Eliseo R. Colón Zayas, nuestro entrevistado
Eliseo es autor de varios libros sobre comunicación y cultura, incluyendo «Matrices culturales del neoliberalismo: Una odisea barroca» y «Publicidad y Hegemonía, Matrices Discursivas». También ha publicado numerosos capítulos de libros y artículos en revistas especializadas. Colón Zayas ha contestado todas nuestras preguntas


Wilkins Román Samot
Eliseo R. Colón Zayas (1956, Puerto Rico) ha sidodocente-investigador en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Obtuvo su doctorado (1982) y maestría (1978) de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos) en Lenguas y Literaturas Hispánicas, con un certificado de posgrado en Estudios Latinoamericanos(1982). Cursó su bachillerato (1976) en Periodismo y Lenguas Modernas en la Universidad de Duquesne (Estados Unidos) Sus áreas de conocimiento abarcan estudios latinoamericanos, semiótica, estudios culturales, medios de comunicación, análisis del discurso, estética, discurso publicitario y metodología de investigación cualitativa en comunicación, así como economía política de la comunicación.
Colón Zayas ha sido profesor visitante en varias universidades de América Latina y España. Además, ha desempeñado roles de liderazgo en asociaciones profesionales como la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) y la Federación Latinoamericana de Semiótica. También ha participado en comités editoriales de revistas académicas internacionales. En su trayectoria administrativa en la Universidad de Puerto Rico, ha sido Director de la Escuela de Comunicación, Director del Centro de Investigación y Medios de la Escuela de Comunicación, Presidente del Comité de Asuntos Académicos del Senado Académico, Secretario del Comité de Búsqueda del Rector, y Coordinador de varios comités y programas dentro de la Escuela de Comunicación.
Eliseo es autor de varios libros sobre comunicación y cultura, incluyendo «Matrices culturales del neoliberalismo: Una odisea barroca» y «Publicidad y Hegemonía, Matrices Discursivas». También ha publicado numerosos capítulos de libros y artículos en revistas especializadas. Colón Zayas ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
1.1 Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – No hace poco publicó El teatro de Luis Rafael Sánchez (1990). ¿De qué trató o tratas en dicho ensayo de investigación? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?
1.2 Eliseo R. Colón Zayas (ERCZ, en adelante) – El teatro de Luis Rafael Sánchez cumplió en 2025 cuarenta años desde su publicación, algo que, honestamente, me lleva a mirar el libro con cierta distancia y también con afecto. Se publicó por primera vez en 1985, por la editorial Plaza Mayor, cuando la editorial estaba en España. Más adelante, cuando la editorial se trasladó a Puerto Rico, el libro tuvo varias ediciones; no siempre me avisaban, me iba enterando casi por casualidad, al verlo en las librerías, supermercados y farmacias. La última edición apareció en 2002.
El libro nació de mi tesis doctoral, que defendí en 1982 en la Universidad de Pittsburgh y que llevaba por título Códigos, ideología y lenguaje en el teatro de Luis Rafael Sánchez. Cuando presenté el manuscrito a la editorial, me pidieron que le quitara el traje académico de tesis y lo reescribiera como un ensayo divulgativo, pensado para un público más amplio interesado en el teatro de Luis Rafael Sánchez.
Creo que ahí estuvo una de las claves de su recepción. A pesar de estar anclado en la tradición teórica y metodológica de la semiótica estructural —muy influyente a finales de los años setenta—, el libro logró buena circular y tuvo varias tiradas. Funcionó en su momento, y eso siempre me sorprendió gratamente.
A diferencia de la tesis, el libro ofrece al lector una reflexión más ágil y concentrada sobre las ocho obras teatrales que Luis Rafael Sánchez había presentado —y algunas ya publicado— hasta 1982. Más que un ejercicio estrictamente académico, quise que fuera una lectura que dialogara con el teatro, con su lenguaje y con su contexto, sin perder rigor, pero ganando cercanía.
2.1 WRS – ¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a El teatro de Luis Rafael Sánchezy vuestro trabajo creativo-investigativo posterior?¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal o no de/ con lo caribeño o no dentro de Puerto Rico y fuera?
2.2 ERCZ – Como El teatro de Luis Rafael Sáncheznació directamente de mi tesis doctoral, con ese libro también se cerró una etapa importante de mi trabajo investigativo. En esos años la teoría semiótica estaba cambiando radicalmente: el estructuralismo comenzaba a perder centralidad y se abrían otros caminos desde la semiótica social y los estudios culturales. Fue un momento de transición intelectual muy marcado para mí.
Cuando el libro se publicó, yo llevaba apenas dos años como profesor en la Escuela de Comunicación Pública(COPU) de la Universidad de Puerto Rico. Allí, junto a un grupo extraordinario de estudiantes, comencé a trabajar de lleno el tema del discurso publicitario, que se convertiría en una de mis líneas de investigación más sostenidas en aquel momento. En 1987 tuve la oportunidad de ir a Brasil gracias a una beca Fulbright, como profesor visitante en el Departamento de Posgrado en Comunicación y Semiótica de la Universidad Católica de São Paulo. Esa experiencia fue decisiva. Los cursos de semiótica de la publicidad que ofrecí allí sentaron las bases de lo que más tarde sería Publicidad, modernidad y hegemonía, publicado en 1996 por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico.
Ese libro tuvo una vida interesante. En 2001 apareció una edición revisada con el título de Publicidad y hegemonía, matrices discursivas, publicada por el Grupo Editorial Norma en Buenos Aires, como parte de la Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación, y siguió reeditándose hasta que la editorial desapareció hace algunos años.
En el año 2000 publiqué Archivo Catalina, memorias online, un relato con forma de novela. Cuando salió, la recepción crítica fue muy buena, algo que con el tiempo se ha ido confirmando. En 2021, por ejemplo, Ángel A. Rivera y María Teresa Vera Rojas reconocen la importancia de esta obra en su ensayo sobre la ciencia ficción en Puerto Rico y la República Dominicana, incluido en la Historia de la ciencia ficción latinoamericana de Iberoamericana Vervuert. Antes, en 2020, Dina L. Rivera ya había leído Archivo Catalinacomo una novela que articula una especie de matriz digital y transtemporal, una máquina ideológica donde se cruzan historia, poder, afecto e imaginación social. Esa lectura, que conecta la tecnología con los sueños colectivos y las tensiones entre la cultura de plantación y el mundo hi-tech, me sigue pareciendo especialmente sugerente.
En 2003 publiqué Medios mixtos: ensayos de comunicación y cultura. La idea, y hasta el título, me la sugirió el propio Luis Rafael Sánchez, quien un día me dijo que tenía que reunir mis conferencias y ensayos periodísticos y académicos en un solo libro. El texto tuvo varias reediciones y llegó a usarse como libro de texto; todavía, de vez en cuando, me lo encuentro en alguna librería.
Más adelante, en 2013, publiqué Matrices culturales del neoliberalismo: una odisea barroca con Comunicación Social Editores, una editorial española clave en el campo de la comunicación. Es un libro al que, igual que al Archivo Catalina, le tengo un cariño especial porque aborda de frente algunos de los problemas centrales de nuestro tiempo. En la contraportada propongo lo barroco como el espacio desde el cual la cultura neoliberal traza y redefine sus fronteras, una idea que sigue acompañándome hasta hoy.
3.1 WRS – Si comparas vuestro crecimiento y madurez como persona, docente, investigador y escritor (periodista) con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observas en vuestro trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo has madurado?
3.2 ERCZ – Si miro hacia atrás y comparo mis primeros años con mi trabajo actual en Puerto Rico, lo primero que noto es un cambio profundo en la relación con el tiempo, con los objetos de estudio y con mi propia voz. En mis inicios, tanto como persona como investigador, había una fuerte pulsión por demostrar, por sistematizar, por inscribirme con rigor en tradiciones teóricas muy definidas —la semiótica estructural, el análisis del discurso, la teoría crítica—. Ese momento fue fundamental: me dio método, disciplina y una conciencia clara del poder de las formas simbólicas.
Con los años, y gracias a la docencia sostenida, la investigación internacional y el diálogo constante con estudiantes y colegas en América Latina, Europa y Estados Unidos, mi trabajo se fue descentrando. Dejé de pensar los objetos culturales como sistemas cerrados y comencé a abordarlos como procesos históricos, afectivos y políticos en movimiento. Ahí ocurre una primera maduración: ya no se trata solo de analizar estructuras, sino de entender cómo esas estructuras producen subjetividades, deseos, memorias e identidades, especialmente en contextos coloniales y neoliberales como el puertorriqueño.
Como docente, también he madurado en el sentido de pasar de la transmisión de teorías a la formación de miradas críticas. Hoy me interesa más acompañar procesos de pensamiento que imponer marcos. La enseñanza se convirtió para mí en un laboratorio vivo donde teoría, experiencia y coyuntura dialogan constantemente. Puerto Rico, con sus crisis recurrentes, su hiperexposición mediática y su densidad histórica, ha sido un espacio privilegiado para ese aprendizaje.
En cuanto a la escritura —académica, ensayística y periodística—, noto una evolución hacia una mayor libertad formal y responsabilidad política. Antes escribía desde una posición más estrictamente académica; hoy me permito cruzar registros, combinar análisis con narración, teoría con crónica, sin perder rigor. Libros como Archivo Catalina o Matrices culturales del neoliberalismo marcan ese desplazamiento: ahí la investigación ya no solo explica, sino que imagina, interpela y toma partido.
En síntesis, si tuviera que resumir mi madurez diría que he pasado de una lógica de demostración a una lógica de cartografía. Ya no busco cerrar sentidos, sino mapear tensiones; no ofrecer respuestas definitivas, sino abrir preguntas situadas. Y, como persona, he aprendido a asumir que el pensamiento crítico no se ejerce desde la distancia, sino desde una implicación ética con el lugar que uno habita y con los tiempos que le ha tocado vivir.
4.1 WRS – Eliseo, ¿cómo visualizas vuestro trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de docentes, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado vuestro trabajo creativo-investigativo a su quehacer de docente e investigador y vuestro trabajo escrito de interés y cruce entre Puerto Rico y el Caribe?
4.2 ERCZ – Si comparo mis primeras etapas con mi trabajo actual en Puerto Rico, lo que más claramente percibo es un desplazamiento en la forma de mirar y de situarme frente al conocimiento. En mis inicios, como investigador y docente, mi trabajo estaba marcado por una fuerte apuesta metodológica: venía de una formación rigurosa en semiótica estructural, análisis del discurso y teoría literaria, y mi preocupación central era entender los códigos, las estructuras y las ideologías que organizaban los textos culturales y mediáticos. Esa etapa fue fundamental: me dio herramientas sólidas y una disciplina intelectual que sigue acompañándome.
Con el paso del tiempo —y aquí Puerto Rico ha sido decisivo— mi trabajo creativo-investigativo fue incorporando cada vez más la historia, la experiencia social y la dimensión afectiva de los procesos comunicativos. Dejé de pensar los medios y las narrativas no sólo como sistemas simbólicos y comencé a abordarlos como espacios de disputa, de memoria, de control, y también de imaginación y resistencia. Esa maduración se refleja en el tránsito de mis primeros libros hacia trabajos como Archivo Catalina o Matrices culturales del neoliberalismo, donde la investigación analiza y cartografía tensiones históricas, tecnológicas y culturales.
Como docente, también he madurado profundamente. Tras más de tres décadas de enseñanza en Puerto Rico y en múltiples universidades de América Latina y Europa, entendí que formar no es reproducir modelos, sino acompañar procesos de pensamiento crítico. Hoy mi práctica docente en el programa online de Arizona State University está mucho más orientada a crear espacios de diálogo entre teoría, coyuntura y experiencia, algo que he aprendido directamente en el contexto puertorriqueño contemporáneo, atravesado por crisis económicas, mediáticas y políticas constantes.
En cuanto a la escritura —académica, ensayística y periodística—, he ganado en libertad y responsabilidad. Antes escribía desde la urgencia de demostrar; hoy escribo desde la conciencia de que pensar y escribir en Puerto Rico implica una toma de posición ética. Mi trabajo periodístico y ensayístico reciente en MetroPR, y Bonita Radio dialoga directamente con la actualidad, con el poder, con los medios y con la vida cotidiana, sin renunciar al rigor teórico, pero asumiendo que la escritura también es una forma de intervención pública.
En síntesis, diría que mi obra ha madurado en la medida en que se ha vuelto más transversal, más histórica y más situada. Y yo he madurado al aceptar que el trabajo intelectual no consiste en cerrar sentidos, sino en abrir preguntas, en leer los cambios culturales con paciencia, y en pensar desde —y con— el lugar que habito. Puerto Rico ya no es solo mi objeto de estudio: es el espacio desde donde pienso, escribo y enseño.
5.1 WRS – Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en el ensayo de investigación de carácter periodístico o no. ¿Cómo concibes la recepción a vuestro trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
5.2 ERCZ – Si miro mi trayectoria con cierta distancia, me doy cuenta de que nunca me propuse conscientemente mantener una línea entre investigación, ensayo y periodismo. Más bien fue una necesidad vital. Inicialmente, vengo de un bachillerato periodismo, y fueron la maestría y el doctorado los que formaron en los discursos de la academia. Pero, muy pronto entendí que pensar la cultura y los medios desde Puerto Rico exigía salir y entrar constantementeentre esos espacios. La realidad aquí cambia demasiado rápido, y a veces con demasiada violencia, como para quedarse sólo en el ritmo lento de la academia.
Para mí, escribir ensayos de investigación con vocación periodística ha sido una forma de no perder el pulso del presente. Hay momentos, crisis políticas, desastres naturales, transformaciones tecnológicas, en los que siento que el silencio académico sería una forma de evasión. En esos casos, la escritura pública se convierte en una extensión natural del trabajo investigativo, es decir, otra manera de pensar, de intervenir y de asumir responsabilidad.
La recepción de ese trabajo ha sido desigual, y lo digo sin dramatismo. En Puerto Rico, mi trabajo ha circulado más por afinidad que por estridencia. No ha sido una obra de grandes polémicas ni de protagonismos mediáticos, pero sí una obra que ha encontrado lectores atentos: estudiantes, colegas, periodistas, lectores curiosos que se reconocen en esas preguntas sobre identidad, medios y poder. Muchas veces me he enterado de esa recepción de manera íntima, en conversaciones, en correos, en trabajos de estudiantes que retoman ideas que yo ya había casi olvidado.
Fuera de Puerto Rico, sobre todo en América Latina y en algunos espacios académicos europeos, la recepción ha sido distinta. Allí mi trabajo se ha leído más claramente como parte de una tradición latinoamericana de pensamiento crítico en comunicación, y eso me ha permitido dialogar con pares que enfrentan problemas similares desde otros contextos. Esa lectura externa, curiosamente, me ayudó a entender mejor el valor de escribir desde un lugar pequeño, pero históricamente denso como Puerto Rico.
A esa lectura cualitativa se suma algo que he podido constatar con el tiempo a través de la circulación académica de mis textos, y es que muchos de ellos siguen siendo citados y retomados de manera sostenida, no como referencias circunstanciales, sino como marcos conceptuales para pensar problemas que se han ido transformando —la cultura mediática, el neoliberalismo, las narrativas digitales, la identidad latinoamericana. Me llama la atención, además, la diversidad de campos desde los cuales se dialoga con mi trabajo, comunicación, estudios culturales, semiótica, cine, estudios latinoamericanos, y la amplitud geográfica de esas lecturas. Esa persistencia, más que los indicadores cuantitativos, es para mí una señal de madurez de la obra: textos escritos en contextos específicos que siguen siendo útiles para pensar otros momentos, otras tecnologías y otras crisis. En ese sentido, la recepción ha sido menos espectacular, pero más durable, y eso es algo que valoro profundamente.
En cuanto a mis pares, he aprendido a valorar algo que antes quizá no entendía del todo, el respeto silencioso. No siempre se traduce en citas inmediatas o en consensos, pero sí en invitaciones, en lecturas cuidadosas, en diálogos sostenidos en el tiempo. Eso, para mí, ha sido una de las formas más genuinas de reconocimiento.
Hoy concibo mi trabajo no tanto por su alcance inmediato, sino por su capacidad de acompañar procesos. Me interesa que mis textos sigan siendo útiles para pensar, incluso cuando ya no responden a la coyuntura que los vio nacer. Si algo he aprendido, es que escribir desde Puerto Rico implica aceptar que el impacto no siempre es visible, pero puede ser profundo y duradero.
6.1 WRS – Sé que vos es de Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor caribeño, sea este puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente vos?
6.2 ERCZ – Soy puertorriqueño, sin duda, y me siento profundamente puertorriqueño. Nací y me crié en Hato Rey, de padre orocoveño y madre aiboniteña, y llevo más de cuatro décadas viviendo en Santurce, en la parada 26. Ese arraigo cotidiano, el barrio, la ciudad, las rutinas, ha marcado mi manera de mirar, de escribir y de pensar mucho más de lo que a veces uno alcanza a notar.
Ahora bien, también es cierto que mi formación y mi trayectoria me han colocado siempre en diálogo con otros espacios del Caribe, de América Latina y de Europa. Mis años de estudio en Pittsburgh fueron importantes no solamente en lo académico, sino en lo vital. Allí pude observar muy temprano el surgimiento de procesos que hoy reconocemos claramente como gentrificación y neoliberalismo, no como conceptos, sino como experiencias vividas en la ciudad, en la universidad, en los cuerpos. Esa experiencia me dio una distancia crítica que, paradójicamente, me hizo entender mejor a Puerto Rico.
Por eso, si tengo que nombrarme, diría que soy un escritor puertorriqueño con conciencia caribeña y latinoamericana. Mi punto de partida es Puerto Rico, su historia, su condición colonial, sus crisis, sus imaginarios, pero mis preguntas rara vez se quedan encerradas en la isla. El Caribe, con sus circulaciones, sus desplazamientos y sus herencias compartidas, ha sido siempre un horizonte natural de pensamiento.
En ese sentido, entiendo muy bien lo que decía José Luis González cuando hablaba de sí mismo como universitario mexicano. En mi caso, sin embargo, nunca he sentido la necesidad de desplazar mi pertenencia. Me siento cómodo pensando desde Puerto Rico y hacia afuera, sin renunciar al lugar desde donde hablo. Si algo he aprendido con los años es que la identidad no es una jaula, sino un punto de enunciación. Uno escribe desde donde vive, desde donde ama, desde donde le duelen las cosas.
Y a mí, todavía, me duelen y me importan profundamente las cosas de Puerto Rico.
7.1 WRS – ¿Cómo integra vuestra identidad étnica y de género, y su ideología política con o en vuestro trabajo creativo-investigativo y su formación en la Universidad de Puerto Rico?
7.2 ERCZ – Mi identidad étnica, de género y mi posicionamiento político no aparecen en mi trabajo como declaraciones explícitas o programáticas, sino como condiciones de posibilidad desde las cuales pienso y escribo. Soy un intelectual formado y anclado en la Universidad de Puerto Rico, una institución atravesada por tensiones coloniales, sociales y culturales que inevitablemente marcan la manera en que uno se aproxima al conocimiento. En ese sentido, mi trabajo no busca hablar sobre identidades desde afuera, sino pensar desde dentro de esas fracturas.
Desde muy temprano me interesaron las zonas donde el poder se hace sensible: los cuerpos, los afectos, el melodrama, las sexualidades, las narrativas populares, los dispositivos mediáticos. Ahí se cruzan la identidad de género, la identidad étnica y la ideología, no como esencias, sino como procesos históricos y mediáticos. Mi docencia en la UPR me sirvió de espacio de formación, profundamente interdisciplinaria y crítica, me permitió leer esos procesos sin separarlos de la economía política, de la historia colonial ni de las tecnologías de comunicación que los median.
Archivo Catalina condensa muy bien esa preocupación. Más que una novela en el sentido tradicional es un experimento narrativo que funciona como una memoria online, una gran máquina de archivo donde se superponen voces, registros, tiempos históricos, cuerpos y deseos. Ahí las identidades —de género, raciales, políticas— no están fijadas, sino que circulan, se simulan, se proyectan y se controlan. La mega-computadora afro-caribeña Catalina es un artefacto tecnológico y, a la vez, una metáfora de cómo las ideologías producen sueños colectivos y subjetividades administradas. En ese sentido, la novela dialoga directamente con mis investigaciones sobre medios, poder y control social, pero desde el registro de la ficción.
Mi ideología política tampoco se articula como consigna, sino como ética del análisis. He sido consistente en pensar críticamente el neoliberalismo, la colonialidad, la espectacularización del poder y la mercantilización de la cultura. Eso atraviesa tanto mis ensayos académicos como mis textos periodísticos y mis proyectos creativos. No me interesa una escritura neutral, porque creo que la neutralidad, en contextos coloniales, suele ser una forma de complicidad.
En cuanto al género, me ha interesado siempre analizar cómo los cuerpos disidentes, camp, queer o marginales desestabilizan las narrativas dominantes. Pienso, por ejemplo, en mis trabajos sobre Iris Chacón, Walter Mercado o Lucecita Benítez. No escribo desde una identidad de género militante, pero sí desde una sensibilidad crítica que entiende el género como performance, como construcción mediática y como espacio de resistencia.
En síntesis, diría que mi trabajo creativo-investigativo integra identidad, género e ideología no como temas aislados, sino como capas superpuestas de una misma pregunta: ¿cómo se producen hoy las subjetividades en contextos coloniales y mediatizados? Archivo Catalina fue una forma temprana —quizá intuitiva— de responder a esa pregunta desde la ficción. El resto de mi obra ha seguido explorándola desde el ensayo, la investigación y la docencia, siempre en diálogo con la Universidad de Puerto Rico como espacio formativo, crítico y vital.
8.1 WRS – ¿Cómo se integra vuestro trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integras esas experiencias de vida en su propio quehacer de docente, investigador y escritor en Puerto Rico hoy?
8.2 ERCZ – Más que integrar mi trabajo creativo-investigativo a mi experiencia de vida, diría que con el tiempo dejé de separarlos. Mi paso por la Universidad de Puerto Rico fue una etapa profesional-formativa y un proceso largo de convivencia con una institución, una ciudad y un país en transformación constante. Enseñar, investigar y escribir en la UPR implicó aprender a pensar desde la precariedad, desde la crisis recurrente y desde la contradicción, y eso marcó profundamente mi manera de estar en el mundo.
Las experiencias de vida, la gestión académica, los conflictos institucionales, las crisis políticas, los huracanes, la pandemia, los cambios urbanos de San Juan, el deterioro y la reinvención de lo público, fueron entrando de manera natural en mi trabajo intelectual. No como anécdotas, sino como materia de reflexión. Muchos de mis temas de investigación nacen directamente de ahí: la mediatización de la crisis, el neoliberalismo como experiencia cotidiana, las políticas del afecto, las narrativas de control y de resistencia.
Hoy, esa integración se manifiesta de forma muy concreta en mi quehacer como docente. Ya no concibo el aula como un espacio separado de la vida social, sino como un lugar donde se aprende a leer críticamente el presente. Trabajo con textos, películas, discursos mediáticos y prácticas culturales que los estudiantes reconocen porque forman parte de su experiencia diaria. La teoría entra como una herramienta para comprender mejor aquello que ya vivimos, y de ahí radica su importancia y necesidad.
Como investigador, he aprendido a trabajar con una temporalidad más lenta y reflexiva. El paso por la UPR me enseñó que no todo se investiga desde la urgencia del resultado; algunas preguntas necesitan madurar, volver, reescribirse. Esa paciencia intelectual es también una forma de resistencia frente a la lógica productivista que domina hoy la academia.
Y como escritor, esa integración se traduce en una escritura que ya no busca distancia, sino implicación. Escribo desde el lugar que habito, Santurce, Puerto Rico, y desde la memoria acumulada de décadas de enseñanza, discusión y observación. Mis textos actuales, sean ensayos académicos o intervenciones periodísticas, llevan consigo esa experiencia: no hablan desde un afuera abstracto, sino desde una vida atravesada por la universidad, la ciudad y el país.
En resumen, hoy entiendo mi trabajo creativo-investigativo como una forma de vida intelectual. La Universidad de Puerto Rico fue el lugar donde trabajé por 35 años, donde aprendí que pensar, enseñar y escribir son prácticas inseparables de la manera en que uno decide vivir y asumir su tiempo histórico.
9.1 WRS – ¿Qué diferencia observas, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a vuestro trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
9.2 ERCZ – Con el paso del tiempo, lo que más noto es un desplazamiento en la forma en que el público se acerca a mi trabajo, más que una ruptura. En mis primeras etapas, la recepción era fundamentalmente académica y especializada: mis textos circulaban sobre todo en universidades, congresos y revistas, y dialogaban con debates teóricos muy situados en su momento histórico. La lectura era más lenta, más disciplinar y, en cierto modo, más previsible.
Con los años, y muy claramente en la última década, esa recepción se ha vuelto más transversal y más pública. Hoy mis trabajos académicos siguen circulando y siendo citados, como puede verse en su presencia sostenida en espacios como Google Académico, pero al mismo tiempo he notado que muchas de esas ideas encuentran eco fuera del ámbito estrictamente universitario. Temas que antes parecían abstractos —neoliberalismo, mediatización, control simbólico, políticas del afecto— hoy forman parte de la experiencia cotidiana de amplios sectores sociales.
Eso explica que mi escritura ensayística y periodística tenga hoy una recepción distinta. Textos publicados en medios como MetroPR, Bonita Radio o en Claridad, se leen como opinión coyuntural y como claves interpretativas para entender procesos más amplios, como son: la criminalización del periodismo investigativo por parte del gobierno, la fragilidad de lo público, las nuevas formas de censura administrativa. He notado una lectura más atenta, más dialogante, incluso más urgente.
Algo similar ha ocurrido con Archivo Catalina. Cuando se publicó, fue leída como una novela experimental, adelantada a su tiempo. Hoy, en cambio, su recepción reciente la entiende como una memoria online, casi profética, sobre la digitalización del deseo, del control y de las identidades. El público actual, más habituado a pensar en algoritmos, vigilancia y virtualidad, se reconoce en ese texto de una manera distinta a como lo hizo hace veinte años.
En ese sentido, no diría que mi temática ha cambiado radicalmente, sino que el tiempo la ha alcanzado. Lo que antes se leía como análisis crítico o como ficción especulativa, hoy se percibe como descripción de una realidad vivida. Y eso ha modificado la recepción: hay menos sorpresa teórica y más reconocimiento experiencial.
Para mí, esa variación en la recepción es una señal de madurez del trabajo. No porque se haya vuelto más visible, sino porque ha encontrado nuevos lectores en nuevos contextos, lectores que no necesariamente buscan teoría, pero sí herramientas para pensar lo que están viviendo. Y ahí siento que mi trabajo sigue cumpliendo su función.
10.1 WRS – ¿Qué otros proyectos creativos tienes pendientes y recientes?
10.2 ERCZ – En este momento mi trabajo creativo e investigativo se organiza en tres frentes que dialogan entre sí: la edición académica, la investigación y la escritura académica y ensayística.
Por un lado, continúo muy activamente mi labor como editor del Journal of Latin American Communication Research y de la revista deSignis. Ambos proyectos editoriales son, para mí, espacios de creación intelectual colectiva. Desde ahí he podido acompañar debates centrales en torno a comunicación, semiótica, cultura y poder en América Latina y el Caribe, y contribuir a la formación de nuevas generaciones de investigadores. La edición no la concibo como un trabajo administrativo, sino como una forma de intervención intelectual, de curaduría crítica y de construcción de agendas de investigación.
En cuanto a proyectos de investigación propios, dos libros concentran buena parte de mi trabajo reciente y pendiente. El primero es Empires’ Echo: Media and Communication Technologies in Puerto Rico, un proyecto de largo aliento que reconstruye históricamente el desarrollo de las tecnologías de comunicación y los medios en Puerto Rico desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Es un libro que dialoga con la historia, la semiótica y los estudios culturales, y que busca ofrecer una lectura de conjunto sobre cómo la colonialidad, la modernidad y la tecnología han configurado la experiencia puertorriqueña. Es, en muchos sentidos, un libro de cierre y de síntesis.
El segundo proyecto, Streaming Bodies: Media, Identity, and Performance in Puerto Rico, mira hacia el presente y el futuro. Ahí trabajo el impacto de las plataformas digitales, el streaming y el capitalismo algorítmico en la producción de identidades, cuerpos y performances culturales. Figuras como Lucecita Benítez, Iris Chacón, Walter Mercado, Bad Bunny, Luis Fonsi o Jay Fonseca me permiten pensar cómo lo puertorriqueño y lo caribeño se reconfiguran hoy en un entorno mediático globalizado. Es un proyecto que cruza investigación académica, análisis cultural y reflexión política.
Finalmente, sigo cultivando una escritura ensayística y periodística vinculada a coyunturas específicas —el periodismo investigativo, la censura, la mediatización del poder— porque entiendo que ese registro también forma parte de mi trabajo creativo. No lo veo como algo separado de la investigación, sino como otra manera de poner el pensamiento en circulación.
En conjunto, estos proyectos muestran una continuidad clara. Sigo interesado en cómo los medios, las tecnologías y las narrativas producen formas de vida, subjetividades e imaginarios en contextos coloniales y neoliberales, a la vez que presido la Fundación Periodismo Siglo XXI. La diferencia es que hoy ese trabajo se articula desde una mirada más amplia, más histórica y, al mismo tiempo, más consciente del presente inmediato.
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