España gira a la (ultra) derecha: ¿un volantazo o un cambio sin marcha atrás?
Las elecciones del 23J empezaron a evidenciar una ligera distancia entre ambos bloques. Las derechas consiguieron un 48,8% de los votos. Las izquierdas, un 47,7%. Esta brecha se hizo más amplia en las europeas de 2024 y más recientemente en Extremadura y Aragón.
“El bipartidismo arrastraba a los votantes hacia el centro, porque había pocas formaciones en los extremos. Esto ha cambiado con la aparición de nuevos partidos políticos y fundamentalmente con la subida de Vox”, explica Lluís Orriols.


Madrid-14/02/2026 19:30
Las derechas firmaron en las elecciones aragonesas su segundo mejor resultado histórico. El PP, Vox, PAR y Se Acabó la Fiesta (SALF) consiguieron seducir al 56,12% del electorado. Las izquierdas se quedaron con el 37,9% de las papeletas. La foto no es nueva, ni afecta únicamente a Aragón. El bloque conservador reunió en las elecciones extremeñas seis de cada diez sufragios. Y las izquierdas se conformaron con el 35,8% ¿Estos resultados son extrapolables al resto de España? La última convocatoria en la que votaron todas las comunidades fue la delas elecciones europeas de 2024. Los porcentajes son prácticamente similares que los de ahora en Aragón y Extremadura. La brecha también fue simbólica en el cómputo nacional. Las derechas que consiguieron representación en Bruselas reunieron entonces el 52,5% de los votos. Y las izquierdas, un 43%. ¿España es ahora más de derechas que nunca?
El puzle tiene más piezas de las que parece. Las elecciones generales de hace tres años empezaron a evidenciar una ligera distancia entre ambos bloques, menor, eso sí, que los intervalos de esta última ronda de comicios. Las derechas consiguieron un 48,8% de los votos totales el 23J. Y las izquierdas, un 47,7%. El reparto de porcentajes fue idéntico en Extremadura. Y aumentó seis puntos en Aragón. Esta fue la primera vez que la balanza se inclinó hacia el lado derecho de la mesa en unas elecciones generales desde 2011. La investidura terminó de acrecentar esta distancia. ¿Por qué los españoles han virado hacia posiciones más conservadoras? ¿Qué lectura podemos hacer? ¿Estamos ante un cambio de rumbo estructural o hablamos de algo puntual y cíclico?
“España está experimentando un desplazamiento hacia la derecha, pero es importante matizar dónde y cómo se está produciendo. El movimiento más llamativo no es tanto hacia una derecha moderada, sino hacia posiciones de extrema derecha, sobre todo entre los sectores más jóvenes del electorado”, arranca Mariano Torcal, catedrático de Ciencias Políticas en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y autor del libro De votantes a hooligans: la polarización política en España (Catarata). “Los cambios nunca han sido radicales, suelen ser pequeños y progresivos y anticipan normalmente un cambio de Gobierno. Lo vimos durante los últimos años de Felipe González, pero también durante los segundos gobiernos de Aznar, Zapatero y Rajoy. Las variaciones se han venido produciendo tanto hacia la izquierda como hacia la derecha”, insiste Paco Camas, director de investigación de opinión pública en Ipsos España.
Extremadura, Aragón… y ¿España?
Los resultados de las elecciones extremeñas y más recientemente los de las aragonesas han hecho saltar las alarmas. Las fuentes consultadas por este diario coinciden al señalar que “los datos de unas autonómicas nunca son directamente extrapolables a nivel estatal“, pero aquí convergen una serie de factores que permiten hacer una lectura más generalizada. “Los indicios apuntan a un bloque de derechas más fuerte de lo que nos dicen los resultados de Extremadura y Aragón. El PP se consolida como primera fuerza y compite con una extrema derecha crecida”, matiza Lluís Orriols, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Democracia de trincheras: por qué votamos a quienes votamos (Península). “El PSOE sigue en un momento de recesión, pero tiene al lado a una izquierda atomizada. Esto en unas generales siempre va a premiar a las derechas, porque no llegan fragmentadas y son más eficientes al convertir los votos en escaños”, continúa.
Lo que pasó en Extremadura y Aragón pasará también en Castilla y León y posiblemente en España. El elemento nuevo es la fortaleza de Vox
Las europeas de hace dos años fueron las primeras elecciones en las que se tanteó a la población tras el inicio de la legislatura y la aprobación de la amnistía, una norma que levantó ampollas pero que tiene el visto bueno del Tribunal Constitucional. El juego de equilibrios empezó entonces a socavarse. Los últimos sondeos apuntan de hecho en esta dirección. 40dB y GAD3 sitúan la distancia entre izquierdas y derechas en los cinco y los trece puntos, respectivamente, con una victoria de la suma conservadora en unas hipotéticas generales. El CIS es el único que mantiene por encima en intención de voto al bloque progresista. “Lo que pasó en Extremadura y Aragón pasará también en Castilla y León y posiblemente en España. El elemento nuevo es la fortaleza de Vox. La extrema derecha se ha beneficiado del descontento con el sistema actual, la desmovilización de la izquierda, la desafección hacia el bipartidismo y la ola ultraconservadora que recorre el resto del mundo”, recalca Paz Álvarez, socióloga y directora de KeyData.
“La desmovilización de la izquierda no debería nublarnos la vista y apartarnos del problema de fondo: estamos ante una derechización de la sociedad. Estas dos variables suelen venir -de hecho- de la mano, tenemos una correlación estadística entre la participación electoral y la subida de las derechas”, continúa Paco Camas. Eva Anduiza, catedrática de Ciencias Políticas en la Universitat Autónoma de Barcelona (UAB), comparte grosso modo esta tesis, pero incorpora algunos matices. “La ventaja de las derechas en algunas comunidades no implica necesariamente que toda la sociedad se esté volviendo de derechas; muchas de las diferencias pueden explicarse por factores coyunturales, dinámicas territoriales específicas, cambios en la oferta partidista y efectivamente variaciones en la participación”, matiza.
La evolución hacia posturas más extremas
El CIS también evidencia en sus barómetros que los votantes cada vez se perciben a sí mismos como más de derechas o más de izquierdas, adoptando posturas cada vez más radicales en una escala del uno al diez. Esto no ocurría hace veinte o treinta años, toda vez que los actores políticos eran entonces “tres o cuatro” y tenían discursos más moderados. “El bipartidismo arrastraba a los votantes hacia el centro, porque había pocas formaciones en los extremos. Esto ha cambiado con la aparición de nuevos partidos políticos y fundamentalmente con la subida de Vox. La opinión pública se ha movido hacia posiciones más extremas”, insiste Lluís Orriols. Los “movimientos marginales” de voto que se producen entre las izquierdas y los partidos conservadores -casi nunca al revés- hacen que se corra el “centro de gravedad” hacia la parte derecha del tablero, por mucho que el promedio genere una “falsa sensación” de estabilidad. ¿Por qué han cambiado las dinámicas?
No solo se vota a favor de una opción, sino fundamentalmente en contra de la otra. Esta dinámica de odio partidista genera una radicalización progresiva que acaba beneficiando a las opciones más extremas, en este caso, a Vox
“Lo que vemos es un proceso más gradual vinculado a transformaciones sociales, económicas y culturales acumuladas durante los últimos años. Y no podemos pasar por alto la reacción termostática que genera un gobierno de izquierdas y que quizás está afectando sobre todo a los hombres jóvenes”, señala Eva Anduiza. Mariano Torcal repara además en las “campañas de crispación” desplegadas contra las izquierdas y especialmente contra el “nacionalismo periférico” que hemos visto desde la segunda investidura de Pedro Sánchez. “No solo se vota a favor de una opción, sino fundamentalmente en contra de la otra. Esta dinámica de odio partidista genera una radicalización progresiva que acaba beneficiando a las opciones más extremas, en este caso, a Vox”, remarca el catedrático.
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¿La tendencia es reversible?
El hecho de que la suma de bloques muestre un desplazamiento hacia la derecha, mientras la autoubicación ideológica parece -falsamente- congelada, también encuentra parangón en el comportamiento electoral de los españoles. “Las personas no cambian tan fácilmente su identidad ideológica, pero sí pueden modificar su voto en respuesta a coyunturas políticas concretas, liderazgos, campañas e incluso percepciones sobre la gestión. La identidad ideológica es más estable que el comportamiento electoral”, sostiene Eva Anduiza. “La gente ahora modifica su voto con más facilidad. El aumento de opciones y la desafección política hacen que tengamos mucha más volatibilidad y facilidad para elegir papeleta”, insiste Paz Álvarez.
La situación actual tiene elementos de algo cíclico y elementos de ruptura, pero el componente estructural es cada vez más fuerte: estamos ante una reconfiguración del mapa ideológico en buena parte del mundo occidental
Los movimientos que presenciamos esta última semana en la izquierda alternativa también pueden influir en el resultado de la ecuación. “Tenemos que dejar que reposen los números y seguir pendientes del avance de los acontecimientos para ver cómo calan en la ciudadanía estos movimientos. Las izquierdas son necesarias para reeditar un gobierno de coalición progresista y lo que hagan nos servirá de guía para ver si los desplazamientos son coyunturales o pueden tener cierta reversibilidad”, apunta Paco Camas. Mariano Torcal se muestra un poco más escéptico y recalca: “La situación actual tiene elementos de algo cíclico y elementos de ruptura, pero el componente estructural es cada vez más fuerte: no estamos ante una simple alternancia de gobierno, sino ante una reconfiguración del mapa ideológico en buena parte del mundo occidental”.
Periodista. Redactor del equipo de Investigación. Escribe temas de análisis político y social. En ‘Público’, pasó antes por las secciones de Última Hora y Vivienda. Los inicios están vinculados al periodismo local.
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