Brasil: en el reino del jaguar y la anaconda gigante
Un recorrido fotográfico por el bosque amazónico, donde viven algunos de los depredadores más impresionantes. 8 imágenes no aptas para asustadizos.


Gotzon Mantuliz y Rafa Fernández Caballero
En una remota llanura inundable de Brasil, donde el bosque amazónico se abre paso entre ríos lentos, lagunas y corredores de selva, conviven algunos de los depredadores más impresionantes del continente. En este mosaico de agua y vegetación, el jaguar patrulla las orillas y la anaconda gigante se oculta entre raíces sumergidas y márgenes encharcados. Hasta aquí viajamos con un objetivo ambicioso: documentar en un mismo viaje a los dos grandes depredadores de Sudamérica en su ecosistema acuático. Era un proyecto complejo que requería días de navegación, paciencia y una lectura constante del comportamiento de cada especie.
Al acecho
Durante varios días recorrimos en barca un río flanqueado por selva densa, acompañados por un guía local. Era la época en la que los jaguares se acercan a las riberas para cazar caimanes y, desde el primer día, los encuentros comenzaron a sucederse. El primer avistamiento fue breve: un jaguar cruzando entre la vegetación. Apenas unos segundos bastaron para entender su presencia dominante en el área.
Al día siguiente encontramos una vaca muerta atrapada en un banco de arena. Una hembra de jaguar salió de la selva, cruzó la corriente con decisión y se abrió paso entre los buitres para defender la carroña.
La observamos alimentarse durante varios minutos y regresar en repetidas ocasiones desde la orilla. Su insistencia y el comportamiento de vigilancia hacia la maleza indicaban que podía tener crías cerca. En días posteriores observamos varios individuos más, incluida una caza fallida de un juvenil. Para cubrir más terreno decidimos dividirnos en dos embarcaciones en comunicación por radio. Fue entonces cuando apareció un gran macho.
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Hacia el cuello del caimán
Avanzaba río abajo con una actitud firme. A su paso, los caimanes se sumergían y huían metros antes de que llegara, como si reconocieran el peligro. En un tramo, una de las barcas quedó atrapada en la vegetación. El jaguar pasó a escasos metros, observó a uno de los miembros del equipo y continuó su trayecto sin detenerse, recordándonos hasta qué punto estos animales pueden interactuar con quienes trabajamos en su territorio.
Poco después, en una curva del río, centró su atención en un caimán aparentemente inmóvil. Se deslizó dejando solo los ojos fuera del agua. Tras unos segundos, se lanzó con precisión hacia el cuello de la presa. Ambos animales desaparecieron bajo la superficie.
El jaguar emergió sujetando al caimán por la garganta. Tras un breve forcejeo, arrastró al reptil hasta la orilla y trepó un talud de casi dos metros con una fuerza que impresionaba en directo. Desapareció entre la vegetación llevando la presa, en una de las escenas más difíciles de documentar en estado salvaje.

El rastro de una anaconda gigante
Tras los encuentros con el jaguar nos desplazamos hacia una zona de aguas más claras del humedal, en el estado de Mato Grosso, con la idea de localizar a la anaconda verde (Eunectes murinus). Es el reptil más pesado del planeta y uno de los depredadores más discretos de la región. Nada más llegar, el guía local nos confirmó que el día anterior había visto a una anaconda cazar una capibara.
En la orilla se apreciaba la vegetación aplastada y el rastro de un cuerpo muy grande desplazándose hacia el agua. Decidimos revisar la zona con dron. En una de las orillas detectamos un objeto alargado. Al acercarnos comprobamos que era la piel mudada de una anaconda de entre seis y siete metros, con un grosor de alrededor de treinta centímetros.
La presencia de una muda de ese tamaño confirmaba que en el área vivía un individuo excepcional. Intentamos entrar al agua, pero la visibilidad era nula y el fondo estaba formado por una capa profunda de barro que limitaba el movimiento. En esas condiciones no tenía sentido continuar.

Del pequeño encuentro al gigante
A la mañana siguiente localizamos un ejemplar joven de unos dos metros. El agua era más transparente y pudimos observarlo durante un corto intervalo antes de que levantara sedimento y desapareciera. Mientras comentábamos el hallazgo recibimos un aviso por radio: río abajo habían visto una anaconda de gran tamaño. Al llegar al punto indicado, el guía local pensó inicialmente que se trataba de dos serpientes, algo muy poco habitual. Solo al observarla con más calma comprendimos que era un único individuo de dimensiones extraordinarias.

Brasil: en el reino del jaguar y la anaconda gigante
Entramos al agua y esperamos. Minutos después, la serpiente comenzó a avanzar lentamente hacia nuestra posición. Su cuerpo, muy grueso y continuo, parecía no tener fin mientras se desplazaba entre ramas hundidas. Estimamos que podía estar cerca de los ocho metros, una talla máxima para la especie. En aguas claras y con haces de luz filtrándose entre los árboles, la anaconda se acercó a pocos centímetros de las cúpulas de las cámaras. Su cuerpo superaba claramente el grosor de los buceadores. Estudios previos indican que una anaconda de esta talla puede superar los 200 kilos y consumir presas de hasta 100 kilos de peso.

Un encuentro excepcional
Durante unos treinta minutos nadó alrededor del equipo con movimientos lentos y controlados, antes de desaparecer bajo una cavidad en el fondo. El encuentro permitió registrar imágenes detalladas de un ejemplar de talla excepcional en condiciones óptimas de visibilidad, algo extremadamente difícil en este ecosistema.

Entorno vulnerable
Estos humedales brasileños, situados entre la selva amazónica y áreas de sabana inundable, son uno de los pocos lugares del mundo donde se pueden observar jaguares cazando caimanes y anacondas gigantes utilizando el agua como refugio. Sin embargo, se trata de un entorno vulnerable amenazado por la deforestación, los incendios, los cambios en los ciclos naturales de inundación y la presión humana.

La convivencia
Los encuentros registrados muestran la importancia de conservar estos paisajes y proteger un ecosistema en el que jaguares, anacondas, caimanes, capibaras y numerosas especies más mantienen un equilibrio único en el continente.
Y si queréis ver cómo vivimos cada encuentro —desde el primer rastro hasta el cara a cara final— podéis acompañarnos en el episodio dedicado a esta expedición en Cazadores de Imágenes.
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