Carta a Ana Iris Simón
Es esta una reflexión que puede parecer anecdótica, pero que no lo es en absoluto. Una reflexión ajena a estos vertiginosos tiempos en que estamos dominados por el teléfono móvil y amenazados, en nuestra capacidad de pensar, por la inteligencia artificial.


Sociedad 24 octubre, 2025 Joaquín Miras Albarrán
Apreciada Ana Iris Simón:
Soy un admirador y constante lector de sus artículos sabatinos de El País. Semanas hay en que sólo adquiero El País los sábados, para leerla a usted. Y leí y admiré su novela/autobiografía Feria. Me permito escribirle hoy, para debatir con usted, a quien desde luego, pienso seguir leyendo. Escribo a propósito de su artículo sobre el aborto, de este sábado 18 de octubre. En él, usted expone el caso de una mujer que abortó y tras haberlo hecho padeció de graves trastornos psicológicos. Mejor hubiera sido, quizás, decir que sintió graves problemas morales que le acarrearon esos otros problemas psicológicos, para evitar que nadie lo considere consecuencia de inestabilidad psicológica, sin que esto que acabo de añadir implique en absoluto que es inmoral, que carece de moral, quien aborta y no padece de trastornos psicológicos.
Dicho esto, expongo mi desacuerdo con su artículo de hoy.
Porque lo que ahora se está discutiendo no es el problema de la angustia moral que padecen algunas mujeres que abortan, sino el derecho al aborto. Un derecho que trata de ser liquidado por la derecha política, que convierte el tema en granero de votos. Todo derecho debe ser siempre defendido, y nadie puede objetarlo y aún menos desde argumentos teológicos, los únicos que hay tras el rechazo al aborto: que Dios infunde el alma a un material biológico, material vivo, que aparece cuando el óvulo femenino es fecundado por el esperma masculino. Alma que, sin embargo, no está infundida en el óvulo, material vivo, ni en el esperma, material vivo.
Esta argumentación es tomista. O sea de Santo Tomás, que era un gran pensador, y que usa, para elaborar su teoría, el pensamiento griego, aristotélico, sobre lo que es la «materia» y lo que es la «forma» o «forma sustancial». Conviene tenerlo en cuenta para afinar más en el sentido de la argumentación. Porque «alma/anima» principio de animación, es la denominación del principio formal dador de forma –si se me permite la redundancia–, de vida, de animación, a cada ente vivo o animado: el alma del árbol, ser vivo o anima-do, o …el alma/ánima del ente vivo esperma o el alma del ente vivo óvulo, sin cuya alma, serían materia informe y no tendrían vida: Materia es lo que carece de definición y está debajo de lo que lo define, y es pasivo (hypo-kei-menos. Hypo: debajo; menos: pasivo) a la espera del principio «acuñador», la Forma, que cuando anima, cuando genera vida, no cuando da forma a algo que no tiene vida, como lo es una roca, entonces es denominado Forma-Alma. Para cualquier estudioso de Aristóteles y de la escolástica, esto es muy apasionante. Pero esto es la base de una filosofía helénica y escolástica, por ejemplo este pequeño desarrollo que yo me he permitido, sobre la que se construye una interpretacion teológica, cuyas líneas, como se puede ver, son móviles: ¿por qué la Forma alma del óvulo, la dadora de la vida al óvulo, no es la considerada dadora de vida irrenunciable, o cada esperma…? Desde luego, esto convertiría a cada pérdida de óvulo no fecundado, y de esperma no fecundador, en un grave atentado contra la divinidad, etc.
Vuelvo al asunto del sufrimiento de mujeres que han abortado. Si la conclusión fuera que hay que pedir asistencia psicológica a toda persona que sufra problemas mentales, yo estaría de acuerdo. Pero, en el momento presente, y en el debate presente, que ni usted ni yo hemos suscitado, esto es algo que no hace al caso. Porque lo que se discute es el derecho de los ciudadanos, en este caso derecho de las ciudadanas, al aborto. El debate abierto, ha sido generado por gentes con quienes usted ni yo, tiene, no tenemos, nada que ver. Personas como por ejemplo, la señora Ayuso o el señor Almeida, y otras personas, cuyo propósito es ambiguo o por lo menos genera paradoja. Pues están contra el derecho al aborto, pero no condenen la matanza genocida que los israelíes perpetran en Gaza y Cisjordania, donde han sido asesinados ya decenas de miles de niños.
Reciba usted un saludo admirado de mi parte.
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