Un ‘huevo podrido’ habría resuelto uno los grandes dilemas del universo
Hasta ahora, diferenciar entre enanas marrones y planetas gaseosos situados a años luz de la Tierra era difícil. Este gas maloliente parece tener la clave



Colaborador de National Geographic España
El característico olor de un huevo podrido, el cual todos en mayor o menor medida hemos sufrido alguna vez, se debe a la liberación de sulfuro de hidrógeno. Este gas es producido por las bacterias que descomponen las proteínas del huevo, que son ricas en azufre. Sin embargo, esta reacción química se produce en otros muchos lugares. Es el caso, por ejemplo, de las fumarolas volcánicas, de las redes de alcantarillado e, incluso, de algunos exoplanetas remotos.
Pues bien, el aroma a huevo podrido podría ser la clave de un descubrimiento con potencial para revolucionar la forma en la que hasta ahora entendíamos la formación de exoplanetas gigantes. Gracias al James Webb, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y San Diego ha logrado identificar sulfuro de hidrógeno en las respectivas atmósferas de cuatro mundos colosales que orbitan la estrella HR 8799. Las conclusiones a las que han llegado pueden leerse en un artículo publicado en la revista Nature Astronomy.
La detección del sulfuro de hidrógeno parece ser una prueba física del origen de estos cuerpos celestes. En concreto, os objetos analizados se encuentran a 133 años luz de la Tierra y poseen una masa que oscila entre 5 y 10 veces la de Júpiter. Hasta el momento, existía una gran incertidumbre científica sobre si estos cuerpos debían catalogarse como planetas o como enanas marrones. La presencia de azufre en estado gaseoso confirmaría que estos astros se formaron mediante la acumulación de material sólido, y no por el colapso de una nube de gas, lo que sería extrapolable a otros muchos objetos astronómicos.
Evidencia química
Los investigadores, en una nota de prensa, explican que el azufre en estas distancias orbitales solo puede existir originalmente en forma de hielo o roca. Por ejemplo, Jerry Xuan, científico de la UCLA y primer autor del estudio, afirmó que: «Durante mucho tiempo, no estaba claro si estos objetos eran en realidad planetas o enanas marrones. El problema surge de cómo definimos estos cuerpos».
Además, el experto hizo énfasis en que el carbono y el oxígeno no son indicadores fiables de materia sólida porque pueden provenir tanto del gas como del hielo. En cambio, resaltó que “el azufre es único porque, a la distancia que estos planetas están de su estrella, tiene que estar en los sólidos. No hay forma de que estos planetas pudieran haber acumulado azufre como gas«. Por tanto, esta huella química sería la prueba irrefutable que confirmaría su naturaleza planetaria.
Similitudes con Júpiter
El análisis espectral realizado con el James Webb muestra que la proporción de elementos pesados en estos mundos es superior a la de su estrella. Este fenómeno de enriquecimiento uniforme es el mismo que los astrónomos han observado en Júpiter y Saturno dentro de nuestro sistema solar. Por tanto, esto implicaría que los procesos de formación de gigantes gaseosos siguen un patrón universal en distintos puntos del universo conocido.
Para obtener y analizar estas señales tan débiles, los científicos tuvieron que desarrollar y aplicar técnicas de procesamiento de datos extremadamente avanzadas. Jean-Baptiste Ruffio, investigador de la Universidad de California en San Diego, logró aislar la luz de los planetas, a pesar de que la estrella HR 8799 es 10.000 veces más brillante.
La metodología aplicada en este estudio financiado por la NASA será vital para la futura búsqueda de planetas similares a la Tierra. Aunque la tecnología solo permite poner el foco en los gigantes gaseosos, los expertos esperan que en dos o tres décadas se puedan analizar mundos pequeños sólidos. El objetivo final es detectar biofirmas esenciales para la vida, tales como el oxígeno o el ozono, en atmósferas de exoplanetas de reducidas dimensiones. Según Jerry Xuan, este es “el gran desafío de la astrofísica moderna”.
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