«Ataque de falsa bandera»: Caracas denuncia planes detrás de ejercicios de EE.UU. con un país caribeño
Las declaraciones tienen lugar después de darse a conocer que esos dos países realizarán ejercicios conjuntos en el Caribe entre el 26 y el 30 de octubre.

RT
Trinidad y Tobago y Estados Unidos están preparando una provocación militar con el fin de desatar una guerra en el Caribe, denunció este domingo el Gobierno venezolano.
En un comunicado divulgado por la vicepresidenta ejecutiva de la República, Delcy Rodríguez, Venezuela señala como una «grave amenaza a la paz del Caribe» la «peligrosa realización de ‘ejercicios militares’ por parte del Gobierno de Trinidad y Tobago entre el 26 y 30 del presente mes, bajo coordinación, financiamiento y control del Comando Sur de Estados Unidos».

EE.UU. realizará ejercicios con un vecino país de Venezuela en medio de amenazas a Caracas
El Gobierno bolivariano cita información obtenida tras capturar a un grupo de mercenarios con información directa de la CIA. «Está en curso un ataque de falsa bandera desde aguas limítrofes con Trinidad y Tobago, o desde el propio territorio trinitense o venezolano, que genere un enfrentamiento militar completo» contra Venezuela, precisa.
Recordando provocaciones similares en el contexto de las guerras de EE.UU. contra España en el siglo XIX y contra Vietnam en el XX, Caracas acusó al Gobierno trinitense de Kamla Persad-Bissessar de haber «renunciado a la soberanía de Trinidad y Tobago para actuar como colonia militar subordinada a los intereses hegemónicos estadounidenses, convirtiendo su territorio en un portaviones de EE.UU. para la guerra en todo el Caribe contra Venezuela, contra Colombia y contra toda Suramérica».
Además de quebrar «lazos históricos de hermandad» con Venezuela, sostiene, la adopción de la agenda militarista de Washington por Persad-Bissessar también «viola la Carta de las Naciones Unidas, la proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz aprobada por la Celac y los principios del Caricom, que protegen a todos los pueblos del Caribe».
«No se trata de ejercicios defensivos: se trata de una operación colonial de agresión militar que busca convertir al Caribe en un espacio para la violencia letal y el dominio imperial estadounidense», se subraya en el comunicado.
Las declaraciones de Venezuela tienen lugar tras darse a conocer que un contingente del Cuerpo de Marines de EE.UU. y la Fuerza de Defensa de Trinidad y Tobago realizarán ejercicios conjuntos en el Caribe entre el 26 y el 30 de octubre. El destructor USS Gravely llegó este domingo a Puerto España.
- Los simulacros militares se producen en medio de la creciente tensión entre Washington y Caracas, agudizada por el despliegue militar estadounidense en la zona bajo el pretexto de combatir el narcotráfico.
- EE.UU. desplegó en agosto frente a las costas de Venezuela buques de guerra, un submarino, aviones de combate y tropas, argumentando su supuesta disposición a luchar contra el narcotráfico. Desde entonces, se llevaron a cabo diez bombardeos a presuntas lanchas con drogas en el mar Caribe y el océano Pacífico, que dejaron decenas de muertos.
Petro: «Gracias a Trump se consolida el Pacto como la primera fuerza política de Colombia»
El presidente colombiano celebró el resultado de la consulta que llevó a cabo su movimiento político en todo el país este domingo.
Descargar videoGustavo Petro, presidente de Colombia.Sebastian Barros / Legion-Media
La crisis diplomática con el presidente estadounidense, Donald Trump, solo ha fortalecido las posiciones oficialistas en Colombia, sostuvo el presidente Gustavo Petro apoyándose en los resultados de la consulta nacional celebrada el domingo.
Petro se manifestó contento con los más de 2,7 millones de personas que apoyaron a la izquierda, un número superior al esperado.

Petro arremete contra bancos colombianos: «¿A qué país obedecen como siervos?»
«Gracias a Trump se consolida el Pacto como la primera fuerza política de Colombia, y sin personería jurídica», escribió el mandatario en su cuenta de X.
En una inédita jornada electoral de este domingo, colombianos de todo el país participaron en la consulta interna del Pacto Histórico, el partido de Gustavo Petro.
Conforme a los resultados, el senador Iván Cepeda se perfila como el virtual ganador de la candidatura presidencial por el oficialismo para los comicios del 2026. Asimismo, en las urnas se definen los candidatos al Congreso.
- Las tensiones entre el mandatario colombiano y Trump se iniciaron después de los reclamos de Petro por los bombardeos de EE.UU. en el Caribe y el Pacífico. Trump lo tildó de «líder del narcotráfico ilegal» y, además, amenazó con tomar «medidas muy severas» contra él y Colombia.
- El viernes, Washington anunció formalmente la suspensión de ayudas económicas para la lucha antidrogas en Colombia e impuso sanciones contra Petro y sus familiares «por su implicación en el tráfico mundial de drogas ilícitas».
- Entretanto, Petro ha rechazado los señalamientos. Aseguró que ha sido precisamente él quien más ha combatido las estructuras criminales del narcotráfico en Colombia. Asimismo, dejó claro que Trump «no es rey en Colombia». «Aquí no aceptamos reyes», enfatizó.
¿Colombia o ‘Columbia’? Un desliz muy significativo

«Lunático con problemas mentales», «ignorante y grosero», «líder narco». Donald Trump y Gustavo Petro se están diciendo de todo y nada bonito. No es que se llevaran especialmente bien, pero la presente escalada verbal –y más que verbal– es la más fuerte tras la segunda llegada del estadounidense a la Casa Blanca.
Desde que, en agosto, el mandatario-multimillonario iniciara la enésima versión estadounidense de la ‘guerra contra las drogas’, militarizando el Caribe y bombardeando pequeñas embarcaciones presuntamente cargadas de drogas, su par colombiano se ha mostrado abiertamente crítico con la estrategia de su homólogo.
Durante este par de meses, los estadounidenses realizaron siete ataques en la zona, causando la muerte de más de 30 personas, en una serie de bombardeos que expertos de la ONU han calificado como ejecuciones extrajudiciales. Según el discurso de Washington, los ataques se llevan a cabo en aguas internacionales contra presuntos narcotraficantes venezolanos pertenecientes al Tren de Aragua, grupo delictivo extinto en la nación bolivariana, pero en semanas recientes trascendió que ni lo uno ni lo otro.
Una violación de la soberanía colombiana
A mediados de octubre se supo que en uno de esos ataques habrían fallecido dos pescadores con pasaporte de Trinidad y Tobago. Poco después, se reportó que en otro bombardeo hubo dos supervivientes: uno ecuatoriano y otro colombiano. Sin embargo, lo que provocó la actual escalada entre las dos casas, la de Nariño y la Blanca, fueron los informes que señalaron que uno de esos operativos armados, llevado a cabo en septiembre, se habría producido en aguas territoriales colombianas y habría dejado como resultado un ciudadano colombiano muerto.
Entonces, el presidente colombiano aseveró que, en consecuencia, EE.UU. había violado la soberanía marítima colombiana y asesinado a un ciudadano de ese país. Unas declaraciones que no hacen más que describir objetivamente los hechos, pero que no cayeron nada bien al mandatario estadounidense.
Trump escribió «Columbia» tres veces en lugar de Colombia en su posteo original en Truth Social, y además tardó más de una hora en corregirlo
Trump, al que no le cuesta mucho que digamos ponerse a hacer declaraciones altisonantes, reaccionó calificando a su homólogo –con el que, valga la pena subrayar, apenas tiene en común el tipo de cargo que desempeñan ambos– como «líder de las drogas ilegales» cuya producción «promueve por todo el país». Ya envalentonado, prosiguió en el mismo posteo tildando a Petro como «muy mal valorado y con baja popularidad», al tiempo que anunciaba que cortaría todo subsidio y ayuda a Colombia hasta que la nación sudamericana cierre «esos campos de muerte», en referencia a las zonas de cultivo de hoja de coca o, de lo contrario, «los cerrará EE.UU. y no será de forma bonita».

Petro explica la verdadera razón por la que EE.UU. lo sancionó
El jefe de Estado colombiano respondió señalando al líder republicano de «grosero e ignorante«, lo que no iba demasiado desencaminado, al menos si tenemos en cuenta que Trump escribió «Columbia» tres veces en su posteo original, en lugar de Colombia, y además tardó más de una hora en corregirlo. Un error que, como veremos más adelante, es, a su manera, un gran acierto.
Trump, que siempre quiere entonar la última palabra, elevó el tono señalando a Petro de «lunático con problemas mentales» y denunció que Colombia siempre ha sido «una máquina de fabricar drogas», incluso desde varios presidentes anteriores al actual, señalando que así ganan mucho dinero.
Más Columbia que Colombia
No es fácil prever hasta dónde llegará esta escalada con alguien tan imprevisible como el mandatario estadounidense, pero es interesante prestar atención a sus declaraciones, porque cuando pierde los modales, de vez en cuando se le ‘chispotean’ cosas inconfesables que no diría estando calmado.
Desde hace décadas, Colombia ha sido el mayor productor de cocaína a nivel global y eso no ha cambiado. Eso es un hecho tan sabido que hasta Trump está al tanto. Además, buena parte de la clase política colombiana, en especial en los años en los que el paramilitarismo campaba a sus anchas en el país con la complicidad del Estado, se mimetizó tanto con el narcotráfico que ya no se sabía si eran cárteles cooptando la política o la política cooptando los cárteles. Una realidad que no descubrió Trump, sino que fue denunciada hasta el cansancio por, entre otros, el propio Gustavo Petro, desde mucho antes de llegar a la presidencia.
Habiendo abundante presencia militar estadounidense desde hace décadas en Colombia, esta no ha dejado de exportar cocaína por toneladas al resto del mundo. ¿Estamos ante un caso flagrante de inutilidad del Pentágono… o de complicidad?
Ahora bien, lo que no cuenta el presidente estadounidense ni tampoco la clase política de su país es el grado de responsabilidad que tiene Washington en todo esto, que siempre ha sido mucho, pero mucho mayor, al de Bogotá. Por ejemplo, ¿cómo puede ser que, habiendo abundante presencia militar estadounidense desde hace décadas en Colombia, esta no ha dejado de exportar cocaína por toneladas al resto del mundo? ¿Estamos ante un caso flagrante de inutilidad del Pentágono… o de complicidad?
¿Qué hay del peso del narcotráfico en el sistema financiero y político estadounidense? Si como primer productor mundial de cocaína en Colombia el narcotráfico penetró empresas y partidos, ¿qué decir del nivel de penetración que tiene en el primer consumidor, no ya de cocaína, sino de casi cualquier droga ilegal que se les ocurra?

Relato de un náufrago: Donald Trump y el mar Caribe
Por esto, no deja de ser más que simbólico que en su posteo inicial, Trump escribiera tres veces Columbia en lugar de Colombia. Y es que resulta que el nombre oficial de Washington DC, capital de EE.UU., es, precisamente, District of Columbia. Así, sin darse cuenta, con su error, el presidente estadounidense dijo una gran verdad: la de que es Washington quien promueve la producción de drogas al verse incapaz de frenar el consumo desaforado de su ciudadanía, lo que causa estragos, destrucción y muerte en toda la región, sin que la Casa Blanca haga algo por detenerlo que no sea culpar a otros países e intervenirlos selectivamente, según sus ambiciones geopolíticas, militarizando regiones a su conveniencia y ejecutando extrajudicialmente a pescadores inocentes o ‘dealers’ de poca monta, mientras los capos del narcotráfico controlan cada vez más esferas de las finanzas y política estadounidense.
Un claro caso de proyección que no es exclusivo de Trump, sino que sigue la estela (iniciada por sus antecesores en la presidencia) de militarizar en el extranjero un problema de salud pública nacional. O, parafraseando el famoso refrán, la Casa Blanca denuncia la Colombia en el ojo ajeno, pero ignora la Columbia en el suyo propio.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ¡Ahí les va!, escrito y dirigido por Mirko Casale
Relato de un náufrago: Donald Trump y el mar Caribe

Los mares son espacios geográficos que contienen pueblos, culturas e historias. Que conectan los avances y los retrocesos y, en épocas de desarrollo naval, se convirtieron en el escenario principal del tablero de ajedrez de los imperios.
El Mediterráneo fue durante siglos el espejo del viejo mundo: allí se fundieron culturas, religiones y guerras. Hoy, cuando miramos a Gaza, volvemos a ese mismo mar que vio nacer civilizaciones y que ahora asiste, impasible, a su destrucción. Porque hablar de Palestina es hablar del Mediterráneo; como hablar de Venezuela, de Cuba o de Nicaragua es hablar del Caribe. Cada mar guarda un eco del mismo conflicto: el poder y su intento eterno por dominar el paso, el puerto y la ruta.
Cuando los reinos de Castilla y Portugal se lanzaron a la expansión ultramarina, el Mediterráneo se proyectó hacia el Atlántico. Los mapas se extendieron y, con ellos, el deseo de oro y de dominio. El «nuevo mundo», que era mundo desde mucho antes de ser descubierto por los europeos, se convirtió en un nuevo tablero de ajedrez, con un nuevo mar, el Caribe, donde estas potencias europeas emulaban sus estrategias de saqueo, entrenadas durante siglos en el mar Mediterráneo.
Los galeones que cruzaban entre La Habana y Sevilla llevaban en sus entrañas el oro y la sangre de un continente entero.
A los barcos de esclavos, se unieron los piratas. Sin embargo, lejos de lo que nos presentan las películas, los piratas no eran aventureros románticos, sino empleados de Estado, instrumentos del poder inglés, francés u holandés, corsarios con patente de corso para robar en nombre del rey. Y el Caribe, un laboratorio de violencia y acumulación, que daría origen a la economía mundial que más tarde dominaría los bancos, los ejércitos y las corporaciones. Los galeones que cruzaban entre La Habana y Sevilla llevaban en sus entrañas el oro y la sangre de un continente entero.
Y así, el tiempo pasó, pero la lógica no cambió en lo fundamental. La Doctrina Monroe, proclamada en 1823, sustituyó las banderas de los corsarios por la diplomacia de los presidentes: «América para los americanos», dijeron, y con ello quisieron decir «América para los Estados Unidos». Aquel fue el manifiesto del colonialismo moderno, la declaración de una tutela perpetua sobre todo un continente. Desde entonces, cada intento de soberanía en el sur ha sido respondido con invasiones, bloqueos o dictaduras. El Caribe se convirtió en el mare nostrum de Washington.
Ese hilo histórico nos conduce inevitablemente a Trump, que como vemos no inventó nada nuevo. Aunque sea quizás el heredero más grotesco de una larga tradición de corsarios. Su «guerra contra el narcotráfico», esconde la misma motivación que movía a Morgan o a Drake: asegurar el control de las rutas, los puertos y los recursos. Desde los radares del Pentágono hasta las costas de La Guaira, su gobierno envía barcos de guerra a bombardear lanchas humildes de pescadores. Pero no es un hecho aislado, desde el triunfo del chavismo esta es solo la enésima estrategia para derrocar la voluntad de un pueblo.
La Doctrina Monroe, proclamada en 1823, sustituyó las banderas de los corsarios por la diplomacia de los presidentes: «América para los americanos», dijeron, y con ello quisieron decir «América para los Estados Unidos».
Es evidente que no se trata del narcotráfico, sino del petróleo: el mismo oro negro que Eduardo Galeano llamó la última fiebre del Dorado. Como en los viejos tiempos, el botín está en las entrañas de la tierra y en la obediencia de los gobiernos.
La paradoja de Trump, que lleva a discursos incoherentes en horas e incluso acciones antagónicas simultáneas —como comprar petróleo a Venezuela a la par que la amenaza militarmente—, es que pretende restablecer el imperio en un momento en que éste se resquebraja.
Su segundo mandato ha sido la confirmación de una extraña alianza de clase entre elementos con perspectivas e incluso intereses en conflicto, los clásicos halcones conservadores del partido republicano, la cosmogonía MAGA que se cree de verdad que todo se solucionará con un «repliegue», e incluso algunos sectores del capital altamente integrados en el mercado internacional, como las tecnológicas, que aunque tradicionalmente parecían cercanas al partido demócrata, han asumido la aparente propuesta de «consenso» que significaba este segundo mandato del magnate estadounidense. Y más allá de las grietas de esta alianza oligárquica, también nos encontramos con un país devastado por la desigualdad, el racismo o la epidemia de opioides. Una fractura interna que obviamente no se soluciona asesinando pescadores pobres en el mar Caribe.
Como los viejos corsarios que, envejecidos, seguían surcando los océanos por miedo a volver a tierra, EE.UU. parece navegar en busca de una hegemonía que ya no existe. Trump, como sus predecesores, amenaza el Caribe, el mar de China, cree poder decidir el destino del mar Negro o del Levante mediterráneo. Librando con ello la misma batalla: el control de los corredores marítimos, de los recursos energéticos o de las rutas del comercio. Los imperios siempre han necesitado mares, pero los mares también han sido cementerios de imperios.
Mientras el Caribe sigue ahí: como herida y como promesa. Sus aguas han visto pasar galeones y fragatas, invasores y libertadores, e incluso submarinos nazis que querían torpedear el flujo de petróleo venezolano que fue una contribución fundamental para el triunfo del bando aliado en la Segunda Guerra Mundial.

«Rompen el derecho internacional»: Petro critica las maniobras de EE.UU. en el Caribe y Pacífico
Hoy sus aguas reflejan también un nuevo horizonte, el de un mundo que se reorganiza, que busca un equilibrio multipolar, que ya no tolera los monopolios del poder. Los viejos piratas, con sus banderas remendadas, aún navegan, pero el viento ha cambiado de dirección y sus velas roídas por el tiempo terminarán por ceder. Aunque sepamos que morirán matando.
Ese mismo viento —el que sopla desde los pueblos del sur, desde la resistencia de Cuba, la dignidad de Venezuela, la contundencia de Gustavo Petro denunciando esta agresión en sus costas compartidas, el rechazo de Sheinbaum a participar en la cumbre de las Américas, pero también las protestas masivas internacionales de apoyo a la causa palestina— será el que anuncie, una vez más, el principio del fin de otro imperio. Como en aquel Relato de un náufrago con el que García Márquez desnudó la corrupción de una dictadura que fingía tormentas para ocultar su propio contrabando, también hoy los imperios inventan tempestades para esconder sus naufragios.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.
Petro, ¿el nuevo mejor ‘enemigo’ de Trump?

La acusación de «líder del narcotráfico» que el presidente de EE. UU., Donald Trump, lanzó el domingo pasado contra su homólogo colombiano, Gustavo Petro, eleva el nivel de conflicto de Washington no solo con Colombia, sino con toda América Latina.
El señalamiento infundado abre un nuevo flanco diplomático, político y de aires «prebélicos». Además, funciona como una «luz verde» para que los movimientos de derecha radical se envalentonen y suban las apuestas contra líderes democráticamente elegidos que no siguen las líneas ultraconservadoras.
El duro dedo contra Petro llega en un momento delicado. EE.UU. mantiene desplegada una poderosa flota naval con destructores, submarinos nucleares, aviones de última generación y, según algunos medios, unos 10.000 hombres listos para acciones cuyo alcance aún se desconoce.
En el mismo contexto, la fuerza militar estadounidense ha comenzado a bombardear pequeñas embarcaciones en las aguas del Caribe con el argumento de combatir el narcotráfico, sin ofrecer detalles de esos operativos ni las identidades de las víctimas ejecutadas de manera sumaria. Por eso, la panorámica plantea interrogantes sobre la suerte de Petro en un futuro próximo.
Conflicto corto, pero intenso
Apenas Trump asumió el poder en enero y comenzaron las repatriaciones masivas de migrantes, el primero que protestó —e incluso devolvió los aviones de repatriados— fue Petro. El 26 de enero, el mandatario colombiano se negó a recibir vuelos porque los deportados, sus connacionales, llegaban esposados y maltratados.
En ese momento, el mandatario colombiano exigió un protocolo que garantizara un trato digno. Luego, en varias ocasiones, Petro fustigó a Washington por la forma en que la administración estadounidense estaba cercando y actuando sobre Venezuela, y fue el primer líder en calificar de asesinato el bombardeo de lanchas.
El duro dedo contra Petro llega en un momento delicado. EE.UU. mantiene desplegada una poderosa flota naval con destructores, submarinos nucleares, aviones de última generación y, según algunos medios, unos 10.000 hombres listos para acciones cuyo alcance aún se desconoce.
El punto álgido llegó cuando Petro pronunció su discurso ante la Asamblea General de la ONU a favor de Palestina y, el 26 de septiembre, participó activamente en una marcha en las calles de Nueva York donde llamó a «desobedecer las órdenes de Trump», en un mensaje dirigido también a los militares estadounidenses. Allí cruzó la «línea roja» de la Casa Blanca, que le revocó la visa. Ahora, para comenzar la semana, el republicano le lanza algo más que dardos.
El propio Trump dio la orden de eliminar los pagos y subsidios de seguridad que EE.UU. otorga a Colombia y amenazó con «cerrar los campos de exterminio», en referencia a los lugares donde se siembra o procesa la cocaína, lo que implicaría atacar militarmente territorio colombiano.
A esta disputa se suma la amenaza constante de imponer aranceles a Colombia, que ya alcanzan el 10 % desde abril, con advertencias de aumentarlos al 25 %. Tras el reciente encontronazo, la promesa de un incremento está latente.
El mensaje de Trump a la región parece claro. Mientras otorga una onerosa ayuda al presidente argentino Javier Milei por sus afinidades ideológicas, justo antes de las elecciones de medio término, se enfila contra el líder izquierdista colombiano y empieza a abrir el campo de posibles acciones militares en América Latina, ya no solo contra un país, sino contra varios en paralelo.
Pero Petro no se ha amilanado. Se ha convertido en una especie de vocero latinoamericano del «No Kings«, como se autodenominan las marchas antitrump en EE. UU. A diferencia de otros líderes —incluso de la izquierda radical— que han preferido un lenguaje moderado o la «cero confrontación», el mandatario colombiano ha optado por la frontalidad.
Todo esto ocurre en una región sin la mínima articulación o coordinación para enfrentar esta nueva era agresiva de la política estadounidense, lo que abre una nueva etapa en las relaciones entre EE.UU. y América Latina, históricamente marcada por la dependencia y la cercanía geográfica.
Todo esto ocurre en una región sin la mínima articulación o coordinación para enfrentar esta nueva era agresiva de la política estadounidense, lo que abre una nueva etapa en las relaciones entre EE.UU. y América Latina, históricamente marcada por la dependencia y la cercanía geográfica.
La campaña del Caribe
En medio de esta descoordinación regional, Petro se ha convertido en una «piedra en el zapato» para el despliegue de tropas en el Caribe. Ha sido la voz más consistente y firme del continente, y ha «sacado punta» a cada error de la campaña militar, como los ataques a lanchas de pescadores de Trinidad y Tobago y de Colombia, episodios que debilitan la operación y amplían su foco de manera desmesurada.
Las resistencias dentro del propio EE. UU. han roto el consenso que existía en el Congreso. Los dos principales partidos, que antes impulsaron cohesionadamente el intento de «gobierno paralelo» de Juan Guaidó en Venezuela, ahora se enfrentan. Desde comienzos de octubre, el Partido Demócrata y al menos dos representantes republicanos intentan bloquear la iniciativa.
A esto se suman las dudas en torno a la renuncia del jefe del Comando Sur, el almirante Alvin Holsey, por razones aún no confirmadas. Según medios estadounidenses, habría mostrado discrepancias con el despliegue militar, lo que alimenta los rumores de malestar en las Fuerzas Armadas, sobre todo tras la célebre reunión del alto mando con el ministro de Guerra, Pete Hegseth, y el propio Trump, en la que se dictaron órdenes de manera atropellada.

Maduro: «Lo que sea con Colombia, es con Venezuela»
El panorama parece ir en dirección contraria al discurso de Trump y su gabinete, que hablan de la casi inevitabilidad de una segunda fase de la campaña en el Caribe, en la que atacarían tierra firme. Ahora el foco de la Casa Blanca no solo está en Venezuela, sino que también parece apuntar a Colombia.
En este escenario confuso, el liderazgo de Petro descoloca los planes. Atacar Colombia abriría aún más el flanco y desataría un rechazo regional mucho mayor. Además, habría que observar el efecto interno en EE.UU., donde millones se movilizan contra Trump y en varios estados la desobediencia civil alcanza altos cargos y cuerpos policiales.
El escenario es claramente delicado, pero aún no se sabe cuál será el punto de mayor impacto si se inician más acciones militares: si en un Caribe desprotegido o en una potencia que empieza a mostrar fisuras internas.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.
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