La antigua base naval en Ceiba alberga, nuevamente, desde personal activo hasta naves de combate.
Entre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Coincidiendo con el aumento en las tensiones entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela, la antigua base naval Roosevelt Roads recobró parte de la vida que alguna vez exhibió, previo a su cierre el 31 de marzo de 2004. En primer plano aparece un avión de recarga aérea de combustible KC-130J Super Hercules de la Infantería de Marina, y detrás, un avion de carca C-130 Hercules de la Fuerza Aérea con base en Little Rock, Arkansas. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Durante una visita reciente de El Nuevo Día, 13 aviones F/A-18 y F-35 estaban estacionados en la pista del aeropuerto José Aponte de la Torre. En la foto se aprecian siete aviones de ataque furtivos (stealth) Lockheed Martin F-35, aunque no se aprecian la variante. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. El ambiente en la base coincide con la emisión de nuevos Avisos para Misiones Aéreas (NOTAMs, en inglés) con restricciones temporales de vuelo, por parte de la Administración Federal de Aviación. La foto muestra tres aviones de ataque McDonnell Douglas AV-8B Harrier II Plus de la Infantería de Marina. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. En la base, en la que este medio también observó varias naves despegando, la acción se concentra en el aeropuerto y sus inmediaciones. El F-35 es el avión que reemplazará los F/A-18 utilizados tanto por la Marina de Guerra como por la Infantería de la Marina y la Fuerza Aérea. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. A los militares, se les ve al mando de la torre de control del aeropuerto y resguardando con armas el portón que da acceso a ese recinto. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Desde septiembre pasado, luego de que el presidente Donald Trump anunciara una ofensiva contra su homólogo Nicolás Maduro, a quien acusa de dirigir un cártel que mueve drogas de Venezuela a Estados Unidos, volvieron militares a la base. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Hay barracas cercanas al aeropuerto para los militares, además de carretones de comida para su alimentación en un espacio entre el terminal y la torre de control. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Con la llegada, los ceibeños comenzaron a revivir estampas que dejaron atrás hace más de 20 años. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Los ceibeños están divididos entre quienes favorecen la reapertura de la base a plenitud y, por lo tanto, aplauden la llegada de los militares, y otros que piensan lo contrario. En la foto, un F-35 aterriza en la base de Ceiba. – Xavier AraújoEntre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Ceiba muestra su cercanía con la milicia no solo por los restos de Roosevelt Roads, sino a través de murales. – Xavier Araújo
Esta marcha de gigantes no se detendrá hasta revolcar completas las estructuras que oprimen a los trabajadores
Son las fuerzas motrices de la revolución social ante la total e irreversible bancarrota económica del país, matizada por la rapacidad del imperio cuyas garras (léase Junta de Control Fiscal extranjera) se ensañan contra los trabajadores y los sectores más humildes del pueblo.
El momento requiere el reencuentro de los cuadros políticos que este gran movimiento obrero ha ido templando a lo largo de las últimas décadas para articular esta vanguardia dispersa y reconstruir el partido obrero. Ése es el futuro de esta lucha social.
La combatividad de los maestros tiene un efecto multiplicador en la formación de la conciencia social general del pueblo por su particular función hegemónica en el salón de clases.
Existe un malestar acumulado que desata a cada momento la furia del pueblo, como la gota al tope que una copa llena, es la gota que la desborda. El gobernador Pierluisi trató una semana antes de la última convocatoria de calmar los ánimos de unas masas del pueblo que pocos años antes habían tumbado un gobernador de su propio partido, anunciando un aumento salarial temporero, pero su táctica se le revirtió en contra, y tuvo que recibir en Fortaleza al liderato de esos trabajadores, con las grandes masas enardecidas fuera de sus portones, al mismo liderato obrero que una y otra vez se había negado a recibir. Los gobernantes arrogantes no conocen otro lenguaje que el lenguaje de la fuerza, y esa fuerza de las masas de obreros y trabajadores es la que hay que saber articular ahora para construir órganos de poder permanente.
Nuestras luchas sociales han adolecido de fallas adjudicables a su liderato histórico, fallas de las que las nuevas generaciones de luchadores han de tomar nota. Ha faltado una estrategia política obrera, es decir, un plan de largo alcance que trascienda la inmediatez de las luchas sindicales y se fije metas contra la estructura capitalista de opresión. Los marxistas en sus luchas históricas, en particular Lenin y la experiencia rusa, nos aleccionaron sobre esto.
Y lo previmos en Puerto Rico cuando fundamos el Partido Comunista en 1934 y el Partido Socialista (PSP) en 1971. Es, visto en retrospectiva, experiencia acumulada que apunta hacia la necesidad de la organización política de los trabajadores. Hay que aprender de nuestra experiencia al nivel nacional e internacional, pues es lo que termina cuajando en una teoría revolucionaria específica para nuestra formación social.
Es importante señalarnos a nosotros mismos que las ideas se desarrollan en la acción revolucionaria, no en la exégesis acrítica de la teoría. Por ello, en la praxis marxista y en el fervor de la militancia revolucionaria, teoría y práctica son inseparables. Es por eso que sostenemos que la teoría, en la acción revolucionaria, no es para las academias (en alto despiste en Puerto Rico), como tampoco la acción de la militancia lo es solo para las organizaciones revolucionarias, cuyos errores en la percepción de la realidad y sectarismos absurdos son cada vez más frecuentes.
La lectura apresurada y superficial de la historia por parte de los cuadros al frente de movimientos reivindicativos lleva a acciones y decisiones políticas erradas y de consecuencias fatales para la revolución. Tal, por ejemplo, el monstruo auto creado de la anexión[1] que condujo a un sector del independentismo, elección tras elección, a aliarse con los llamados autonomistas, yerro que terminó perpetuando la colonia y, por lo tanto, mantuvo sobre nuestras cabezas el mentado “monstruo”. Es una paradoja que solo el movimiento obrero, con una política clasista consecuente, ha de romper.
De nuevo, pero ahora con lentitud y con demasiada incoherencia, los vientos están cambiando. La oposición a la venta de la Telefónica en los años noventa, el éxito alcanzado por las grandes movilizaciones de masas contra la Marina de los Estados Unidos en Vieques, las luchas sindicales y políticas del movimiento estudiantil y obrero en defensa de la universidad pública y contra la legislación anti obrera son muestras de este despertar. Cientos de miles de trabajadoras y trabajadores movilizados en verano de 2019 desplegando una fuerza tal que lograron la renuncia de un gobernador inepto e inmoral es muestra de que renace la voluntad de lucha de los trabajadores en Puerto Rico.
Los maestros lo demostraron una y mil veces en los últimos veinte años. Las manifestaciones del magisterio de febrero de 2022 es la lección que nos continúan ofreciendo estos combativos educadores, quienes continuamente sacan el pupitre a la calle para continuar educando.La combatividad de los maestros es un efecto multiplicador en la formación de la conciencia social general del pueblo por su particular función hegemónica en el salón de clases del sector público.
Lo importante ahora es reconstruir esas fuerzas dispersas en nuevos esfuerzos organizativos con metas realista hacia la transformación social. Las movilizaciones de pobladores y sectores desposeídos, junto a los sectores organizados del movimiento obrero, por cambios fundamentales en la estructura social habrán de cimentar la unidad de clase de la gran masa de trabajadores. La cuestión es movilización y organización. Organización para continuar movilizando. Movilización para alcanzar para los trabajadores nuevos estadios de conciencia y poder.
Estamos en medio de una gran coyuntura histórica. Nunca había sido tan descarado el colonialismo y el capitalismo como en esta época. Nunca el imperialismo se había puesto a sí mismo tan al descubierto como en estos tiempos. Nunca la historia de Puerto Rico vio un caos mayor con unos partidos tradicionales que no ofrecen caminos claros. El colapso es no solo de las instituciones, es de todo el sistema de dominación extranjera en Puerto Rico.
[1] La anexión política de Puerto Rico a los Estados Unidos como estado federado de esa nación extranjera.
Como volcán a punto de estallar, una fuerza de inconmesurable poder late entre las masas de trabajadores, desempleados y desposeídos de nuestro país. Su eficaz canalización hacia un cambio social real es tarea urgente de los cuadros políticos de una vanguardia hoy dispersa, formada a lo largo de décadas de luchas sociales.