Ira y angustia entre población cubana tras amenaza de Trump de imponer aranceles a proveedores de petróleo


30 de enero de 2026 20:14
La Habana. Los cortes masivos de energía eléctrica en Cuba hicieron que muchas personas se despertaran el viernes sin saber que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había amenazado con imponer aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a la isla caribeña.
A medida que la noticia comenzó a difundirse en La Habana y más allá, la ira y la angustia se desbordaron por la decisión, que sólo hará la vida más difícil para los cubanos, quienes ya pasan dificultades por las sanciones de Estados Unidos.
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“Esto es una guerra”, afirmó Lázaro Alfonso, un diseñador gráfico jubilado de 89 años. Describió a Trump como el “sheriff del mundo” y dijo que se siente como si viviera en el Viejo Oeste, donde todo se vale.
Alfonso, quien vivió la severa depresión económica de la década de 1990 conocida como el “Periodo Especial” tras los recortes en la ayuda soviética, dijo que la situación actual en Cuba es peor, dada la gravedad de los apagones, la falta de bienes básicos y la escasez de combustible. “Aquí en Cuba, lo único que nos falta… es que nos caigan las bombas”, expresó.
El diario oficial Granma indicó que para la demanda pico de energía eléctrica para el viernes se requieren 3 mil cien megawatts (mw), pero la disponibilidad de energía es de sólo mil 325 mw, es decir, apenas 42.7 por ciento del requerimiento.
“Nos están asfixiando”
La presión que ejerce Trump preocupó a los cubanos que han visto agudizarse durante las últimas semanas los apagones que sufren, actualmente de más de 10 horas diarias en la capital, así como las dificultades para comprar combustible.
Las filas en las gasolinerías de La Habana que venden el combustible en dólares fueron de varias cuadras este viernes, constató la AFP.
El universitario Jorge Grosso, de 23 años, consideró que hay que “negociar y ver cuáles son las condiciones que tiene (Trump), porque al final nos están asfixiando”.
Para este estudiante de tercer año de contabilidad, quien hizo fila durante “casi 24 horas” para comprar gasolina, si Trump lograra cortar el suministro de petróleo al país, “lo que se viene va a estar duro, muy duro”.
Cuba enfrenta desde hace seis años una grave crisis económica, con escasez de todo tipo de productos y prolongados apagones, debido a los efectos combinados del endurecimiento de las sanciones estadounidenses, vigentes desde 1962, la baja productividad de su economía centralizada y el colapso del turismo.
En el último lustro, el producto interno bruto (PIB) cubano cayó 11 por ciento y el gobierno enfrenta una severa escasez de divisas para garantizar los servicios sociales básicos, en particular el funcionamiento de su red eléctrica, el mantenimiento de su sistema sanitario y el suministro de productos subsidiados a la población.
Tras enfrentar a 13 administraciones estadounidenses en un clima mayoritariamente hostil, Cuba solo experimentó un acercamiento con Washington durante el segundo mandato de Barack Obama.
Ese efímero deshielo diplomático concluyó tras la primera llegada a la Casa Blanca de Trump (2017-2021), quien reforzó como ningún otro presidente estadounidense el embargo que Washington aplica contra la isla desde 1962.
Estados Unidos, en emergencia nacional
30 de enero de 2026 00:01
No hay la menor duda de que Estados Unidos se encuentra, en los hechos, en una situación de emergencia, y Donald Trump tenía sobrados motivos para declararla, como lo hizo ayer.
No es para menos: la economía cruje por todos lados como efecto de la inflación, la incertidumbre financiera y los incendios en distintos ámbitos del comercio internacional; es patente el deterioro de las condiciones de vida de sectores crecientes de la sociedad; hay una inocultable corrupción galopante, practicada y alentada por el círculo presidencial; se erosiona la Organización del Tratado del Atlántico Norte, punta de lanza estratégica estadunidense en Europa, pero también en Medio Oriente, Asia Central y África; los vínculos de Washington con sus aliados y socios históricos están severamente debilitados; se vive un conjunto de confrontaciones interinstitucionales y exaspera y polariza a la opinión pública el espectáculo de grupos paramilitares que asesinan, hieren, golpean y secuestran a personas en las calles de diversas ciudades con la bendición de la Casa Blanca.
La evaluación de la gravedad de la circunstancia es acertada; lo equivocado es el diagnóstico de su causa. La “amenaza inusual y extraordinaria” es el desbarajuste interno y externo provocado desde la cúpula del régimen, encabezada por el único dictador en el mundo que –¡bravo por la sinceridad!– se reconoce como tal (https://shorturl.at/mNN9M); decir que proviene de Cuba es un mal chiste que sólo se le pudo ocurrir a Marco Rubio y que nadie más que su jefe podría expresar en público sin sonrojarse.
La afirmación de que “las políticas, prácticas y acciones del gobierno de Cuba están diseñadas para perjudicar a Estados Unidos y apoyar a países hostiles, grupos terroristas transnacionales y agentes malignos que buscan destruir a Estados Unidos” (https://shorturl.at/n74oq) lleva a imaginar un poderoso Estado caribeño que trata de aplastar a una pobre nación desamparada e inerme situada al norte.
Algo parecidamente estúpido arguye el autor de bestsellers fascistas Peter Schweizser en su libro The Invisible Coup: How American Elites and Foreign Powers Use Immigration as a Weapon (https://shorturl.at/EY2fS), en el que afirma que México promueve, por medio de sus consulados, un golpe de Estado en la nación vecina y que procura “afectar las elecciones presidenciales” estadunidenses.
Se trata, en ambos casos, de ejemplos de mecanismo proyectivo, del que se ha hablado ya en este espacio: “cuando percibimos algún aspecto negativo de otra persona, algo que nos produce rechazo y desagrado, incluso cuando apenas conocemos al otro, muy posiblemente estemos proyectando en la otra persona aspectos propios que nos resultan intolerables” (https://shorturl.at/ElTIN).
En ambos casos, la realidad es exactamente la contraria: son las prácticas y acciones de Washington las que están diseñadas para perjudicar a Cuba y para financiar y promover “grupos terroristas internacionales y agentes malignos” que buscan la destrucción del gobierno cubano. Y es Estados Unidos el que ha practicado una sistemática intromisión en la política interna de México, ya sea con la anuencia de presidentes serviles, como todos los del periodo neoliberal, o con la oposición explícita de los gobiernos de la 4T, y ya fuera con Trump, con Biden o nuevamente, con Trump. Recuérdese, si no, cómo el metiche ex embajador Ken Salazar se creía con derecho a opinar sobre la Reforma Judicial aprobada en nuestro país a fines del sexenio pasado (https://shorturl.at/SdgAh).
Pero más allá de las colisiones entre los dichos del trumpismo y la realidad, el hecho es que los primeros exhiben, además de posibles condiciones clínicas por parte del dictador –oportunamente aprovechadas por sus subordinados para impulsar intereses propios–, intentos de huida hacia adelante y ensayos para construir molinos de viento externos que le permitan eludir la cada vez más angustiosa situación interna y la disfuncionalidad inocultable de su gobierno.
En fin, es claro que Estados Unidos se encuentra en emergencia nacional. Pero el factor que la ha desencadenado no es China, ni Irán, ni Europa, ni Venezuela, ni Cuba, y mucho menos México. La crisis aguda de la superpotencia tiene una firma inmediata y clara: un garabato furioso de líneas gruesas, angulosas y agresivas que corresponden a la rúbrica del presidente de Estados Unidos y que simbolizan el declive, acaso terminal, de su país.
navegaciones@yahoo.com
Trump: doble discurso e injerencismo
30 de enero de 2026 07:16
La presidenta ClaudiaSheinbaum Pardo sostuvo ayer por la mañana una llamada telefónica con su homólogo estadunidense, Donald Trump, tras la cual informó que hablaron de varios temas y quedaron en seguir avanzando. Aunque hubo bastantes progresos y se trató de una conversación muy cordial, no hay nada concreto que pueda comunicarse, pues tanto los equipos que tratan los asuntos comerciales como los que manejan los temas de seguridad continúan sus respectivos trabajos. Asimismo, reiteró que a Trump se le recuerda de manera constante la imposibilidad de operativos conjuntos con fuerzas extranjeras en territorio nacional. El neoyorquino ratificó lo anterior mediante una publicación en redes sociales, en la que calificó la llamada como “muy productiva” y “muy positiva para ambos países”, y señaló que gran parte del diálogo se centró en la frontera, la lucha contra el narcotráfico y el comercio, además de adelantar futuros contactos y reuniones. Como otras veces, afirmó que México tiene una líder “maravillosa e inteligente”.

La decimosexta charla telefónica entre los jefes de Estado confirmó el éxito del gobierno mexicano en mantener a raya la voracidad intervencionista del trumpismo con una combinación de paciencia, elección concienzuda de las batallas que deben darse y las salidas de tono que es mejor dejar pasar, y diálogo permanente con sus contrapartes en Washington. Sin embargo, por la tarde, Trump firmó una orden ejecutiva para autorizar la imposición de aranceles adicionales a productos importados desde países que suministren petróleo a Cuba, de forma directa o indirecta, al considerar que “las políticas, prácticas y acciones” del gobierno cubano representan una amenaza para la seguridad nacional de su país. La orden establece que si algún país toma represalias sobre dichos aranceles, el gobierno estadunidense se reserva el “derecho” a actuar para hacer cumplir el decreto, y que éste podrá modificarse si Cuba “se alinea suficientemente con Estados Unidos en asuntos de seguridad nacional y política exterior”.
Más allá del absurdo de clasificar como “una amenaza inusual y extraordinaria” a una nación que, según él mismo, se encuentra en ruinas y “podría no sobrevivir”, las amenazas del magnate contra los proveedores de crudo a la isla constituyen una flagrante violación a la soberanía de todos los estados que participan en ese comercio, entre los cuales se cuenta México. No es la primera vez, y con seguridad no será la última, que Trump elogia la relación bilateral con nuestro país para, acto seguido, anunciar medidas lesivas contra las prerrogativas y los intereses mexicanos. Como en ocasiones anteriores, el doble discurso de la Casa Blanca y su pretensión de interferir en los asuntos internos de otros países habrá de encontrar una respuesta que aúne diplomacia y firmeza.
El desafío para quienes envían petróleo a La Habana es hacerle ver a Trump y a los halcones que lo rodean que cada Estado tiene derecho a comerciar o solidarizarse con quien desee, máxime cuando se trata de un pueblo como el cubano, tan herido por casi siete décadas de estrangulamiento económico por parte de la superpotencia. En la coyuntura actual, incluso aquellos gobiernos que sienten animadversión por la forma de gobierno que se han dado los cubanos deberían ser conscientes de que la defensa de Cuba es, de hecho, la defensa de toda la humanidad frente a la arbitrariedad y el imperialismo descarnado que el trumpismo condensa en su lema de “paz por la fuerza”.
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