«Not war, yes peace»: Maduro se dirige a EE.UU. en su idioma (VIDEO)
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, envió un mensaje al presidente de EE.UU., Donald Trump, en su idioma. «Not war, not war, not war. Yes peace, yes peace, yes peace, forever», dijo el mandatario en inglés, instando a evitar una «guerra loca». Maduro describió su inglés como un «lenguaje tarzaniano», para que su mensaje sea entendido. «No a la guerra de los locos, no a la locura de la guerra», expresó en español con un acento «tipo Tarzán».

RT
Petro: El Ejército de Colombia «ha perdido su capacidad» sin helicópteros rusos
«Estados Unidos dio la orden, que en mi opinión nunca debió ser acatada, de dejar los helicópteros que no tenían mantenimiento en tierra», precisó el presidente colombiano.
Descargar videoMilitares colombianos entrenan en paracaidismo con un helicóptero Mi-17 en la base aérea de Tolemaida, el 18 de febrero de 2023. Juancho Torres/Anadolu Agency / Gettyimages.ru
El Ejército de Colombia ha perdido su capacidad de operaciones masivas en zona remotas al rechazar helicópteros militares rusos bajo la presión de Estados Unidos, declaró el presidente colombiano, Gustavo Petro.
Hablando en una rueda de prensa con medios internacionales desde la Casa de Nariño, residencia presidencial situada en Bogotá, el mandatario habló sobre los helicópteros estadounidenses de ataque Black Hawk, proporcionados a Colombia como ayuda.

Petro responde a acusación de Trump de que Colombia «es un nido de drogas»
«Llegan estos helicópteros [los Black Hawk], pero estos helicópteros no pueden bajar el personal, quedan tres aislados dentro de 100 armados o 50. Entonces solo pueden hacer una actividad armada desde el aire con las armas que posee, pero no podemos llegar y copar el territorio, sino hasta que pasa un tiempo en que se puede mover ya una tropa más masiva», dijo.
En esta línea señaló que «otro tipo de helicóptero existe, que es ruso, el Mi,», que «es de transporte de tropas» y que unos «30 soldados caben en él y aterrizan más o menos en los mismos sitios del Black Hawk».
«Cuando vino la guerra de Ucrania y Rusia, Estados Unidos dio la orden aquí, orden que en mi opinión nunca debió ser acatada, de dejar los helicópteros que no tenían mantenimiento en tierra. El mantenimiento se lo daban las empresas rusas«, indicó.
Al ceder a la presión de EE.UU., «el Ejército ha perdido su capacidad de penetración masiva en las zonas», explicó Petro.
Lamentando la dependencia del Ejército de la ayuda extranjera, mencionó que se han proyectado fondos en el presupuesto actual y en los futuros que «permitan sustituir los regalos, que no son regalos, y abordar las armas pertinentes para el tipo de conflicto que aún tiene Colombia».
En abril pasado, el embajador colombiano en Rusia, Héctor Isidro Arenas Neira, contó a RIA Novosti que Colombia cuenta con 19 helicópteros rusos Mi-17 y que su mantenimiento ha sido complicado por las sanciones impuestas a las empresas de defensa y entidades financieras rusas.
¿Por qué EE.UU. traslada su ‘narcoguerra’ al Pacífico?
El presidente Donald Trump tilda a las víctimas como ‘narcoterroristas’, pero no presenta pruebas que respalden la acusación.

EE.UU. amplió sus operaciones armadas del mar Caribe al océano Pacífico, como parte de su estrategia de militarizar aguas internacionales con el pretexto de combatir el narcotráfico, lo que ha recibido crecientes críticas de gobiernos latinoamericanos y de organizaciones porque Washington estaría violando el derecho internacional.
Las alertas se encendieron desde que, en septiembre pasado, se llevó a cabo el primer operativo, ya que el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció que las Fuerzas Armadas habían atacado en el mar Caribe a una supuesta ‘narcolancha’.
El saldo informado fue de 11 pasajeros muertos. Trump aseguró que se trataba de ‘narcoterroristas’, pero no presentó pruebas de las imputaciones, no dio los nombres de las víctimas ni las organizaciones a las que supuestamente pertenecían; ni se comprobó la veracidad del operativo, cuánto tiempo duró o si se decomisaron armas.
Así ocurrió con los ataques posteriores, ya que las agresiones letales se justificaron exclusivamente con la palabra del presidente y de sus funcionarios. De momento, no hay informe alguno sobre cómo detectaron que en las lanchas atacadas había narcotraficantes y drogas con destino a EE.UU. Es decir, son ‘narcoterroristas’ solamente porque Trump lo dice.
La legalidad de los operativos, que según CBS News ya ha dejado un saldo provisional de 37 muertos en nueve ataques, fue puesta en duda desde el principio, pero los cuestionamientos se incrementaron esta semana, luego de que dos personas sobrevivieran a una de las agresiones.
Se trata de Jesison Obando Pérez, un ciudadano colombiano que está internado en un hospital por las heridas que sufrió; y Andrés Fernando Tufiño, un ecuatoriano al que la justicia de su país ya absolvió porque no había pruebas de que fuera narcotraficante, como aseguraba EE.UU. Las víctimas restantes murieron en el mar y no tuvieron oportunidad de defenderse en un juicio.
Condena
Un grupo de expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió que el Gobierno de EE.UU. comete ejecuciones extrajudiciales y viola el derecho internacional del mar, al lanzar misiles contra embarcaciones en el Caribe tras acusarlas, sin pruebas y sin resistencia armada, de tráfico de drogas.
Lo mismo han denunciado los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; y Colombia, Gustavo Petro, a quienes Trump señala de manera infundada como «narcotraficantes», con la intención de justificar sus constantes agresiones a sus Gobiernos porque no forman parte de sus aliados.

Tras uno de los bombardeos contra una lancha en el Caribe que se habría producido en aguas colombianas, Petro declaró que Washington ha cometido «un asesinato» y violado la soberanía de su país. Posición que ha sostenido con los nuevos ataques en el Pacífico.
Su firme postura ha llevado a que el inquilino de la Casa Blanca lo tilde de «líder del narcotráfico ilegal», desatando así nuevas tensiones entre ambos países. Trump, además, ha amenazado con tomar «medidas muy severas» contra Petro y Colombia.
«Es un matón, es un hombre malo y está produciendo mucha droga. Tienen fábricas de cocaína«, acusó el mandatario ante los medios de prensa.
Petro ha rechazado los señalamientos y aseguró que el presidente norteamericano está siendo «engañado por sus logias y asesores», y afirmó que ha sido precisamente él mismo quien más ha combatido las estructuras criminales del narcotráfico en Colombia.

Moscú se pronuncia sobre los ataques de EE.UU. a ‘narcolanchas’
Más adelante, Petro dejó claro que Trump «no es rey en Colombia. Aquí no aceptamos reyes».
Críticas
La estrategia de Trump, que ya logró que la añeja «guerra contra el narcotráfico» pasara de metáfora a los hechos, ha provocado un permanente estado de tensión en América Latina, ya que se especula que es el primer paso para acercarse desde el mar Caribe a Venezuela, con el fin de desembocar en una operación militar terrestre contra la nación bolivariana.
Los operativos han sido criticados por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; y el de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quienes han subrayado la importancia de defender la soberanía de la región.
Por otra parte, la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, consideró que «si EE.UU. necesita, desea con tanta desesperación desplegar sus agencias de inteligencia para combatir las drogas, el narcotráfico, deberían realizar una operación especial en Manhattan. Ahí es donde está la verdadera desgracia».
Petro responde a acusación de Trump de que Colombia «es un nido de drogas»
Publicado:24 oct 2025 00:30 GMT
El mandatario suramericano instó a Washington a construir estrategias comunes para detener la producción y el consumo de sustancias ilícitas.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, aseguró que su país no es «un nido de drogas» como afirmara este jueves su homólogo estadounidense, Donald Trump, en declaraciones ofrecidas desde la Casa Blanca.
«Colombia no es una guarida de drogas, de hecho las drogas que se producen en Colombia terminan en guaridas en EE.UU. para el consumo para el cual se produce. Los gobiernos en donde se produce y se consumen drogas deben ser capaces de construir estrategias comunes», escribió Petro en su cuenta de X, como comentario a una nota periodística en la que se reseñaron las aseveraciones de Trump.
Tras recalcar que «Colombia es el país de Gabriel García Márquez», sostuvo que «es clave que la ciudadanía y el Gobierno de los EE.UU. puedan encontrar los caminos» para que «disminuya» el consumo de sustancias ilícitas «y lea más» al famoso escritor, laureado con el Nobel de literatura en 1982.
«Cárteles es lo que hemos destruido los colombianos y lo seguiremos hacerlo. Colombia debe separar la mafia del poder político y de la sociedad», concluyó.
Declaraciones cruzadas
Esta jornada, Trump cargó nuevamente contra Petro –a quien previamente tachó de «líder del narcotráfico» y «matón»–, en el contexto de una rueda de prensa dedicada a defender la política antidrogas de su administración.
«Colombia es un nido de drogas, es un nido de drogas y lo ha sido por mucho tiempo, tienen un pésimo líder en este momento, un mal tipo, un matón. Producen cocaína en niveles que no habíamos visto antes. Nos lo venden y no lo vamos a aguantar por más tiempo», aseveró.

Trump: Colombia «es un nido de drogas», y su líder es un «matón»
Previamente, el dignatario colombiano insistió en su cuestionamiento hacia los bombardeos de EE.UU. contra pequeñas embarcaciones en aguas del Caribe y el océano Pacífico, al considerar que «ese tipo de maniobras […] rompen el derecho internacional». «EE.UU., con este tipo de acciones, está cometiendo ejecuciones extrajudiciales«, acusó.
Asimismo, a contrapelo de lo que asegurara el político republicano, destacó que su Gobierno ha sido «el más eficaz en la incautación de cocaína de la historia del mundo», según se desprende de los datos oficiales.
- La más reciente escalada entre Washington y Bogotá inició el pasado 18 de octubre, cuando Petro sostuvo que uno de los bombardeos estadounidenses en el Caribe había tenido lugar en aguas colombianas, sobre la base de lo cual acusó a EE.UU. de «cometer un asesinato» y violentar la soberanía de su país.
- Como respuesta, Trump acusó a su homólogo –sin presentar pruebas –de ser «un líder del narcotráfico», lo calificó de «líder muy impopular» y anunció que retiraría los apoyos económicos entregados a Colombia para luchar contra el narcotráfico.
- La situación generó un ‘impasse’ diplomático que Petro trató de suavizar al reunirse con el encargado de negocios estadounidense en la capital colombiana, John McNamara, a quien entregó un documento con tres propuestas para disminuir los cultivos de hoja de coca.
Trump promete operaciones terrestres contra los cárteles de droga en América Latina
El mandatario estadounidense afirmó que tal medida podría ser planteada en el Senado y el Congreso del país.

Estados Unidos pronto realizará operaciones terrestres contra los cárteles de droga en América Latina, declaró este jueves el presidente estadounidense, Donald Trump.
«Ahora [las drogas] están entrando por tierra e incluso la tierra está preocupada porque les dije que será lo siguiente, la tierra será lo siguiente, y quizá vayamos al Senado, quizá vayamos al Congreso, y se lo contemos», afirmó en una rueda de prensa en la Casa Blanca.
Asimismo, Trump aseguró que su país «está en guerra» contra los cárteles del narcotráfico porque esas organizaciones delictivas también le declararon la guerra a Estados Unidos.
«Bajo la Administración Trump, finalmente estamos tratando a los cárteles como la principal amenaza a la seguridad nacional que realmente representan. Los cárteles están librando una guerra contra EE.UU. Y tal como prometí en la campaña, les estamos librando una guerra como nunca antes. […]. Las administraciones anteriores han intentado mitigar esta amenaza, y nuestro objetivo es eliminarla. No la estamos mitigando. La estamos eliminando. Los estamos expulsando», sostuvo el mandatario en una alocución desde la Casa Blanca.
«Vamos a matarlos»
A continuación, sostuvo que no planea declarar la guerra a los cárteles. «No creo que vayamos a pedir necesariamente una declaración de guerra, creo que simplemente vamos a matar a las personas que traigan drogas a nuestro país. ¿De acuerdo? Vamos a matarlos. O sea, van a estar como muertos», esclareció.
La jornada anterior, el líder estadounidense adelantó que acciones de ese tipo podrían suceder en el futuro cercano: «Probablemente volveremos al Congreso y explicaremos exactamente qué haremos cuando lleguemos a tierra», dijo. Luego, aseveró que «algo muy grave va a ocurrir, el equivalente de lo que está sucediendo por mar».
Operaciones militares en el Caribe y el Pacífico
En agosto, medios internacionales informaron sobre un despliegue militar estadounidense en el sur del Caribe, supuestamente para enfrentar a los cárteles de la droga. Paralelamente, la fiscal general de EE.UU., Pam Bondi, duplicó la recompensa por información que condujera al arresto del presidente venezolano, Nicolás Maduro, bajo la acusación —nunca sustentada— de liderar un «cártel de narcotráfico».
Desde septiembre pasado, Washington ha perpetrado «ataques cinéticos» contra pequeñas embarcaciones, inicialmente en aguas caribeñas, pero esta semana se extendieron hacia el océano Pacífico. Las acciones suman más de una treintena de muertos y han generado críticas, tanto por su falta de apego a lo consagrado en el derecho internacional como sobre la legalidad de los operativos.
En la víspera, Trump defendió la actuación de las fuerzas estadounidenses, al asegurar que los bombardeos han tenido lugar en «aguas internacionales» y que están justificados porque las drogas ilícitas le han costado la vida a unos 300.000 de sus conciudadanos, lo que hace que este problema sea, a su juicio, un asunto de seguridad nacional.
Pese a las afirmaciones del dignatario, EE.UU. no ha presentado evidencia en ninguno de los casos que permita fundamentar que se trataba de narcoembarcaciones, o cuántas personas viajaban a bordo y quiénes eran, en qué lugares específicos tuvieron lugar los «ataques cinéticos» o a cuáles organizaciones pertenecerían las supuestas cargas ilícitas.
«¡Qué envidia!»: Hijo de Bolsonaro sugiere a EE.UU. que expanda a Brasil sus ataques a ‘narcolanchas’
El mensaje de Bolsonaro fue una respuesta a otro publicado por el secretario de Guerra estadounidense, en el cual anunciaba un bombardeo en el Pacífico Oriental.

El senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, propuso este jueves a EE.UU. que amplíe a Brasil sus ataques militares contra las llamadas ‘narcolanchas’.
«¡Qué envidia! He oído que hay barcos como este aquí en Río de Janeiro, en la bahía de Guanabara, inundando Brasil con droga», escribió en X.
El mensaje de Bolsonaro fue una respuesta a otro publicado por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, en el cual anunciaba otro bombardeo, ya no el Caribe, sino en el Pacífico Oriental, dirigido contra «una organización terrorista designada».

Trump promete operaciones terrestres contra los cárteles de droga en América Latina
«¿No le gustaría pasar unos meses aquí ayudándonos a luchar contra estas organizaciones terroristas?», preguntó el senador brasileño.
La amenaza estadounidense
Las declaraciones de Flavio Bolsonaro se dan en el marco de las incursiones de fuerzas estadounidenses en el mar Caribe, bajo el pretexto de encabezar una lucha «contra el narcotráfico» en la región.
Esa política, ordenada por el Gobierno de Donald Trump, motivó las reacciones de los Gobierno de Colombia y Venezuela, luego de una serie de bombardeos a lanchas que causaron la muerte de civiles. Una de ellas, según Bogotá, se encontraba en aguas territoriales del país y presuntamente era tripulada por connacionales.
Por su parte, Caracas califica estas operaciones en el Caribe como «asesinatos» y denuncia «la amenaza que representan estas acciones ilícitas para la preservación de la paz en la región».
¿Qué implica la amenaza de Trump de atacar «por tierra» a Latinoamérica?
Publicado:23 oct 2025 21:39 GMT
Con un malabarismo retórico, el republicano busca justificar una violación a la soberanía territorial con el alegato de que tiene la «autoridad legal» para ejecutarlo.

La idea que ha empezado a rondar el discurso del presidente estadounidense, Donald Trump, de optar por un «ataque terrestre» contra supuestos cárteles en América Latina revive el oscuro historial intervencionista de Washington y los temores de invasión.
En una rueda de prensa en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense afirmó que pronto realizará operaciones por tierra contra los cárteles de droga que operan en la región.
«Ahora están entrando por tierra e incluso la tierra está preocupada porque les dije que será lo siguiente, la tierra será lo siguiente, y quizá vayamos al Senado, quizá vayamos al Congreso, y se lo contemos», manifestó.
Asimismo, Trump aseguró que su país «está en guerra» contra los cárteles del narcotráfico porque esas organizaciones delictivas también le declararon la guerra a EE.UU.. Sin embargo, dijo que no necesariamente habrá una declaración de guerra, sino que simplemente las fuerzas de seguridad norteamericanas van «a matar» a aquellos que llevan drogas al país.
La víspera, el presidente deslizó la posibilidad de pasar de los ataques letales a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, a una incursión directa en el territorio soberano de los países latinoamericanos que EE.UU. considere blanco de sus políticas extraterritoriales. El problema principal es que ese tipo de acciones representan una violación flagrante del derecho internacional.
Quizá para anticipar los posibles cuestionamientos, Trump hizo un malabarismo para justificar la violación territorial y aseguró que tenía «autoridad legal» para ejecutarlo porque las drogas ilícitas habían cobrado 300.000 vidas estadounidenses el año pasado. «Tenemos una cuestión de seguridad nacional, de verdad», alegó. A la luz del derecho internacional, ¿qué tanta razón tiene?
«Algo muy grave va a ocurrir»
Desde agosto, cuando se conoció el inédito despliegue militar estadounidense en las aguas caribeñas frente a las costas de Venezuela, Trump ha dado la orden a ejecuciones extrajudiciales de al menos 37 personas acusadas de transportar drogas. Hasta ahora, lo que ha caracterizado esos operativos es la opacidad.
Las acusaciones infundadas contra el país suramericano y su Gobierno han sido la ficha usada por la Casa Blanca para proceder con los opacos operativos. A la fecha, no se sabe nada de la identidad de las víctimas, el protocolo usado para determinar que eran «narcoterroristas», la ubicación de los blancos o las supuestas incautaciones de drogas. Las únicas ‘evidencias’ que se han facilitado son algunos videos.
Ante la falta de transparencia, el ruido aumenta. Además de las organizaciones internacionales que alertan sobre la ilegalidad de las ejecuciones extrajudiciales, hay un creciente cuestionamiento por parte de Gobiernos de América Latina y el Caribe, que ven en las hostilidades una amenaza a la paz de toda una región que no había vivido una tensión similar desde 1989, cuando EE.UU. invadió Panamá para derrocar a Manuel Noriega, antiguo aliado de la DEA y la CIA.
Las recientes declaraciones de Trump no contribuyen a la calma: «Algo muy grave va a ocurrir, el equivalente de lo que está sucediendo por mar».
Dos supuestos
A la luz del derecho internacional, un «ataque por tierra» equivaldría a la violación de la Carta de Naciones Unidas (ONU), que en su artículo 2.4 prohíbe el uso o la amenaza del uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de cualquier Estado. Solo hay dos excepciones: por autodefensa o por autorización expresa del Consejo de Seguridad.
En ese contexto, parece lógico que Trump insista en desplazar el debate de las drogas del ámbito de la seguridad y la salud pública, a la supuesta «amenaza» transnacional. Solo así podría intentar justificar una incursión a otro país en su particular «guerra contra el narcotráfico».
Los mayores riesgos, de momento, están en dos países: Colombia y Venezuela. La arremetida contra Caracas fue el primer objetivo declarado de Trump, pero en las últimas semanas sus dardos han empezado a caer en el terreno del presidente Gustavo Petro.
Ahora, las acusaciones infundadas de Trump contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se replican casi exactamente contra Petro. Ambos, según la inflamada retórica del inquilino de la Casa Blanca, son supuestos «líderes del narcotráfico».

Trump promete operaciones terrestres contra los cárteles de droga en América Latina
Venezuela y Colombia
Esta semana, Maduro cerró filas con Petro. «Colombia sabe que somos uno solo, hermanos siameses. Y lo que sea con Colombia, es con Venezuela. Y lo que sea con Venezuela, es con Colombia, como me escribió un oficial militar de las fuerzas militares colombianas hace dos semanas: ‘Si tocan a Venezuela, tocan a Colombia’. Somos una sola patria del corazón. Y no decimos por decir lo que estoy diciendo«, sostuvo el mandatario en una jornada de trabajo televisada.
Cuando iniciaron los ataques letales en el Caribe, Petro fue una de las primeras voces en denunciar que se trataba de «asesinatos». El tono crítico molestó a Trump, quien subió la apuesta contra su par suramericano después de que este participara en una protesta pro-palestina en el marco de la Asamblea General de la ONU.
En ese caldo, hay al menos dos puntos de inflexión: el primer operativo en el Caribe que dejó dos sobrevivientes; y la ‘inauguración’ de los bombardeos estadounidense en el frente Pacífico.
La pelea solo ha escalado desde entonces. La diplomacia de los micrófonos (y de las redes sociales) se ha caracterizado por acusaciones mutuas, amenazas arancelarias de EE.UU. y la suspensión temporal de la «ayuda» que Washington le facilita a Colombia y que, para Petro, son ‘dádivas‘ envenenadas.
En ese caldo, hay al menos dos puntos de inflexión: el primer operativo en el Caribe que dejó dos sobrevivientes; y la ‘inauguración’ de los bombardeos estadounidense en el frente Pacífico.
«Mejores amigos»
En medio de sus amenazas de «atacar por tierra» a los supuestos narcos en Latinoamérica, Trump deslizó que ya «no hay barcos en el agua«. De este modo, Washington parece enviar el mensaje de efectividad en el frente marítimo para justificar una escalada en tierra firme.
El aparente cambio de objetivo ocurre días después de que el bombardeo de EE.UU. a una pequeña embarcación, presuntamente en aguas territoriales de Colombia, dejara por primera vez dos sobrevivientes: un ciudadano ecuatoriano y otro colombiano.
El ciudadano ecuatoriano fue absuelto sin cargos por la Fiscalía de su país, mientras que el colombiano sigue en cuidados médicos. El historial de las víctimas, de momento, pone en duda la cacareada acusación de que todos los ataques estadounidenses eran contra «peligrosos narcotraficantes».

En medio de la campaña militar en el Caribe —que ni siquiera figura entre las principales rutas de droga hacia EE.UU.—, por primera vez se reportaron bombardeos a lanchas en el Pacífico, la zona desde donde se trasiega cerca de 87 % de las sustancias ilícitas hacia territorio estadounidense.
El anuncio coincidió con un hecho curioso: el subsecretario de Estado de EE.UU., Christopher Landau, dijo que las relaciones de su país estaban en el «mejor momento en décadas» con Ecuador. Así, mientras aumenta la retórica contra Colombia y Venezuela, Washington le da una ‘carta de buena conducta’ a Quito.
La jugada no es sorpresiva. En los últimos meses, el Gobierno de Ecuador puso sobre la mesa la posibilidad de que las bases estadounidenses vuelvan a instalarse en su territorio, pese a la reforma constitucional que las prohibió en 2008.
El cambio constitucional que hoy impide la presencia militar extranjera en el país andino se aprobó por referéndum en septiembre de 2008, meses después del bombardeo que perpetró Colombia en territorio ecuatoriano, con asesoría de EE.UU.

«Hay leyes internacionales»: Sheinbaum rechaza ataques de EE.UU. a supuestas ‘narcolanchas’
Por ese entonces, el ministro de Defensa de Colombia era Juan Manuel Santos, quien años después recibió el Nobel de la paz, pese a su responsabilidad en la operación que propició la ruptura diplomática con Ecuador y que recibió la condena de la Organización de Estados Americanos (OEA) por violación a la soberanía.
Agresión estadounidense en el Caribe
- El pasado mes de agosto, EE.UU. desplegó un amplio contingente militar en la zona. Actualmente, Washington realiza acciones militares y bombardeos en aguas cercanas al territorio venezolano con el argumento, sin sustento ni pruebas, de combatir a los cárteles del narcotráfico
- Los presidentes Nicolás Maduro y Gustavo Petro han sido señalados infundamentadamente por Trump de liderar organizaciones narcotraficantes. La acusación contra Petro trajo un deterioro de las relaciones con Washington.
- Mientras, Caracas ha calificado de «agresión» las acciones militares y ha cuestionado la verdadera razón de los operativos. Maduro sostiene que su país es víctima de «una guerra multiforme» orquestada desde EE.UU. El Estado venezolano, ha reiterado, está siendo objeto de una «agresión armada para imponer un cambio de régimen» y un gobierno «títere», a fin de «robarle el petróleo, el gas, el oro y todos los recursos naturales»
- El miércoles 22 de octubre, el secretario de Guerra de EE.UU., Peter Hegseth, confirmó «un ataque cinético» contra una presunta ‘narcolancha’ en aguas del océano Pacífico que dejó dos personas muertas, aunque no precisó exactamente dónde tuvo lugar.
- Los bombardeos contra pequeñas embarcaciones también han sido criticados por gobiernos como los de Colombia, Brasil y Venezuela, así como por expertos de las Naciones Unidas, que han señalado que se trata de «ejecuciones sumarias» contrarias a lo que consagra el derecho internacional
Lo que se sabe del ecuatoriano que sobrevivió al ataque de EE.UU. a una lancha
Su familia asegura que tan solo es un pescador, mientras que la Fiscalía lo dejó en libertad al no encontrar ningún indicio de que hubiera cometido un delito en territorio ecuatoriano.

Andrés Fernando Tufiño Chila es uno de los dos supervivientes del ataque del Ejército de EE.UU. a una supuesta ‘narcolancha’ en el Caribe el pasado 16 de octubre. Su captura y posterior liberación continúa llena de incógnitas.
Tufiño, de 41 años y nacionalidad ecuatoriana, junto a Jeison Obando Pérez, ciudadano colombiano, son las dos únicas personas que han conservado la vida en los al menos ocho bombardeos a lanchas que ha realizado el Ejército estadounidense desde el pasado mes de septiembre.


Su familia, asentada en un pequeño pueblo costero a unas dos horas de Guayaquil, en la provincia ecuatoriana de Santa Elena, le defiende y sostiene que tan solo es un pescador y que se sorprendieron al enterarse por los medios de que había sido encontrado a bordo de un presunto barco narcotraficante.
Hacía aproximadamente un año que su familia no sabía nada de él, según informa CNN, cuando se había hecho a la mar para pescar, en un oficio en el que es normal pasar largas temporadas fuera de casa.
Su hermana habla de él como un padre de familia que intenta proveer a sus seis hijos que viven con su exmujer y dice desconocer cualquier vinculación con el narcotráfico.

Además, el Ministerio del Interior de Ecuador hizo saber el lunes que las autoridades del país no tienen ninguna información que indique que Tufiño Chila hubiese cometido un delito en territorio ecuatoriano, por lo que le dejó en libertad.
Sin embargo, al perecer el vínculo con el narcotráfico existió, al menos en el pasado. En las últimas horas se ha desvelado que en diciembre de 2021 fue condenado en EE.UU. a cinco años de prisión y cinco años de libertad vigilada por conspiración para distribuir cocaína en una embarcación.

Moscú se pronuncia sobre los ataques de EE.UU. a ‘narcolanchas’
En abril de 2023, Tufiño colgó en sus redes una carta manuscrita en la que decía que pronto saldría de esa prisión y a sus amigos que querían alcanzar el «sueño americano» que no abandonaran a sus padres e hijos.
Debía haber quedado en libertad en 2026, pero reapareció tras el ataque estadounidense del pasado día 16. Tras ser apresado por las fuerzas estadounidenses, la repatriación se produjo casi inmediatamente, sin que se ofreciera información pública sobre la situación judicial de Tufiño.
Lo cierto es que Ecuador se está convirtiendo en el gran país de tránsito de la droga. En el caso de la cocaína, alrededor del 70 % del suministro mundial recala en sus costas desde Colombia y Perú, según el propio presidente ecuatoriano, Daniel Noboa.
Rechazo internacional
Las acciones de EE.UU. en el Caribe y Pacífico han encendido la alerta en la comunidad internacional.
Caracas ha denunciado que «EE.UU. fabrica enemigos para justificar un supuesto derecho a la defensa, lo que resulta en masacres en el mar Caribe«.
En la misma línea se pronunció la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova: «La CIA ha recibido permiso para realizar operaciones encubiertas en Venezuela. Claro, disculpen, pero si Estados Unidos necesita, desea con tanta desesperación desplegar sus agencias de inteligencia para combatir las drogas, el narcotráfico, deberían realizar una operación especial en Manhattan. Ahí es donde está la verdadera desgracia. Está simplemente en todas partes», declaró.

Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum también mostró su rechazo: «Obviamente no estamos de acuerdo. Hay leyes internacionales de cómo tiene que operarse frente a un presunto transporte de droga de manera ilegal o armas en aguas internacionales. Así lo hemos manifestado al Gobierno de Estados Unidos y públicamente».
Por su parte, el presidente colombiano, Gustavo Petro, se refirió a uno de los bombardeos contra una lancha en el Caribe en aguas colombianas, declarando que Washington cometió «un asesinato» y violó la soberanía de su país.
La clara postura de Petro antecedió a que el presidente de EE.UU., Donald Trump, vinculara a su par colombiano con el narcotráfico, sin ofrecer prueba alguna. «Es un matón, es un hombre malo y está produciendo mucha droga. Tienen fábricas de cocaína«, sostuvo en una conversación con la prensa, en la que también ratificó su decisión de retirar todos los subsidios entregados al país suramericano.
La acusación infundada, pronunciada por primera vez el pasado domingo, trajo consigo un ‘impasse’ diplomático entre Washington y Bogotá.
Maduro agradece a Rusia por ayudar con equipamiento «para garantizar la paz»
En la víspera, el mandatario reveló que el país suramericano cuenta con más de 5.000 misiles de defensa antiaérea de fabricación rusa.

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, agradeció este jueves a Rusia y a su presidente, Vladímir Putin, así como a China y a otros países aliados por vender armamento pesado a Caracas que, en el presente, le permite consolidar la paz, hoy amenazada por despliegue militar que mantiene EE.UU. en el Caribe desde hace 10 semanas.
«Gracias al presidente [Vladímir] Putin, gracias a Rusia y gracias a muchos amigos en el mundo, Venezuela tiene un equipamiento para garantizar, ¿qué?, la paz», dijo el mandatario en una jornada de trabajo televisado, en el que presentaba un balance del más reciente despliegue defensivo emprendido esta madrugada (hora local) por la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y las milicias en el marco de la ‘Operación Independencia 200’.
En esta oportunidad, se definieron como estados estratégicos Nueva Esparta, Falcón, Sucre, Zulia y Carabobo, en una línea que cruza el territorio de este a oeste. En tierras carabobeñas, precisó uno de los soldados en contacto con la estatal VTV, los puntos de control se ubicaron en Palma Sola, la refinería El Palito, el eje Puerto Cabello-Playa Sonrisa, Playa Waikiki, Puerto de Gañango y Patanemo.

Venezuela suma cinco puntos clave para la defensa de su frente Caribe
«Ha sido un éxito total este ejercicio que se va a mantener por 72 horas, porque ahora hay que fijar todos los puntos [de defensa] […], se fija todo lo que es vigilancia, patrullaje y reacción. Vigilancia diaria, patrullaje normal, sorpresivo, y reacción», abundó Maduro.
En la víspera, el líder venezolano reveló que Venezuela cuenta con más de 5.000 misiles antiaéreos portátiles Igla-S de producción rusa en posiciones clave de defensa para asegurar la paz. «Cualquier fuerza militar del mundo sabe el poder de los Igla-S. Y Venezuela tiene nada más y nada menos que 5.000 Igla-S en los puestos claves de la defensa antiaérea. ¿Para garantizar qué? La paz, la estabilidad, la tranquilidad de nuestro pueblo. Más de 5.000. […]. Para el que entendió, entendió», advirtió.
Relato de un náufrago: Donald Trump y el mar Caribe

Los mares son espacios geográficos que contienen pueblos, culturas e historias. Que conectan los avances y los retrocesos y, en épocas de desarrollo naval, se convirtieron en el escenario principal del tablero de ajedrez de los imperios.
El Mediterráneo fue durante siglos el espejo del viejo mundo: allí se fundieron culturas, religiones y guerras. Hoy, cuando miramos a Gaza, volvemos a ese mismo mar que vio nacer civilizaciones y que ahora asiste, impasible, a su destrucción. Porque hablar de Palestina es hablar del Mediterráneo; como hablar de Venezuela, de Cuba o de Nicaragua es hablar del Caribe. Cada mar guarda un eco del mismo conflicto: el poder y su intento eterno por dominar el paso, el puerto y la ruta.
Cuando los reinos de Castilla y Portugal se lanzaron a la expansión ultramarina, el Mediterráneo se proyectó hacia el Atlántico. Los mapas se extendieron y, con ellos, el deseo de oro y de dominio. El «nuevo mundo», que era mundo desde mucho antes de ser descubierto por los europeos, se convirtió en un nuevo tablero de ajedrez, con un nuevo mar, el Caribe, donde estas potencias europeas emulaban sus estrategias de saqueo, entrenadas durante siglos en el mar Mediterráneo.
Los galeones que cruzaban entre La Habana y Sevilla llevaban en sus entrañas el oro y la sangre de un continente entero.
A los barcos de esclavos, se unieron los piratas. Sin embargo, lejos de lo que nos presentan las películas, los piratas no eran aventureros románticos, sino empleados de Estado, instrumentos del poder inglés, francés u holandés, corsarios con patente de corso para robar en nombre del rey. Y el Caribe, un laboratorio de violencia y acumulación, que daría origen a la economía mundial que más tarde dominaría los bancos, los ejércitos y las corporaciones. Los galeones que cruzaban entre La Habana y Sevilla llevaban en sus entrañas el oro y la sangre de un continente entero.
Y así, el tiempo pasó, pero la lógica no cambió en lo fundamental. La Doctrina Monroe, proclamada en 1823, sustituyó las banderas de los corsarios por la diplomacia de los presidentes: «América para los americanos», dijeron, y con ello quisieron decir «América para los Estados Unidos». Aquel fue el manifiesto del colonialismo moderno, la declaración de una tutela perpetua sobre todo un continente. Desde entonces, cada intento de soberanía en el sur ha sido respondido con invasiones, bloqueos o dictaduras. El Caribe se convirtió en el mare nostrum de Washington.
Ese hilo histórico nos conduce inevitablemente a Trump, que como vemos no inventó nada nuevo. Aunque sea quizás el heredero más grotesco de una larga tradición de corsarios. Su «guerra contra el narcotráfico», esconde la misma motivación que movía a Morgan o a Drake: asegurar el control de las rutas, los puertos y los recursos. Desde los radares del Pentágono hasta las costas de La Guaira, su gobierno envía barcos de guerra a bombardear lanchas humildes de pescadores. Pero no es un hecho aislado, desde el triunfo del chavismo esta es solo la enésima estrategia para derrocar la voluntad de un pueblo.
La Doctrina Monroe, proclamada en 1823, sustituyó las banderas de los corsarios por la diplomacia de los presidentes: «América para los americanos», dijeron, y con ello quisieron decir «América para los Estados Unidos».
Es evidente que no se trata del narcotráfico, sino del petróleo: el mismo oro negro que Eduardo Galeano llamó la última fiebre del Dorado. Como en los viejos tiempos, el botín está en las entrañas de la tierra y en la obediencia de los gobiernos.
La paradoja de Trump, que lleva a discursos incoherentes en horas e incluso acciones antagónicas simultáneas —como comprar petróleo a Venezuela a la par que la amenaza militarmente—, es que pretende restablecer el imperio en un momento en que éste se resquebraja.
Su segundo mandato ha sido la confirmación de una extraña alianza de clase entre elementos con perspectivas e incluso intereses en conflicto, los clásicos halcones conservadores del partido republicano, la cosmogonía MAGA que se cree de verdad que todo se solucionará con un «repliegue», e incluso algunos sectores del capital altamente integrados en el mercado internacional, como las tecnológicas, que aunque tradicionalmente parecían cercanas al partido demócrata, han asumido la aparente propuesta de «consenso» que significaba este segundo mandato del magnate estadounidense. Y más allá de las grietas de esta alianza oligárquica, también nos encontramos con un país devastado por la desigualdad, el racismo o la epidemia de opioides. Una fractura interna que obviamente no se soluciona asesinando pescadores pobres en el mar Caribe.
Como los viejos corsarios que, envejecidos, seguían surcando los océanos por miedo a volver a tierra, EE.UU. parece navegar en busca de una hegemonía que ya no existe. Trump, como sus predecesores, amenaza el Caribe, el mar de China, cree poder decidir el destino del mar Negro o del Levante mediterráneo. Librando con ello la misma batalla: el control de los corredores marítimos, de los recursos energéticos o de las rutas del comercio. Los imperios siempre han necesitado mares, pero los mares también han sido cementerios de imperios.
Mientras el Caribe sigue ahí: como herida y como promesa. Sus aguas han visto pasar galeones y fragatas, invasores y libertadores, e incluso submarinos nazis que querían torpedear el flujo de petróleo venezolano que fue una contribución fundamental para el triunfo del bando aliado en la Segunda Guerra Mundial.

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Hoy sus aguas reflejan también un nuevo horizonte, el de un mundo que se reorganiza, que busca un equilibrio multipolar, que ya no tolera los monopolios del poder. Los viejos piratas, con sus banderas remendadas, aún navegan, pero el viento ha cambiado de dirección y sus velas roídas por el tiempo terminarán por ceder. Aunque sepamos que morirán matando.
Ese mismo viento —el que sopla desde los pueblos del sur, desde la resistencia de Cuba, la dignidad de Venezuela, la contundencia de Gustavo Petro denunciando esta agresión en sus costas compartidas, el rechazo de Sheinbaum a participar en la cumbre de las Américas, pero también las protestas masivas internacionales de apoyo a la causa palestina— será el que anuncie, una vez más, el principio del fin de otro imperio. Como en aquel Relato de un náufrago con el que García Márquez desnudó la corrupción de una dictadura que fingía tormentas para ocultar su propio contrabando, también hoy los imperios inventan tempestades para esconder sus naufragios.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.
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