibles órdenes ejecutivas.
Pero las tensiones surgieron poco después de que Musk cayera en Washington con el mandato de sacudir la burocracia federal.
Vought se indignó cuando el DOGE sembró el caos enviando un correo electrónico en el que exigía a los trabajadores federales que detallaran cinco logros cada semana o perderían su empleo, dijeron tres personas con conocimiento del asunto. Vought apoyaba la purga de trabajadores federales, pero se quejó de que el correo electrónico había eludido el proceso legal para asuntos de personal, creando lo que él consideraba una responsabilidad innecesaria.

Aunque Vought ha pedido la abolición del Departamento de Educación, se molestó cuando el DOGE decidió desmantelar la oficina de datos de la agencia, que realiza un seguimiento del rendimiento académico de los estudiantes, según dos personas familiarizadas con los hechos. El gobierno necesitaba los datos para fundamentar sus esfuerzos por desalentar las admisiones universitarias basadas en la raza, recortar ciertos programas para estudiantes pobres y discapacitados y promover las escuelas autónomas, dijeron estas personas.
La portavoz de Vought, Cauley, calificó de “falsos” los relatos de esos episodios. Musk y sus representantes no respondieron a las peticiones de comentarios.
Posteriormente, Vought restableció parte de la oficina, pero con personal limitado. El Departamento de Educación ha publicado ofertas de empleo para volver a cubrir algunos de los puestos.
“El DOGE habría sido mucho más eficaz desde el primer día si se hubieran molestado en preguntar a Russ y a su equipo cómo alcanzar sus objetivos”, dijo Joe Grogan, amigo de Vought que dirigió el Consejo de Política Interior de la Casa Blanca en el primer gobierno de Trump.
Ahora, en la era post-Musk, Vought parece estar disfrutando de su momento.
Trabaja muchas horas y los fines de semana en su suite del Edificio de Oficinas Ejecutivas Eisenhower, junto a la Casa Blanca, donde supervisa a una plantilla de más de 500 personas.
En la pared hay una foto de su presidente favorito, Calvin Coolidge, el muchacho de granja y alcalde de una pequeña ciudad que, según los historiadores, encarnó con mayor pureza los principios conservadores de un gobierno pequeño y austeridad fiscal.
Alrededor de su casa en un suburbio de Virginia, sus vecinos —entre ellos antiguos trabajadores federales que perdieron sus empleos bajo el gobierno de Trump— han plantado carteles en el césped en los que se lee “Apoyamos a nuestros empleados federales”.


En la Casa Blanca, Vought no es visto como parte del círculo íntimo de Trump, según cuatro personas conocedoras de la dinámica. Suele citar la Biblia y nunca maldice, lo que contrasta con un presidente que a veces se refiere a los cristianos en tercera persona. Pero personas familiarizadas con la relación entre ambos dicen que el presidente reconoce en Vought algo que valora mucho: un leal experimentado que sabe cómo utilizar el presupuesto federal para conseguir lo que Trump quiere.
“Russ sabe exactamente cómo desmantelar el Estado Profundo y acabar con el gobierno armado”, escribió Trump en un comunicado al nominar a Vought.
Ahora Vought está armando la estrategia para lograr uno de sus principales objetivos: asegurar la autoridad del presidente para bloquear el gasto aprobado por el Congreso en programas que no le gustan.
Para ello, Vought está sentando las bases de una batalla legal sobre la Ley de Control de Embargos de 1974, promulgada por el Congreso a raíz de las maniobras del presidente Richard Nixon para bloquear gastos de organismos a los que se oponía.
A Vought, quien afirma que la ley es inconstitucional, le gustaría verla anulada.
Ese objetivo lo ha llevado a su actual paquete de “rescisiones de bolsillo”.

Los amigos de Vought dicen que sus acciones están diseñadas para provocar una demanda de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental, el organismo de control del Congreso, que ha dicho que la rescisión de bolsillo es ilegal y “cedería al Congreso el poder de la bolsa”.
“Russ está completamente convencido de que tiene una base jurídica sólida y que será reivindicado ante la Corte Suprema”, dijo Grogan.
Edda Emmanuelli Pérez, consejera general de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno, discrepó, diciendo en una entrevista: “Para no gastar el dinero, habría que cambiar las leyes. Y el presidente no tiene poder unilateral para cambiar las leyes”.
Rob Fairweather, quien pasó 42 años en la Oficina de Gestión y Presupuesto y escribió un libro sobre su funcionamiento, dijo que hay motivos para que Vought confíe en una victoria legal.
“Lo que está haciendo es radical, pero está bien pensado”, dijo Fairweather. “Ha tenido todos estos años para planificarlo. Ha analizado claramente las autoridades y los límites que existen, y los está superando suponiendo que al menos parte de ello se sostendrá en los tribunales”.
Vought ya espera ese resultado, declarando en el programa de Glenn Beck esta primavera: “Tendremos una burocracia mucho más pequeña como resultado de ello”.

Stacy Cowley y Charlie Savage colaboraron con reportería. Kitty Bennett colaboró con investigación.
Coral Davenport cubre para el Times la política energética y medioambiental, centrándose en el cambio climático.
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