«El objetivo del gobierno de Trump es imponer un mundo dividido en tres partes: una para EE.UU., otra para China y otra para Rusia»
La acción militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, muestra que Donald Trump tiene una perspectiva del poder y las esferas de influencia que se aproxima a la que tenían los imperios hace 150 años.

Pie de foto,Un exalto cargo de las administraciones de Biden y Obama asegura que EE.UU. ni el mundo volverán a ser iguales tras Trump.
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- Luiz Fernando Toledo
- Título del autor,BBC News Brasil en Londres
- 4 horas
- Tiempo de lectura: 9 min
«Es una perspectiva del siglo XIX. Es la base del pensamiento del presidente Trump. Cree que el siglo XIX fue la época dorada de EE.UU., con control continental», le explica a BBC Brasil el exdiplomático estadounidense Ricardo Zúñiga, quien fue subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental durante el gobierno de Joe Biden y antes asesor para las Américas durante la administración de Barack Obama.

En 2026, ¿intentará Trump influir en las elecciones presidenciales de Brasil y Colombia -como ya lo hizo en las de Honduras-? ¿Qué puede pasar si no funciona la intervención en Venezuela? ¿Aprovechará China está coyuntura?
De ese y otros temas hablamos con el experto en América Latina.


¿La condena de Lula al ataque a Venezuela podría volver a tensar las relaciones entre Brasil y EE.UU.?
La postura que anunció es bien conocida en Brasil, bajo diferentes gobiernos.
Los gobiernos de centro, derecha e izquierda, en mayor o menor medida, se oponen estratégicamente al uso de fuerzas extranjeras en Sudamérica.
En este momento, lo cierto es que el presidente Trump probablemente ni siquiera ha notado esta reacción.
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Claudia Sheinbaum (presidenta de México), figura relevante para Trump por su cercanía, también condenó la detención de Maduro, pero con mayor cautela, ya que debe mantener una relación mucho más estrecha con EE.UU. que Brasil.
Es cierto que podría haber un efecto negativo. Pero Brasil debe equilibrar muchos intereses. Uno de ellos es la cuestión de quién controla el gobierno en Caracas y cómo llegó a controlarlo.
Nadie lamentará la salida de Maduro. Esa es otra verdad. Sin embargo, la forma en que se llevó a cabo genera dudas en otras partes del mundo.
La reacciones países como Reino Unido, Alemania y Francia fueron cautelosas. ¿Cómo debemos interpretar esta cautela?
Europa debe preocuparse por un posible ataque contra Groenlandia y Dinamarca. No lamentarán la salida de Maduro; también estaban en su contra y tienen un fuerte interés en un cambio político en Venezuela. Gran parte de la droga que sale de Venezuela va a Europa.
Están concentrados en evaluar si vale la pena criticar a EE.UU. cuando existe un problema mucho más delicado y grave para ellos.

Trump volvió a hablar sobre Groenlandia y amenazó a Colombia y Cuba. ¿Es posible que haya una mayor ola de intervencionismo por parte de EE. UU.?
Oliver Stuenkel (analista político) hizo una observación muy acertada: los gobiernos democráticos también deben preocuparse por la posibilidad de un ataque de EE.UU., tanto como los gobiernos autoritarios.
Esto representa un cambio en los cálculos de los gobiernos de toda la región.
Los intereses de EE.UU. son claramente evidentes en los mensajes públicos de la Casa Blanca, como la declaración de que «el hemisferio occidental es nuestro».
Este es un mensaje muy diferente a decir que: somos parte de las Américas y del hemisferio occidental y que trabajaremos para garantizar la estabilidad.
La interpretación correcta es que EE.UU. está preparado para actuar militarmente para proteger y promover sus intereses, independientemente de si se alinean o no con los de sus aliados.
Esto es algo muy novedoso.
En 2026 habrá elecciones presidenciales en Brasil (y en Colombia, Costa Rica y Perú). ¿Existe la posibilidad de que Trump intente influir en ellas como lo hizo en otros países de América Latina?
Obviamente interfirió en Honduras y seguirá interfiriendo en otros países. Probablemente lo intentará en Colombia, donde apoyará a la oposición de derecha.
Es posible que haga lo mismo en Brasil, pero debo decir que este ambiente cordial entre el presidente Lula y Trump existe. Y él (Trump) es una persona que se guía por sus relaciones personales.
Por lo tanto, es posible que (el intento de influir en las elecciones) no se materialice de la misma manera.
En Brasil, esto será un factor en la campaña, pero hay otros factores que podrían ser mucho más importantes.

Si la intervención en Venezuela no funciona, ¿cuál es el riesgo para la imagen de Trump?
Lo de Venezuela ya es muy positivo para Trump.
Nadie habla del caso Epstein. Nadie habla del aumento del costo de la atención médica para los estadounidenses. Eso sí es muy importante.
Venezuela no le importa mucho a la población estadounidense. No le interesa.
Pero lo cierto es que la idea de una intervención es muy impopular.
(Trump) ganó (las elecciones) argumentando que los demócratas querían involucrar a EE.UU. en más conflictos internacionales y que él era el presidente de la paz.
Habla de los conflictos que ha resuelto e incluso quiso el Premio Nobel. Pero lo cierto es que también lideró intervenciones en su primer año y comenzó 2026 con un ataque a Venezuela.
Esta idea de mantener una política casi colonial en las Américas también es impopular en EE.UU. Hay simpatizantes que estaban en contra de los conflictos internacionales y ahora los apoyan porque los lidera Trump.
Pero una parte significativa de sus votantes está en contra de cualquier intervención, más aún si es para favorecer a las petroleras. Es un error interno.

¿Es viable atraer capital privado a Venezuela en este momento?
El secretario de Estado, Marco Rubio, habló de un proceso de tres fases.
Primero: estabilizar el país trabajando con el gobierno actual. Segundo, mejorar la situación económica, especialmente en el sector energético. Y tercero, al final, una transición política.
Lo cierto es que será difícil llevar a cabo una transición política en Venezuela por razones que todos conocemos: Es un régimen que no quiere cambiar.
Pero la capacidad de influencia de EE.UU. en este momento es enorme.
Lo podemos ver con el anuncio de que Venezuela entregará 50 millones de barriles de petróleo a EE.UU. para su distribución.
Este es un mensaje muy claro: las autoridades quieren negociar con EE.UU. y ceder.
Lo que no será fácil para estas autoridades es renunciar al poder. Lo que vemos ahora en las calles es represión contra la oposición, los periodistas y cualquiera que, en su opinión, haya favorecido el ataque contra Maduro.
Esta forma de intervención en Venezuela es diferente a otras, sin ocupación de territorio. ¿Es una lección que EE.UU. aprendió de otros episodios?
Fue un ataque espectacular, con el objetivo de capturar a una persona. Y lo lograron.
Es una operación que se analizará no solo en Venezuela, sino también en Cuba, Nicaragua, Rusia y China.
Pudieron ver que la capacidad militar de EE.UU. sigue siendo enorme.
¿Qué logró EE.UU. con esto? Una relación con el mismo régimen, pero ahora con mayor influencia. Pero no sabemos qué pasará ahora, cómo terminará esto.
La ONU afirma que la operación estadounidense violó claramente el derecho internacional. ¿Cuál es el papel de la ONU en este conflicto?
Las Naciones Unidas no le importan a EE.UU. en este momento.
Esa es su política, la estrategia internacional presentada por el gobierno. Está muy claro que harán todo lo que esté dentro de su capacidad militar, y la ley no importa.

Hay quienes sugieren que la intervención en Venezuela busca reforzar el control estadounidense sobre Latinoamérica, dejando Asia en manos de China. ¿Tiene sentido esta interpretación?
Es una perspectiva del siglo XIX. Es la base del pensamiento del presidente Trump. Cree que el siglo XIX fue la época dorada de EE.UU., con control continental.
Cree que esa fue la mejor época para EE.UU. y la está recreando ahora.
Sin duda, el objetivo de la administración Trump es desmantelar el sistema de alianzas de EE.UU. e imponer este mundo dividido en tres partes: una para EE.UU., otra para Rusia y otra para China.
Esto no se alinea con los intereses del país moderno que es EE.UU., que tiene fuertes intereses globales.
La economía no es lo que era en el pasado, y EE.UU. no puede vivir en un mundo de hostilidades permanentes, ni con sus vecinos ni con sus socios globales.
Esta agresividad y tono, emblemáticos de esta administración, no son sostenibles más allá de la administración de Trump.
El hecho de que EE.UU. sea un actor dominante no significa que pueda actuar sin restricciones en todo el mundo.
Se necesitan amistades, verdaderos socios, no solo países que le teman a EE.UU. Todavía no lo entienden y no lo entenderán.
La OTAN está en el centro de todo esto. Quieren desmantelarla porque consideran a Europa un adversario cultural. Al mismo nivel que Rusia. Pero la gran mayoría de la élite estadounidense no lo cree.
Esto será lo más difícil de comunicar al mundo después de esta administración: que nunca volveremos al mundo de antes de Trump. Pero EE.UU. tampoco será el mismo después de él, porque no es sostenible.
Para Trump, el largo plazo no es importante. Obviamente, quiere aumentar su riqueza y la de sus amigos, y lo logrará.
Está desmantelando las alianzas tradicionales de EE.UU. y dominando la escena política en el país. Para él, las cosas van muy bien, pero su visión contradice a la opinión pública. Su índice de aprobación es muy bajo actualmente. No cuenta con el apoyo de la población.

Algunos analistas creen que China podría aprovechar esta situación para aislar a EE.UU. y presentarse como un socio confiable. ¿Cómo evalúa esto?
China ya lo está haciendo. Es la política estratégica que presentó para las Américas en 2025. Para contrastar con EE.UU., se presenta como el socio confiable.
Y lo cierto es que, para muchos países, este será el mensaje que recibirán de EE.UU.
Este enfoque de EE.UU. en su capacidad militar coercitiva, a corto plazo, tendrá una influencia considerable en la región.
Los países buscarán evitar conflictos con EE.UU. Se atendrán, en cierta medida, a las políticas de la administración Trump.
Pero todos sabemos que, a largo plazo, cuando un país es visto como una amenaza estratégica, otros países buscan otros socios para enfrentarlo. Es un gran riesgo para EE.UU. que otros países lo consideren de alto riesgo y a China un socio preferente, estable y confiable.
China, en este momento, tiene un argumento muy sólido.
En el caso de Rusia, ¿espera alguna reacción también?
En primer lugar, la capacidad militar estadounidense para llevar a cabo todo esto causó conmoción. Deben reconocer esa sólida capacidad militar.
Al mismo tiempo, un mundo dividido, donde EE.UU. ya no tiene esta capacidad global y donde está en conflicto con antiguos aliados, es un buen mundo para Rusia. Donde pueden operar estratégicamente, de forma favorable en comparación con EE.UU.
El problema es que esta administración (estadounidense) confunde miedo con influencia. EE.UU. puede infundir miedo en otros. Pero cualquier país necesita amigos, no rehenes.
*Este artículo es una versión de la entrevista publicada por BBC News Brasil. Para leer el original en portugués haz clic aquí.

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Cómo Marco Rubio se convirtió en el «arquitecto» de la operación de EE.UU. para capturar a Maduro y ahora es clave para definir el futuro de Venezuela

Información del artículo
-
- Autor,Alejandra Martins
- Título del autor,BBC News Mundo
- 13 enero 2026
- Tiempo de lectura: 12 min
Fue ridiculizado por Donald Trump como el «pequeño Marco» cuando competían en las primarias republicanas en 2016. Y como actual secretario de Estado del gobierno de Trump, su papel ha sido secundario con respecto al de enviados especiales en regiones como Medio Oriente.
Pero el ataque a Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro en la madrugada del 3 de enero dejaron en claro que, cuando se trata del «hemisferio occidental», Marco Rubio es la figura clave de la actual administración.
El exsenador de Florida, de 54 años, dirige cuatro organismos en el gobierno estadounidense. Es la primera persona en ocupar simultáneamente los cargos de secretario de Estado y consejero de seguridad nacional desde Henry Kissinger hace medio siglo. Es además administrador interino de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y jefe en funciones de la Administración Nacional de Archivos y Registros.
Desde la operación inédita en territorio venezolano, que numerosos expertos en derecho internacional calificaron como ilegal, ha sido Rubio el encargado de hablar con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Ambos se comunican en español, que Rubio habla con fluidez, según dijo Trump a la cadena NBC.
El secretario de Estado también fue la figura omnipresente que defendió el operativo en los principales medios de noticias estadounidenses.
«Esto no fue una invasión, no ocupamos ningún país…Esto no es Medio Oriente y nuestra misión aquí es muy diferente. Esto es el hemisferio occidental», declaró a la cadena ABC.
Los dramáticos sucesos en Venezuela son la culminación de un proceso de años en el que Rubio, hijo de migrantes cubanos, ha buscado impactar el rumbo de América Latina.

Marcado por su entorno
Los padres de Rubio salieron de Cuba en busca del «sueño americano». Emigraron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del ascenso de Fidel Castro y el establecimiento de un gobierno comunista en la isla. Su padre era camarero de banquetes y su madre camarera de hotel.
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Nació en 1971 y seguramente creció escuchando historias de exiliados cubanos que no podían regresar a su patria. Este entorno marcó su carrera política, primero en la Cámara de Representantes de Florida y luego en el Senado en Washington.
«Marco Rubio ha tenido un interés sobre América Latina que va desde su niñez como cubano-americano», señala a BBC Mundo el experto venezolano Alejandro Velasco, profesor de historia en la New York University.
«No sólo ha tenido interés, sino en realidad como un afán, especialmente sobre la pugna ideológica en América Latina entre izquierda y derecha, entre comunismo y capitalismo», señala el experto.
Como senador, no solo influyó sino que fue influenciado por su contexto.
«Las políticas del sur de Florida están marcadas por la diáspora cubano-americana, y en los últimos 15 o 20 años también por un auge de venezolanos saliendo primero desde la época de Hugo Chávez y después en mayores números desde el gobierno de Nicolás Maduro, a partir del 2013».

«Fija su interés en Venezuela»
«Lo que vemos a partir de la primera administración de Donald Trump es que Marco Rubio fija su interés en Venezuela, principalmente como una plataforma para llegar a un último fin, que es el cambio de régimen en Cuba», afirma Velasco.
Y eso se debe, según el experto, a dos razones.
«Primero, porque especialmente con el entorno de venezolanos expatriados en Estados Unidos y en otras partes del mundo, se crea la narrativa de que el gobierno de Maduro es muy débil».
«Pero también lo que tiene Venezuela es un gobierno en el exilio. A partir del 2019 hubo un intento por crear ese gobierno paralelo al de Maduro bajo el liderazgo de Juan Guaidó, que era asambleísta opositor en Venezuela. Recayó sobre él la idea de que iba a ser quien impulsara este empujoncito que iba a hacer caer al régimen de Maduro. Eso resultó ser ficticio».
Ni Obama ni Trump mostraron interés en una acción bélica en Venezuela. Incluso en el comienzo del segundo período de Trump, su estrategia inicial fue negociar con el régimen. El enviado especial de EE.UU., Richard Grenell, visitó Caracas a fines de enero de 2025 y obtuvo la liberación de estadounidenses de cárceles venezolanas.
El cambio de estrategia se produjo cuando Rubio concretó lo que Velasco describe como «uno de sus mayores logros»: hacer confluir en torno a Venezuela los intereses de actores dispares y clave del gobierno estadounidense.

Cerco a Maduro
En el segundo mandato de Trump, Rubio no solo obtuvo como secretario de Estado mucha más influencia.
«Posicionarse como consejero de seguridad nacional le da acceso no solamente a la plataforma diplomática, sino también a todo el cuerpo militar y de inteligencia de Estados Unidos», afirma Velasco.
Rubio pasó los meses previos a la operación del 3 de enero elaborando la estrategia hacia Venezuela en reuniones en la Casa Blanca con Stephen Miller, según fuentes citadas por CNN. Miller, de posición ultraconservadora, es consejero para la política interna, jefe adjunto de gabinete en la Casa Blanca y el creador de la estrategia migratoria del gobierno.
El cerco a Maduro se fue estrechando progresivamente.
En julio, el Departamento de Estado incluyó en su lista de organizaciones terroristas extranjeras al cartel de los Soles, un supuesto grupo narcotraficante dirigido, según EE.UU., por Maduro. (La acusación fue retirada esta semana y no figura entre los cargos contra el exlíder venezolano).
En agosto se duplicó a US$50 millones la recompensa por la captura de Maduro. Y ese mismo mes comenzó el despliegue de buques estadounidenses en el Caribe.
Ahora, tras la captura de Maduro, un grupo de altos funcionarios de confianza de Trump estará a cargo de la estrategia estadounidense en Venezuela.
Sus miembros son, además de Rubio y Miller, el secretario de Defensa, Pete Hegseth y el vicepresidente J. D. Vance.
«Cada uno aporta capacidades diferentes», dijo Trump en una entrevista emitida en la cadena de televisión NBC.
Quien liderará ese grupo bajo «la guía de Trump» será Marco Rubio, según declaró Miller a la prensa local.

Venezuela, la «pieza instrumental»
El secretario de Estado ha sido en gran medida el arquitecto de la estrategia de EE.UU. en Venezuela, señala Velasco.
«Lo que vemos a Rubio lograr en estos últimos siete meses es traer agendas separadas por parte de distintos sectores del gobierno de la administración Trump y hacerlas converger en Venezuela como una pieza instrumental para avanzar esas distintas agendas».
«En el caso de Stephen Miller, su interés en Venezuela no es el petróleo como tal sino otras dos cosas. Una es crear un gobierno o una cierta estabilidad en Venezuela para entonces sacar a todos los migrantes venezolanos que han llegado a lo largo de los últimos 10 años a EE.UU., quitándoles la excusa de que no pueden regresar al país. Con un proyecto evidentemente racista y xenófobo, no ha hecho ningún secreto de que quiere expulsar a tantos migrantes como pueda», señala Velasco.
«Por otro lado, está el interés de perfilar a Estados Unidos no sólo como la potencia, sino como el dueño del hemisferio».
En el caso de Pete Hegseth, lo que más quiere, según Velasco, es «poder regresar en su mente a un momento en el que el poderío militar de Estados Unidos era incuestionable a través del mundo. Lo que busca es no un bombardeo a larga distancia, como sucedió en Irán, sino una acción bélica contundente, dramática, espectacular».
«Entonces Rubio logra converger estas distintas agendas para decir ‘todos podemos avanzar en todas estas agendas’: tumbar a Cuba, tener acceso al petróleo, que es lo que más le interesa a Trump, tener una acción espectacular bélica y botar a los migrantes venezolanos con un ataque muy puntual si negociamos con lo que queda del régimen».

Distanciamiento de la oposición
Rubio impulsó la estrategia fallida de reconocer en 2019 a Juan Guaidó como «presidente encargado» de su país en lugar de Maduro.
Como senador, afirmó que Edmundo González, con el apoyo de María Corina Machado, ganó las elecciones venezolanas de 2024. También nominó a Machado para el Premio Nobel de la Paz.
Pero ahora dialoga con Delcy Rodríguez, y Trump afirmó que Machado no cuenta con «el apoyo ni el respeto necesarios en el país».
Velasco señala que es importante ante todo aclarar que «hay muchas oposiciones en Venezuela».
«Hay una oposición muy fuerte, liderada por María Corina Machado, pero cuyo centro de poder está fuera de Venezuela. Y hay otra oposición que está dentro de Venezuela, cuya estrategia tiene más que ver con capturar posiciones de poder dentro del Estado madurista y chavista para entonces, a través del tiempo, crear un cambio democrático».
«Hay distintas oposiciones, lo cual hace mucho más sorprendente el hecho de que no solamente con Rubio, sino con Trump, no vimos ni siquiera mención de la palabra democracia».
«Aquí lo puntual es petróleo, estabilidad. Lo más importante para Rubio es rearticular una visión de Estados Unidos como dueño de América Latina».
Velasco habla de un «mal cálculo» de la oposición. Machado y otros hicieron hincapié en convencer a Rubio y a Trump de que lo más importante es la democracia primero y los acuerdos después.
«Pero lo que entendieron Delcy Rodríguez y su entorno es que ni a Trump, y creo que ni a Rubio, le interesa el tema de democracia».

«Tres fases» de la intervención en Venezuela
Trump generó confusión al decir que Washington iba a gestionar o gobernar el país «hasta que podamos hacer una transición segura, apropiada y juiciosa».
Rubio fue más cauteloso, sugiriendo que Estados Unidos usaría su influencia para imponer su voluntad.
Si Delcy Rodríguez no acata las directrices de Washington, su futuro será «peor que el de Maduro», afirmó Trump.
En declaraciones a la prensa tras una sesión de información al Congreso, Rubio habló de tres fases de la intervención de EE.UU. en Venezuela.
«El primer paso es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos», afirmó. La segunda fase es la «recuperación, que consiste en garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al mercado venezolano de forma justa». En paralelo, dijo, se iniciará un proceso de «reconciliación nacional para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil».
«Y la tercera fase, por supuesto, será de transición», agregó.
Rubio afirmó que la «cuarentena» contra buques exportadores de crudo venezolano sigue en pie.
«Esa es una enorme cantidad de influencia que seguirá vigente hasta que veamos cambios que no solo promuevan el interés nacional de EE.UU., que es el número uno, sino que también conduzcan a un futuro mejor para el pueblo de Venezuela», afirmó Rubio al programa Face the Nation de la cadena CBS.
Lo que está diciendo Washington, según Velasco, es «vamos a ejercer control no directamente, sino en términos de una especie de extorsión. Vamos a mantener el bloqueo y vamos a dictar las pautas que el nuevo gobierno de Venezuela tiene que acatar, y si no, entonces está el espectro de una nueva intervención».
«Pero creo que sería exagerar decir que Estados Unidos ahora tiene completa plataforma para hacer lo que quiera. Tienen ciertos límites y creo que el más importante que tiene Rubio es que por ahora no veo compromiso real por parte de Trump de comprometerse a una incursión con tropas estadounidenses para efectuar un cambio de régimen si el gobierno de Venezuela no acata al pie de la letra todo lo que diga la administración estadounidense».
Esto le da a Delcy Rodríguez y a su entorno un cierto margen de maniobra, de acuerdo el experto venezolano.
«Creo que ellos están apostando a que no va a haber una intervención a gran escala en Venezuela. Lo que creo que vamos a ver en las próximas semanas y meses es que Delcy Rodríguez y su entorno tienen un interés en negociar con Estados Unidos y no solamente por el temor a ser bombardeados».
«Tienen interés en permanecer en el poder y negociar con Estados Unidos. Eso le provee recursos que pueden administrar para quizás crear una especie de mejora económica y que entonces la población, obviamente con muchas oposiciones al gobierno de Maduro y ahora al de Delcy, quizás puedan decir: ‘Bueno, por lo menos tenemos mejorías económicas y estabilidad, y no queremos cambiar eso por una eventual transición hacia un gobierno, digamos de María Corina Machado'».

«Un nuevo orden mundial»
Rubio impulsa junto a Stephen Miller «otra visión del poder global», afirma Velasco.
«Creo que estamos en las vísperas de un cambio muy importante si otras regiones como Europa o partes de América Latina o partes de Asia no levantan críticas a lo que está sucediendo».
«Estamos en las vísperas de un nuevo orden mundial en el que lo que más impera es el poder en su absoluta desnudez, es lo único que importa».
El experto cree que, además de su rol en Venezuela, la meta en el corto plazo de Rubio es «hacer caer o impulsar la caída del régimen cubano».
Trump sugirió que la intervención militar estadounidense allí no era necesaria porque Cuba está «a punto de caer». » Cuba ahora no tiene ingresos», añadió. «Obtienen todos sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano».
Rubio, por su parte, declaró a la prensa que «si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado, al menos un poco».
A mediano o largo plazo, las metas de Rubio son más amplias, opina Velasco.
«Por una parte, está todo lo que hemos escuchado sobre amenazas contra Gustavo Petro en Colombia, contra Claudia Scheinbaum en México y contra otros gobiernos. Y por otra está el abanderamiento de movimientos como el de Milei en Argentina, el de Kast en Chile, el de Noboa en Ecuador y el de Bukele en El Salvador, que sugiere que se está perfilando una situación en la que la misma idea de un balance de poder entre izquierdas y derechas en América Latina va a ser mucho más difícil. Ese cambio de mareas en el que la región va de derechas a izquierdas y de izquierdas a derechas a lo largo de los años va a ser más difícil».
«Creo que la meta de Rubio a largo plazo es quebrar esa dinámica histórica y decir que ‘sí podemos lograr este cambio no solamente de régimen, sino de esfera de poder. Entonces no vamos a tener que preocuparnos sobre movimientos de izquierda a futuro si podemos crear un consenso en Estados Unidos y partes de América Latina de que este es el nuevo futuro, el futuro para el siglo XXI de América Latina. Tienes que negociar a las buenas o a las malas con Estados Unidos o si no te vamos a caer'».
«Es lo que se perfila a futuro».

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