Boric comienza a despedirse de La Moneda
El presidente de Chile entregará el mando en marzo de 2026 a Jeannette Jara o a José Antonio Kast, el favorito para ganar la segunda vuelta de este domingo



Santiago de Chile – 13 DIC 2025 – 00:30 AST
Cuando por la noche de este domingo 14 de diciembre el Servicio Electoral chileno defina con la rapidez y eficiencia que lo caracteriza cuál de los dos candidatos a la Presidencia de Chile ganó —si Jeannette Jara, militante comunista, representante de las izquierdas, y José Antonio Kast, líder del extremista Partido Republicano, candidato de las derechas—, el presidente Gabriel Boric, militante del Frente Amplio, tomará el teléfono para saludar el triunfador en un mensaje que todos los chilenos podrán observar en sus televisores y teléfonos móviles. Es una tradición en la política chilena y reafirma, una vez más, un camino institucional que ha tenido el país sudamericano desde el retorno a la democracia en 1990, independiente de la ferocidad de cada campaña. Será, de paso, el primer hito de la despedida de Boric de La Moneda, que dejará el Palacio presidencial el 11 de marzo de 2026 y, con 40 años recién cumplidos, se instalará en un curioso papel de expresidente siendo todavía tan joven.

El expresidente Ricardo Lagos (2000-2006) solía repetir una frase que le atribuía a su amigo español, Felipe González: “Los expresidentes son como jarrones chinos en departamentos pequeños. Todos les suponen un gran valor, pero nadie sabe dónde ponerlos y, secretamente, se espera que un niño les dé un codazo y los rompa”. El papel que asuma Boric será complejo: gozará de las dietas y asignaciones para gastos de oficina y personal, como sus antecesores, al igual que las medidas de seguridad que pone a su disposición el Estado de Chile, pero difícilmente se recluirá en una fundación o en algún organismo internacional.
Tampoco le apasionan especialmente los viajes (en las giras presidenciales apenas ha conocido los edificios) ni la idea de seguir estudiando formalmente (es egresado de Derecho en la Universidad de Chile), aunque sí de leer, algo que hace mucho en sus tiempos libres. Boric desafiará la tradición de los expresidentes chilenos, que se instalan en un espacio social importante, pero discreto: seguirá haciendo política, como lo hace desde que era un estudiante de secundaria en su ciudad, Punta Arenas.

Si las encuestas tienen razón, si es Kast quien gana este domingo, Boric tendrá mucho trabajo. La izquierda y centroizquierda chilena se verá ante el inaplazable momento de tener que analizar su papel en el Chile del siglo XXI, donde su discurso no llega a las clases populares. Como sucede en otras partes del mundo, en los sectores menos acomodados de la sociedad la gente respalda opciones de la derecha radical —como Kast, que ha centrado su discurso en el control de la delincuencia, la migración irregular y en el crecimiento económico— y en alternativas populistas, como las de Franco Parisi, que en la primera vuelta de noviembre obtuvo un 20%. El asunto de fondo no se resuelve solamente con la política de alianzas del actual oficialismo que poco y nada entiende la ciudadanía (el centroizquierda agrupado en el llamado Socialismo Democrático, que junto al Frente Amplio de Boric y al Partido Comunista conforman el Gobierno), sino mediante un debate profundo sobre el proyecto que responda a las nuevas preocupaciones de la ciudadanía. En este cuadro, Boric jugará un papel, pero no resulta evidente desde cuándo —probablemente deba guardar silencio durante un período— ni cómo. No será al menos, por lo menos al comienzo, desde una primera línea, y quizá sea desde abajo, desde el territorio, en un concepto que utiliza la nueva generación política de izquierda que él lidera.
Boric llamará a Kast y se reunirá con él la próxima semana, de ganar el ultraconservador las elecciones de este domingo, como todo indica, y será un momento duro para la izquierda chilena, casi inimaginable hace algunos años. A fines de 2021, cuando Boric ganó la presidencial ante el propio Kast, el presidente en ejercicio, Sebastián Piñera, lo llamó en un mensaje muy cordial de parte de ambos. En aquella oportunidad también la escena era surrealista, porque Boric y los suyos se opusieron fuertemente a su gestión, sobre todo tras el estallido social de octubre de 2019, y hasta buscaron derrocarlo en el Parlamento.
Pero Piñera era lo más moderado que haya tenido la derecha chilena —y que probablemente tendrá, como dice el analista Pablo Ortúzar— y Kast representa a un mundo diferente que no ha llegado al Gobierno chileno en los últimos 35 años: un ultraconservador en materia de libertades individuales, poco amigo del Estado y de los funcionarios (quiere recortar 6.500 millones de dólares en los 18 primeros meses de la Administración, aunque ha prometido no tocar los derechos sociales ya adquiridos), representante de una fuerza nueva, como el Partido Republicano, que ha adquirido un peso importante en el Parlamento, pero que no alcanza la mayoría junto a sus socios. Deberán gobernar, dada su falta de cuadros, con los otros sectores de la derecha, sobre todo la moderada de Chile Vamos, la del fallecido Piñera, y esta nueva nomenclatura es todavía un cuadro incierto. La izquierda, dada la conformación, tendrá principalmente un espacio para ejercer la oposición: el Senado.

Parte de la derrota de Jara, de producirse, tendrá relación con el rechazo que tiene el Gobierno de Boric. De acuerdo a la encuesta Cadem del domingo pasado, un 37% aprueba la gestión del presidente y 57% la desaprueba. Es un porcentaje que hubieran querido sus antecesores, porque el respaldo ha sido constante en estos cuatro años, donde promedia en torno a un 30%, pero resulta insuficiente para alcanzar una mayoría. Kast ha catalogado a Jara como la candidata de la continuidad —fue ministra del Trabajo y resulta muy complejo desapegarse de la actual gestión—, mientras ella intenta convencer con dificultades que su propuesta es distinta. Boric y la izquierda, de ganar Kast, iniciarán una larga noche de reflexiones sobre el papel que han jugado desde el Gobierno y desde espacios como la convención constitucional, cuya propuesta extrema de nueva Constitución perdieron por un 62% ante un 38% en septiembre de 2022.
Se le cargará al Ejecutivo un fracaso de Jara, aunque desde 2006 ningún presidente chileno ha pasado la banda presidencial a otro de su mismo signo (siempre ganan las oposiciones). Como dijo en una entrevista con EL PAIS la dirigente socialdemócrata Carolina Tohá, ministra del Interior de Boric hasta marzo pasado, era difícil conquistar La Moneda por el período 2026-2030. Pero no era imposible. “Es verdad que hay que mirar qué se pudo haber hecho mejor”, añadió Tohá, que compitió en las primarias, pero perdió abrumadoramente ante Jara.
Hay quienes aseguran que a Boric le conviene personalmente un triunfo de Kast, por las opciones de conquistar el poder nuevamente, de repetirse este ciclo de cuatro años pendulares entre la derecha y la izquierda. Pero, aunque hay en Boric un ego político evidente, que le hace contestar a los adversarios políticos como Kast y defender su obra —lo hizo especialmente en la campaña de primera vuelta, porque en la segunda etapa se ha controlado—, no resulta claro que el triunfo de la ultra haya formado parte de un plan para regresar en 2030. No es descartable que lo intente nuevamente —en Chile, todos los expresidentes han querido volver— sobre todo considerando su corta edad. La nueva derecha, sin embargo, se propone un ciclo largo, de 8 o 12 años, y esa historia todavía no ha comenzado a escribirse.
Sobre la firma

Rocío MontesVer biografía
El análisis semanal de la actualidad chilena, semanalmente en su bandeja de entrada
Chile El País Chile en Facebook
Chile El País Chile en Instagram
Chile El País Chile en TwitterComentarios8Ir a los comentariosNormas ›
Más información

De Boric a Kast, los desilusionados de la política chilena hacen mover el péndulo: “No cumplió lo que prometió”
Antonia Laborde / Maolis Castro | Santiago de Chile

Pablo Ortúzar: “Boric hizo un Gobierno que no hubiera soñado ni en su peor pesadilla”
Rocío Montes / Andrés Huerta
Archivado En
Kast, una década ensayando para llegar a La Moneda
En su tercer intento por llegar al poder, el candidato ultraconservador aprovecha la histórica sensación de inseguridad en Chile para explotar su programa de mano dura


Santiago de Chile – 13 DIC 2025 – 00:30 AST
En septiembre de 1988 se transmitió la franja electoral del plebiscito para decidir si Augusto Pinochet seguía o no en el poder. En uno de los episodios de la campaña por el Sí apareció un estudiante de 22 años llamado José Antonio Kast. En representación de la comunidad gremialista de la Universidad Católica de Chile, el alumno de Derecho decía estar “convencido” de que la obra del régimen militar iba en “directo beneficio” de su generación. El joven de aspecto germano era el hermano pequeño de Miguel Kast, quien había ejercido como ministro durante la dictadura. Casi 40 años después de aquella aparición televisiva, el abogado, de 59 años, busca por tercera vez llegar a la Presidencia de Chile. Si lo consigue, como indican las encuestas, los chilenos tendrán por primera vez un jefe de Estado que respaldó a Pinochet. “Si estuviera vivo, votaría por mí”, dijo el candidato de las derechas, en su primer intento por arribar a La Moneda, en 2017.
Quizá el mentor más importante del ultraconservador fue Jaime Guzmán, uno de los principales ideólogos de la derecha chilena y fundador de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido doctrinario de su sector –lo asesinaron cuando era senador, en 1991-. Kast lo conoció siendo un universitario y sus convicciones e ideales lo llevaron a enrolarse en su formación. Durante 20 años militó en sus filas, fue concejal y diputado por el partido por cuatro períodos, pero en 2016 renunció tras varios desencuentros con las dirigencias de la vieja guardia y por sentir que ya no defendían los principios morales del proyecto original. “Si logro influir en las personas, claramente seguiré con mis aspiraciones presidenciales”, advirtió en su misiva de despedida. Al año siguiente se lanzó en su aventura por convertirse en jefe de Estado como independiente.
En su primera campaña propuso el cierre de la frontera con Bolivia para controlar el narcotráfico, que en todas las escuelas públicas hubiese un profesor de religión e indultar “a todos aquellos que injusta o inhumanamente están presos” por los casos de violaciones a los derechos humanos de la dictadura militar. Obtuvo el 8% de los votos. El resultado de una campaña austera organizada por un grupo pequeño de díscolos de la derecha tradicional dio cuenta que había un espacio para un discurso más duro. Y Kast tomó nota. En 2021 se volvió a presentar. Venía de fundar el Partido Republicano y el discurso parecía hacer cada vez más eco en la sociedad chilena. En su programa hablaba de una “nueva derecha” que hacía frente al “colapso institucional e ideológico” de su sector, y de una opción política “determinada” a retomar la batalla cultural, ideológica y programática, que defendiera los principios y valores sin complejos.
Empujaba, entre otras cosas, la reducción del Estado, derogar la ley del aborto en tres supuestos y eliminar el Ministerio de la Mujer. En primera vuelta ganó con el 27,8% de los votos y en el balotaje, aunque moderó su discurso, fue derrotado por el izquierdista Gabriel Boric. Tras su fracaso en los comicios, presidió el Political Network for Values (2022-2024), una red ultraconservadora que conecta políticos y activistas de Europa, América Latina, Estados Unidos y África, contraria al “feminismo radical”, a la “ideología de género”, a los homosexuales y, sobre todo, al aborto. Unos días antes de abandonar el cargo en la red, en diciembre de 2024, Kast participó de una cumbre antiabortista en el Senado de España: “Quienes nos caricaturizan en la prensa, quienes desparraman el odio a través de las redes sociales en nuestra contra, son aquellos que nos temen. Y nos temen porque nos saben irreductibles, saben que somos valientes, y que nunca vamos a claudicar en la defensa de estos valores”.
También participó en cumbres de líderes de la ultraderecha global, como la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) de EE UU, o la convención de Vox en Madrid, donde ha coincidido con el español Santiago Abascal, el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, o el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, todos países que ha visitado durante su campaña para adoptar sus ideas en Chile. Además, se reunió con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, con quien habló por teléfono tras pasar a la segunda vuelta, al igual que con el presidente argentino, Javier Milei.
Una de las razones del por qué Kast no ganó en 2021 fue por la movilización del voto femenino y el de los jóvenes para evitarlo. Con eso en cuenta, en este tercer intento el candidato ha dejado atrás lo de defender sin complejos los principios y valores y ha sido muy cuidadoso en no ahondar en sus posturas sobre libertades individuales o su defensa al legado de la dictadura de Augusto Pinochet. El padre de nueve hijos, casado con la abogada Pía Adriasola, y adherente del movimiento de Schoenstatt, diseñó una campaña que no diera espacios a herir sensibilidades de los electorados que históricamente le han rehuido. El discurso se ha centrado en una batería de medidas para un “Gobierno de emergencia”, enfocadas en seguridad, crecimiento económico y control migratorio, las principales preocupaciones de los chilenos.
El silencio de Kast sobre la llamada agenda valórica ha hecho más fácil el apoyo de las figuras más liberales de su sector, presentándose como la opción de las derechas chilenas, sin peros: desde la libertaria hasta la más centrista. El republicano, sin embargo, ha dicho que no ha cambiado sus convicciones, como su rechazo al matrimonio homosexual, a la píldora del día después, a la ley de identidad de género, por mencionar algunas. “Soy un hombre de convicciones, defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, ha dicho en la campaña. Y también ha advertido: “Vamos a volver a hablar de Dios, de la Patria y de la familia”.
Ya hay voces dentro del ala radical de la derecha que han manifestado las presiones que ejercerán en el Congreso para discutir la denominada batalla cultural, que chocan con las del sector más liberal del sector. La capacidad de liderazgo de Kast, si resulta electo, como indican todas las encuestas antes de la veda de 15 días previos a los comicios, se pondrá a prueba a partir de marzo de 2026, una década después de renunciar a la UDI y confesar sus aspiraciones presidenciales. Su formación nunca ha gobernado, por lo que es una incógnita si impulsará sus posturas del pasado o las de 2025.
Sobre la firma

Antonia Laborde – twitterVer biografía
El análisis semanal de la actualidad chilena, semanalmente en su bandeja de entrada
Chile El País Chile en Facebook
Chile El País Chile en Instagram
Chile El País Chile en TwitterComentarios0Ir a los comentariosNormas ›
Más información

Las convicciones ultraconservadoras de Kast, aunque ya no las diga
Antonia Laborde | Santiago de Chile

Kast, el ultraderechista que no quiere parecerlo
Antonia Laborde | Santiago de Chile
Archivado En
Jeannette Jara, la comunista que busca el centro
Para ampliar su electorado, la exministra del Trabajo de Boric ha tenido que tomar distancia tanto del Partido Comunista, en el que milita hace 37 años, como del presidente


Santiago de Chile – 13 DIC 2025 – 00:30 AST
El liderazgo de Jeannette Jara (Santiago, 51 años) arrancó en 1997, cuando fue presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile. Y aunque fue subsecretaria de Previsión Social durante dos años en el segundo Gobierno de la socialista Michelle Bachelet (2006-2010, 2014-2018), fue a partir de marzo de 2022, cuando asumió como ministra del Trabajo del frenteamplista Gabriel Boric, que se hizo popular. Tanto así, que en tres años se convirtió en la principal figura de la izquierda chilena, llevando sorpresivamente al Partido Comunista (PC), en el que milita desde los 14 años, a una posición tan protagónica como inédita: es primera vez que la formación tiene una candidatura competitiva a La Moneda. En junio ganó ampliamente las elecciones primarias del sector, con un 60%, a la socialdemócrata Carolina Tohá, exministra del Interior, y el 16 de noviembre pasó al desempate frente a José Antonio Kast, de la derecha radical, con quien se enfrenta este 14 de diciembre.
Si bien Jara sacó la mayoría en la primera vuelta, con 26,8%, su victoria fue agridulce. Obtuvo menos de lo que su sector esperaba, que tenía como piso el incombustible 30% de respaldo que Boric ha mantenido en su mandato. También, estuvo muy lejos de la expectactiva más optimista, que era acercarse al 38% que en septiembre de 2022 apoyó la propuesta constitucional que impulsó la izquierda más extrema y que se rechazó, rotundamente, por un 62%. Revivir porcentajes como el 38% y el 62% son hoy el mayor temor del oficialismo, en caso de enfrentar una derrota.
Kast le lleva una amplia ventaja en el desempate, según todas las encuestas. Aunque en noviembre salió segundo, con un 23,9%, lo respaldan los otros dos exabanderados de la oposición que compitieron por La Moneda: el libertario Johannes Kaiser (13,9%), de la ultraderecha, y Evelyn Matthei, de la derecha tradicional (12,46%). Junto al republicano suman poco más del 50% y para la victoria se necesita el 50% más uno de los votos.
Jara es reconocida por su carisma y porque en el ministerio mostró capacidad de diálogo. Mientras la Administración de izquierdas lidiaba con una inédita crisis de inseguridad marcada por la irrupción de bandas transnacionales de crimen organizado, la administradora pública y abogada daba noticias positivas: logró sacar adelante tres de las iniciativas más populares del Gobierno de Boric, como el alza histórica del salario mínimo, la ley de las 40 horas que reduce gradualmente la jornada laboral semanal, y la reforma previsional, que contó con el apoyo de la derecha tradicional en el Congreso y que implica el aumento en las jubilaciones.
Esos tres proyectos han sido parte fundamental de su campaña, enfocada en derechos sociales, la seguridad —la principal preocupación de la ciudadanía—, el control de la migración irregular y el crecimiento. Al respecto, una frase que ha reiterado estos mesos, y que ocupó este jueves en el cierre de su campaña en Coquimbo, en la zona centro-norte de Chile, es su promesa de que “el crecimiento llegue a la mesa de todos los chilenos”. Otra, es que los chilenos puedan llegar con sus sueldos a fin de mes, por lo que ha prometido, por ejemplo, que el ingreso vital de los trabajadores pueda subir a 750.000 pesos (795 dólares, y también imponer un sistema de Consumo Eléctrico Vital (CEV) para bajar las cuentas de la luz, entre otras medidas sociales.
Jara arrancó su campaña tanto en las primarias como de cara a la primera vuelta con un relato apoyado en su biografía, pues viene de un origen popular y vivió periodos de pobreza en los que, incluso, ella, sus padres y hermanos, vivieron de allegados en la casa de un familiar. Creció en El Cortijo, una población del municipio de Conchalí, al norte de Santiago. “No vengo de la élite, sino de un Chile que se levanta temprano para trabajar”, ha sido su frase emblema.
Contada así su historia, parece un relato redondo. Pero su campaña ha sido compleja. Su militancia en el PC le ha pesado, tanto así que ha anunciado que, de llegar a La Moneda, renunciará o congelará su adhesión. Durante meses, curiosamente, fue la dirigencia de su partido, que lidera Lautaro Carmona, del ala más dogmática de la formación, que es la mayoritaria, la que complicó varias veces su carrera presidencial.
El PC chileno se sigue definiendo como marxista y leninista y no ha sacado la dictadura del proletariado de su doctrina. Jara, dentro de la formación, es de una generación que tiene cierta distancia con las posturas más dogmáticas, pero le ha costado que parte de la ciudadanía separe su militancia de su liderazgo. Esto, a pesar de que la respalden otros ocho partidos, entre ellos entre ellos la Democracia Cristiana.
Para ampliar su electorado, la exministra del Trabajo ha tenido que ir moderando sus posiciones y mostrarse como una candidata de toda la izquierda. Ha dicho, por ejemplo, que no está “subordinada a las decisiones del PC”. También ha marcado, paulatinamente, diferencias de fondo con su colectividad. Si al arrancar la campaña abrió una controversia al señalar que Cuba tenía un “sistema democrático distinto”, a finales de septiembre admitió que “claramente no es una democracia”. En cambio, con el Gobierno de Nicolás Maduro, al que Boric ha tildado como una dictadura, ha sido más explícita y ha dicho que es “un régimen autoritario”.
La candidata, además, ha tenido que tomar distancia con la Administración de Boric. Y, a pesar a que saca brillo con los tres proyectos estrella sacó adelante mientras fue parte del Gabinete, ha dicho varias veces que no representa la continuidad. Lo ha hecho porque si bien el mandatario tiene un respaldo del 30%, también tiene un alto rechazo, del 62%, lo que la complica. Kast ha sacado provecho de esa cercanía con el presidente. El ultraconservador no solo cataloga al Gobierno actual de “fracasado”, sino que ha dicho que “Jeannette Jara es Gabriel Boric. Con un tono de voz distinto, pero es el mismo proyecto político”. Y suele decir que es “la candidata de la continuidad”.
De cara a la segunda vuelta, Jara ha recorrido Chile de norte a sur, y ha sumado gestos de figuras claves de la izquierda: se reunió con Michelle Bachelet, quien dijo de ella que “es una mujer responsable y dedicada a las políticas públicas”, y con Luisa Durán, esposa del exmandatario socialista Ricardo Lagos (2000-2006), retirado de la vida pública desde mediados de 2024. También tiene el apoyo de Carolina Tohá y de varios populares alcaldes, entre ellos Tomás Vodanovic y Matías Toledo, que representan a Maipú y Puente Alto, los municipios con más votantes del país.
Jeannette Jara cuenta en su equipo con exministros de la exConcertación, la coalición del centroizquierda que gobernó Chile entre 1990 y 2010, como Ricardo Solari, Carlos Ominami y Francisco Vidal. Ha tenido un mes para buscar los nuevos votos a contra reloj y tratar de conquistar a independientes de centro y centroizquierda que no se atrevieron a votar por ella en noviembre. Para ello, ha hecho varios guiños a los votantes del populista Franco Parisi, líder del Partido de la Gente (PDG) y quien salió tercero en la elección, con un 19%. La formación de Parisi ha llamado a votar nulo en la elección.
En los dos debates que antecedieron al desempate, Jara cambió su tono habitual por uno de confrontación frente a Kast, en busca de los votos ‘anti Kast’. Y ha destacado que en la elección de este domingo 14 de diciembre hay dos proyectos muy distintos de país: “Yo creo en una Patria en que nosotros, en vez de odiarnos, nos unamos”.
Sobre la firma

Ana María SanhuezaVer biografía
El análisis semanal de la actualidad chilena, semanalmente en su bandeja de entrada
Chile El País Chile en Facebook
Chile El País Chile en Instagram
Chile El País Chile en TwitterComentarios0Ir a los comentariosNormas ›
Más información

El miedo al comunismo y los temores por la pérdida de derechos sociales mueven la aguja de las elecciones presidenciales en Chile
Maolis Castro / Pedro Schwarze | Santiago de Chile

Francisco Vidal, portavoz de Jeannette Jara: “Nuestro problema es que la derecha radical se metió en el mundo popular”
Ana María Sanhueza | Santiago de Chile
Archivado En
Trascendente elección presidencial en Chile
Los comicios chilenos influirán en el clima electoral de Sudamérica y, especialmente, en Perú


Este domingo, Chile enfrenta una elección presidencial que marcará no solo su rumbo interno, sino que puede impactar en el equilibrio político del cono sur. Los dos proyectos en disputa —Jara y Kast— son antagónicos. Y por eso la región observa con atención: lo que ocurra en Santiago tendrá repercusiones inmediatas en Lima, Buenos Aires, Bogotá y Brasilia.
Jara: transformación democrática
Jara propone reconstruir un Estado social que apunte a mejorar condiciones sociales: una reforma tributaria progresiva, un nuevo sistema de pensiones, fortalecimiento de salud y educación públicas, incremento del sueldo mínimo, igualdad de género como política estructural y una estrategia de desarrollo productivo basada en innovación y transición verde.
Su desafío es demostrar que la transformación democrática es posible sin repetir los errores del frustrado proceso constitucional. Carga con el desgaste del Gobierno Boric, pues se percibe como la continuidad del actual Gobierno, y sus críticos califican sus propuestas como insostenibles desde el punto de vista fiscal.
Kast: orden ¿a costa de derechos?
Kast representa un proyecto de recentralización autoritaria. Su programa contempla ampliar facultades policiales, reducir contrapesos institucionales o endurecer la legislación penal como acciones de “mano dura” contra la delincuencia, y a la vez propone un fuerte recorte fiscal que ayude a regresar a la meta fiscal así como deportaciones masivas.
Reivindica un “orden” inspirado en modelos punitivos como Bukele, con una narrativa que presenta la democracia como obstáculo para la seguridad. Sus críticos señalan que la propuesta de recorte fiscal sería irresponsable, o dudan de que realmente la aplicaría. Señalan un estilo polarizador y que sus propuestas generarían retrocesos en derechos de mujeres y diversidades.
Impacto regional: un efecto de onda
Chile es un polo migratorio clave. Un Gobierno de Kast podría derivar en militarización de fronteras y deportaciones aceleradas, generando presión especialmente sobre Perú y Bolivia. Es un tema que ya está generando titulares en Perú. En términos de seguridad, en una región donde el crimen organizado avanza, la elección chilena puede incidir directamente en la narrativa continental. Si gana Kast, se fortalecería la tendencia hacia la “mano dura”, con pocos contrapesos, y puede estimular campañas similares en países como Perú de cara al 2026. Si gana Jara, se fortalecería el mensaje de que la seguridad exige más Estado e inversión social, no menos democracia.
Perú 2026: el efecto espejo
Las elecciones en Chile influirán en el clima electoral de la región y en Perú. Un triunfo de Kast puede reforzar candidaturas peruanas que explotan miedo y la inseguridad, que plantean mano dura con tendencia al autoritarismo y, a la vez, una política antiinmigrante. A la vez puede reforzar la importancia de la responsabilidad fiscal, en contraste con el déficit fiscal al que llevó en Perú el populismo de los partidos que dominaron el congreso corrupto estos años.
Un triunfo de Jara sugeriría que es posible impulsar reformas sin caer en autoritarismos, y reafirmaría la continuidad de políticas progresistas con énfasis en seguridad inclusiva y derechos humanos, potenciando alianzas. Tal vez, debido a que sería un gobierno de continuidad, con menos impacto en el clima electoral peruano.
El análisis semanal de la actualidad chilena, semanalmente en su bandeja de entrada
Chile El País Chile en Facebook
Chile El País Chile en Instagram
Chile El País Chile en TwitterComentariosIr a los comentariosNormas ›
Más información

Redes criminales y vida silvestre

Chile y Perú: avance coordinado de la ultraderecha
Archivado En
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

































