El año de Bad Bunny: la figura del 2025 de El Nuevo Día
Un nuevo álbum, incontables premios, una residencia histórica y un sentido renovado de identidad puertorriqueña hacen del artista más escuchado del mundo la persona destacada de este medio



Periodista de Entretenimientovictor.ramos@gfrmedia.com
Puerto Rico cambió: para empezar. No debe haber duda de eso. El registro de su impacto ha sido confirmado por el gobierno, el sector privado y por el público principal. Los puertorriqueños lo confirman y esa es la consagración final y más importante para cualquier artista boricua que quiera devolver algo a la isla que los vio nacer y crecer.
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Benito Antonio Martínez Ocasio, Bad Bunny, cambió a su país, recordándole a las distintas generaciones que conforman a este pueblo la importancia de preservar lo que significa ser puertorriqueño y, más aún, de comenzar a definir su futuro.
¿Qué hace a alguien merecedor de ser “figura del año”? Comenzando por el principio, literalmente, el artista lanzó en enero el álbum «Debí tirar más fotos“, un homenaje sonoro a la isla, en el que capturó la esencia de la música de su país, reinventándola en el camino para abrir paso a un nuevo sonido puertorriqueño.






«El show de esta noche…es de Puerto Rico»: lo que pasó en la función 31 de Bad Bunny . “No me quiero ir de aquí: Una Más” se celebró este sábado, 20 de septiembre, desde el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot. – Pablo Martínez
Si se tratara de solo de logros alcanzados este año, la lista podría ser interminable: fue el artista más escuchado del año en Spotify, con sobre 19,000 millones de reproducciones; ganó cinco premios Latin Grammy por “Mejor interpretación urbana”, “Mejor interpretación reguetón”, “Mejor canción urbana”, “Mejor álbum de música urbana” y “Álbum del año”; fue portada de edición de diciembre de la revista Vogue como la figura mejor vestida del año. Luego de terminar su residencia en Puerto Rico, arrancó su gira mundial, en la que ya ha roto récords de ventas en países como México y Costa Rica.
La lista no termina ahí. Este año también actuó en las películas “Happy Gilmore 2″ con Adam Sandler, siendo el estreno más visto de Netflix con 46.7 millones de visualizaciones, y en la película “Caught Stealing”, esta última gozando de un estreno exclusivo en Puerto Rico del que participaron el director Darren Aronofsky y el actor Austin Butler (quien fue uno de los invitados más destacados en la famosa Casita de la residencia).
Y para cerrar el año con broche de oro, fue anunciado como el artista principal del show de medio tiempo de la edición LX del “Super Bowl” el próximo 8 de febrero, el primer artista puertorriqueño en la historia que figura como acto principal (aunque ya había participado anteriormente como invitado de Shakira and Jennifer Lopez en el 2020 para la edición número LIV).
Pero fue aquel 11 de julio, en que el país se preparaba para dar comienzo a un evento de una magnitud nunca antes vista, lo que marcó un hito monumental en su año: una residencia artística de 30 funciones en el Coliseo de Puerto Rico, en la que el artista más grande del momento le regalaría a sus fanáticos una experiencia única en cada espectáculo.
No lo hizo en Las Vegas, ni Nueva York, ni en ninguna otra parte del mundo. Prefirió hacerlo en su casa, en un recinto musical relativamente pequeño, en comparación a los vastos escenarios internacionales, pero cuyo nombre mismo representa algo más grande de lo que jamás se pudo imaginar. El impacto total de toda la residencia en la economía de la isla se estima en unos $379 millones, según un estudio comisionado por el Municipio de San Juan.PUBLICIDAD
Desde el lanzamiento de su disco “DTmF” en vísperas de Reyes, se creó una expectativa inmediata sobre los conciertos que de seguro lo acompañarían. Cuando se hizo el anuncio de que se trataría de toda una serie de presentaciones bajo el lema “No me quiero ir de aquí”, los fanáticos locales e internacionales no tardaron en emocionarse sobre lo que esta experiencia podría ser. Para los de aquí, se trataba de un sentimiento que hacía mucho tiempo dormía en los corazones, un orgullo patrio y un amor renovado sobre ser puertorriqueño, demostrado con los símbolos que por décadas se han asociado con ello. Para los de afuera, se trataba de una oportunidad única de experimentar de cerca ese fenómeno y conocer el diminuto lugar del mundo del que salió el cantante que lo ha conquistado.
Pavas, banderas, machetes, guayaberas, faldas largas y flores de maga en el pelo. Los antiguos símbolos que se usaron para unificar a una nación que se comenzaba a definir de la mano de la modernidad a mediados del siglo XX fueron recuperados para expresar el mismo sentir que siempre han buscado evocar. Pero en el proceso, también, surgió la necesidad de crear nuevos símbolos, unos que, sin negar los anteriores, le hablaran al mundo sobre el Puerto Rico de hoy y a los puertorriqueños sobre el país que desean forjar. Eso, por supuesto, no pasa en un día, ni en un par de meses, ni en un año. Es un proceso continuo, uno que realmente nunca termina, al que cada generación debe encarar, para bien o para mal, echando todo en un crisol ardiente y esperando que lo que de ahí salga sea más hermoso que lo anterior.
Es difícil. En medio de las múltiples crisis a las que se ha enfrentado el país nada más en las últimas dos décadas, es fácil perder la fe, rendirse, pensar que lo mejor sería dejar que todo se derrumbe de una buena vez. Por mucho tiempo fue así y el corazón puertorriqueño se fue haciendo duro y cínico, y la llama de la ilusión se fue apagando poco a poco. Y entonces llegó Benito.










Flores, sapos y pavas: así se vivió el primer concierto de Bad Bunny en México. Miles de fanáticos mexicanos y extranjeros se dieron cita este miércoles en la capital mexicana con orejas de rana, sombreros de paja, flores en el cabello y atuendos tropicales para celebrar el primero de ocho conciertos de Bad Bunny en el Estadio GNP Seguros. – Eduardo Verdugo
Sería injusto decir que solo él ha sido el responsable de que en Puerto Rico haya habido un despertar. Por mucho tiempo, distintos colectivos, comunidades y figuras particulares han trabajado desde las bases, buscando crear nuevos cimientos para una isla que se tambalea sobre las ruinas de las promesas que vinieron mucho antes. Pero también es cierto que desde el afortunado estrellato de Bad Bunny se vienen notando cambios. El porqué de esto puede tener muchas explicaciones y varias de ellas se pueden trazar a los humildes orígenes del artista más sonado de todo 2025.
“Desde antes de subir a tarima sentí nervios, pero ya después de ver al público dándome el apoyo, gente que yo sé que me escucha, cantando mis canciones, me sentí orgulloso. Todo esto lo hacemos con mucho esfuerzo y pasión y ver que la gente me da ese apoyo me hace sentir más que contento”, dijo el cantante durante la primera presentación importante de su carrera en el Festival Gastronómico de Vega Baja, el 8 de abril de 2016.
“Ya estoy trabajando en lo que serán mis próximos temas, para lanzarlos luego que salgan estos dos remixes. Será música distinta, un sonido totalmente distinto porque eso es lo que queremos, sonar diferente en cada canción”, prometió.
¿Cómo podría ese chamaquito de una familia humilde del barrio Almirante Sur, imaginar que sus palabras de esa noche serían solo un preámbulo, una pizca diminuta, de la vida, de la fama, del alcance inigualable que, sin saberlo, esa misma noche el destino le deparó?
Casi diez años después, ante públicos inmensamente más grandes, desde el pedazo de montaña que metió en el “Choliseo” para su espectáculo, Benito cumplía con esa promesa. “Cuando desde chiquito soñaba con hacer esto, sabía que todo lo que trabajara con cariño y con pasión, lo podía lograr, pero todo esto superó mi propio sueño”, contó, llorando, durante la decimotercera función de la residencia, supuestamente la última.












Una montaña en el «Choli»: una mirada en fotos al impresionante escenario de la residencia de Bad Bunny. Mónica Monserrate le ha dedicado la mayor parte de su vida a la creación de espacios escénicos. – Ramón “Tonito” Zayas
“Gracias por tanto amor, por tanto cariño. Gracias por ponerme aquí, lo voy a agradecer toda la vida, hasta el día que ustedes quieran y hasta el día que Dios quiera. Y como dice la canción, por favor, no se olviden de eso: mientras estemos vivos debemos de amar lo más que se pueda. A los que se fueron un día de aquí de Puerto Rico soñando con volver y a los que todavía seguimos aquí, no me quiero ir de aquí, seguimos aquí. Gracias”, dijo esa misma noche
Y aun siendo el cantante del momento, es relativamente poco lo que se sabe sobre quién realmente es Benito Antonio Martínez Ocasio. Como en las leyendas, o más bien las hagiografías, solo se repiten los datos conocidos por todos, el lugar del que salió, su trabajo como “bagger”, sus inicios como rapero de SoundCloud. El mundo entero conoce su nombre, pero muy pocos saben realmente quién es. Esa aura misteriosa añade al enigma del muchacho que sigue rompiendo esquemas y que contra todo pronóstico sigue subiendo y subiendo, superando los límites imaginarios del mundo conocido, haciendo algo completamente inesperado con cada nueva oportunidad.
Qué hace a alguien merecedor de ser una “figura del año” es subjetivo. Se podrían usar medidas de impacto económico, listas de logros particulares, conteos de premios ganados, y, en este caso, todos serían más que suficientes. Hay, sin embargo, cosas que no pueden medirse, que le hablan más a los sentidos que a la razón.
El 2025 fue un año lleno de sus retos particulares, un año en el que el país se ha enfrentado a dificultades de todo tipo, y allí, como un pequeño bálsamo sobre las almas en esta isla muchas veces agobiada, estuvo Benito Martínez Ocasio, trayendo consigo un regalo tan grande como la vida misma: esperanza.
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Víctor Ramos Rosadovictor.ramos@gfrmedia.com
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