Celebremos sin complejos la victoria de Zohran Mamdani

Zohran Mamdani durante su campaña electoral. – Twitter/X: @ZohranKMamdani

Manu Pineda

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En mi opinión, hay dos características que definen a determinados sectores de la izquierda en los últimos años. La primera es la tendencia a dividirnos hasta llegar al átomo; se bromea con aquello de que donde se encuentran dos militantes de izquierdas, surgen tres partidos distintos. La segunda es la incapacidad de celebrar nuestras victorias: incluso si alcanzamos el 98% de nuestros objetivos, convertimos el 2% restante en una derrota absoluta, como si el no haber llegado al 100% invalidara todo lo conquistado. Esa es una tragedia para la izquierda. Y lo es especialmente hoy, cuando deberíamos estar celebrando lo que significa que el nuevo alcalde de Nueva York sea un socialista declarado, que denuncia sin ambigüedades la colonización supremacista y genocida israelí de Palestina y que defiende a la causa palestina sin eufemismos ni titubeos. Ese hecho, por sí mismo, es una victoria profunda. Y merece ser celebrada.

Lo ocurrido en Nueva York no es algo menor ni un gesto simbólico aislado. Es la conquista de un espacio de poder en el corazón mismo del imperio. Y, además, una conquista lograda no a través de la adaptación al discurso dominante, sino desde una posición política clara, frontal, sin complejos. Zohran Mamdani no ha llegado a la alcaldía ocultando que es socialista: ha llegado afirmándolo. No ha suavizado su posición respecto a Palestina para hacerla “aceptable”: ha llegado levantando la bandera palestina en la capital financiera del mundo. Ha denunciado el supremacismo colonial y la violencia estructural que sostiene al régimen genocida israelí. Y lo ha hecho construyendo alianzas multirraciales e intercomunitarias, bajo la convicción de que la liberación es una tarea colectiva, no la suma aislada de causas particulares.

Cuando hablamos de victoria, hablamos de esto: de un avance real en la correlación de fuerzas. Lenin lo explicó con precisión al defender la política de frente único: “Debemos aprender a avanzar un paso sin perder de vista el siguiente, y para avanzar un paso es necesario marchar con quienes comparten ese paso, aunque no compartan el camino entero.” Años después, Fidel lo expresaría con la misma claridad: “La unidad no se decreta; se construye en la lucha. Y se construye con todos los que estén dispuestos a luchar, aunque no pensemos igual.” Y Dimitrov, enfrentándose al ascenso del fascismo, lo sintetizó en una frase que sigue iluminando nuestro presente: “La unidad es la organización de la esperanza.”

Eso es lo que celebramos hoy: la organización de la esperanza en un momento histórico en el que el cinismo y la desesperanza se han convertido en herramientas del enemigo.

La victoria de Mamdani rompe varios relatos impuestos por el poder. Rompe la supuesta inevitabilidad del neoliberalismo. Rompe el intento de aislar a Palestina detrás de un muro mediático y moral. Rompe el relato de que las grandes ciudades están condenadas a ser administraciones dóciles del capital corporativo. Rompe el dogma de que la izquierda solo puede resistir, pero nunca gobernar.

Y al romper esos relatos, abre una posibilidad histórica. Una victoria puede convertirse en referencia, en escuela, en motor de nuevas luchas. Lenin llamó a esto “posiciones conquistadas”, trincheras desde las que preparar las ofensivas futuras. Fidel recordó que “una victoria que no se defiende, se pierde; una victoria que no se comprende, se diluye.”

Por eso celebrar hoy no es un gesto emocional. Es una responsabilidad política.

No hablo de triunfalismo vacío. Hablo de comprender que la alegría también es organización. Que la victoria también es disciplina. Que la esperanza también es fuerza material. Y que el pesimismo —como decía Fidel— “es contrarrevolucionario” no porque ignore la realidad, sino porque la paraliza.

Hay quien dirá: “Pero Mamdani no es Lenin.” Por supuesto que no. A nadie se le ocurriría decir o pensar eso.

Lo que importa no es la figura individual, sino la ruptura estructural que simboliza su victoria: la posibilidad real de conquistar poder en el corazón económico del imperio desde una posición socialista internacionalista, que defiende sin miedo a Palestina y abre horizonte.

No celebramos un nombre. Celebramos una grieta en el muro.

Celebremos sin complejos. Celebremos porque hemos ganado. Celebremos porque lo que parecía imposible puede que esté sucediendo. Celebremos porque la alegría colectiva es energía política. Celebremos porque la esperanza organizada es más temible para el enemigo que cualquier consigna espectacular. Celebremos porque lo contrario de celebrar no es la crítica: es la parálisis.

Celebremos esta victoria, y trabajemos para convertirla en punto de partida y no en punto final.

Porque lo más valioso en política no es solo lo conquistado, sino lo que esa conquista hace posible.

Manu Pineda, responsable del Área Internacional del PCE

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EEUU Socialismo Zohran Mamdani


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