Denuncia presidente Díaz-Canel planes terroristas contra Cuba (+Cobertura Ampliada)
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció en esta capital que desde Estados Unidos organizan y financian acciones terroristas contra Cuba y adelantó que próximamente revelarán detalles de esos planes

La Habana, 5 feb (Prensa Latina) El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció en esta capital que desde Estados Unidos organizan y financian acciones terroristas contra Cuba y adelantó que próximamente revelarán detalles de esos planes.
Comparecencia del Presidente Díaz-Canel ante medios de prensa
En conferencia de prensa, el mandatario cubano respondió a Prensa Latina que en los próximos días detallarán esos planes violentos contra Cuba, y que son expresión de cómo durante más de seis décadas el terrorismo ha sido apoyado, financiado y organizado por sucesivos gobiernos de Estados Unidos.
Calificó de manipulación política, mentira y calumnia deshonesta la acusación esgrimida por el gobierno de Donald Trump la semana pasada, cuando emitió una orden ejecutiva que invoca la emergencia nacional y asegura que Cuba alberga terroristas y promueve el terrorismo internacional.
Cuba no es un país terrorista, no es una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos; Cuba no ha organizado acciones terroristas contra esa nación, enfatizó el presidente.
En ese sentido, calificó de espuria la lista de Washington donde se incluye a Cuba como un Estado que supuestamente patrocina el terrorismo internacional y acusó a la Casa Blanca de manipulación política al utilizar el tema del terrorismo para presionar a Cuba.
Sin prueba alguna la administración Trump incluyó a la mayor de las Antillas en esa lista de países que supuestamente patrocinan el terrorismo, lo que contradice la posición del gobierno de Joe Biden que reconoció públicamente no había ni pruebas ni razones para ello, apuntó Díaz-Canel.
Subrayó que “no protegemos terroristas, ni hay organizaciones de este tipo en Cuba”, y agregó que tampoco hay fuerzas militares en Cuba de otras naciones, ni bases militares extranjeras. “Tenemos cooperación y acuerdos en materia militar con países amigos, aliados, pero eso no significa que haya bases en nuestro territorio”, enfatizó.
Por el contrario, resaltó, es Estados Unidos el que tiene bases militares en todo el mundo y se distingue por llevar terrorismo de Estado a no pocos lugares, como la Palestina ocupada, la Venezuela donde secuestraron a Maduro, o las lanchas que bombardearon y hundieron en el Caribe sin evidencias.
“¿De qué lado está la verdad?”, se cuestionó el mandatario. Es Estados Unidos el principal promotor del terrorismo a nivel mundial, insistió.
El mandatario recordó la perversidad de sucesivas administraciones estadounidenses que han financiado y orquestado el terrorismo de Estado contra el pueblo cubano y las más de tres mil víctimas mortales por acciones violentas provenientes desde aquel país.
Evocó pasajes de la historia como las acciones terroristas de Boca de Samá, en Holguín, el asesinato del joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech, la explosión en pleno vuelo de una aeronave de Cubana de Aviación en Barbados donde murieron 73 personas, o los más de 600 intentos de asesinato del Comandante en Jefe Fidel Castro, a lo que se une la muerte de 32 cubanos el pasado 3 de enero en Caracas, cuando defendían no solo al presidente Nicolás Maduro, sino la dignidad de un pueblo, apuntó.
Díaz-Canel refirió que si se repasan los actuales conflictos internacionales se verá directa o indirectamente la incitación, el apoyo o la participación directa de tropas estadounidenses.
El mundo sería otro si Estados Unidos no tuviera esa visión tan guerrerista de la vida y no existiría esa angustia en los pueblos donde el Ejército norteamericano ha intervenido, concluyó.
ro/jlg


Cuba, su ejemplo y las amenazas de EEUU
Por Gustavo Veiga
El “problema de la isla” es que esparció su solidaridad e internacionalismo en un capitalismo destructivo que expresa lo contrario. También representa mejor que la mayoría de los países su autodeterminación en las decisiones nacionales. El presidente Díaz Canel advirtió: “Cuba es una nación libre y soberana. Nadie nos dicta qué hacer”.
La inclusión de Cuba en el ranking de países que Estados Unidos define como enemigos siempre se sostiene en argumentos disparatados. El régimen de Donald Trump en su orden ejecutiva del 29 de enero declaró que la isla representa “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior” de EEUU.
¿Cómo es posible que un “estado fallido” o que “no va a ser capaz de sobrevivir”, según el presidente que se lleva a todo el mundo por delante, tenga chances de poner en peligro el sueño americano? La contradicción aparente es pura retórica imperialista y se basa en escarmentar a los gobiernos que no se disciplinan con las políticas de Washington.
Con el cinismo que lo caracteriza, Trump agregó a aquellas palabras dichas cuando atacó a Venezuela y mandó a secuestrar a su presidente Nicolás Maduro, que “Cuba está muy cerca del colapso” y “va a caer muy pronto”.

Ahora amplió los márgenes de su vaticinio y decidió desabastecer a la patria de José Martí y Fidel Castro del petróleo indispensable para que su economía y su gente se muevan. Tiene cómo hacerlo. Con la coerción de su colosal aparato tecnológico-militar.
Pretende una rendición incondicional que se apoyará en subidas de aranceles a los países que abastezcan de hidrocarburos a La Habana. No quiere que un solo barril de crudo llegue a la isla, que ya carece del que le enviaba Venezuela.
La medida puso en aprietos a México, una nación de lazos históricos con Cuba, al punto que durante la vigencia del extenso bloqueo de EEUU y aun con presidentes de derecha como Vicente Fox, nunca se interrumpió la relación.
La jefa de Estado, Claudia Sheinbaum, declaró que quiere evitar “una crisis humanitaria” y explora situaciones para seguir enviando el insumo vital a los cubanos. También aclaró que el total de esas remesas no supera el uno por ciento de la producción petrolera mexicana, según el diario La Jornada.
El declamado slogan de MAGA, acrónimo de “Make America Great Again” (Hagamos a Estados Unidos grande otra vez) no consiste en el bienestar de los habitantes de EEUU, hoy asesinados, apelados o gaseados en sus calles. Definidos por Trump o sus funcionarios más neofascistas como “terroristas domésticos” si se movilizan contra sus políticas.
Esa consigna macartista se refiere a una campaña para unir subjetividades que excluyan a quienes se rebelen contra el régimen en que se transformó la democracia fallida de Estados Unidos. El grave problema para Trump es que sigue cayendo su imagen pública, quedó jaqueado por el caso Epstein y está cada vez más senil.
En el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional que firmó en 2025 titulado “Combatir el terrorismo doméstico y la violencia política organizada”, también conocido como NSPM-7, se identifica a los posibles objetivos: personas que expresan puntos de vista “anticristianos”, “anticapitalistas” o “antiestadounidenses”.
No hay demasiadas diferencias con la definición de “narcoterroristas”. Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, se valieron de ella para justificar los asesinatos de civiles que fueron acribillados sobre sus lanchas en el mar Caribe bajo la imputación no probada de “traficantes de drogas”.
En la región y durante los últimos meses, primero acabaron con pescadores venezolanos y colombianos a misilazos, después con el presidente Maduro -pero no con el chavismo- y ahora van por Cuba. Era previsible. Estados Unidos lo intentó una y cien veces pero fracasó siempre en el pasado.
El endurecimiento de las políticas de Washington hacia la isla no se basa en sus riquezas, como en el caso de Venezuela. Tampoco en su posición geográfica, ni en las relaciones exteriores que mantiene con China, Rusia o Irán. Mucho menos en la desorbitada idea de que la “amenaza para la seguridad nacional” se refiera a un ataque misilístico por mar y cielo desde La Habana o en la posibilidad de que Cuba intente recuperar la base de Guantánamo que usurpa Estados Unidos desde 1903. Nada de eso.

Tampoco aplica a la isla la imputación de santuario narco, ni siquiera le preocupa a Trump el sistema de partido único que la rige desde que abrazó el socialismo con su revolución de 1959.
Si le importara el concepto de democracia que declama -el presidente de EE.UU solo la concibe tutelada- , nunca hubiera registrado su marca en Cuba en 2008 para “construir hoteles, casinos y campos de golf”, según publicó el sitio cubano Escambray, en aquel momento.
El “problema de Cuba” es que esparció su ejemplo de solidaridad e internacionalismo en un capitalismo destructivo que expresa lo contrario. Es un ejemplo de autodeterminación en las decisiones nacionales, de no ser una nación colonizada por el imperio.
Es un ejemplo de resistencia al bloqueo criminal y acto de guerra, de haberse involucrado en la lucha para poner fin al régimen del Apartheid sudafricano, del que dio cuando recibió a las víctimas del desastre de Chernóbil. Es el ejemplar compromiso de sus misiones médicas y sanitarias que envía a decenas de países y que profundizó como política en plena pandemia cuando ningún otro país se atrevía.
Cuba es un ejemplo de independencia que irradia todavía con fuerza y que, por rara paradoja, fue la última nación de América Latina en independizarse de otro imperio, el español, para que otro, Estados Unidos, se le echara encima.
Ante las amenazas de Trump, el presidente Miguel Díaz Canel declaró: “Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. Cuba no agrede, es agredida por Estados Unidos hace 66 años, y no amenaza, se prepara, dispuesta a defender a la patria hasta la última gota de sangre”.
En ese manual del descaro que contiene la orden ejecutiva firmada en la Casa Blanca, “se acusa al régimen cubano de apoyar políticas que pueden desestabilizar el hemisferio occidental”. Como en una mala obra de teatro y con el fin de evitar los abucheos, el telón debería bajar muy rápido.
arb/gv

Gustavo Veiga
Gustavo Veiga.- Nació en Buenos Aires el 12/11/57. Comenzó en el periodismo en agosto de 1978. Estudió en el Círculo de la Prensa, es diplomado en Economía Social y realizó cursos de cine y guión. Actualmente escribe en el diario Página 12, el portal Derribando Muros y la revista Acción. Es docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en Taller de Redacción y Géneros Periodísticos y en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) profesor titular de la materia Comunicación, Deporte y Derechos Humanos. Publicó cuatro libros: Donde manda la patota (barrabravas, poder y política) (Ágora, 1998); Fútbol limpio, negocios turbios (Astralib Cooperativa Editora, 2002); Deporte, Desaparecidos y Dictadura (Ediciones al Arco, 2006) y La vuelta al fútbol en 50 historias (Ediciones al Arco, 2018). También participó en seis libros junto a otros autores. En México: “Violencia y Medios de Comunicación 3”, (Insyde, 2007); en Rosario, “La hinchada te saluda jubilosa” (un trabajo homenaje a Roberto Fontanarrosa) (Fundación Ross, 2007); en La Plata, “Osvaldo Bayer, por otras voces” (Universidad de La Plata, 2011), en Buenos Aires, “Los clubes como asociaciones civiles. Una mirada desde la Economía Social y Solidaria” (Universidad Nacional de Tres de Febrero, 2020), “Deporte y sociedad civil en tiempos de dictadura”, (Universidad Nacional de San Martín, 2020) y “Tu grato nombre” (Ediciones Fabro, 2022). Realizó distintas coberturas en Alemania, Bolivia, Brasil, Cuba, Chile, España, Italia, México, Paraguay, Sudáfrica, Uruguay y Venezuela. Se desempeñó varios años como columnista, investigador y productor en radio. Dirigió cuatro documentales y fue guionista de la miniserie basada en su libro Deporte, Desaparecidos y Dictadura que ganó un concurso del INCAA en 2011. Premio Konex 2007 en Prensa deportiva escrita y Jurado del mismo premio en 2010 y 2020. Integra el CAPAC (Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba). En abril de 2021 fue declarado Personalidad Destacada por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en el ámbito del deporte por «sus investigaciones sobre los deportistas. desaparecidos». En diciembre de 2024 recibió el primer premio en periodismo del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos en Brasil por una nota titulada El asado de Olivos y las sobras de los diputados sobre el gobierno de Javier Milei. Twitter: @gustavojveiga Página web: http://www.gustavojveiga.wordpress.com
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