La derrota de Israel y el renacimiento de la capacidad de acción palestina


Por Ramzy Baroud | 16/10/2025 | Palestina y Oriente Próximo
Durante décadas la idea predominante fue que la «solución» a la ocupación israelí de Palestina residía en un proceso estrictamente negociado. «Solo el diálogo puede lograr la paz» ha sido el mantra repetido sin descanso en los círculos políticos, las plataformas académicas, los foros mediáticos y similares.
En torno a esa idea floreció una industria colosal, que se expandió de forma espectacular en el período previo a la firma de los Acuerdos de Oslo entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat y el Gobierno israelí, y durante los años posteriores.
La destrucción de la «paz»
El problema nunca estuvo en el principio fundamental del «diálogo», la «paz» o incluso los «compromisos dolorosos», una noción que se difundió incansablemente durante el «proceso de paz» entre 1993 y principios de la década de 2000.
En cambio, el conflicto se ha visto determinado en gran medida por la forma en que se definieron y aplicaron estos términos, así como todo un entramado de terminología similar. La «paz» para Israel y Estados Unidos requería un liderazgo palestino sumiso, dispuesto a negociar y actuar dentro de unos parámetros limitados y totalmente al margen de los parámetros vinculantes del derecho internacional.
Del mismo modo, el «diálogo» solo era admisible si los líderes palestinos aceptaban renunciar al «terrorismo» —léase: resistencia armada—, desarmarse, reconocer el supuesto derecho de Israel a existir como Estado judío y adherirse al lenguaje prescrito dictado por Israel y Estados Unidos.
De hecho, solo después de renunciar oficialmente al «terrorismo» y aceptar una interpretación restrictiva de determinadas resoluciones de la ONU sobre la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza, Washington accedió a «dialogar» con Arafat. Estas conversaciones de bajo nivel tuvieron lugar en Túnez y en ellas participó un funcionario estadounidense de rango inferior, Robert Pelletreau, subsecretario de Estado para Asuntos del Cercano Oriente.
Israel no accedió ni una sola vez a «dialogar» con los palestinos sin una serie de condiciones previas muy estrictas, lo que llevó a Arafat a una serie de concesiones unilaterales a expensas de su pueblo. En última instancia, Oslo no aportó nada de valor intrínseco para los palestinos, aparte del mero reconocimiento por parte de Israel, no de Palestina ni del pueblo palestino, sino de la Autoridad Palestina (AP), que con el tiempo se convirtió en un conducto para la corrupción. La existencia continuada de la AP está indisolublemente ligada a la de la propia ocupación israelí.
Israel, por el contrario, actuó sin control llevando a cabo incursiones en ciudades palestinas, ejecutando masacres a su antojo, imponiendo un asedio debilitante sobre Gaza, asesinando a activistas y encarcelando a palestinos en masa, incluidos mujeres y niños. De hecho, la era posterior al «diálogo», la «paz» y los «compromisos dolorosos» fue testigo de la mayor expansión y anexión efectiva de territorio palestino desde la ocupación israelí de Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza en 1967.
Gaza como anomalía
Durante este periodo existía un consenso generalizado de que la violencia, es decir, la resistencia armada palestina en respuesta a la violencia israelí sin restricciones, era intolerable. Mahmud Abbas, de la Autoridad Palestina, la descartó en 2008 por «inútil» y posteriormente, en coordinación con el ejército israelí, dedicó gran parte del aparato de seguridad de la Autoridad Palestina a reprimir cualquier forma de resistencia a Israel, armada o de otro tipo.
Aunque Yenin, Tulkarm, Nablus y otras regiones y campos de refugiados de Cisjordania siguieron forjando espacios, por limitados que fueran, para la resistencia armada, los esfuerzos concertados de Israel y la Autoridad Palestina a menudo aplastaron o, al menos, redujeron sustancialmente estos momentos.
Gaza, sin embargo, se mantuvo constantemente como la anomalía. Los levantamientos armados en la Franja han persistido desde principios de la década de 1950 con el surgimiento del movimiento fedayín, seguido de una sucesión de grupos de resistencia socialistas e islámicos. El lugar siempre ha sido ingobernable, primero para Israel y más tarde para la Autoridad Palestina. Cuando los partidarios de Abbas fueron derrotados tras los breves pero trágicos enfrentamientos violentos entre Fatah y Hamás en Gaza en 2007, el pequeño territorio se convirtió en un centro indiscutible de resistencia armada.
Este suceso tuvo lugar dos años después de que el ejército israelí se retirara de los centros de población palestinos de la Franja (2005) y se reubicara en las denominadas zonas militares de amortiguación, establecidas en áreas que históricamente formaban parte del territorio de Gaza. Fue el comienzo del actual asedio hermético de Gaza.
En 2006 Hamás obtuvo la mayoría de los escaños en el Consejo Legislativo Palestino, un giro inesperado de los acontecimientos que enfureció a Washington, Tel Aviv, Ramala y otros aliados occidentales y árabes.
El temor era que, sin los aliados de la Autoridad Palestina de Israel manteniendo el control sobre la resistencia dentro de Gaza y Cisjordania, los territorios ocupados acabarían inevitablemente en una revuelta generalizada contra la ocupación.
En consecuencia, Israel intensificó su asfixiante asedio a la Franja, que se negó a capitular a pesar de la terrible crisis humanitaria provocada por el bloqueo. Así, a partir de 2008, Israel adoptó una nueva estrategia: tratar a la resistencia de Gaza como una fuerza militar real, lo que le llevó a lanzar grandes guerras que causaron la muerte y heridas a decenas de miles de personas, en su mayoría civiles.
Entre estos grandes conflictos se encuentran la guerra de diciembre de 2008-enero de 2009, noviembre de 2012, julio-agosto de 2014, mayo de 2021 y la última guerra genocida que comenzó en octubre de 2023.
A pesar de la inmensa destrucción y el implacable asedio, por no hablar de las presiones externas internacionales y árabes y el aislamiento, la Franja de Gaza resistió de alguna manera e incluso se regeneró. Las residencias destruidas se reconstruyeron a partir de los escombros recuperados, y también se reponían las armas de la resistencia, a menudo utilizando municiones israelíes sin explotar.
La ruptura del 7 de octubre
La operación de Hamás del 7 de octubre, conocida como Inundación de Al-Aqsa, supuso una ruptura significativa con el patrón establecido que se había mantenido durante años.
Para los palestinos representó la evolución definitiva de su lucha armada, la culminación de un proceso que comenzó a principios de la década de 1950 y en el que participaron diversos grupos e ideologías políticas. Sirvió como una clara advertencia a Israel de que las reglas de combate habían cambiado irrevocablemente y que los palestinos asediados se negaban a someterse a su supuesto papel histórico de víctimas perpetuas.
Para Israel, el acontecimiento fue devastador. puso de manifiesto que el tan cacareado ejército y los servicios de inteligencia del país eran profundamente defectuosos y reveló que la evaluación de los líderes del país sobre las capacidades palestinas era fundamentalmente errónea.
Este fracaso se produjo tras el breve aumento de la confianza durante la campaña de normalización iniciada por Estados Unidos e Israel con los países árabes y musulmanes más flexibles durante el primer mandato de Trump. En ese momento parecía que los palestinos y su causa habían quedado relegados a un segundo plano en el panorama político general de Oriente Medio. Entre un liderazgo palestino cooptado en Cisjordania y movimientos de resistencia sitiados en Gaza, Palestina ya no era un factor decisivo en la búsqueda de la hegemonía regional por parte de Israel.
El eje central de la estrategia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su aspiración de concluir su larga carrera política con el triunfo regional definitivo, se desvaneció de repente. Enfurecido, desorientado, pero también decidido a restaurar todas las ventajas de Israel desde Oslo, Netanyahu se embarcó en una campaña de matanzas masivas que, en el transcurso de dos años, culminó en uno de los peores genocidios de la historia de la humanidad.
Su exterminio metódico de los palestinos y su deseo manifiesto de limpiar étnicamente a los supervivientes de Gaza pusieron al descubierto el carácter intrínsecamente violento de Israel y su ideología sionista, lo que permitió al mundo, especialmente a las sociedades occidentales, percibir plenamente a Israel tal y como es en realidad y tal y como siempre ha sido.
Resistencia, resiliencia y derrota
Pero el verdadero temor que unificó a Israel, Estados Unidos y varios países árabes es la aterradora perspectiva de que la resistencia, en particular la resistencia armada, pueda resurgir en Palestina y, por extensión, en todo Oriente Medio como una fuerza viable capaz de amenazar a todos los regímenes autocráticos y antidemocráticos. Este temor se vio dramáticamente amplificado por el ascenso de otros actores no estatales, como Hizbolá en el Líbano y Ansarallah en Yemen, que junto con la resistencia de Gaza lograron forjar una formidable alianza que requirió la intervención directa de Estados Unidos en el conflicto.
Aun así, Israel no ha logrado ninguno de sus objetivos estratégicos en Gaza, debido a la legendaria resistencia del pueblo palestino, pero también a la destreza de la resistencia, que logró destruir más de 2.000 vehículos militares israelíes, incluidos cientos del orgullo y la alegría de la industria militar israelí, el tanque Merkava.
Ningún ejército árabe ha logrado infligir a Israel un coste militar, político y económico de esta magnitud a lo largo de los casi ocho decenios de violenta existencia del país. Aunque Israel y Estados Unidos —y otros, incluidos algunos países árabes y la Autoridad Palestina— siguen exigiendo el desarme de la resistencia, tal exigencia es racionalmente casi inalcanzable. Israel ha lanzado más de 200.000 toneladas de explosivos sobre Gaza en el transcurso de dos años para lograr ese único objetivo, y ha fracasado. No hay ninguna razón plausible para creer que pueda lograr tal objetivo solo mediante presiones políticas y económicas.
Israel no solo fracasó en Gaza, o, más exactamente, en palabras de muchos historiadores israelíes y generales retirados del ejército, fue derrotado de manera decisiva en Gaza, sino que los palestinos han logrado reafirmar la capacidad de acción palestina, incluida la legitimidad de todas las formas de resistencia, como una estrategia ganadora contra el colonialismo israelí y el imperialismo estadounidense-occidental en la región. Esto explica el profundo temor compartido por todas las partes de que la derrota de Israel en Gaza pueda alterar fundamentalmente toda la dinámica de poder regional.
Aunque Estados Unidos y sus aliados occidentales y árabes persistirán en las negociaciones para intentar resucitar al líder palestino Abbas, de casi 90 años, y su paradigma de Oslo como únicas alternativas viables para los palestinos, es probable que las consecuencias a medio y largo plazo de la guerra presenten una realidad muy diferente, en la que Oslo y sus figuras corruptas queden definitivamente relegadas al pasado.
Por último, si hablamos de una victoria palestina en Gaza, se trata de un triunfo rotundo para el pueblo palestino, su espíritu indomable y su resistencia profundamente arraigada que trasciende las facciones, las ideologías y la política.
Teniendo todo esto en cuenta, también hay que dejar claro que el actual alto el fuego en Gaza no puede interpretarse erróneamente como un «plan de paz»; se trata de una mera pausa en el genocidio, ya que sin duda habrá una nueva ronda de conflictos, cuya naturaleza dependerá en gran medida de lo que ocurra en Cisjordania, y de hecho en toda la región, en los próximos meses y años.
Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de seis libros, el último publicado fue «These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons» (Clarity Press, Atlanta). Su próximo libro, Before the Flood, será publicado porSeven Stories Press. El Dr. Baroud es investigador principal no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Mundiales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net.
Texto en inglés: CounterPunch.org, traducido por Sinfo Fernández.
La huelga general del sindicalismo alternativo denuncia en Valencia el genocidio de Gaza
CGT, Intersindical Valenciana, CNT y la COS promovieron el 15 de octubre movilizaciones en la ciudad
Por Enric Llopis | 16/10/2025 | España

Fuentes: Rebelión
Los sindicatos CGT, Intersindical Valenciana (IV), CNT, la Coordinadora Obrera Sindical (COS) de Països Catalans; el BDS-País Valencià, Global Sumud Flotilla, Voces X Palestina y Global Movement to Gaza denunciaron el 15 de octubre, mediante la convocatoria de una huelga general de 24 horas, el genocidio que tiene lugar en Gaza desde octubre de 2023 (más de 67.000 personas asesinadas, según el Ministerio de Sanidad gazatí).
El cartel de la huelga apelaba a la organización, el 15 de octubre, de los trabajadores en las empresas; además, a la participación en dos movilizaciones convocadas en Valencia: una manifestación -por la mañana- que comenzó en la Estación del Norte; y, por la tarde, una concentración frente al pabellón multiusos Roig Arena, donde disputa los partidos el Valencia Basket (ese día el club local se enfrentaba en un choque de la Euroliga al Hapoel Tel Aviv, que finalmente se jugó a puerta cerrada; ante las cuatro concentraciones previstas, se desplegó un operativo policial de 500 efectivos, que detuvo a cinco manifestantes).
“El alto el fuego no está garantizado y no implica ni justicia ni reparación para el pueblo palestino (…); la defensa de los derechos humanos y laborables es inseparable”, afirmaba el comunicado unitario de Intersindical Valenciana, CGT, CNT y COS.
A pesar que el 10 de octubre entró en vigor el acuerdo de alto el fuego, ese día el ejército israelí asesinó en Gaza a una veintena de ciudadanos palestinos, informó la Agencia Efe; el 14 de octubre, después de firmarse el denominado Plan de paz, fallecieron seis ciudadanos palestinos -en la capital gazatí y en la ciudad de Jan Yunis- por el ataque de tropas israelíes.
Otros ejemplos de movilizaciones en el estado español fueron las promovidas el 15 de octubre en Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona por los sindicatos LAB, CGT/LKN, Comisiones Obreras, UGT, ESK, STEILAS, ETXALDE e HIRU; convocaron un paro general de varias horas, además de manifestaciones en las cuatro capitales.
En A Coruña, convocaron a la huelga general por Palestina (Parar o xenocidio) la CNT, CGT, la Central Unitaria de Traballadoras (CUT), co.bas (Sindicato de Comisiones de Base); el BDS, la organización anarquista galega Xesta y el sindicato de barrio A Falperra; a ello se agregaron dos manifestaciones en la capital gallega.
La causa palestina és la causa de la humanitat; se han adherido a la convocatoria de huelga general -con esta consigna- organizaciones de Països Catalans como Alerta Solidària, Arran, la COS, la CUP, Endavant, la organización internacionalista Ítaca y el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans; antes de las 9,00 horas, los mossos d’Esquadra ya habían efectuado cargas contra el corte de la carretera en el municipio de Sant Cugat (Barcelona).
“Denunciamos con contundencia la complicidad de los gobiernos europeos y del estado español, que mantienen relaciones militares, comerciales y diplomáticas con un estado que vulnera sistemáticamente los derechos humanos”, exponían los cuatro sindicatos mencionados ante la huelga en Valencia.
Un informe de mayo del Centre Delàs d’Estudis per la Pau señala 88 envíos de armamento y municiones desde el estado español a Israel -valorados en 5,3 millones de euros-, desde octubre de 2023 hasta finales de marzo de 2025 (cifras a partir de la información de las autoridades israelíes).
Asimismo, desde octubre de 2023, empresas de seguridad y defensa israelíes -incluidas sus filiales e intermediarias- han sido adjudicatarias de al menos 46 contratos de administraciones públicas españolas (1.044 millones de euros), detalla el Centre Delàs.
“Criticamos el acuerdo de paz promovido por Donald Trump, un pacto tramposo que presenta como una solución la tutela de la Administración de Estados Unidos sobre el territorio de Gaza, manteniendo así el proyecto colonial israelí”, subraya el comunicado sindical conjunto.
En concreto, el llamado Plan de paz para Gaza de 2025 establece que la Franja estará gobernada por un ejecutivo temporal apolítico de transición, formado por palestinos tecnócratas y expertos internacionales; este gobierno estará bajo la supervisión de un organismo transitorio, presidido por Donald Trump (asimismo en el consejo figurará el exprimer ministro británico, Tony Blair).
Otro punto denunciado por los sindicatos es la utilización del genocidio para los negocios coloniales; así, los dos negociadores del plan de Trump en Gaza son su amigo, multimillonario, y promotor inmobiliario estadounidense, Steve Witkoff; y su yerno, asesor, y también millonario e inversor inmobiliario, Jared Kushner; además, en febrero de 2025, el presidente norteamericano difundió un vídeo en que planteaba la transformación de la Franja -a partir de las ruinas- en una riviera con rascacielos y complejos turísticos.
Los sindicatos alternativos recuerdan el asalto perpetrado por el ejército de Israel a la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales; más de 400 activistas de la flotilla humanitaria, que pretendían trasladar ayuda humanitaria a Gaza, fueron detenidos -para su deportación- por los militares israelíes; integrantes de las embarcaciones denunciaron torturas y maltrato psicológico; el 13 de octubre, los seis últimos activistas (españoles) de la flotilla regresaron al estado español.
Asimismo el comunicado denuncia el “papel insuficiente” del gobierno de Pedro Sánchez ante la masacre; por motivos como el Real-Decreto ley sobre el embargo de armas a Israel, aprobado por el ejecutivo el 23 de septiembre y convalidado por el Congreso el 8 de octubre; uno de los puntos criticados es que el ejecutivo pueda, “excepcionalmente”, autorizar las transferencias de material de defensa por razones de (supuesto) interés general nacional.
A finales de septiembre, el Gobierno de España hizo partir al Buque de Acción Marítima (BAM) Furor P-46 para -presumiblemente- escoltar y dotar de protección a la Flotilla Global Sumud; sin embargo, el Ministerio de Defensa decidió que el Furor no entrara en lo que Israel ha considerado zona de exclusión marítima (en realidad se trata de aguas internacionales); el buque de la Armada española no intervino, por tanto, cuando Israel asaltó la flotilla.
Una de las primeras acciones realizadas el 15 de octubre en Valencia consistió en el corte del tránsito en la autovía de acceso a la ciudad por el norte (V-21), promovido por CGT-València; la iniciativa logró paralizar la entrada de automóviles en la capital valenciana durante unos minutos; los efectivos policiales “han identificado y propuesto para sanción a todas las participantes del piquete”, informó el sindicato libertario.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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