Puerto Rico: colonización, ocupación territorial y fariseísmo
¿Qué es esta colonia del que ya hasta algunos Populares hablan? Como tantos aspectos de nuestra cultura, el término colonia se deriva de la civilización grecorromana. Eran asentamientos en tierras nuevas, donde los colonos provenían de la metrópoli. Eran la misma gente. Este no es el caso de Puerto Rico. Por razones demagógicas, es muy atractivo usar la acepción de colonia como territorio ocupado por una potencia extranjera.


Armando Rodríguez Durán
(San Juan, 9:00 a.m.) ¿Qué es esta colonia del que ya hasta algunos Populares hablan? Como tantos aspectos de nuestra cultura, el término colonia se deriva de la civilización grecorromana. Eran asentamientos en tierras nuevas, donde los colonos provenían de la metrópoli. Eran la misma gente. Este no es el caso de Puerto Rico. Por razones demagógicas, es muy atractivo usar la acepción de colonia como territorio ocupado por una potencia extranjera. Después de todo, esto último es lo que somos, un territorio ocupado por una potencia extranjera. Fuimos una colonia española, y somos un territorio ocupado por los Estados Unidos de América. Asiduos a las telenovelas y los concursos de Miss Universo, nos suena mejor la connotación melodramática de colonia. Es un término que podemos proyectar a tiempos ancestrales. Aceptemos, de momento, la acepción de colonia como territorio ocupado por una potencia extranjera, y auscultemos si a alguien más le podríamos llamar colonia en nuestro vecindario.
Argumentaba Eduardo Galeano, en Las Venas Abiertas de América Latina, que la abundancia de recursos naturales había sido una de las maldiciones de Latinoamérica. Partiendo de esta premisa, como parte de la explicación para los males de la región, la condición colonial de la América Latina nunca terminó. Es decir, las llamadas repúblicas latinoamericanas (y otras), así como la soberanía nacional, no son más que alucinaciones. No me abandonen todavía, denme la oportunidad de explicar.
En la acepción de colonia como territorio ocupado por una potencia extranjera, la potencia extranjera viene a sustraer los recursos a expensas de la población originaria. Como los extraterrestres en la película Independence Day. O como el Guano Islands Act de 1856, donde los Estados Unidos se adjudicaron a sí mismos el derecho a explotar cualquier isla deshabitada, y luego abandonarla sin responsabilidad ulterior. ¿No ocurre algo parecido en la América Latina habitada? La diferencia es que, como nuestras colonias de antaño, en Latinoamérica siempre ha habido una oligarquía local operando en contubernio con los intereses extranjeros.
¿Quiénes sustraen y a dónde va el oro, plata, cobre, hierro y litio de Latinoamérica? Pues lo sustraen BHP, Anglo American, Glencore, Albemarle, Uranium Ore, Citic Guoan, Barrick, entre otros. Estas son compañías estadunidenses, canadienses, australianas, rusas, chinas y hasta saudí. Como en las colonias clásicas, los países explotadores se llevan la materia prima y luego venden, en este caso a las colonirepúblicas*, la varilla, el board de la computadora o la cadena para el blin-blin. Es decir, el producto con valor añadido. Igual ocurre con productos agrícolas. Por ejemplo, chocolates suizos y de Dubái a diestra y siniestra, cuando ni en Suiza ni en Dubái crece el cacao. Lo compran barato en África, Ecuador y República Dominicana, lo mezclan con mucha leche y azúcar, y lo venden como chocolate fino y caro. Ninguno de esos chocolates les llega a los tobillos al menos a dos marcas boricuas, así como a otras tantas dominicanas y ecuatorianas. No lo planteo desde un punto de vista nacionalista, sino del punto de vista de un chocófilo empedernido, dedicado a probar cuanto chocolate decente, y no tan decente, se le pone de frente.
En el renglón ambiental no se quedan atrás las colonirepúblicas. Tomemos por ejemplo a Brasil, una economía importante. En el juego global de greenwashing, Alemania compra créditos de carbono sembrando eucalipto en el ecosistema del Cerrado, en el centro de Brasil. En este intercambio, Alemania desarrolla su industria, mientras Brasil queda con unos monocultivos que poco contribuyen a su desarrollo económico, además de degradar el ambiente y desplazar a comunidades locales. Con los parques eólicos, los Estados Unidos, Alemania y España, entre otros, exportan su tecnología a los países en desarrollo, evadiendo allí, con complicidad local, los requisitos ambientales que esas mismas compañías tienen que cumplir en sus países de origen. Esto último no ocurre en Puerto Rico, pero no gracias al gobierno local.
Pero ¿es un país explotador solo aquel que sustrae recursos naturales a gran escala, para luego vender un producto con valor añadido? ¿O podríamos acusar de explotador a todo país que gaste más que su justa porción de los recursos naturales del Planeta? Cada año, el Global Footprint Network publica números sobre lo que cada país gasta con relación a lo que “en justicia le corresponde”. Por ejemplo, necesitaríamos 10 planetas Tierra para que todo el mundo pudiera consumir recursos al ritmo que lo hacen los cataríes. Cada país que sobrepasa su fair share de los recursos del Planeta, está explotando a los que consumen menos. Al menos 12 países latinoamericanos caen en esta categoría, incluyendo a Costa Rica, alegado paladín del ambientalismo. En nuestro caso, se necesitarían unos cinco planetas para que el resto del mundo pudiera consumir al ritmo que lo hacemos nosotros. Y me sospecho que ese cálculo no incluye la pirotecnia navideña. Es decir, no tenemos un problema de falta de recursos. ¿Somos entonces unos explotados, o tan fariseos como los que señalamos?
En fin, ¿es la condición de territorio ocupado el principal escollo para el desarrollo de un país? Después de todo, técnicamente las colonirepúblicas no son territorios ocupados. Muchos países han sido incapaces de salir del hoyo una vez transicionaron de colonia a colonirepúblicas. Singapur lo logró en tiempos modernos, Hong Kong lo logró siendo aún un territorio ocupado por Reino Unido, y ahora por China. ¿Que determina la posibilidad de que un territorio ocupado se convierta en una jurisdicción próspera? Y más importante, cuántos logran luego aliviar las desigualdades sociales; algo que no ha ocurrido en la mayoría de las jurisdicciones explotadoras ni explotadas. Seguramente son muchos los factores, pero regodearse en que ser territorio ocupado es la razón de todos los males parece una excusa. Una cortina de humo que sustituye trabajar por desarrollar un país. Especialmente cuando hablamos de un territorio ocupado que es, a su vez, explotador de los recursos del Planeta. Tal vez hacen falta más hacedores y menos proselitistas. Me repito, “medidas que faciliten el saneamiento de nuestra operación país, independientemente de la situación política… Ya luego podemos usar las consignas para brindar”. Afortunadamente, me parece que la seudointelectualidad provinciana de reciprocidad lisonjera, que por muchas décadas ha lastrado al país, se va difuminando. Lo que no desaparece son los políticos, cabilderos y arrimados convenencieros. Estos, como las cucarachas, son inextinguibles. Pero su abundancia, también como las cucarachas, depende de que prestemos atención.
Prestar atención requiere aprender a buscar y cernir información de manera objetiva. Algunos investigadores sociales se preocupan porque, dependiendo del modelo utilizado, y según reportan recientemente en la revista Science, del 15 al 40% de la información provista por los sistemas de inteligencia artificial (IA), en el ámbito político, es falsa. Y los estudios muestran que la mayoría de las personas tienden a ser persuadidas tanto por información correcta como por datos falsos, pues no distinguen unos de otros. Esto es terrible, pero la falta de confiabilidad de la IA no me escandaliza. Es que, según análisis hechos por PolitiFact en Estados Unidos, 31% de las declaraciones hechas por Demócratas, y 55% de las que hicieron los Republicanos entre 2016 y 2021, eran falsas. Es decir, los políticos, de todos los colores y afiliaciones, son tan o más embusteros que la IA. Claro, el problema con la IA es que la gente piensa que puede creer más a su celular que a sus candidatos políticos. Pero sea IA, o personas de carne y hueso, las mentiras siempre aumentarán en función del número de crédulos. Entonces, nuevamente, hay que prestar atención y tener criterio. “If it sounds too good to be true, it probably is”, es decir, en boricua, si suena demasiado bueno para ser verdad, seguramente hay gato encerrado. Los datos constatados, para actuar; las consignas para brindar.(*Definición: colonirepública – dícese de aquella jurisdicción política con autonomía para decidir asuntos internos y algunos asuntos externos, siempre que éstos no conflijan con los intereses de las superpotencias. La colonirepública se caracteriza por una alucinación generalizada de soberanía nacional. En esto último, la colonirepública y los territorios ocupados se parecen, aunque en éstos últimos la alucinación se limita a niños creyentes en los Reyes Magos, y algunos adultos que no sobrepasaron esa etapa.)
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