El rol de Puerto Rico ante el énfasis de Donald Trump a la Doctrina Monroe: ¿incidental o protagónico?
En un vuelco a su política del primer cuatrienio, el presidente estadounidense retoma una visión de control imperialista en Latinoamérica y el Caribe



Por José A. Delgado
Corresponsal de El Nuevo Día en Washington D. C.jose.delgado@gfrmedia.com
Washington D. C. – Puerto Rico ha tenido, en meses recientes, una dosis de lo que Donald Trump describe como su corololario de la Doctrina Monroe: una política pública que afirma con fuerza que Estados Unidos ve otra vez en el Caribe y toda Latinoamérica, sin disimulos, su patio trasero.
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La nueva agenda de Trump, con aspiraciones de policía militar internacional, asomó su intención desde el discurso inaugural de esta presidencia –su segunda–, cuando amenazó con asumir el control del Canal de Panamá, expresó la intención de expandir Estados Unidos hacia Canadá y Groenlandia, y su aludió a su admiración por el presidente Wiliam McKinley, bajo cuya administración se invadió a Puerto Rico en 1898.
Hace unos días, puso su agenda por escrito, al publicar la estrategia de seguridad nacional, con fuerte énfasis comercial y militar. “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave en toda la región”, indicó Trump.
En Washington, el comisionado residente Pablo José Hernández tiene esta semana una reunión con el líder de la minoría en el Comité de Fuerzas Armadas de la Cámara de Representantes, el demócrata Adam Smith (Washington), con el propósito de buscar información sobre el rol que la administración de Trump pudiera quererle dar a Puerto Rico.

Dentro del Grupo de Ataque 12: el USS Gerald R. Ford y la flota que lo protege. El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ordenó, el 24 de octubre de 2025, la movilización del portaaviones USS Gerald R. Ford y de su grupo de ataque, el Grupo de Ataque 12 de la Marina de Guerra, a la zona del Comando Sur, que incluye el Caribe, América del Sur y América Central. – Wikimedia Commons












“Creo que mantendrían un interés en el potencial militar de Puerto Rico para cualquier operación que quieran llevar a cabo en el Caribe, dicen ellos que por razones de narcotráfico. Esperemos que se limite a eso. Me parece a mí que el único interés militar que puede tener Estados Unidos en Puerto Rico ahora mismo es precisamente para combatir el narcotráfico, porque no hay amenazas a la seguridad nacional de otro índole”, sostuvo Hernández, quien hace caucus con la minoría demócrata y defiende el estatus territorial vigente.
Bajo la doctrina del entonces presidente de Estados Unidos, James Monroe, presentada en un mensaje de estado en 1823, Estados Unidos proclamó su intención de ser el poder dominante en el hemisferio occidental, frente a las naciones europea que colonizaron la región.
En Puerto Rico, el acento de Trump a la Doctrina Monroe comenzó a ser perceptible a finales de agosto, al anunciarse ejercicios militares de la Infantería de Marina que días después se corroboró estaban vinculados a una movilización del Pentágono que, según el gobierno estadounidense, busca combatir el narcotráfico internacional, con un interés especial en desestabilizar la presidencia de Nicolás Maduro en Venezuela.


Cerca de 15,000 militares han sido movilizados al Caribe, donde se ha desplegado una decena de buques de guerra, incluido el principal portaaviones estadounidense, el USS Gerald Ford, al igual que decenas de aviones de combate F-35B, helicópteros AC-130 y drones.
Por ahora, la misión ha estado centrada en lanzar misiles contra supuestas embarcaciones de narcotraficantes, que han acabado con la vida de más de 80 personas en el Caribe y el Océano Pacífico, y más recientemente incautar un barco petrolero venezolano.
Los ataques letales en altamar generan críticas del Congreso, gobiernos internacionales y organizaciones pro derechos humanos, y han incluido denuncias de un potencial crimen de guerra debido al lanzamiento de un segundo golpe contra la primera lancha que fue bombardeada el 2 de septiembre pese a que había dos sobrevivientes.
Trump mantiene viva, al mismo tiempo, su amenaza de atacar territorio venezolano y sacar del poder a Maduro, bajo la alegación de que su gobierno colabora con el narcotráfico internacional, calificado como terrorismo, y que las elecciones de julio de 2024 –como denuncian muchos– fueron fraudulentas.
Maduro ha rechazado constantemente las acusaciones en su contra y ha denunciado la violación de parte de Trump de normas internacionales, derechos humanos y su “intento de golpe de estado”.
“El rol de Puerto Rico dentro de la política de Trump hacia América Latina y el Caribe es, en términos geopolíticos, incidental y no protagónico. La estrategia de Trump responde a un enfoque transaccional dentro de un nuevo escenario global marcado por la competencia entre tres potencias principales: Estados Unidos, China y Rusia”, comentó el secretario general del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), el exsenador Juan Dalmau.

Revelan imágenes de operaciones del megaportaviones Gerald R. Ford en el mar Caribe. El portaviones USS Gerald Ford es el portaviones más grande del mundo, de acuerdo con la Marina de Guerra de Estados Unidos. – DVIDS



















Por ello, Dalmau piensa que, en ese contexto, a Puerto Rico no se le asigna una importancia central.
“El aumento de la presencia militar en el archipiélago responde a factores coyunturales, pero no a una estrategia diseñada alrededor de Puerto Rico”, sostuvo Dalmau, quien fue el segundo candidato a gobernador con más votos en 2024, en representación de la Alianza de País formada entre el PIP y el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC).
Para el exsenador Dalmau, Trump –quien recientemente reafirmó su firme rechazo a considerar admitir a Puerto Rico como estado 51– no ve a Puerto Rico como “un buen negocio”, lo que “ha expresado repetidamente en términos económicos y políticos”.
En 2023, las congresistas demócratas boricuas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio Cortez propusieron una resolución en favor de que Estados Unidos descarte para siempre la Doctrina Monroe, bajo cuya filosofía, recordaron, se dio una larga de lista de intervenciones militares y castigos económicos en Latinoamérica. La medida no avanzó.
Ni Trump ni el Pentágno han hablado de reabrir bases en Puerto Rico. Tampoco han adelantado nada de eso a las autoridades de la isla, de acuerdo con la gobernadora Jenniffer González y el comisonado Hernández.
Cuando el Pentágono decidió reutilizar la base naval de Roosevelt Roads, cerrada a principios de este siglo tras las multutidinarias protestas de los puertorriqueños para lograr el cese de los entrenamientos y bombardeos de la Marina de Guerra en Vieques, tanto la gobernadora González –republicana y quien busca ser aliada de Trump– como el comisionado Hernánez respaldaron la decisión del gobierno estadounidense siempre y cuando no implique fuego real sobre territorio puertorriqueño.

Entre tensiones en el Caribe: aumenta la presencia militar en Roosevelt Roads. Coincidiendo con el aumento en las tensiones entre los gobiernos de Estados Unidos y Venezuela, la antigua base naval Roosevelt Roads recobró parte de la vida que alguna vez exhibió, previo a su cierre el 31 de marzo de 2004. En primer plano aparece un avión de recarga aérea de combustible KC-130J Super Hercules de la Infantería de Marina, y detrás, un avion de carca C-130 Hercules de la Fuerza Aérea con base en Little Rock, Arkansas. – Xavier Araújo









Con respecto a informes sobre Vieques, que por seis décadas fue la “joya de la corona” del entrenamiento naval estadounidense, el Pentágono informó al comisionado residente que el desecho de municiones anunciado recientemente, coincidiendo con el operativo en el Caribe, se refiere a las detonaciones que han llevado a cabo de los explosivos que dejaron al cerrar el campo de tiro en la Isla Nena.
La profesora Mariely López Santana, del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de George Mason, en Virginia, no descarta un interés del gobierno estadounidense por revivir el uso militar que se le dio a Puerto Rico a mediados del siglo pasado.
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El rol de Puerto Rico dentro de la política de Trump hacia América Latina y el Caribe es, en términos geopolíticos, incidental y no protagónico ”
Juan Dalmau
“Puerto Rico tal vez podría tener el mismo rol que jugó cuando se construyeron las bases (militares estadounidenses)”, opinó López Santana.
López Santana llamó la atención a una diferencia significativa entre la política estadounidense del siglo pasado con la de Trump. En los años de la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, sostuvo, el establecimiento de nuevas bases y centros militares coincidió con nueva inversión federal en Puerto Rico.
Bajo Trump, sostuvo, ocurre todo lo contrario, pues se ha impulsado un recorte en el gasto federal que ha impactado a los gobiernos del archipiélago puertorriqueño y las organizaciones sin fines de lucro.
“Si se quiere utilizar a Puerto Rico nuevamente como sitio estratégico para las Américas y más allá, pues tenemos que pensar que, por ejemplo, mucha de la infraestructura de energía o aún la misma las bases, requiere millones de dólares para poder (tenerlas listas)”, advirtió López Santana.PUBLICIDAD
Por su parte, el profesor José Javier Colón Morera, del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras, indicó que “el análisis de la relación entre geopolítica –el contexto territorial o colonial de Puerto Rico– y los intereses amplios de Estados Unidos en esta parte del mundo, conserva su vigencia”.
Es decir, que Estados Unidos puede tener en Puerto Rico el arreglo político preferido.

“Una situación de control territorial en manos de un gobierno anexionista le brinda un marco de acción muy flexible a Estados Unidos en esta plaza estratégica”, afirmó Colón Morera, quien advirtió que al pueblo le queda la alternativa de elevar su protesta, como ocurrió con la situación de Vieques en medio de los daños a la salud de los residentes de la isla municipio.
En momentos en que Trump mantiene una política pública de imposición de aranceles y deportación de inmigrantes – principalmente de naciones latinoamericanas–, la cooperación internacional, en ese sentido, depende de cómo beneficia a Estados Unidos, su visión geopolítica y económica, no en valores compartidos con otras naciones.
La estrategia de Trump –la que estaba obligado a enviar al Congreso– evidencia además el constante interés de Estados Unidos en frenar la presencia comercial de China.
“El documento reconoce, de forma muy destacada, las esferas de influencia como un elemento central de la teoría realista que tiende a prevalecer en el entendido norteamericano de las relaciones internacionales. Ese es el entendido que produjo el arreglo territorial, la enmienda Platt y la construcción del Canal de Panamá”, dijo Colón Morera.PUBLICIDAD
El analista y profesor universitario añadió que “lo nuevo no es el cálculo geopolítico, sino el tamaño del reto que supone un rival estratégico como China, con su capacidad tecnológica en los planos de lo militar, lo comercial, lo tecnológico y una estabilidad política predicada en un modelo alterno”.
Mientras, el economista Gustavo Vélez mencionó que, aunque no es probable que haya interés de Estados Unidos en reabrir bases como Roosevelt Roads, en Ceiba, puede tenerse la intención de establecer alguna nueva infraestructura contra el narcotráfico en la región.
Para Vélez, toda esta política de Trump pudiera representar una oportunidad para el gobierno de Puerto Rico reclamar alguna iniciativa que ayude a impulsar la inversión manufacturera estadounidense en el archipiélago, donde ese sector industrial representa aún el 45% del Producto Interno Bruto.
“Más que el tema de reabrir las bases, la oportunidad está en el tema de atraer operaciones industriales y abrir una conversacion con Washington para desarrollar un programa como (la Iniciativa para la Cuenca del Caribe) en la decada de 1980. Hoy, el reto es energía y ver si hay algún interés del Congreso o la Casa Blanca en proveer algún incentivo fiscal a la isla”, aportó Vélez, al reconocer que ha habido expansiones manufactureras importantes recientes y recordar cómo durante la administración de Rafael Hernández Colón se alargó la vida de la entonces sección 936 del Código de Rentas Internas federal.
El gobierno de González anunció hace unas semanas que alquiló por $5 millones al Pentágono el uso los aeropuertos José Aponte de la Torre, en la antigua base de Roosevelt Roads, y Rafael Hernández, en la zona de la antigua base Ramey de Aguadilla. Al momento, tienen conversaciones sobre la utilización de un tercer aeropuerto.
De cara las nuevas conversaciones que se pueden estar dando, al economista Vélez le pareció que cobrar $5 millones por el uso de los aeropuertos fue muy poco.
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José A. Delgadojose.delgado@gfrmedia.com
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