Eduardo Lalo: “Otra época”
En un desarrollo chocante en la nación estadounidense, por primera vez en un siglo, más del 50% de los graduandos de escuela superior expresan no tener interés en asistir a la Universidad, destaca Eduardo Lalo


Federico Cintrón Fiallo

Desde hace unos años el mundo, nuestro tiempo, parece estar en una transición de grandes proporciones. La evidencia para esto no resulta siempre clara. Más que por un hecho o una causa, este tránsito se lleva a cabo por acontecimientos trastornadores en diversos campos, a lo largo de muchas regiones del mundo. Como siempre, estos fueron determinados por lo que se venía fraguando, tanto como por el “oportunismo” casi bacteriano de los nuevos eventos. Muchos de los cambios, por ejemplo, están determinados por desarrollos tecnológicos, pero su implantación e influencia aceleradas serían imposibles de explicar si no hubieran mediado los años de una pandemia, que afectó prácticamente todos los sectores y actividades en el mundo. Unos y otros eventos y circunstancias se retroalimentan e influyen, potenciando de esta manera sus efectos.
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Parecería que el desarrollo tecnológico más determinante de estos años es la Inteligencia Artificial (IA). Para el público que la conoce y utiliza desde hace poco tiempo, las cuotas de ingenuidad sobre ella son enormes. En columnas anteriores, he tratado su generalización reciente y los efectos dramáticos (y fundamentalmente negativos) que ha causado en la educación. Sin embargo, el público general la percibe desde una superficial perspectiva asociada al progreso y, en este sentido, podría comparar su irrupción al paso del disco de pasta al CD. No obstante, el asunto acarrea fuerzas incontenibles que nos llevan, que acaso nos han hecho entrar ya a otra época.
Según Leopold Aschenbrenner, quien fuera investigador en OpenAI, el momento en que esta tecnología superará la capacidad humana será en 2027. Es decir, la frontera del futuro no es frontera, sino vecindad. Según Aschenbrenner, se puede suponer que para esa fecha (en apenas dos años), los modelos de IA podrán suplantar la labor de los investigadores e ingenieros responsables de crearla. En ese momento, por tanto en apenas dos años, se habría llegado al punto en que los investigadores e ingenieros serían sustituibles por la tecnología que habrían desarrollado, y la IA, según Aschenbrenner, sería auto generativa. Las implicaciones de este desarrollo, en apariencia, según muchos expertos, tan próximo, acarrearían la sustitución de la labor y, lo que es más importante, el pensamiento humano, por modelos de IA que podrían funcionar en un bucle de autogeneración y autosuficiencia.
Las consecuencias de algo que aún no ha ocurrido del todo ya empiezan a manifestarse. Este año, los índices de desempleo entre los estudiantes graduados de universidades estadounidenses fueron superiores a la tasa de desempleo general en esa nación. La causa, según expertos en el tema, podría atribuirse a la automatización de labores generada por la IA. Igualmente, en un desarrollo chocante en la nación estadounidense, por primera vez en un siglo, más del 50% de los graduandos de escuela superior expresan no tener interés en asistir a la universidad.
Según un reciente artículo en The New Yorker, los altos ejecutivos de las más importantes empresas tecnológicas han puesto en marcha un programa que ha eliminado miles de posiciones, dejando sin empleo a incontables trabajadores con las más altas calificaciones académicas. La razón para esto sería el ir “limpiando” el terreno para la implantación de modelos más abarcadores de IA.
En otro orden de cosas, pero en relación directa y exponencial con lo que ya he tratado en este escrito, las estadísticas del Departamento de Educación establecen que el 54% de los adultos estadounidenses tienen una capacidad de lectura inferior al sexto grado. Esto significa que no leen o prácticamente nunca lo hacen. Este porcentaje de adultos con analfabetismo completo o funcional suma 130 millones de estadounidenses, según cifras oficiales de su gobierno. Ya existen, aplicaciones de IA con las que si se toma una foto a un texto, esta la lee en voz alta. La aplicación para teléfonos inteligentes tiene además la “ventaja” de que puede “leer” a altas velocidades y se puede escoger entre las diversas voces que la tecnología provee o grabar la propia para que, mediante IA, se cree la ilusión de que es uno mismo el que lee.
Una profesora universitaria me alertaba que, aun para hacer un comentario en clase, sus estudiantes recurrían a programas de IA. Parecería que el cuerpo humano, y sus potenciales desarrollos, han sido abandonados. Incluso en lo relativo a la sexualidad y las relaciones afectivas, se da un progresivo abandono de lo corpóreo, al punto que psicólogos y psiquiatras de muchas partes del mundo, comienzan a tratar desórdenes de “intimidad artificial”. En estos, el humano prefiere un sustituto hecho a la medida de sus deseos que una relación cuerpo a cuerpo, mente a mente. Si se examina desde cierta perspectiva, el fenómeno conlleva una potenciación del onanismo e implica un rechazo de los lazos sociales, sean estos de pareja o de familia. El tiempo pasado ante la pantalla se consustancia con la vida y la vida como la conocíamos desaparece en la relación casi exclusiva con la pantalla.
Por último, acerquémonos muy parcialmente a las dimensiones políticas de estos desarrollos. Ya que en nuestro país, su gobierno está en una especie de coma, causada por el terror de que Washington se acuerde que Puerto Rico y un partido estadoísta existen, usemos mejor al híper visible Trump.
Para muestra un botón: desde el 2 de septiembre, independientemente de lo que pueda pensar sobre el gobierno venezolano, fuerzas militares de Estados Unidos han bombardeado sin previo aviso a diez pequeñas embarcaciones cerca de la costa de Venezuela, asesinando de esta manera a 46 personas. Trump ha justificado la acción extrajudicial arguyendo que se trata de un asunto de defensa nacional, ya que las drogas traídas de esa región causaron más de 300,000 muertes el pasado año. Estas declaraciones chocan con la realidad de que, según cifras oficiales, el número de muertes anuales por consumo de drogas en Estados Unidos es de aproximadamente 80,000. Es decir, 220,000 muertes menos que lo alegado por el nuevo arquitecto sin estudios ni licencia de la Casa Blanca. Los 80,000 fallecidos fueron en su enorme mayoría a causa del fentanilo, droga que la Guardia Costanera afirma que nunca ha encontrado en aguas caribeñas. No empece a esto, Trump aseguró que cada pequeña embarcación bombardeada sería responsable de 25,000 sobredosis mortales. Siete por 25,000 igual a 175,000. Si se sigue esta lógica sin pies ni cabeza y se bombardean siete botes más se resolvería con creces el problema de las drogas en Estados Unidos.
¿Quién se entera de la retahíla de mentiras y el abuso de poder cuando se vive consustanciado con una pantalla que sustituye cuerpo y mundo?
Ya son cosas y horrores de otra época.PUBLICIDAD
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