La sensación de tener una palabra en la «punta de la lengua» explicada por la neurociencia

Este estado está relacionado con la memoria y el lenguaje, pero no es patológico. En su resolución, participan estructuras prefrontales asociadas al control cognitivo.

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Metáfora visual de la naturaleza fragmentaria y dinámica de la memoria humana, desde donde el lenguaje brota de una red de nodos interconectados que se activan de forma coordinada.
Jorge Romero-Castillo

Jorge Romero-Castillo

Profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva

Como ocurre con las despedidas íntimas, hay ocasiones en las que las palabras no llegan. En esos momentos, parece que el cerebro colapsa de una forma extraña y selectiva: la información está accesible pero no quiere manifestarse. Una especie de locura transitoria, que se vive como si el recuerdo estuviera apoyado en el borde del lenguaje, a punto de caer.

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Lejos de ser algo inusual, es una experiencia metacognitiva tan desconcertante como cotidiana. Por ejemplo, en los últimos días, han sido incontables las veces que las canciones de Robe han resonado como suspiros acompasados. Sin embargo, una en concreto, ha sido especial por su letra. Esa cuyo título… ¿Cómo era? Y al tratar de recordarlo, sin éxito, solo se obtiene impotencia, rabia y unos balbuceos ininteligibles que pretenden imitar las palabras perdidas.  

Este fenómeno universal (conocido en inglés como TOT, siglas de tip-of-the-tongue: punta de la lengua) no es exclusivamente un fallo de memoria, ya que el recuerdo está activo. Tanto, que es posible conocer la ubicación del acento principal, el número de sílabas y algunas de las letras (“s�� que la palabra clave del título empieza por p”). Esta reminiscencia de partes y atributos de palabras se denomina «recuerdo genérico». Un instante de luz que separa el saber del decir.

Al experimentar un TOT, es habitual recurrir a ‘dar rodeos’ a las palabras olvidadas hasta encontrar palabras de forma y significado similares («era algo así como payaso… pero en el aire”). Estas palabras intrusas se apodaron ‘hermanas feas‘ (un apelativo antiguo) y tienden a bloquear la recuperación de los términos buscados. Por eso, cuando alguien está experimentando un TOT, la mejor opción es quedarse en stand by y no sugerir palabras para evitar interferencias.

Si alguien está experimentando el fenómeno, no le lances palabras

Una de las hipótesis causales que cuenta con mayor apoyo es un fallo transitorio en la recuperación de los sonidos. Para rescatar una palabra, el significado activa su nodo léxico («también recuerdo que salía en su último disco, el del 23«) y, a partir de él, todos sus componentes fonológicos. Pero durante el TOT, la activación fonológica está incompleta. En este sentido, se ha comprobado que el envejecimiento y el bilingüismo contribuyen a modificar estas conexiones, exigiendo un esfuerzo casi guerrero. 

Nodos en TOT
James et al., 2017.

Los TOT se conceptualizan dentro de un marco cognitivo de memoria y lenguaje que postula un sistema semántico, en el que se almacena el significado; y un sistema fonológico, en el que se representan los sonidos del lenguaje. La línea discontinua representa una conexión que no puede transmitir la preparación adecuada para la activación del nodo fonológico conectado (la sílaba gram, de la palabra inglesa anagram), lo que puede conducir a un TOT.

Al viajar por el interior del cráneo, la neuroimagen muestra ‘encendidas’ las regiones cerebrales conocidas como corteza cingulada anterior y corteza prefrontal (del hemisferio derecho). Se ha sugerido que estas estructuras sustentan estrategias visuales usadas como alternativas («tengo en la cabeza la portada del disco y está volando«) y participan en los procesos de control cognitivo. Al parecer, una cantidad importante de recursos de procesamiento se dedica de manera urgente a resolver el TOT.

En relación con el sentimiento de tormento, se modula por la anticipación de las sensaciones altamente positivas que se obtendrán tras el recuerdo. Es decir, existe un deseo de saber cuál es la palabra perdida. Una mezcla de curiosidad y placer. Quizá por ello está asociado al proceso el aumento de la dilatación de la pupila (Nietzsche escucharía Extremoduro porque es puro nihilismo, pero Sócrates y Platón también«), un arrebato de activación autonómica anticipatoria.

Finalmente, tras esos momentos de dulce caos, se produce la resolución. Los nodos adecuados se conectan y la palabra, quizá almacenada en la porción anterior del lóbulo temporal izquierdo, transita por la vereda principal para salir: «¡PÁJARO! Ya me ha venido. ¡El hombre pájaro!«. Este ejemplo de insight viene acompañado de una descarga de alivio y recompensa. Nos recuerda que el cerebro recompone lo que parecía perdido. Y nos advierte que, como a las palabras, también se nos lleva el aire.

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